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Tiempo de lectura: 2 minutos

Hoy me refiero a la adoración, al tiempo en la iglesia que le dedicamos a cantarle a Dios. También lo llamamos tiempo de alabanza. Hay personas que lo hacen muy bajito, pues sienten que no son buenos cantantes. Hay quienes son muy malos cantantes y desentonan, pero sacan su voz desde el alma… y aunque tal vez no sea el sonido más lindo, es su manera de adorar y es válida. En eso debemos ser gentiles y no robar la atención hacia nosotros si cantamos diferente, sea mejor o no.

También hay quienes no les gusta subir las manos, hay quienes las suben a la mitad y hay quienes las suben hasta donde ya no pueden más y las dejan ahí durante toda la canción. Ninguno es criticable, incluso si solo se cruzan de brazos. Es algo personal de cada cual. Así como nuestras huellas digitales, todos somos diferentes y hacemos las cosas de formas diferentes.

Hay muchos que no van al servicio sino hasta después de la música…y piensan que no tiene nada de malo… pero sí. Se están perdiendo una parte importantísima de la relación con Dios. ¡Es un tiempo de adoración desde nuestros corazones y nos prepara espiritualmente para recibir su Palabra! Para mí es la parte más hermosa del servicio. Yo amo adorar a Dios. Y les cuento que no solo lo hago en la iglesia. Lo hago en casa mientras escucho música, mientras limpio, mientras voy manejando en el auto. Le canto a mi Dios, porque es una conexión preciosa con Él y es tiempo de amor que le dedicamos, ya que Él nos ama tan impresionantemente.

No debemos dejar de hacerlo jamás, no debemos dejar de asistir al tiempo de adoración.

Incluso bailando le podemos adorar. Hay un pasaje de la Biblia que me encanta y dice:

«…mientras que David y todo el pueblo danzaban alegremente delante del Señor, al son de instrumentos musicales de madera de haya, y de arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos”. 2 Samuel 6:5

La historia de David bailando sucedió cuando Israel tenía una nación relativamente joven. El rey David fue el segundo rey de Israel.David era conocido como el «hombre conforme al corazón de Dios»

Pienso que todos quisiéramos ser recordados como personas conforme al corazón de Dios. Adorémosle con cada aliento que tomemos, con cada palabra que digamos, con cada canción que cantemos, cada danza que bailemos. Dios merece toda nuestra adoración.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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