cielo Archives | CVCLAVOZ

All posts in “cielo”

¿Mentiras blancas? 1

¿Mentiras blancas?

Con el pasar del tiempo la sociedad ha minimizado ciertos aspectos que solamente pueden traernos terribles consecuencias; por ejemplo,  seguramente escuchaste el término de “mentiras blancas o piadosas”.

La palabra de Dios dice: “Seis cosas hay que odia el Señor, y siete son abominación para El: ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente,
un corazón que maquina planes perversos, pies que corren rápidamente hacia el mal,
un testigo falso que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos
.” Proverbios 6:16-19 (LBLA)

¿Existe algo que Dios odia? La respuesta es sí, son siete cosas que no solamente odia sino que aborrece y están expuestas claramente en las escrituras. En esta lista se encuentra la “lengua mentirosa”; no importa si se trata de una mentira con buenas intenciones, simplemente toda mentira es desagradable para el Señor.

Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” Apocalipsis 21:8 (LBLA)

Decir mentiras tiene consecuencias, para empezar nos separarán de Dios y de su bendición. Este pasaje es bastante duro y pareciera que la mayoría no entrará al cielo, pero recuerda que es para aquellos que no se arrepienten y continúan practicando algo desagradable para Dios.

¿Cómo estás en esta área? Si te has identificado y eres alguien que ha dicho mentiras sin tomar en cuenta la gravedad del asunto, te animo a acercarte al Señor y confesar tu pecado. Recuerda que Dios te ama y te ayudará a cambiar si estás dispuesto.

¡No te pierdas las grandes bendiciones del Señor por pequeñas cosas!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué dice la Biblia acerca de la muerte? 2

¿Qué dice la Biblia acerca de la muerte?

En la Biblia se habla de dos tipos de muertes: la primera es la muerte física y la segunda es la muerte espiritual. Ambas son diferentes y por esa razón hay que aprender a distinguir a cuál de ellas se refiere un pasaje bíblico en particular.

Muerte espiritual

Esta muerte se refiere a la separación espiritual entre Dios y los hombres. La Biblia dice que esta muerte viene a causa de nuestros pecados (Romanos 6:23) ya que estos nos alejan de nuestro Creador. La muerte espiritual tiene al infierno como consecuencia, y por esta razón en la Biblia se nos advierte que no temamos a quien destruye el cuerpo, sino el alma (Mateo 10:28) Sin embargo, Jesús murió en nuestro lugar y con su sacrificio creó un camino que nos lleva hacia Dios. Él dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá≫ (Juan 11:25 RVC). Es decir, que si aceptamos a Jesús y seguimos sus preceptos, aunque dejemos de existir en esta tierra, tendremos vida eterna después de la muerte física. Y esta vida eterna que Cristo otorga no es cualquier vida: es una muy especial preparada para nosotros (John 14:1-4).

Muerte física

La Biblia deja en claro que los seres humanos no fuimos creados para permanecer eternamente en la Tierra (Génesis 3:19). La muerte física es como una especie de transición que sirve para que podamos ir al lugar eterno que hemos elegido: el cielo o el infierno. Ahora, esto no quiere decir que debemos buscar la muerte con tal de pasar a la vida eterna. Cuándo y cómo se termina nuestra existencia en este planeta es decisión de Dios: Él nos dio la vida y sólo Él tiene derecho a quitárnosla (1 Samuel 2:6). En el tiempo que nos concede debemos hacer buen uso de esa vida y vivir de acuerdo a sus preceptos y cumplir el propósito para el cual fuimos creados.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Versículos bíblicos para leer en funerales 3

Versículos bíblicos para leer en funerales

Los funerales suelen ser tristes y dolorosos, pero también son momentos oportunos para brindar consuelo y esperanza. La Biblia nos dice que la muerte no es el final, que es una transición para vivir nuestro verdadero destino: la eternidad. Estos son algunos versículos bíblicos que hablan acerca de la muerte y la esperanza que tenemos con Cristo.

Génesis 3:19 (NTV)

«Con el sudor de tu frente obtendrás alimento para comer hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado. Pues fuiste hecho del polvo, y al polvo volverás.»

Salmos 23:1-4 (RVR1960)

«Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.»

Salmos 48:14 (RVC)

«¡Éste es nuestro Dios, ahora y para siempre! ¡El Dios nuestro nos guiará más allá de la muerte!»

Salmos 116:15 (RVR1960)

«Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.»

Eclesiastés 3:1-4 (TLA)

«En esta vida todo tiene su momento; hay un tiempo para todo:

Hoy nacemos,
mañana morimos;
hoy plantamos,
mañana cosechamos;
hoy herimos,
mañana curamos;
hoy destruimos,
mañana edificamos;
hoy lloramos,
mañana reímos;
hoy guardamos luto,
mañana bailamos de gusto.»

Isaías 25:8 (NTV)

«¡Él devorará a la muerte para siempre! El Señor Soberano secará todas las lágrimas y quitará para siempre los insultos y las burlas contra su tierra y su pueblo. ¡El Señor ha hablado!»

Mateo 5:4 (RVR1960)

«Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.»

Juan 16:22 (NVI)

«Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría.»

Romanos 6:23 (TLA)

«Quien sólo vive para pecar, recibirá como castigo la muerte. Pero Dios nos regala la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.»

Romanos 8:31-39 (PDT)

«¿Qué podemos decir de todo esto? Si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar contra nosotros. Dios mostró su favor hacia nosotros hasta tal punto que dio a su propio Hijo para que muriera por nosotros. Siendo así, ¿cómo no nos va a dar, junto con él, todo lo que tiene? ¿Quién podrá acusar al pueblo que Dios ha elegido? Dios es el que nos aprueba. ¿Quién va a condenarnos? Cristo fue quien murió por nosotros y además resucitó. Ahora Cristo está sentado a la derecha de Dios y está rogando por nosotros. ¿Podrá algo separarnos del amor de Cristo? Ni las dificultades, ni los problemas, ni las persecuciones, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro ni tampoco la muerte. Así está escrito:

“Por ti estamos siempre en peligro de muerte, nos tratan como si fuéramos ovejas que van al matadero.”

Más bien, en todo esto salimos más que victoriosos por medio de Dios quien nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes diabólicos, ni lo presente, ni lo que vendrá en el futuro, ni poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que se encuentra en nuestro Señor Jesucristo.»

Romanos 14:7-9 (RVR1960)

«Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.»

1 Corintios 15:20-23 (PDT)

«Pero en realidad Cristo ha resucitado y fue el primero de todos los que serán resucitados de la muerte. Así como la muerte llegó a la humanidad por medio de un hombre, también por medio de un hombre llega la resurrección. Así como Adán trajo la muerte a todos, Cristo nos traerá vida a todos nosotros. Pero todos deben ser resucitados en cierto orden. Primero fue Cristo y luego, cuando Cristo regrese, serán resucitados también los que pertenecen a él.»

1 Corintios 15:54-57 (TLA)

«Cuando esto suceda, se cumplirá lo que dice la Biblia:

“¡La muerte ha sido destruida! ¿Dónde está ahora su victoria? ¿Dónde está su poder para herirnos?”

El pecado produce la muerte, y existe porque hay una ley. ¡Pero gracias a Dios, podemos vencerlo por medio de nuestro Señor Jesucristo!»

2 Corintios 5:6-8 (RVA-2015)

«Así vivimos, confiando siempre y comprendiendo que durante nuestra estancia en el cuerpo peregrinamos ausentes del Señor. Porque andamos por fe, no por vista. Pues confiamos y consideramos mejor estar ausentes del cuerpo, y estar presentes delante del Señor.»

Apocalipsis 2:10 (TLA)

«No tengas miedo de lo que vas a sufrir. El diablo meterá a algunos de ustedes en la cárcel, para ver si en verdad confían en mí. Durante algún tiempo, ustedes tendrán muchas dificultades; pero si confían en mí hasta la muerte, yo les daré como premio la vida eterna.»

Apocalipsis 14:13 (NVI)

«Entonces oí una voz del cielo, que decía: “Escribe: Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor”. “Sí —dice el Espíritu—, ellos descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan”.»

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Esperanza después de la muerte 4

Esperanza después de la muerte

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” Apocalipsis 21:4 (RVR1960).

La muerte de un ser amado nos desgarra el corazón, pues no es algo para lo cual estamos preparados, y nos sentimos tristes al saber que no estaremos más con la persona que amamos. En esos momentos de dolor, no debemos reprimir las lágrimas, ya que el llorar puede tener un efecto saludable tanto en lo emocional como en lo físico.

Por lo tanto, si estás pasando por un proceso de duelo, puedes ir delante del Señor para entregar todo tu dolor y para permitirle a Él que traiga consuelo a través de Su palabra y Su perfecto amor.

Pues tenemos la esperanza al saber que nuestros seres amados que marcharon antes que nosotros y que aceptaron a Jesús ya están junto a Él, gozando de Su presencia (1 Tesalonicenses. 4:13-18). Pues allá en el cielo ya no habrá más dolor, ni separación, ni un adiós.

¡Tenemos un futuro más allá de la muerte!

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo es el cielo? 5

¿Cómo es el cielo?

Muchas personas dicen que nadie sabe cómo es el cielo porque “nadie ha regresado de la muerte”. Pero la verdad es que sí tenemos una idea de cómo es el cielo. De cómo es ese lugar al que iremos cuando partamos de esta vida, porque está escrito en la Biblia.

Y no debemos olvidar que nosotros creemos por fe, no por vista. Así como somos perdonados por gracia y no por obras. Y la verdad es que aunque ninguna persona que nosotros conozcamos, con la que hayamos tratado personalmente, haya regresado de la muerte, sí sabemos que Jesús venció la muerte, y lo sabemos porque lo dice la Biblia y porque hubo testigos, mas de 500 que vieron a Jesús resucitado.

Y sabemos que vamos al cielo si nos hemos arrepentido de corazón de nuestras malas acciones y le hemos pedido a Jesús que entre en nuestro corazón; si creemos en Él.

Pero además en la Biblia leemos referencias de cómo es el cielo en diferentes pasajes en el libro de Apocalipsis. Pero antes también Jesús y sus apóstoles hacen otras alusiones al Reino de Dios:

Juan 14:2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.

Mateo 6:19-20 No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar.

Filipenses 3:20 En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo.

Y las referencias en Apocalipsis:

Apocalipsis 21:4 Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor…

Y luego hablan de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén que bajaba del cielo y tenía las doce puertas que eran doce perlas y que la calle principal de la ciudad era de oro puro. Si esa es la ciudad que baja del cielo, es referencia a que el cielo es como eso o mejor aún. Pero lo importante en esos mensajes es que los valores no van a ser como aquí en el mundo. Aquello a lo que aquí se le da valor como al oro, allá tal vez esté como calles para pisarlo. Lo valioso, los tesoros allá serán nuestros principios, nuestros valores, nuestra actitud, nuestro comportamiento y la relación que tengamos con Jesús. La bondad que tengamos en nuestro corazón.

Tenemos una gran esperanza y es la que le queremos comunicar a todos. Un mundo perfecto sin lágrimas ni muerte ni dolor junto a Jesús.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Un poco de claridad 6

Un poco de claridad

Volvamos a este asunto de la ayuda y de la ministración para los creyentes. Sobre el ochenta por ciento – un número conservador – del contenido de los libros, artículos y programas de los medios de comunicación del rubro tratan con los problemas y necesidades que tienen las personas que (según el discurso predominante) han encontrado la victoria, la vida abundante o la libertad en Cristo.

Esa es la ironía: los más necesitados parecen ser los que han gustado el don de la salvación. Así que estamos obligados a preguntar de qué se ha salvado la gente que dice que se ha salvado. Si es solamente de un futuro fuego del infierno no queda muy claro qué continúan haciendo en el mundo los que han recibido a Cristo. Si se trata solamente de salvarse del incendio, ¿cuál es el sentido de seguir enfrentándose con los peligros y tentaciones de una existencia terrenal insegura y compleja?

Entonces habría que preguntarse si la obra de Cristo tiene que ver con algo más que la felicidad y el bienestar personal. Porque en la vida presente tales dones no están garantizados. Vivir es adverso las más de las veces. Las relaciones más importantes se resienten y se quiebran. La salud del cuerpo es no pocas veces precaria. Hay pobreza, violencia, maltrato y abuso, crimen, corrupción, destrucción ambiental y todo eso en nuestro mundo cotidiano.

Si uno viniera de una galaxia distante y revisara el contenido de la literatura y los medios cristianos de comunicación concluiría que ser cristiano no difiere mucho de quien no lo es. La diferencia estaría solamente en la práctica del culto y de la iglesia.

Así que tendríamos que asumir una de dos: a) la vida, sea uno cristiano o no, es complicada y no pocas veces desagradable y de lo que hay que ocuparse no es tanto de la propia felicidad sino de mejorar el mundo en el que vivimos; o b) el cristianismo no es tan increíble como se dice y los cristianos tienen que pasar la mayor parte del tiempo sanando de dolencias físicas y espirituales y protegiéndose de sus debilidades hasta que por fin puedan llegar al cielo tan anhelado. En este último caso habría que quitar del discurso evangelístico eso de la vida abundante, la paz y la libertad.

Un poco de claridad ayudaría bastante. Me parece.

Atento a las señales 7

Atento a las señales

“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.” Daniel 12:4.

Nadie puede negar que el aumento de la ciencia en los último años ha sido como nunca antes, tenemos el privilegio de experimentar los avances tecnológicos de mayor relevancia y ver con nuestros ojos cosas que jamás hemos imaginado que fueran posibles.

Sin embrago, la Biblia enseña que esta aceleración de la era tecnológica es una señal de los últimos días. Sofonías 1:14 (NVI) dice: “Ya se acerca el gran día del Señor; a toda prisa se acerca. El estruendo del día del Señor será amargo, y aun el más valiente gritará.”

¿Crees que hay tiempo?  Nadie sabe el día ni la hora del regreso de nuestro Salvador, pero el aumento de la ciencia y  el comportamiento del ser humano, son señales que nos indican el pronto retorno de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia dice: “Por lo tanto, cuando todas estas cosas comiencen a suceder, pónganse de pie y levanten la mirada, ¡porque la salvación está cerca!” Lucas 21:28 (NTV)

Si aún el Señor no ha venido, es por amor y misericordia a nosotros, pues no quiere que nadie se pierda, sino que todos vuelvan a Dios. (2 Pedro 3:9) ¿Estás preparado para el retorno de Jesús? ¿Amas a Dios con todo tu corazón, fuerzas, alma y mente? ¿Confías en Jesús cómo tu único Señor y Salvador?

La profecía de Daniel ha sido cumplida y la segunda venida de Jesús pronto se cumplirá. Porque Dios no miente y es fiel a su palabra. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).

Si aún no has recibido por fe a Jesucristo como tu Señor y Salvador, hoy es el día, porque nadie sabe cuándo vendrá el Señor, puede ser hoy o mañana. Lo importante es que debemos estar atentos a sus señales y preparados para irnos con Él.

“…cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy.” Juan 14:2.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Antes de Jesús, ¿cómo se lograba la salvación? 8

Antes de Jesús, ¿cómo se lograba la salvación?

Nadie puede hablar de cosas celestiales con la autoridad con la que lo hacía Jesús. Para hablar de cosas tan profundas, se requiere un íntimo conocimiento de ellas. Como nadie ha ascendido al cielo y regresado, no hay nadie capacitado para hablar de estas cosas sino Él que descendió del cielo. Jesús estaba diciendo que sólo Él era quien había visto al Padre, y solo Él estaba calificado para declarar a Dios y darlo a conocer (Juan 1:18).

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Dios fue muy misericordioso con la antigua Israel, aunque finalmente la juzgó, y continúa siendo misericordioso hasta hoy en día, al punto de haber muerto por nuestros pecados. Pero aun cuando él vendrá a juzgar, su misericordia prevalece (Santiago 2:13). Es la misma misericordia que posee el Padre (2da Juan 1:3).

¡Saber que el Dios del Antiguo Testamento fue el mismo que llegó a ser Jesucristo deja en evidencia la falsa idea de que el carácter del Dios del Antiguo Testamento y el de Jesucristo en el Nuevo Testamento eran distintos! Ellos son uno solo y el mismo. 

Esto no significa que nadie nunca había ido al cielo o había sido salvado, porque Enoc y Elías habían sido llevados allí (Génesis 5:24Hebreos 11:52 Reyes 2:11) y Abraham, Isaac, Jacob y otros estaban allí.

Yo pienso que Él siempre quiso y sigue queriendo que todos compartamos la eternidad a Su lado. Es por eso que aún no hemos visto el regreso de Jesús, y antes se requería el sacrificio de animales y el seguir las leyes…que luego las aumentaron los filisteos y los saduceos y eran demasiado estrictos para con lo demás y ellos las transgredían, tal vez a escondidas y por eso Jesús tuvo tanto conflicto con ellos. Él vino a liberarnos y darnos la verdad absoluta. Él vino a ser el único y último sacrificio por nuestros pecados, e incluso por los de quienes estuvieron en el pasado y eran fieles creyentes de Dios. La gracia de Dios se hace presente con Jesús. Él nos otorga a quienes recibamos a Jesús en nuestros corazones, la gracia de ser aceptados con nuestros pecados lavados por la sangre de Jesús. Nuestro rey se presenta ante Dios, delante de nosotros cuando venga el momento de presentarnos ante Él.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Nostalgia del futuro 9

Nostalgia del futuro

Un espacio entre el cielo y la tierra. Tal vez una cabaña a la orilla del río, en medio de la montaña, lejos pero cerca. Arboles gigantescos, álamos o eucaliptos que desenreden el viento en las tardes de verano. También sería bueno una galería abierta que se convierta en platea para “catear” la luna tarde en la noche y donde despejar de tanto en tanto un vaso de vino.

Una charla improvisada sin reclamos ni tomas de razón; sólo estar ahí y dejar que la cabeza desagüe su diluvio de pensamientos atrasados. Alterar apenas la conciencia para detectar si algo uno ha aprendido o se tiene que tropezar en lo mismo de nuevo. Tener la presencia de ánimo para deshacer los malos tratos que uno le propinó a los inocentes y a los no tanto. Desbrozar con pausada dedicación la hierba que anduvo creciendo en el caminito de la amistad – si fuera posible.

Una cierta disposición a dejar – o disminuir – las cosas que hacen mal: el enojo, el azúcar, la pena, las harinas, el remordimiento, algunos vicios innecesarios, el resentimiento, el sedentarismo (¿Por qué me cuesta tanto todavía adoptar el gusto de caminar los cerros y las orillas?), la soledad, más allá de su medida recomendable, digamos. Y cosas así…

Paciencia y más compasión con las cosas que no van a cambiar nunca o se van a demorar mucho en ser diferentes. Sensibilidad para captar las que ya están cambiando y humildad para reconocerlas. Disposición a colaborar con quienes tienen las ganas pero no los recursos. Acompañar a otros en sus tareas y más generosidad con el tiempo propio.

Anaqueles para los libros de todos los tiempos y para los nuevos. Más horas para leer y menos para mirar series y noticias. El papel, el papel que nada ni nadie podrá cambiar para mí aunque un día ya no haya más documentos materiales y todo sea nubes y soportes virtuales. Tiempo para las librerías de viejo o la sección de “baqueteados” de Expolibro donde se hallan pequeños grandes tesoros, como el del otro día cuando encontré Climas de André Maurois.

Finalmente, menos, mucho menos ropa y zapatos, menos artefactos, muebles y aparatos. La comida y la bebida justa. Las ventanas, la luz del día, los cuadros absolutamente necesarios. Y desde el principio de los tiempos de mi vida hasta el último día, el silencio. El silencio respetable, señorial, educado, sensible, oportuno…

Qué hago aquí 10

Qué hago aquí

Aquí viene la inmensa mayoría a buscar consuelo, orientación, celebraciones, jolgorios y realizaciones magistrales. Aquí se explora el sitio para hallar consejos y espiritualidades en boga. Se acude para convocarse a solemnes encuentros y oír cosas halagüeñas. Aquí se encuentran todos para hablar en su idioma y compartirse crónicas de triunfo en su propio lenguaje en el marco de sus convicciones y certezas. Porque esta es la comunidad de similares. Aquí se está instalado con los ciudadanos del propio país invisible y los extraños pueden ser aceptados siempre y cuando no desafinen con juglarías laterales, vestimentas y cosméticas raras y vocabularios oblicuos e incomprensibles.

Aquí está la felicidad certificada, el consejo oportuno, la foto precisa, la sonrisa perfecta, el comentario archipredecible, el me gusta y el compartir que repite ad infinitum lo que ya se ha dicho seis mil millones de veces. Por estos territorios circulan las reconocidas formulaciones del saber dosificado que no sobrepasa el primer grado y debiendo ya ser graduados es necesario seguir diciendo las mismas cosas del abecedario inicial porque ahí es donde reside la única plenitud que es posible recordar. Las complejidades nunca proporcionan alegrías; al contrario, lo encaran a uno con la fealdad de las cosas, con el dolor, con la muerte, con la tristeza, con el desamparo, con la perturbadora otredad y por eso es mejor quedarse siempre como eternos aprendices en el pequeño pueblo muy feliz.

Yo qué hago aquí no es una pregunta retórica. Es la interpelación desesperada del ejercicio lateral, de la palabra otra que se pregunta imposibilidades y confiesa pecados, fracasos y destituciones. De la pregunta al vacío, de la constatación del silencio, que busca senderos porque las llegadas eran a ninguna parte. Es el asombro interminable ante el demoledor desparpajo de los que se creen poseedores absolutos, dominadores, triunfantes, señores del tiempo, articuladores de la vida, voceros de la eternidad.

Yo qué hago aquí es el hallazgo de la propia debilidad, el desencuentro de la mente con mi adversario el cuerpo, el cansancio de la vida, el roce electrizante con la triste historia de los desheredados del cielo y de la tierra.

Alguien, con buena voluntad, podría decirme tal vez qué hago aquí…

El demonio en él… 11

El demonio en él…

Cuando vemos noticias como la de la familia de Colorado, donde la esposa estaba embarazada y el esposo la mató, no solo a ella, también al bebé aún no nacido y a las dos hermosas niñas que tenían 3 y 4 años…no podemos pensar otra cosa sino que se dejó llevar por el demonio.

Porque normalmente uno piensa que todo ser humano debe tener algo de bueno. Pero en el caso de este degenerado, no puedo yo encontrar nada bueno. Tan cínico y prepotente. Quiso engañar al mundo.

La verdad es que cuando lo vi haciendo las declaraciones de que si alguien sabía del paradero de su familia, a mi no me convenció. De hecho yo no sentí ninguna emoción y me pareció casi ridículo que ni siquiera se refería al embarazo de su esposa.

Creo que a todo el mundo le tiene que haber pasado lo mismo. No le creímos y por eso lo pudieron detectar como el homicida muy rápidamente.

Alguien hizo el comentario de que si alguien quería saber cómo era la cara del diablo, lo miraran a él.

Y es cierto. Nuestras mentes pueden divagar, pueden cruzarse diversos tipos de pensamientos en ella, pero la mayoría sabemos controlar los pensamientos negativos o contaminados con tanto que ocurre en el mundo. Hemos visto innumerables casos de supuestos buenos esposos que terminan haciendo actos aborrecibles.

Perdieron el control, y más importante aún, perdieron el temor del infierno. Hay gente que cree que el infierno no existe. Perdón, ¿no saben que la Biblia no miente? Por supuesto que existe el infierno y todos los que se dejen dominar por el demonio terminarán en él.

Los invito a que oremos por la familia de Shannan y por las almas de ella y sus criaturas, para que Dios las reciba en amor y les de paz y conformidad a sus familiares.El demonio en él… 12

Vendrá cuando menos lo esperes 13

Vendrá cuando menos lo esperes

“…cuando vean que suceden todas estas cosas, sabrán que su regreso está muy cerca, a las puertas.” Mateo 24:33.

Aunque no sepamos la hora exacta de cuándo regresará nuestro Señor Jesucristo, sí sabemos que Él viene pronto. Jesús dijo que antes de su venida, el mundo empeoraría. Países estarán enfrentados, habrá hambre, enfermedades y terremotos en diferentes partes del mundo. Pero sobre todo, “Abundará el pecado por todas partes, y el amor de muchos se enfriará…” Mateo 24:12.

Todos somos conscientes, y testigos, de que nuestra sociedad está cada vez peor. La Biblia dice que, tal como sucedió en tiempos de Noé, así también será cuando venga el Hijo del Hombre. (Lucas 17:26) Y, ¿cómo eran los días de Noé? Era una época de gran maldad en la tierra. Génesis 6:5 (NTV) dice: “El Señor vio la magnitud de la maldad humana en la tierra y que todo lo que la gente pensaba o imaginaba era siempre y totalmente malo.”

A diario vemos como las personas han perdido el amor al prójimo y lo único que hacen es lastimar. La pregunta es: ¿Estás preparado y listo para irte con el Señor? Puede que hayas escuchado muchas veces y desde hace años decir que Jesús viene pronto y hasta el día de hoy  no ha sucedido; pero la Biblia dice que aunque pase el tiempo, su palabra se cumplirá.

Medita un momento en lo que está sucediendo en el mundo y las palabras que Jesús dijo referentes al tiempo antes de su regreso, te darás cuenta que todo se está cumpliendo.

Que no te sorprenda el regreso de Jesús, porque vendrá secretamente para llevarse a Su Iglesia de este mundo. En un abrir y cerrar de ojos, cada creyente será arrebatado para ir al encuentro del Señor.

Preparémonos y estemos atentos, que el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperemos.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Send this to a friend