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¿De dónde viene la autoridad?

“Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.  Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo.” Romanos 13:1-2 (NVI)

A veces nos cuesta someternos a las autoridades, pero la Biblia es clara al decir: “toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos importantes están allí porque han sido puestos por Él“. ¿No estás de acuerdo con tu autoridad? Clama a la autoridad mayor, presenta tu petición delante de Él y aprende a esperar por Su respuesta. Y por más complicada que sea la situación de injusticia que enfrentas, no es tu rol arrojar piedras a tus autoridades. Por el contrario, un buen hijo de Dios debe llevar esta situación a Su presencia por medio de la oración y en sus planes y propósitos para nuestras vidas. No pongas tu confianza en las decisiones que tomen o no tus autoridades sino en Dios quien tiene el control absoluto de todo lo que sucede a tu alrededor.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Los desiertos de la vida

“Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, sin hallar ciudad en donde vivir. Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos. Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones.” Salmos 107:4-6 (RVR 1960).

¿Cuantas veces nos hemos encontrado en situaciones que se asemejan a un desierto? Son momentos donde no podemos hallar salida, la sequedad de nuestra vida se acrecienta con el tiempo y la aflicción de nuestra alma no parece terminar.

Es muy interesante recordar que el pueblo de Israel estuvo literalmente en un desierto, donde la angustia los estaba consumiendo, pero algo sobresaliente que ellos hicieron fue clamar a Dios y Él los libró de sus aflicciones. El Señor puede hacer lo mismo en tu vida, puede librarte de la angustia que hay en tu corazón. Clama su ayuda, Él está dispuesto a socorrerte.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Oras con fe?

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” Marcos 11: 23-24 (RVR1960)

¿Cuantas veces nos hemos desesperado al no ver venir la repuesta a nuestras oraciones? Quizá te hayas cansado de clamar y clamar sin ver resultados,  pero… ¿Te has preguntado cómo has estado orando? O tal vez la cuestión se torne diferente: ¿Has añadido fe a tus oraciones?  Porque debes saber que Dios no hace oídos sordos a las súplicas de sus hijos. Como un padre celestial, Él nos protege, provee, guía y cuida de nosotros. Sin duda, podemos confiar en Él y decirle al monte que se quite y eche al mar y así será hecho.

 

Por Ruth Mamani

 

 

 

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¿Qué tienes, dormilón?

Un hombre llegó a su casa cansado y se quedó dormido en su habitación. En ese momento ingresaron unos delincuentes a su hogar y se robaron todo lo que encontraron de valor, como: equipos, joyas u objetos costosos, pero él nunca se dio cuenta, solamente despertó cuando no quedaba nada.

A veces podemos estar como este hombre, es decir,  estamos perdiendo cosas importantes como nuestra familia, matrimonio, hijos u otros, mientras nosotros continuamos dormidos sin hacer nada al respecto.

La Biblia nos muestra una historia similar: “Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos.

Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir. Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.” Jonás 1:4-6 (RVR 1960)

Jonás estaba dormido cuando una terrible tempestad se desató, a tal grado que el encargado del barco lo buscó para despertarlo. Si bien este hecho sucedió por la desobediencia de Jonás, este hubiera sido un evento trágico si él hubiera continuado dormido.

La pregunta que quiero hacerte es: ¿Estás despierto? Muchos eventos negativos suceden porque somos desobedientes a Dios o porque permitimos que el enemigo destruya nuestras vidas ¿Cuál es tu caso? Esperamos que no despiertes cuando no quede nada que rescatar.

Es posible que tu hogar se esté desmoronando, tus hijos estén arruinando sus vidas con dependencias o decisiones equivocadas, quizá estés sufriendo escases o enfermedad ¿Qué estás haciendo para enfrentar la tormenta que tienes encima?

Este tiempo te animo a reconocer tu error, arrepiéntete y ¡Despierta! Comienza a clamar por tus seres queridos y persevera en oración porque solamente el Señor puede calmar la tormenta ¿lo crees?

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Provisión de Dios

A lo largo de la historia del pueblo de Israel, podemos ver que el Señor suplió sus necesidades, tanto físicas como espirituales.

Cuando estuvieron en el desierto, su ropa y calzados no envejecieron, tampoco les faltó el alimento diario. Al llegar a la tierra prometida encontraron cultivos, viñedos y olivares, además de las ciudades ya construidas; tenían todo lo que pudieran requerir.

Así como el Señor suplió las necesidades de Su pueblo en el pasado, lo hace en el presente y de hecho lo seguirá haciendo, Su Palabra lo dice en Mateo 6: 25-26:

“»Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos?” (NTV).

Esta promesa nos da la seguridad de que siempre podemos contar con la provisión divina, recordar cómo Dios nos proveyó en el pasado, nos da esperanza y también fuerzas para mirar hacia el futuro.

Si hoy te encuentras con dificultades, te animo a clamar al Señor y a creer en Su Palabra.

Por Cesia Serna

 

 

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¿Por qué me pasa esto a mí?

“Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra.” Salmos 119:28 (RVR1960)

Cuando nos hallamos en pruebas y estas tocan nuestra salud, quizá lo único que se nos ocurre hacer en ese momento es cuestionar a Dios y decirle: ¿Por qué a mí? Pero qué importante es ver personajes en la Biblia que al igual que tú se hallaban en dificultades, y a pesar de ello no dejaron de creer en Dios. Job fue uno de ellos, quien lo perdió todo, pero aun así permaneció firme en sus principios y convicciones ¡Cómo habrá clamado Job a su Dios para que le de alivio y sanidad! Pero la respuesta desde lo alto no llegó; solamente se escuchaba la risa burlona del infierno. Quizá en estos días recibiste la terrible noticia de tener una enfermedad difícil de tratar y por más que clamas a Señor por tu sanidad no recibes una respuesta, déjame decirte que a Dios nada se le escapa. Él dio su vida por ti para hacerte libre de toda enfermedad, no permitas que el enemigo te robe esa bendición. Busca de su presencia, porque el mejor aliado contra el desánimo y la depresión que causa una enfermedad, es la presencia de Dios.

Por Ruth Mamani

 

 

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¿Sabías que otros sufren por tus errores?

¡Qué terrible es sufrir por algo que no hiciste! Podría recordarte a tu infancia, cuando tus padres castigaban a todos sus hijos hasta que el culpable confesara su fechoría. También sucede cuando un docente suspende a varios estudiantes por la indisciplina de uno. ¿Sabías que en estos momentos otros sufren por tu causa?

La palabra de Dios dice: “Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová…” Jonás 1:1-3 (RVR 1960). El Señor buscaba a Jonás para que realizara un trabajo, pero él no escuchó y prefirió escapar de su presencia.

Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos.

Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir. Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.” Jonás 1:4-6 (RVR 1960).

Jonás subió a una nave para ir a un lugar contrario al que Dios le había mandado, pero cuando se encontraba en medio del mar, vino una terrible tempestad, a tal grado que el barco estaba a punto de partirse; las personas de la barca estaban asustadas, por lo que cada uno buscó clamar a su dios, situación que empujaba a Jonás a arrepentirse.

Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado. Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más.

Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.” Jonás 1:10-12 (RVR 1960).

Las personas que se encontraban dentro la barca estaban enfrentando una terrible crisis por la desobediencia de Jonás, al enterarse de esta realidad, tuvieron temor a Dios, por lo que echaron a Jonás de la nave y la tempestad se calmó.

Podríamos estar viviendo la historia de Jonás ¿estamos obedeciendo o huyendo de Dios? ¿Lo escuchamos o ignoramos? Lamentablemente si dejamos de escuchar al Señor no sufriremos solos las consecuencias, sino también las personas que nos rodean ¿Cuántas familias se encuentran en crisis porque un miembro del hogar se ha revelado contra el Señor?

En esta oportunidad quiero animarte a tomar la decisión de “escuchar a Dios y obedecer” No hagas oídos sordos, recuerda que si no estás con Cristo estás contra Él, si no recoges, solamente desparramas. Levántate, y si no tienes fuerzas para luchar por ti mismo, lucha por las personas que amas.

 

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¡Todo por el todo!

“Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.” Ester 4:16 (RVR1960)

La historia de Ester revela la sabiduría eterna sobre nuestro propio futuro y destino. En este relato Dios nos muestra cómo Él obró mediante una joven para salvar al pueblo Judío de la aniquilación total planeada por un líder extremadamente poderoso.

Tal vez no estaba en los planes de Ester atravesar por situaciones desafiantes que incluso atentaran contra su vida misma, quizá jamás pensó en convertirse en la reina de Persia, pero de lo que si estaba segura era de darlo todo por el todo y dejando atrás sus sueños decidió arriesgarse para que su pueblo fuera liberado del complot que había sido planificado en su contra.

La disposición de Ester fue determinante para toda una nación que en el silencio clamaba por ayuda, por lo que  la valentía de esta mujer fue bendecida con una gran posición.

Si hoy te encuentras en la encrucijada de si vale la pena abandonar la zona de confort y arriesgar incluso tu vida por una gran necesidad que Dios te ha mostrado en estos días, no acalles esa voz que retumba en tu mente y corazón, sólo déjate usar por Aquél que no olvidará la obra de tus manos. “Pues Dios no es injusto. No olvidará con cuánto esfuerzo han trabajado para él y cómo han demostrado su amor por él sirviendo a otros creyentes como todavía lo hacen.” Hebreos 6:10 (NTV).

¿Recuerdas a Abraham? Estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo por obediencia a Dios. Moisés dejó la comodidad de su casa por obedecer a su creador y ser un instrumento suyo para rescatar a Israel de manos de los egipcios. Esteban y Pablo no dudaron en entregar su vida a causa del evangelio. Ahora te pregunto y a la vez me pregunto si estamos dispuestos a hacer todo por amor a Dios, por amor a nuestra gente y aun por aquellos que necesitan de Él.

¿Te gustaría hacer historia y provocar cambios en esta generación?, ¿Estás dispuesto a contagiar a otros del amor de Dios?, entonces aprende a arriesgarte y ten por seguro que en ese proceso la presencia de Dios no te abandonará.

¡No permitas que pequeños grandes gigantes quieran detenerte!

“Desde que Juan el Bautista comenzó a predicar hasta ahora, el reino de Dios avanza a pesar de sus enemigos. Sólo la gente valiente y decidida logra formar parte de él.” Mateo 11:12 (TLA)

Por Ruth Mamani.

 

 

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Esperanza en medio de la angustia

“Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás».” Salmos 50: 15 (NVI).

Cuando estamos sumergidos en problemas y no parece haber una salida, es cuando Dios promete ayudarnos, solo debemos clamar a Él, acercarnos para pedir que nos rescate y muestre una salida.  El Señor está dispuesto a socorrernos, pero la pregunta real es: ¿tú estás dispuesto a clamar por Su ayuda?

Por Cesia Serna

 

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¿Clamas o Reclamas?

“Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. Y Jacob se enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?” Génesis 30:1-2 (RVR).

La historia de Raquel y Lea siempre me pareció interesante por sus grandes diferencias. Por un lado, Lea despreciaba a su hermana porque “Jacob amaba a Raquel”. Sin embargo, a Raquel no le resultaba suficiente el amor de su esposo, sino que envidiaba la herencia que Dios dejaba en Lea (los hijos) lo cual la llevó a reclamarle a Jacob hasta hacerlo enfadar. Al parecer, lo único que a ella le interesaba era tener hijos y de su corazón sólo salían palabras de reclamo. Imagino cómo pudo sentirse Jacob con las palabras hirientes que salían de los labios de su amada, tal vez llegó a pensar que todo el amor que le había profesado no significaba nada para ella.

Por otro lado, si observamos de cerca una historia similar, podremos darnos cuenta a quién nos parecemos. Se trata de Ana, la madre de Samuel, quien también anhelaba con todo su corazón tener un hijo: “E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:11 (RVR).

La diferencia entre ambas mujeres (Raquel y Ana) radica precisamente en la actitud de sus corazones; mientras Ana clamó a Dios, Raquel reclamó a su esposo y mientras Ana pensaba dedicar su hijo  al servicio del Señor, Raquel lo anheló aun por encima de su propia vida.

Por su actitud cada una recibió su recompensa. Ana después de haber concebido a Samuel pudo tener más hijos, pero lo triste es que Raquel murió en el parto de su segundo hijo contrariamente a su petición “dame hijos o muero”, aquello que ella consideraba que era la vida, se convirtió en su muerte.

Es posible que estés atravesando por una gran necesidad espiritual, material y aun sentimental, por lo cual te ves tentado a actuar para que las cosas vayan a tu favor, pero al ver tu incapacidad reclamas en vez de ponerte de rodillas e implorar para que se haga la voluntad de Dios.

Por encima de toda situación, no reclames, sino ¡Clama! Porque esto es lo que El Señor espera de nosotros cuando estamos en Su Presencia. Si lo llamamos, no sólo contestará nuestra oración sino que promete revelarnos “cosas grandes y ocultas” que no podrían conocerse de otra manera, porque humanamente son inaccesibles.

No permitas que de tus labios salgan palabras de reclamo que sólo hieren el corazón de Dios, al contrario, aprende a clamar por su ayuda, porque Él siempre estará listo para responder a tus necesidades.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” Jeremías 33:3 (RVR)

Por Ruth Mamani.

 

 

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¡Insiste sin desmayar!

“Entonces me dijo: “No tengas miedo, Daniel. Tu petición fue escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento y humillarte ante tu Dios. En respuesta a ella estoy aquí.” Daniel 10:12 (NVI).

Cuando Daniel oró, Dios respondió de forma inmediata a su petición, el cual el enemigo intentó dilatarlo, pero a pesar de ello, su oración fue contestada. ¿Cuál es tu petición? Dios quiere responder a tu necesidad sin importar lo que el enemigo intente hacer para bloquearlo. Hoy te animo a doblar tus rodillas para que con toda humildad y perseverancia te acerques ante su presencia y a pesar de que las circunstancias se tornen difíciles, puedas confiar en Aquél que es más poderoso que cualquier gigante.

Por Ruth Mamani

 

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¿Quieres que tu oración sea escuchada por Dios?

Muchas personas que oran y no reciben respuesta a su petición, posiblemente no están orando como está escrito en la Palabra de Dios.

“Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.” Éxodo 2:23-24 (RVR 1960)

En este pasaje el pueblo de Dios estaba siendo castigado duramente por Egipto, por lo cual clamó al Señor y recibió misericordia. En diferentes partes de la Biblia se muestra cómo Israel clamaba a Dios por ayuda, con gemido y llanto, entonces Él escuchaba sus súplicas y levantaba un libertador.

La mayoría piensa que orar y clamar es lo mismo; sin embargo, existe una gran diferencia: orar es hablar y dialogar, pero clamar es pedir con desesperación en el corazón, tener angustia y aflicción por la petición, aquella que sale de lo más profundo de nuestro ser.

La promesa de ser oídos por Dios y ser librados está estrictamente reservada para los justos que claman, ellos estarán día y noche doblando rodillas, llorando y gimiendo delante del Señor hasta recibir respuesta.

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960)

Ana era una mujer que no podía tener hijos, pero pidió la bendición de Jehová con desesperación y llanto, entonces el Señor escuchó su oración y le concedió este deseo.

Muchos tenemos un pedido en el corazón, pero pareciera que no le damos importancia o nos falta fe porque no estamos clamando; por ejemplo, si me interesa que mi familia se salve lo demostraré suplicando por sus almas, llorando de día y noche, lo mismo si deseo recibir sanidad, trabajo o bendición económica. La pregunta es: ¿existe clamor en tus oraciones?

 

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