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Lo que te dará la victoria

En los primeros capítulos de Mateo se relata el principio del ministerio de Jesús, cómo fue bautizado en agua por Juan el Bautista para cumplir la ley, cómo lleno del Espíritu Santo derrotó la tentación del diablo en el desierto. Después cuando volvió a Galilea y enseñaba en las sinagogas, predicaba el evangelio del reino, sanaba enfermedades y dolencias.

El Espíritu Santo es la promesa que Jesús dio a todo el que creyera en Él: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” Juan 16:13-14 (RVR1960)

Cuán importante es estar llenos del Espíritu Santo para enfrentar las pruebas, las  tentaciones y además cumplir el plan de Dios para nuestra vida.

Podemos vivir la vida por nuestra propia cuenta y según nuestra sabiduría humana, pero con seguridad fracasaremos, en cambio cuando somos guiados por el Espíritu Santo tenemos la seguridad de que damos pasos certeros y llegaremos a realizar los planes de Dios.

Jesús fue obediente a Dios, también nosotros debemos hacer lo mismo, la obediencia a su Palabra vivificará Su presencia en nuestro ser y nos dará dirección hacia Su voluntad.

Pero toma en cuenta que el pecado es lo que nos separa de la llenura del Espíritu Santo, y la obediencia a Dios es lo que la mantiene. Además, la obediencia hace que seamos sensibles a ser moldeados por nuestro Señor sin ningún obstáculo.

Si hemos pecado no tardemos en arrepentirnos y confesar a Dios nuestra falta, con la seguridad de que seremos perdonados, pues la biblia lo respalda en Proverbios 28:13: “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”

¡Deshazte de todo lo que te impide ser lleno del Espíritu Santo!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Rendido a Dios

“De día y de noche mi corazón te busca; cuando tú das una orden, todos aprenden a hacer lo bueno.” Isaías 26:9 (TLA)

Cuando realmente descansamos en Dios, podemos hacer que una traición, un sufrimiento o una perdida, nos haga sumergir más en Su presencia, de tal manera podamos recuperar la esperanza. No dejemos que cualquier situación nos hunda, sino aprendamos humildemente a pasar la prueba con Dios. Después de toda prueba, podremos experimentar su bendición y nuestro corazón se llenará de agradecimiento al comprobar una vez más que Él es fiel y aún sigue haciendo milagros a favor de sus hijos.

Por Danitza Luna

 

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La decisión

Cierta vez en un programa de tv un famoso jugador de fútbol confesó una parte de su vida que nunca antes había contado en público.

Durante la entrevista dijo que su padre murió cuando él tenía 7 meses de gestación y después de haber nacido, su mamá no pudo cuidarlo junto a sus otros 12 hermanos porque no tenía los ingresos económicos suficientes para mantenerlos; además vivían en un barrio muy peligroso donde la delincuencia y la drogadicción era algo de todos los días. Esas razones fueron suficientes para que ella decidiera enviarlo a vivir con la familia de su hermana.

Al pasar los años ese muchachito demostró que tenía grandes cualidades jugando futbol, de esa manera logró hacer pruebas con algunos equipos importantes de su ciudad y de entre muchos otros él fue de los pocos que fueron aceptados para integrar la plantilla titular.

No pasaron muchos años cuando un equipo de otro país le ofreció una importante suma de dinero para que jugara con ellos. Con mucha felicidad firmó el contrato y con las primas económicas que recibió compró una casa para que su familia salga del peligroso barrio en el que vivían. Sin embargo, aunque la intención con todo eso era mejorar las condiciones de vida para los suyos, él cuenta durante la entrevista que uno de sus hermanos hoy en día está preso.

Todos en su hogar sufrieron el azote de la pobreza y los problemas sociales que acarrea el vivir en un barrio donde la drogadicción es algo normal, pero uno de ellos pudo salir adelante y decidió invertir lo que había ganado en darle a su familia una oportunidad de mejorar. Algunos la aceptaron, pero hubo otro que eligió una vida criminal.

Algo similar ocurre en la vida de todo cristiano.

Deuteronomio 11:26-28 dice: “He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido.” Versión Reina-Valera 1960

Estas fueron las palabras que dijo Moisés a Israel después de haber salido de Egipto. Recordemos que en ese lugar ellos eran esclavos y no podían determinar nada por sí mismos, pero Dios los rescató dándoles la libertad de elegir por cuenta propia qué camino querían tomar.

Eso mismo ocurre al aceptar a Jesús como Señor y Salvador.

Él nos ha hecho libres de la esclavitud del pecado para darnos la opción de vivir bajo sus mandamientos o desobedecer completamente. Dios lo ha dispuesto de esa manera y para asegurarse de que así sea, personalmente ha vencido al diablo, al pecado y al mundo para que elijamos sin ningún tipo de oposición.

¡No dudes más! Elige seguir a Dios porque en Él hay vida.

 

 

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¿Estás ansioso y preocupado?

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” 1 Pedro 5:7 (RVR1960)

La ansiedad y la preocupación generalmente representan una carga que nos hace sufrir. Esperamos ser librados de ellas, pero a veces la respuesta tarda en llegar y nos exasperamos al punto de perder la paciencia. Cuando esto sucede, es posible que tomemos decisiones apresuradas, de las cuales quizás tengamos que arrepentirnos más tarde.
Si bien hay problemas inevitables, aún así podemos entregárselos al Señor en oración. Dios nos dará la fuerza necesaria para atravesar toda situación y terminar en victoria, porque Él tiene cuidado de nosotros.

Por Giovana Aleman

 

 

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¿Cuántos paracaídas empacaste hoy?

Charles Plumb, era piloto de un bombardero en la guerra de Vietnam. Después de muchas misiones de combate, su avión fue derribado por un misil. Plumb se lanzó en paracaídas, fue capturado y pasó seis años en prisión.

A su regreso a Estados Unidos, daba conferencias relatando su odisea y sus experiencias en el lugar de detención.

Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó:

   – Hola, usted es Charles Plumb, ex piloto en Vietnam y fue derribado por el enemigo, ¿verdad?

   – Y usted, ¿cómo sabe eso?, le preguntó Plumb.

   – Porque yo doblaba y empacaba los paracaídas de su división, y parece que el suyo funcionó bien.

   – Claro que funcionó, si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí- Respondió  Plumb emocionado y con mucha gratitud.

Aquella noche, Plumb no podía conciliar el sueño, se preguntaba cuántas veces había visto en el portaviones a aquel hombre y nunca le había dirigido un saludo, se dio cuenta de que había sido una persona arrogante y orgullosa frente a este humilde y servicial marinero.

Pensó también en todo el tiempo que aquel marinero pasó en el barco enrollando los hilos de seda de cada paracaídas, teniendo en sus manos la vida de personas que quizás no conocía.

Desde aquel día, Plumb comienza sus conferencias preguntando a su audiencia: ¿Quién empacó hoy tu paracaídas?

Esa es la misma pregunta que hoy debemos realizarnos: ¿Quién empacó nuestro paracaídas? ¿Estás empacando el paracaídas de alguien?

Muchas veces vemos a la gente, familiares, compañeros del trabajo, hermanos de la iglesia, amigos, conocidos del barrio y simplemente apenas los saludamos sin tener en cuenta que ellos podrían estar empacando nuestro paracaídas. Sus oraciones podrían ser las que cada día nos estén salvando de situaciones inesperadas.

¿Cuántos paracaídas empacaste hoy? Recuerda que la responsabilidad que se nos ha dado es enorme. En 1 Timoteo 2:2 encontramos que debemos interceder por nuestras autoridades, en Job 42:8 vemos cómo la oración de éste hombre por sus amigos obró a favor de ellos y podemos encontrar muchos ejemplos más.

“En cuanto a mí, ciertamente no pecaré contra el Señor al dejar de orar por uedes. Y seguiré enseñándoles lo que es bueno y correcto”. 1 Samuel 12:23 (NTV)

¿Listo para seguir empacando paracaídas? Dios nos ha confiado la vida de muchas personas y es nuestra responsabilidad que sus paracaídas siempre estén listos.

 

 

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Confiar y esperar

“Espero en silencio delante de Dios, porque de él proviene mi victoria” Salmos 62:1 (NTV)

Hay épocas de nuestra vida en que nos sentimos derrotados, como si hubiéramos caído en un oscuro pozo del cual no podemos salir. En nuestra desesperación clamamos pidiendo auxilio con la esperanza de que alguien nos oiga y ayude. Pero sabemos que a pesar de nuestros gritos desesperados, no siempre encontraremos personas dispuestas a ayudarnos. Algo muy distinto pasa con nuestro Dios, El siempre escucha nuestro clamor y siempre nos extiende su mano para brindarnos su favor. Si hoy te encuentras en un pozo de desesperación, clama a Dios y Él te ayudará.

Por Judith Quisbert

 

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En Sus manos

“Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.” 1 Pedro 5:7 (NTV).

Darnos cuenta del amor y cuidados que tiene Dios para con nosotros, aún a pesar de haberle fallado, no tiene precio. Si estas atravesando situaciones difíciles o que escapan a tu control, no lo pienses más, entrega todo en Sus manos, y cree que Él cuidará de ti.

Por Cesia Serna

 

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Corazón herido

Un corazón herido no sólo es el resultado de un fracaso en el noviazgo o matrimonio, sino también es causa del abandono de un padre, una madre, de un amigo, de un hijo o alguien que formó parte importante de nuestra vida.

Muchos consideran que el tiempo es la mejor medicina para las heridas del corazón, pero resulta que es todo lo contrario, pues una lesión que no es atendida como es debido y en el tiempo indicado, solamente empeorará.

Es fácil detectar una herida física, pues basta con verla, pero ¿qué hacer con las internas que no se pueden ver y que si no son atendidas podrían causar grandes enfermedades espirituales como el odio o la amargura? No hay médico que las pueda atender, solamente Dios está capacitado para sanar esas heridas que no se ven “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas.” Salmos 147:3 (NTV).

Quienes conocen del dolor que siente cuando alguien lastima su corazón saben muy bien que el tiempo y la quietud no son la respuesta a su dolor, pues el tiempo da paso a los recuerdos y hoy muchos se encuentran en esa situación, preguntándose ¿Quién fue el culpable? ¿Yo destruí todo? ¿Por qué me abandonó? ¿Ya no me amaba? ¿Qué hice mal?

Si en este momento estás experimentando el dolor de una herida en el corazón, acude a la única persona que puede sanarte, “El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado” Salmos 34:18 (NTV).

No te permitas seguir viviendo en el pasado, no te condenes porque te equivocaste y no dejes que la culpa o el dolor te hagan buscar remedios momentáneos que con el tiempo podrían empeorar tu herida, por ejemplo: una relación apresurada, un vicio o un mal hábito que  no te ayudarán a sanar tu corazón.

Si solamente te sometes a remedios momentáneos para calmar tu dolor, recuerda que tienen un tiempo de efecto, pasado ese lapso el dolor volverá y será aún más intenso.

Hoy Dios quiere atender las heridas que tienes y desea restaurar tu corazón, “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos” Lucas 4:18 (RVR1960)

¿Quieres que Dios sane tu corazón?

Por Judith Quisbert.

 

 

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¡Me casé con un niño!

Poco tiempo después de casarse, Carla se dio cuenta que contrajo matrimonio con un niño;  estaba decepcionada porque él innecesariamente había gastado todos los ahorros de su noviazgo en un vehículo carísimo y, además, contrajo una enorme deuda, sin siquiera pensar en el proyecto futuro de su familia como un líder lo haría. ¿Conoces niños en el cuerpo de un adulto?

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.” 1 Corintios 13:11 (RVR 1960)

Cuando el hombre es emocionalmente inmaduro sus palabras, pensamientos, actitudes y decisiones lo delatan, por ejemplo: es egoísta, no le importa el sentimiento del otro, pone sus actividades o necesidades primero, piensa que tiene la razón siempre y por esto rara vez pide perdón, no asume su responsabilidad por lo que culpará a su pareja o amistades por sus equivocaciones. Puede parecer agradable y cariñoso, pero en cualquier momento mostrará que es un infante.

Esta mujer se apresuró al comprometerse, a pesar de observar las actitudes inmaduras que manifestaba su novio con anterioridad, por lo que ahora tendrá que ser paciente hasta que este niño madure, lo que no será fácil.

“Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” Colosenses 1:10 (RVR1960)

Así como existen personas emocionalmente inmaduras, también están los cristianos en su estado espiritual y se pueden mencionar algunas características: no se comprometen con el Señor, piensan que estarán bien asistiendo a la iglesia pero sin obedecer a Dios, enojados con sus hermanos, peleando en lugar de mostrar amor, etc.

El Señor quiere que seamos personas maduras, alguien de quien no es necesario preocuparse, que estudia la Biblia y ora sin que lo empujen, actúa bien sin que lo controlen, pone las necesidades de los otros primero, sólo hace lo que Dios desea muriendo así mismo, comprometido con Él porque toma en serio el sacrificio y amor de Cristo.

¿Eres una persona madura?

 

 

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Si rechazas la corrección, sufrirás

“La sabiduría multiplicará tus días y dará más años a tu vida. Si te haces sabio, serás tú quien se beneficie. Si desprecias la sabiduría, serás tú quien sufra.” Proverbios 9:11-12 (NTV)

La persona que te ama te corregirá y exhortará cuando vea que estás equivocado o haciendo algo que no es correcto, pero nunca dejará que vivas a tu manera y obrando mal.

Dios quiere que seas una persona sabia y disciplinada, para eso Él pondrá en tu vida personas y circunstancias que te ayudarán a corregir todo aquello que no esté bien en ti.  “Porque Dios corrige y castiga a todo aquel que ama y que considera su hijo.” Hebreos 12:6 (TLA)

Pero, ¿a quién le gusta que le corrijan? A la gran mayoría de las personas no nos gusta la corrección ni que nos llamen la atención. Nos creemos autosuficientes y sabios en nuestra propia opinión.

A veces cuando alguien nos hace dar cuenta de nuestros errores respondemos de mala manera con palabras como: “es mi vida” “es mi problema” “puedo vivir como yo quiero” “no te metas en mi vida” “quiero estar solo (a)” “no vuelvas a hablarme” o simplemente con nuestra actitud decimos todo eso. ¿Te pones así cuando alguien quiere aconsejarte y ayudarte?

Te diré algo, no avanzarás mucho en la vida si no estás dispuesto a ser enseñado. Seguirás en el mismo error y poco a poco te volverás una persona carente de sentimientos, que se molestará  y maltratará cada vez que alguien quiera corregirte.

La palabra de Dios dice: “Atended el consejo, y sed sabios, Y no lo menospreciéis.” Proverbios 8:33 (RVR1960)

Si quieres ser una persona madura y sabia necesitas que te corrijan. La corrección te ayuda a combatir defectos que quizás ni siquiera sabías que tenías, pero que los demás ven en ti.

Sé una persona humilde y no orgullosa para aceptar la corrección y los consejos que te den. No olvides que el regaño que más te duele podría ser el que más necesitas.

Proverbios 16:18 (PDT) dice: “Después del orgullo viene la caída; tras la arrogancia, el fracaso.” Y en Mateo 5:5 (NTV) Jesús dijo: “Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra.”

La persona que te corrige quiere lo mejor para ti y que seas feliz. “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él.” Hebreos 12:5. (RVR1960)

Oremos:

Padre amado, gracias por tu palabra, hoy aprendí que necesito ser corregido y enseñado. No quiero ser autosuficiente y sabio en mi propia opinión. Sé que la falta de humildad y no aceptar la corrección de parte tuya hará que sufra consecuencias. Por favor, haz de mi vida una persona sensible a tu voz y correcciones, quiero ser una persona sabia y temerosa de ti. Pongo mi vida este día en tus manos, dispuesto estoy a recibir todo lo que venga de parte tuya, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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El último Ídolo

En un  momento de su ministerio, Jesús tuvo un encuentro con un joven judío muy rico que además  de ser un hombre principal, perteneciente a una familia noble, también llevaba una vida moral ejemplar. Quizá podríamos decir que era alguien agradable, ya que solo al mirarlo, Jesús lo amó. Sin embargo, a pesar de tener tantas buenas cualidades, el joven estaba consciente que le faltaba algo. En su corazón seguía habiendo un vacío que no podía ser llenado con ninguna de las cosas que había alcanzado hasta ese momento de su vida, entonces le preguntó a Jesús:

“―Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? ― ¿Por qué me llamas bueno? —Respondió Jesús—. Nadie es bueno sino solo Dios. Ya sabes los mandamientos: “No cometas adulterio, no mates, no robes, no presentes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”. ―Todo eso lo he cumplido desde que era joven —dijo el hombre. Al oír esto, Jesús añadió: ―Todavía te falta una cosa: vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Cuando el hombre oyó esto, se entristeció mucho, pues era muy rico. Al verlo tan afligido, Jesús comentó: ¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!” Lucas 18:18-24 (NVI).

Al instante Jesús pudo detectar en su alma un ídolo invisible que lo estaba bloqueando espiritualmente y no le permitía tener esa paz que deseaba y menos alcanzar la salvación.

De la misma forma Dios quiere que hallemos y destruyamos a esos pequeños ídolos que están afectando a nuestras vidas.

Al igual que este joven, no esperes recibir la aprobación de Dios y que Él te diga que estás en el camino correcto, cuando sabes que hay algo que te falta cumplir, y que  no se refiere a las buenas obras o méritos, sino a “quitar”. Tal vez tu ídolo no sea algo palpable, puede tratarse del orgullo o una falta de perdón, etc. que se hallan escondidos en un rincón de tu corazón, convirtiéndose en obstáculos por el resto de tu vida. Recuerda que no es posible ser un discípulo de Jesús e intentar vivir la vida a nuestra manera, es necesario elegir entre las dos opciones.

“Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.” Mateo 6:24 (NVI)

El joven rico había entendido perfectamente lo que Jesús le estaba pidiendo para ser un seguidor suyo, y lo rechazó. Decidió quedarse con sus “muchas posesiones” en lugar de Cristo.

Pude que estés en una situación similar, donde es necesario decidir el abandonar a ese pequeño gran ídolo para que tu alma quede libre y puedas servirle a Dios sin reservas.

¿Estarías dispuesto a hacerlo?

Por Ruth Mamani.

 

 

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¡Puedes hacerlo!

“Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.” Isaías 11:2 (RVR1960)

¿Tienes decisiones que tomar? ¿Necesitas respaldo para dirigir algo grande? Muchas veces creemos que es demasiado para nosotros estar a cargo de algo grande por todo lo que exige ser un líder. Entonces y en lugar de asumirlo queremos salir huyendo por temor a fallar. Si en algún momento te has sentido incapaz de tomar alguna responsabilidad, esta promesa es para ti. Dios te dice que no estarás solo, sino que su Espíritu Santo reposará sobre tu vida para darte sabiduría, inteligencia y poder para enfrentar cada reto que venga en tu camino. ¡Vamos tu puedes!

Por Ruth Mamani

 

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