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Madurez y debilidad

“¡Desventurada condición de los hombres! Apenas el espíritu ha llegado al punto de la madurez, el cuerpo comienza a debilitarse.”
(Barón de Montesquieu)

No siempre es así, sin embargo. A veces el espíritu no llega a la madurez pese a los años. Y esa sí es una condición desventurada: hay quienes creen que la simple suma de los días otorga sabiduría y se jactan de su experiencia cuando, a todas luces, lo que ha pasado es que el tiempo no ha hecho más que profundizar su necedad.
El pensamiento que he citado en el epígrafe se refiere a quienes han crecido interiormente y han adquirido un sentido más completo de la existencia y ahí se topan con esta realidad: mientras el exterior se desgasta inevitablemente, la persona interior se renueva de día en día.
Este conflicto es en muchas maneras frustrante. Recuerdo de mi juventud haber pasado varias noches sin dormir para completar un proyecto o preparar y conducir un evento de proporciones. Bastaban unas pocas horas de descanso para proseguir la tarea. En estos tiempos el cansancio aparece más temprano que lo deseado y cuesta más culminar los emprendimientos del trabajo y de la vida. No pocas veces uno piensa cómo sería poder tener el cuerpo de los veinte o treinta años pero con la cabeza de hoy. Olvidamos que en la juventud uno jamás se plantearía esta cuestión: el presente es todo suficiente cuando no se ve el horizonte…
Es como cuando uno mira a unos señores cercanos a la década de los setenta conduciendo unos autos maravillosos por el centro de la ciudad: ¡qué lindo hubiera sido manejar uno de ésos en la juventud, sin importar lo inexperta e indocumentada que fuera!

En otros tiempos a mí también me estremecía la vejez, no quería ni mirarla. Me horrorizaban las enfermedades y ese lento proceso, entonces para mí aterrador, por el cual el cuerpo que nos acompañó vigoroso empieza a fallar… Como si se estropeara la armonía entre el alma y el cuerpo.
(Ernesto Sábato, La resistencia)

Memoria del olvido

El cargador de la computadora. Los lentes ópticos de sol. El teléfono celular local, un libro que debía entregar por encargo, un lápiz Parker. La dirección y el teléfono de una persona que tenía que ver la mañana del sábado. Estas son algunas de las cosas que he ido olvidando en los lugares que he visitado en estos días. Algunas me las enviaron por correo, otras he tenido que regresar a buscarlas. Incluso, he tenido que hacer llamadas para dar explicaciones por las consecuencias que derivan de tales olvidos.
Intento resolver en silencio la bronca que me produce esta debilidad. Me explican que puede ser el estrés o el cansancio. O nada más mi inveterada distracción. En mi fuero interno temo que no sea otra cosa que los síntomas del tiempo, de los años, de las incursiones incansables a las que he sometido mi cabeza desde que tengo uso de razón. Mauricio me dice que no me preocupe, que él me lleva a buscar las cosas que olvidé; total son días festivos, las rutas están despejadas y se puede ir y volver en menos de una hora. Mi cuñada me consuela con la idea que hasta ahora, por lo menos, no me he olvidado de mi cabeza.
Alguna vez leí que cuando uno es joven olvida cosas pero no les da importancia: unas llaves, un botón, una camisa; pero que con el tiempo la pérdida o el olvido de estos objetos se convierte en un conflicto existencial, una lucha con el orden que uno quisiera que hubiera en todo lo que uno hace. Otra vez leí que en una ocasión Albert Einstein puso en el buzón del correo un cuaderno, una libreta de apuntes y un lápiz en vez de la carta que había llevado para enviar. Dadas las enormes distancia que tengo con Einstein en términos de inteligencia y con la juventud, tales experiencias no me consuelan en modo alguno.
Por el contrario, hay hechos o situaciones que uno ha vivido que permanecen en la memoria con una persistencia a veces dolorosa, no importa si ocurrieron el año pasado o cuando tenía diecisiete años. Me propongo leer algún artículo que dé cuenta de las razones de este silencioso pero inquietante acontecimiento y espero rendirles cuenta de los hallazgos y conclusiones del caso.
Por ahora no queda más que desearles un venturoso – e inolvidable – año nuevo.

¡Quiere sanarte!

“El SEÑOR los atiende cuando están enfermos y les devuelve la salud” Salmos 41:3 (NTV)

¿Estás sufriendo por causa de una enfermedad? Cuando nos encontramos en esos tiempos de debilidad, es cuando debemos acudir al único que puede sanarnos: Dios, su palabra dice que quiere devolverte la salud, solamente necesitas confiar y acercarte ante su presencia.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Firme en la FE

“Estén alerta. Permanezcan firmes en la fe. Sean valientes. Sean fuertes” 1 Corintios 16:13 (NTV)

Es posible que la dureza de las batallas diarias estén agotando tus fuerzas. Quizás por mucho tiempo has luchado solo, sin lograr avanzar. A veces y después de tanto esfuerzo, pareciera que las cosas se ponen aún peor. En estos tiempos, es bueno recordar lo que hoy nos dice: “Permanezcan firmes en la fe”. Que los problemas no debiliten tu fe, fortalécete en el Señor para que puedas obtener la victoria.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Estamos todos predispuestos a las adicciones?

Según el científico del conocimiento de Texas, Brian Anderson, las personas luchando con adicciones de drogas o alcohol no son muy diferentes al resto de nosotros. En su artículo sorprendente titulado Dependencia de Drogas y Alcohol, su estudio muestra que el cerebro humano está programado para responder a cualquier tipo de recompensa: comida, drogas o cualquier cosa que ocasione placer, al generar una tendencia hacia buscar ese tipo de recompensas en el futuro. Según él, la gente que se hace adicta a las drogas puede ser más sensible a este tipo de comportamientos y menos capaces de suprimir sus efectos cautivadores. También dice que con más estudios, los expertos podrán aprender cómo refrenar los cerebros de las personas que luchan con adicciones para ayudarlos a tratar el uso adictivo de drogas y otras actividades.

En realidad hay sustancias que de por si no son malas, lo que las hace perjudiciales es el uso que hagamos de ellas. El abusar de las cantidades. Hay drogas legales como el alcohol, y tomarlo moderadamente no causa daño. Los daños surgen cuando bebemos y manejamos o cuando bebemos en exceso y dejamos de controlar nuestras emociones. Hay personas que se vuelven agresivas.

Muchas personas llegan a la bebida o droga buscando “olvidar problemas” y realmente lo que están haciendo es metiéndose en problemas peores.

La adicción es una enfermedad, pero también se cataloga como un síntoma que muestra la forma en que la persona se relaciona con el mundo. El carácter compulsivo forma los hábitos y son lo que la sociedad condena. Hay adicciones que de por si, por diversas razones la sociedad y las leyes condenan. Las leyes se hicieron para respetarlas, y debemos comenzar por aprender a respetar nuestro cuerpo como creación divina que es.

Como siempre digo, todos los excesos son malos. Y si no sabes si te puedes hacer adicto a algo o no, lo mejor es no hacer la prueba. Por otra parte el control de uno mismo, es algo que se practica y se fortalece con la práctica. Es lo que muchos llaman madurez. Hay personas que pueden tener muchos años de vida, pero no han madurado. No son fuertes en el auto control.

Hay muchos testimonios de personas que han dejado las adicciones al recibir a Jesús en sus vidas. Oren por las personas que conozcan con este tipo de enfermedad.

Se requiere de gran fuerza de voluntad y ya cuando es adicción, de excelente ayuda profesional. Si conoces a alguien que tiene una adicción, no te engañes pensando que tú lo (la) puedes cambiar o que va a cambiar porque te ama. Necesita recibir a Jesús, y necesita ayuda profesional. Y honestamente, necesita tener la disposición de hacer un cambio.

Si conoces a alguien que esté sufriendo de alguna adicción, nos puedes escribir a consejerí[email protected]  y te guiamos en la búsqueda de ayuda profesional según el caso.

Dios te bendiga.

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

De la debilidad…al pecado

Eli es un personaje del Antiguo Testamento con un problema muy actual. Durante cuarenta años fue líder de Israel y un excelente sacerdote que se ganó el respeto del pueblo. Sin duda era una buena persona y si bien no estaba cometiendo adulterio ni robando las ofrendas, su deficiencia como padre lo llevó a la tragedia.

Si Elí era un buen hombre, ¿Qué pasó? ¿Por qué fracasó?

Cometió tres errores que como padres o líderes somos también propensos a caer.

     – Fue tolerante con el pecado, Eli estaba consiente que sus hijos Ofni y Fines cayeron en fornicación aun siendo siervos en el tabernáculo, no se atrevió a reprenderlos.

       – Fue muy tímido para poner mano fuerte a la rebeldía de sus hijos. Es verdad que ya tenía una edad avanzada y tal vez se sentía débil físicamente, pero hizo muy poco para corregirlos.

    – Fue lento para actuar y reprender el mal proceder de sus hijos y cuando quiso hacerlo, ya era demasiado tarde, porque ellos no quisieron obedecerlo.

“Elí, que ya era muy anciano, se enteró de todo lo que sus hijos le estaban haciendo al pueblo de Israel, incluso de que se acostaban con las mujeres que servían a la entrada del santuario. Les dijo: ¿Por qué se comportan así? Todo el pueblo me habla de su mala conducta”. 1 Samuel 2:22-23 (NVI)

Si en estos días has visto cómo un integrante de tu familia o de tu congregación ha cometido una falta que deshonra a Dios y por no quedar mal con esa persona o por no sentirte fuerte espiritualmente no dijiste nada y lo dejaste pasar ¡Ten cuidado! Dios no puede ser burlado, Él es capaz de quebrantar sus promesas para erradicar el pecado. Esto fue lo que hizo con Elí y sus hijos, el Señor le había prometido que su familia ministraría para siempre, pero a causa de la desobediencia anuló su promesa y lo cambió por maldición.

Ofni y Fines murieron y más adelante Elí también lo hizo. Tal vez el futuro habría sido otro si Elí no se hubiera convertido en cómplice de sus hijos.

Hoy por hoy, en la posición que te encuentres, Dios te dio una gran responsabilidad para con tus hijos u ovejitas de tu congregación, si te sientes incapaz de reprender a alguno que haya caído en pecado, empieza por examinar tu vida y busca alguna debilidad moral o espiritual para no dudar y actuar con rapidez ante el pecado.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24 (RVR)

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Solo Dios basta!

“Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad. Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí.” 2 Corintios 12:8-10 (TLA)

Una amiga tiene una enfermedad que le impide subir de peso y además para su tratamiento debe tomar medicación de por vida. Estas medicinas en muchos casos terminan debilitándola aún más. En este estado de quebrantamiento en su salud ella pudo reconocer que esta circunstancia, lejos de debilitarla, la hacía cada vez más fuerte, porque esto permitió que se aferrara más fuerte de la mano de Dios. Por lo tanto y al igual que ella, podemos afirmar que en Dios somos fuertes, todo lo que necesitamos es su amor, para enfrentar cada circunstancia difícil de la vida. Solo Dios basta.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Se agotaron tus fuerzas?

A veces en la vida se enfrentan tiempos difíciles, bastantes problemas que terminan con nuestra poca fuerza; entonces, nos cansamos  y  observamos que el camino se torna cada vez más largo e insostenible, sentimos que no podremos más porque hemos dado todo lo que teníamos.

Lo que quiero que entiendas en esta oportunidad, es que en cuando estás en un tiempo así no necesitas “fuerzas” para continuar, sino el amor de Cristo.

Pero el Señor me ha dicho: «Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad.» Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:9 (DHH)

Si te encuentras en un momento de debilidad, necesitas recordar el amor de Dios en tu vida: Primero te eligió entre muchas personas, te salvó a pesar de no merecerlo y tiene un propósito para tu vida, aún después del pasado que has tenido.

La realidad es que No vencerás este conflicto si continúas luchando con tus propias fuerzas, puesto que la fuerza humana tiene un límite; sólo lo lograrás con el poder del Señor y este se mostrará plenamente en tu debilidad. Así que si te encuentras en una situación compleja te animo a confiar como David:

Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido. Salmos 28:7-8

En el tiempo de dificultad David confió en el Señor, para él su fortaleza y escudo protector era Dios, al cual  alababa y se gozaba de tenerlo, y por esto  Dios lo ayudó.

En este tiempo te animo a poner tu confianza en Dios para que Él te socorra, alégrate de tener su amor y cántale una canción alabando su nombre.

¡Demuestra que confías en Él entregándole todas tus cargas!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Soy fuerte en mi debilidad

“…Señor me ha dicho: Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad…” 2 Corintios 12:9 (DHH)

Resulta hermoso saber que Dios está con nosotros en toda circunstancia, que tiene el control de todo y que además pelea por nosotros. Por eso es importante, que en cada situación, busquemos su presencia y refugio, entonces ya no habrá debilidad, seremos fuertes porque será Dios peleando a nuestro favor.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

“Mi poder se perfecciona en tu debilidad”

Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil.  2 Corintios 12:8-10 (TLA)

Pablo escribió con toda sinceridad la lucha con su carne, tal vez se sentía tan desesperado como nos sentimos nosotros cuando nos encontramos en medio de una situación difícil de enfrentar y estamos tan cargados por las cosas que nos acontecen que por un momento olvidamos quién es el centro de nuestras vidas.

¿Cuál es ese problema que parece consumir tus fuerzas? ¿Qué es lo que te roba la paz y quiere hacer que pierdas la esperanza? ¿Qué es eso que en tu interior te molesta tanto que te hace pensar que Dios no escucha tus oraciones y que tampoco está junto a ti? ¿Hay algo que actualmente está desestabilizándote de tal manera que sientes que vas a perder la cordura?

Si es así, al igual que a Pablo, Dios te dice:

“…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad…”.

Sólo su amor y su gracia te llevarán a escalar nuevos peldaños de victoria.

Hoy te animo a rendirte delante Dios y no frente a tus problemas, tal vez el dolor que estás sintiendo es incomparable y nadie más lo entiende, pero créeme que Dios sí, Él quiere llevar esa carga por ti.

Pablo entendió que su fuerza no venía de él sino de Dios, por ello pudo gozarse en medio de cualquier situación que haya estado pasando, porque  sabía que la tribulación era momentánea.

Recuerda que cuando eres débil, entonces eres fuerte, porque mayor es el que está en ti que el que está en el mundo.

Por Ruth Mamani

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Llorar es de débiles?

El llanto es una reacción de un estado emocional, ya sea de dolor, angustia, alegría o impotencia. Aunque a veces se lo interpreta como un signo de debilidad, podemos afirmar que no lo es. De hecho la debilidad consiste en la falta de firmeza en el carácter y cuando uno llora, sólo está expresando un sentimiento, de ninguna manera está en juego la firmeza del carácter.  Si llorar fuera una debilidad, luego todos seriamos débiles pues ¿Quién no ha llorado alguna vez?

Se dice que solamente el ser humano es capaz de producir lágrimas como reacción a un estímulo que provocó dolor o tristeza, con el tiempo me di cuenta que no es bueno reprimir el llanto, sino que debemos verlo como una exteriorización normal de nuestros sentimientos.

En una ocasión el Rey David, al enterarse de la muerte de su hijo, lloró amargamente: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33. David, estaba desbastado ante esta pérdida, aunque como sabemos, Absalón estaba poniendo en riesgo la vida de su padre.

También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, sin embargo su carácter siempre fue firme, porque sabía quién era y demostrar compasión o dolor no lo hacía menos delante de los demás. Por el contrario instantes más tarde, dio una muestra inequívoca de autoridad al decirle a Lázaro saliera fuera y haciendo que resucitara.

Muchas veces escapamos de expresar esta emoción, por miedo a parecer débiles; sin embargo, debes estar seguro que llorar tiene ciertos beneficios: nos ayuda a reducir el estrés, da claridad de pensamientos y permite desahogar tus emociones, posibilitando pensar más claramente sobre la situación que te angustia, por lo cual estarás más cerca de la solución de tu problema.

Probablemente tendremos que seguir experimentando situaciones en las que debamos derramar lágrimas. Pero esto, lejos de ser una señal de debilidad, debe entenderse como un signo que muestra nuestra dependencia y necesidad de Dios. Llorar significa: yo no puedo con esto, pero conozco a uno que tiene todo poder para darme la salida de esta situación.

Cuando veas a alguien llorar, préstale tu apoyo y escúchalo. Ahora, cuando seas tú el que llora, recuerda que no estás solo, Dios está contigo en todo momento, también y con más razón en los tiempos de angustia.

Cuando lloramos y derramamos lo que hay en nuestro corazón delante de Dios, recibimos, esa paz y consuelo que sólo Él puede dar.

“Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. Apocalipsis 21:4

 

 
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Nada que perder

Los griegos cuentan de un soldado enfermo que en tiempos de Antígono se destacó mucho en la guerra. Era siempre el primero en la batalla, valiente entre valientes. La razón de ello era que sufría tanto por motivo de una enfermedad, que luchaba en la guerra con el fin de olvidarla. Sabía que tenía poco tiempo de  vida, así que  no temía a la muerte.

Antígono, gran admirador de este valiente soldado, al enterarse de su enfermedad,  lo hizo curar por uno de los más eminentes médicos de Grecia pero, desde ese día, ya no apareció más el guerrero en el frente de batalla. El antes valiente y destacado soldado buscaba comodidades y descanso, pues, como  lo expresó a sus camaradas, habiendo recobrado la salud, deseaba vivir para gozarse de ella y no estaba dispuesto a arriesgar su vida.

Lo mismo sucede con muchos de nosotros que durante el tiempo de pruebas estamos comprometidos, valientes, trabajando y dando lo mejor de nuestras vidas para Dios, pero cuando nuestras oraciones son respondidas o llegan los momentos de calma, decidimos disfrutar de la vida y dejamos de lado todos nuestros compromisos.

Si bien a nadie gusta enfrentar problemas, hay que reconocer que pueden ser la mejor motivación para mantenernos cerca de Dios y buscarlo de todo corazón. Cuando tenemos todo en contra y ya no tenemos nada que perder es cuando nuestra búsqueda de Dios se hace más sincera e incesante.

Quizás muchas veces los problemas parecen eternos y la respuesta de Dios no es inmediata porque si quitara de nuestras vidas todas aquellas cosas que nos  preocupan, inquietan y duelen daríamos un paso al costado, alejándonos de Dios y perdiendo nuestra vida.

“Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12: 9,10 (NTV)

Vive cada día como si no tuvieras nada que perder, dando lo mejor de ti, gozándote tanto en las pruebas como en los tiempos de paz, sabiendo que todo nos ayuda a ser mejores y nos acerca a lo que Dios quiere que seamos. No temas ni te desanimes, recuerda que en Él está nuestra fortaleza.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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