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Friday’s blues

La loción Occitaine de lavanda evoca algo de la Atkinson’s que desapareció sin que yo, hasta hoy, sepa por qué. Era un adolescente cuando en Cien años de soledad me enteré que Pietro Crespi, el eterno amante de Amaranta Buendía, usaba perfume de lavanda. Ese aroma resume el reencuentro con los contados espacios agradables que hay en la mayoría de mis recuerdos de aquella etapa – la adolescencia, ese pasajero pero inolvidable dolor que hay entre la infancia y las inexorables demandas de la mentada y – hartas veces – esquiva madurez.
El silencio de los viejos cafés que había en algunos rincones de Santiago (de Chile) hoy son nada más una memoria virtual. Un horda de tipos y tipas con grandes “ocupaciones” los han invadido interrumpiendo todo con sus conversaciones telefónicas a los gritos, sus negocios y chismes más que audibles en la mesa de al lado, la música tecno y televisores encendidos. Han liquidado, para siempre por lo que se presume, la paz que uno buscaba a esa hora indispensable al comenzar el día o al caer la tarde. Mataron sin transición alguna la silenciosa pronunciación del café cortado, la lectura o los modestos ensayos literarios en algún cuaderno o servilleta.
Y entonces la rutina, rosario de horas y trámites que repta entre la primera luz y el inmenso boquerón de la noche. La absoluta y proverbial necesidad de “ganarse” la vida – porque la vida ya no es más don divino ni regalo cósmico sino apenas un departamento alquilado en el centro de la ciudad, algo de ropa, tres comidas diarias y alguno que otro vicio de la existencia.
“Agradece que tenís un trabajo”, me repica en la cabeza el agudo martinete de la conciencia. Así que no queda más que inclinarse ante el peso de la evidencia, aunque no más sea circunstancial. Le informo diligentemente a mis modos habituales que no hay lugar para melancolías aburridas y agarro las de Villadiego… Al menos hasta el próximo lunes.
La foto del perro es pura coincidencia. La tomé una tarde de domingo en la ciudad.
(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Glosario II

Otros indicios para ubicarse en el mapa de “Paralelo”.

Soledad – Bienaventurados las solas y los solos porque un día serán librados de amigos y parientes que quieren endosarles pareja y de quienes se proponen como tales.
Samba pa ti – Toda la música que escucho es una serie de notas al pie de este tema inmortal de Carlos Santana.
Amor – La protagonista de una película que vi anoche se despacha la siguiente joya: Lo que llamamos amor no es más que lujuria con celos agregados.
Literatura evangélica – No me parece que exista algo así. Lo que tenemos son libros escritos por cristianos, más que nada manuales, guías de instrucciones, textos motivacionales e intimaciones a la devoción. Una notable excepción son los libros de J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis, quienes nunca dijeron que sus libros eran “cristianos”.
Nunca Jamás – Isla descrita en la novela Peter Pan de J.M. Barrie, donde se es niño para siempre. Si se pasa un buen tiempo ahí uno ya no desea volver a la anterior vida ni recordar el pasado. Para mí es un lugar donde podrían suceder las cosas que sueño, es decir, ninguna parte.
Helechos, lavandas y buganvillas – Son algunas de las más bellas expresiones de la botánica. Me remiten a una suerte de Nunca Jamás vegetal. Hay gente que prefiere el mar, los vinilos o las mascotas.
Y así sucesivamente – Un eufemismo para concluir una conversación. También sirve para hacer saber a los demás que por donde quiera que se mire las cosas no van a cambiar.
Hacete cargo – Una intimación a los creyentes a que dejen de atribuir todo lo que les pasa a un plan divino, a una prueba, a un ataque del enemigo o a la acción de ciertos espíritus malignos.
Ser en el mundo – Es una disposición del ser a estar donde realmente hace falta en lugar de mantenerse a salvo en los agradables salones de la iglesia. Es algo muy distinto a ser del mundo.
Alcanzar a los alcanzados – La irreductible inclinación de los medios cristianos de comunicación a producir contenidos exclusivos para gente que ya es cristiana.
La inmensa minoría – Reducido grupo de personas a quienes les interesaría leer estos artículos aunque no hagan comentarios (cosa que prefiero, la verdad).
Ex sistema – Alguien dijo que yo era anti sistema pero eso es una imprecisión. No estoy en contra: quiero estar lo más afuera posible.

De lavandas y buganvillas

La nostalgia no es, a fin de cuentas, un asunto exclusivo del pasado. Solía tener la impresión que los recuerdos inolvidables estaban confinados a la infancia o a los años de la vida plena. Me entristecía pensar que no habría nada que añorar en estos últimos tiempos. Pero me equivocaba. El encanto de la vida nos acompaña siempre. Es sólo que no somos conscientes de ello todas las veces. Estamos demasiado ocupados en otras cosas.
Descubrí la lavanda cuando tenía dieciséis años. Había un perfume llamado “Atkinson’s” que resumía para mí todo el poder de la melancolía. Su esencia ponía una distancia salvífica entre mí y la realidad que – ya tan temprano – sabía atormentarme. Pero fue hace sólo unos pocos años que pude ver, tocar y experimentar la planta de lavanda. La plenitud de esa revelación me vino en un café rural que tenía a la venta además artículos artesanales, cuadros, mermeladas y plantas. Ya había abandonado todas las seguridades a las que uno se aferra para no perder la cordura. Como yo ya la había perdido, ese encuentro con las minúsculas hojas color lila renovó el sentido de distancia que me es tan necesario a veces.
Una vez en Temuco conocí las buganvillas. Yo no sabía que se llamaban así. Iba a algún asunto ministerial por ahí de traje y corbata y me tuve que detener. Era imposible continuar: instantes como esos son únicos y hay que rendirles la pleitesía correspondiente. Tenia conmigo, por mi trabajo, una cámara fotográfica y por muchos guardé esa imagen entre mis papeles. Después del gran terremoto de mi vida se perdieron en la rencilla de las pertenencias sensibles. De pronto las empecé a ver en todas partes: en Chile, en Argentina, en Paraguay, en Hungría, en Israel y otros sitios que no creo que ya pueda recordar. Ayer vi una en una casa vecina en el barrio de la Paula.
Alguien de la audiencia podría, no sin razón, preguntarse por qué este desvarío con plantas y no con personas. Por varias razones. Primero, porque esas memorias son sólo asunto mío y no de una tribuna pública. En segundo lugar, porque las personas cambian; las buganvillas y las lavandas son siempre las mismas. En tercer lugar, porque las memorias recientes son de dulce y de agraz y hoy en particular no me sale nada digno de registrar en las exactas cuatrocientas palabras del caso…

Tienes que estudiarte Google Optimize… esta demasiado bueno https://analytics.google.com/analytics/web/#/siteopt-experiment/siteopt-detail/a6471350w12475245p13084714/_r.drilldown=analytics.gwoExperimentId:zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg&createExperimentWizard.experimentId=zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg/

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