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Los locos 1

Los locos

Suelen repetir ciertas palabras o frases como mantra, como oración sin destino, como conjuro contra la cordura: la guerra del Peloponeso, ajonjolí, y así sucesivamente, mandrágoras, porque era una gotita, mirá vos qué loco, y etcétera, etcétera, etcétera. En realidad, son parchecuritas caseros para el alma lastimada que no irritan la piel y se salen solos a la hora de la realidad.

Se quedan congelados frente a los veloces argumentos y los sofismas de la razón pura, a las preguntas a quemarropa. Nunca aprendieron a construir barricadas para defenderse de las evidencias empíricas y los pragmatismos del sistema y del tiempo presente.

Les cautiva la hojita que de allá para acá mueve el capricho del viento de la tarde. La reverberación del sol entre los álamos a las siete de la tarde en el verano les atraviesa la garganta y les humedece los ojos. Nunca están hartos del helecho húmedo de Trafún y de la planicie inerte de Atacama.

Los locos no presumen de banderas, de convicciones indestructibles, de teoremas para justificar la dictadura de las doctrinas y de los señores, de verdades inalterables, de consecuencias a ultranza ni de “¡ay Jalisco, no te rajes!” por la sencilla razón de que están locos.

Se olvidan de los nombres de las personas y de las últimas conversaciones por lo que frecuentemente hacen preguntas o afirmaciones sobre el tema que acaba de hablarse. Tienen manías prematuras, dientes atribulados, oídos cojos, manos temblorosas y una corbata que recibieron de regalo hace treinta años que nunca usan pero se rehúsan a tirarla o regalarla.

Según observadores y observadoras sagaces, suelen derrapar estrepitosamente y hacer lío con palabras, gestos o silencios inexplicables que no se condicen con la supuesta fortaleza de sus mentes brillantes, de modo que quedan serias dudas acerca de las mismas. No echan raíces en ninguna parte porque simplemente no pueden ni quieren. Se juran a sí mismos que esta vez sí que sí o que esta vez sí que no y nunca es así.

Debido a éstas y muchas otras razones, los locos son los prospectos menos recomendables para cualquier empresa seria y constante.

Por lo mismo: porque están locos.

(Ilustración: Old man with fishes)

Locos, poetas y profetas 2

Locos, poetas y profetas

“Todos son locos, pero el que analiza su locura, es llamado filósofo” dijo hace mucho Ambrose Bierce, escritor estadounidense. Diría, siguiendo la línea de su discurso, que el que la describe es poeta y el que la anuncia a los cuatro vientos es profeta. Digamos de pasada que quien analiza la locura de otros y cobra por ello es llamado psiquiatra. Uno de ellos me dijo una vez que todos tenemos un grado de neurosis en la vida y que la expresamos de diversas maneras: en el trabajo, con la comida, en el sexo, en los artefactos virtuales, en el tráfico, en las reuniones familiares, en la iglesia.

Esta inclinación que tengo a manipular ciertos íconos institucionales me provoca a bosquejar aquí algunas líneas respecto de este espinudo asunto. Conocí y fui victimado – sólo por algún tiempo afortunadamente – por aquella noción de que merced a ciertas técnicas misteriosas e invisibles uno podía ser sanado literalmente de todo trauma o mala memoria producida en la infancia, la adolescencia o en alguna parte de la vida. Teorías sobre muros, plomadas, confesiones públicas, exorcismos diversos y mantras versiculares limpiarían para siempre la mente – y aparentemente el cuerpo – de toda atrofia, mancha angustiosa y vergüenza. El tiempo no tardó en mucho en demostrar la impropiedad de tal pretensión. Como sea que haya ocurrido, estamos a este lado de la historia y la “normalidad” desapareció – junto con otras virtudes – hace mucho en la bruma de los tiempos.

Hoy no nos queda más que pilotearla, expresión que se usa en Argentina y que no encuentra desafío en ser la mejor descripción de lo que nos toca hacer con nuestra vida. Si no se toma conciencia de esta natural limitación a la que se está expuesto por el solo hecho de nacer, se agregará una buena cuota de neurosis a la que ya se padece originalmente.

Maestros, gurús, taumaturgos y escribidores ofrecen múltiples y variados recursos para obtener una vida plena y victoriosa. Gracias a ello, psicólogos, psiquiatras y orientadores tienen asegurado su trabajo tratando de aliviar la neurosis de los que habiendo probado todos aquellos recursos continúan sintiendo la insoportable angustia de la vida y la realidad.

Tomar conciencia de ella, aceptarla como realidad y pilotearla. Propuestas de poeta…

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