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Desarrolla aún más

“Así sucedió. Gedeón se levantó de madrugada, estrujó el vellón y con el rocío llenó de agua una vasija”. Jueces 6:38 (BLPH)

Cuando nuestros oídos no son sensibles a la voz de Dios, lo primero que solemos hacer es dudar. Gedeón dudó y probó a Dios en dos oportunidades, porque no reconoció que era el Señor quien le estaba hablando. Si conociéramos la voz de Dios sería más fácil obedecer lo que nos manda.  Hoy te animo a que tus oídos se vuelvan más sensibles para reconocer la voz de Dios y cuando esto pase no habrá lugar para la duda. Recuerda que dudar es falta de fe y podría desenfocarte del plan de Dios para tu vida.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Con los oídos tapados?

“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.” Hebreos 5:11

Pablo en esta oportunidad hace un reclamo a la iglesia, menciona que la iglesia cerró sus oídos a Dios, es decir, dejaron de escucharlo, de prestarle atención a sus palabras y automáticamente dejaron de crecer. ¿Te has conformado con lo que tienes y perdiste ese deseo por conocer y escuchar la Palabra de Dios?

“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.” Hebreos 5:12

¡Y este era el reclamo de Pablo! En vez de ser obedientes, caemos en los mismos errores y necesitamos que una y otra vez  nos vuelvan a enseñar lo mismo. ¡Hasta nos tienen que empujar para leer la Biblia o para orar! Seguimos en el mismo lugar, ¡seguimos gateando cuando ya deberíamos caminar y estar viviendo lo que Dios tiene para nosotros! ¡Andamos retrasados!

¿Qué hace Dios? “Despierta además el oído de ellos para la corrección, y les dice que se conviertan de la iniquidad” Job 36:10.

¡Dios no te dejará estancado! Él volverá a captar tu atención, para que vuelvas a tener ese amor por su palabra. Solamente las ovejas que no reconocen la voz de su pastor son las que se pierden y corren los mayores peligros. Dios no quiere verte enfermo, en derrota o en peligro. Por lo tanto, por su por amor y misericordia nos despertará el oído.

La pregunta es: ¿Cómo lo hará? “…y en la aflicción despertará su oído” Job 36:15

A veces Dios va a sacudir el barco donde te encuentras para que despiertes, para que comiences a andar en su voluntad, y vuelvas a obedecer, así como hizo con Jonás, pero todo esto por amor a ti. Sabemos que no es fácil cuando esto pasa, pero estamos aquí como una familia para apoyarte.

No olvides que: “Vivir menos de lo que Dios nos llamo a ser, es tomar en poco el sacrificio de Jesús”

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tanto ruido

Este no es un artículo poético ni melancólico. Es una protesta formal y pública.

“El ruido no es una molestia menor. Es uno de los peligros para la salud más subestimados de esta época; es humo de segunda mano para nuestros oídos.” (A. J. Jacobs). Sin embargo, a diferencia de la firmeza con que se ha proscrito el humo de los cigarrillos en lugares públicos abiertos y cerrados, el ruido sigue siendo una suerte de tierra de nadie donde la agresión acústica (vehículos con tubo de escape libre, móviles con parlantes a todo volumen anunciando ofertas comerciales o eventos masivos, música destemplada y televisores estridentes) sigue impune.

Hay ruidos inevitables en la ciudad. La locomoción colectiva, las obras de construcción, ambulancias y patrulleros policiales forman parte de la vida cotidiana. Pero hay ruidos agresivos que son libremente perpetrados por particulares que no tienen consideración alguna con los demás, sean personas que yacen enfermas, niños y gente mayor que duerme la siesta y todos aquellos que ya tienen una sobrecarga de ruidos más que suficiente como para que encima sean torturados gratuitamente por los terroristas acústicos.

Sorprende que en ciudades como la que vivo, pujante y moderna, que ha realizado obras de infraestructura y que ha avanzado proyectos que dan cuenta de un desarrollado sentido social y cultural, se permita aún esta suma de ruidos absolutamente innecesarios. Es posible que quienes transitan por la calle con motocicletas o automóviles con el tubo de escape libre padezcan una ramplona debilidad social, una obsesión narcisista que ven satisfecha destrozando tímpanos y contaminando la vida de los demás. O que los comercios que disponen de vehículos con parlantes a todo volumen para gritar sus magníficas ofertas no hayan descubierto aún los diversos y fructíferos caminos de una publicidad más inteligente. Pero alguien debería hacer algo.

Resulta en verdad difícil comprender cómo los agentes públicos responsables de regular la conducta social no hayan resuelto hacer cumplir la ley – tan ejemplarmente como en el uso del casco o del cinturón de seguridad – a los “artistas” del escape libre o a las empresas que anuncian con cajas destempladas sus ofertas y eventos turbando la frágil tranquilidad de la gente.

Tal vez, con tanto ruido, no oyen…

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