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All posts in “preguntas”

Gente 1

Gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

Dos momentos 2

Dos momentos

Inclinado frente al silencioso altar de la capilla, el joven musita unas palabras ininteligibles. Viste el uniforme de los Caballeros Azules. Dentro de unas horas, su Batallón emprenderá viaje por tierra y mar hacia la Santa Ciudad que ha sido tomada, le han dicho, por los Combatientes Orientales. Han desafiado así el orgullo de los Señores Ultramarinos, han mancillado el honor de su fe y de sus más profundas convicciones históricas.

El joven pide a su dios fuerzas para la hora crucial, para que frente al enemigo tenga el valor de matar y adelantar así la misión suprema de la restauración de todas las cosas. Matar es un alto precio pero digno de pagar por el honor de su dios. Si llega a enfrentar la muerte, tiene la seguridad de que entrará glorioso en los aposentos del Alto Señor y gozará de su favor eterno, junto a tantos compañeros que cayeron junto a él en semejante empresa.
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Con el rostro tocando el suelo, el joven se inclina y se levanta varias veces. Alza sus manos, pronuncia unas palabras en un idioma ininteligible y vuelve a inclinarse hasta que su frente otra vez toca el suelo. Viste las ropas comunes de su aldea. A la entrada del templo ha dejado las armas y su calzado. Dentro de algunas horas saldrá en una misión secreta y suicida. Le han encomendado una tarea atroz y está dispuesto cumplirla. Antiguos enemigos han arrebatado las vidas de muchos de sus amigos y parientes. Han asolado ciudades y aldeas. Han impuesto su cultura extraña y secular por todo el continente. Ha asumido, por lo tanto la noble tarea de matar y morir en un momento dramático y solemne. En el mismo instante de que su cuerpo sea consumido por la muerte entrará en la morada de los dioses y recibirá inexpresables y eternas recompensas.
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Dos momentos. Dos historias, dos preguntas, dos juicios, dos opiniones, dos ideas, dos posibilidades, dos opciones, dos culturas, dos explicaciones frente a la historia humana.

A veces parece que nada cambia…

Miedo al debate 3

Miedo al debate

“Que qué chicos iban a ser los panelistas, Que cuántos y de dónde. Que cómo se eligieron. Que qué temas pensaban tocar. Que el tiempo era poco para describir las propuestas. Que si se transmitía en vivo, que qué medios iban a estar, que cuál era el orden de las exposiciones.”
(Edgardo Litvinoff, Los chicos, un remedio para el miedo de debatir, La Voz del Interior, 28 de septiembre de 2017)

Siete candidatos a los comicios legislativos de octubre en Argentina fueron convocados para responder preguntas de unos veinte estudiantes (de unos 16 años la mayoría) que votarán por primera vez en el país.
Debería sorprendernos el grado de aprensión de los candidatos, la mayoría de ellos bastante fogueados en lides electorales. No nos cierra esa preocupación teniendo en cuenta que ni siquiera debatirían, solamente responderían preguntas.
Lo extraño es que los adultos solemos decir que los chicos de hoy no leen, que no comprenden textos complejos, que al menos la mitad de ellos abandonará el secundario, que no saben articular consistentemente sus ideas ni por escrito ni verbalmente. ¿De dónde, entonces, la angustia?
¿Sería que el grupo de estudiantes, seleccionado previamente, tendría un nivel de conocimiento y comunicación superior al promedio, por lo cual sus preguntas no tendrían nada que ver con la superficialidad de la discusión política de bares, pasillos y sets de televisión?
¿Sería que tendrían que enfrentar a jóvenes que, hartos de políticos corruptos e incumplidores, ya no compran el discurso típico, no se dejan envolver por la demagogia de las frases hechas y no son manejables como la masa que es seducida por la cosa emocional?
¿O sería que esta nueva raza de políticos, desacostumbrada hace mucho al entendimiento y al debate de ideas de fondo y al oficio político serio, manejados por astutos agentes de marketing, asesores de imagen y consultores expertos en discursos, se sentiría amedrentada por jóvenes a los cuales no es posible chamullar como hacen con la inmensa mayoría?
Tal vez ninguna de las anteriores. Habría que preguntarle a los candidatos…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Todas las preguntas del mundo 4

Todas las preguntas del mundo

Con motivo de ciertas entrevistas radiales que he estado dando en una emisora argentina recibí varias preguntas que la conductora del programa me pide que responda en una emisión especial.
A poco de comenzar mis reflexiones – esquivo hasta donde sea posible el lugar de “respondedor de preguntas” – me di cuenta que las consultas sobrepasaban largamente el rango de temas que habíamos tratado en los programas previos. También me fijé que las preguntas han sido hechas mayoritariamente por gente joven. Así que el cuadro que se me presentó es éste: la gente joven tiene muchas – demasiadas – inquietudes que no han sido tratadas en el entorno de sus iglesias.
Me llamó mucho la atención además que casi ninguno de ellos me haya preguntado sobre problemas “espirituales”, familiares, económicos, eclesiásticos , emocionales, que seguramente los tienen.
Querían saber qué pensaba Dios de la guerra, del abuso contra las mujeres y de la esclavitud y por qué en la Biblia no parece que El repruebe estos males sociales.
Querían saber por que los cristianos no aparecían involucrados en el nacimiento de la ciencia.
Querían saber si era posible ser cristiano y marxista.
Querían saber por qué algunas grandes figuras de la historia habían sido criadas en hogares cristianos y se habían alejado o se habían hecho militantes contra la fe cristiana.
Querían saber por qué muchos jóvenes cristianos que cursan en la universidad se alejan de Dios.
Querían saber por que los cristianos están en contra de algunas guerras y a favor de otras.
Querían saber por qué la iglesia no trata de estos temas que hacen a la vida “real”.
No me da el espacio para colocar aquí todas las inquietudes que he recibido de ellos. Son preguntas ardientes. Son preguntas angustiadas. Preguntas que vale la pena abordar porque la gente joven es confrontada con ellas todos los días – y nosotros también deberíamos. Son preguntas que se encuentran en extrema orfandad de respuestas. No son preguntas poco espirituales. Son preguntas similares a las que se hicieron los profetas bíblicos.
La gran pregunta – ya que éste es el tema – es: ¿Cuándo vamos a abordar éstas y muchas otras cuestiones importantes en la formación de nuestros creyentes? ¿Hasta cuándo seguirá siendo tan importante enseñar cómo podemos ser felices y cómo podemos asegurarnos un lugar en la iglesia y en el cielo?
Como en tantos otros temas que trato aquí, ofrezco la palabra.
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Absolutamente 5

Absolutamente

“La verdad empírica no se puede conocer con certidumbre absoluta”
Karl Popper

“Las ideologías que reclaman estar en posesión de la verdad absoluta realizan una afirmación falsa; por consiguiente, puede imponerse a la sociedad únicamente por la fuerza. Todas las ideologías de este tipo conducen a la represión.”
George Soros

Es posible que la persona cristiana que gusta referirse a las verdades absolutas de Dios se moleste por el tono de estos dos filósofos “mundanos”. Hemos de hacerle ver con serenidad – y firmeza – que estas palabras fueron anticipadas miles de años en la Biblia por una persona que tenía bastantes razones para decirlas:

“He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos.¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo conocerá?”
Job 26:14

Estas afirmaciones, dos de ellas de filósofos contemporáneos y la tercera de un hombre que mereció el elogio de Dios por su conducta intachable, son una convocatoria a la humildad y a la disposición al diálogo.
He escrito aquí antes que cuando alguien declara conocer la verdad absoluta, se equivoca absolutamente. Algo absoluto – esto es, completo, definitivo – sólo puede ser conocido y expresado por un ser y una mente absoluta – esto es, completa y definitiva. La única persona que conozco que puede hacer esto es Dios. Desde ahí para abajo todos compartimos la finitud, la limitación que emana de nuestra humanidad.
Cuando me preguntan por qué siempre ofrezco esta mirada crítica al establishment institucional cristiano, respondo siempre lo mismo y que está admirablemente descrito por Soros: el reclamo de la verdad absoluta siempre conduce a una forma de represión. Toda persona que cuestione aquella verdad, que haga preguntas, que señale las inconsistencias que se presentan sobre dicha verdad es reprimida. De ser posible, neutralizada.
Las instituciones cristianas han demostrado a través de la historia su intolerancia hacia quienes discrepan o hallan espacios de crítica a un sistema doctrinal que se define a sí mismo como absoluto.
Por eso afirmo que las citas presentadas son una invitación a la humildad y el diálogo. Hay cosas que no podemos saber con completa certeza. Hay cosas que Dios no nos ha dicho y que sin embargo son verdad. Hay episodios en la Biblia donde una verdad es alterada por la misma voluntad de Dios o de sus siervos.
¿No es esto un llamado a la humildad?
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Pensar o no pensar 6

Pensar o no pensar

Creo que la reflexión filosófica no debe alejarse de la coyuntura política de este tiempo. Por eso también creo que… tiene que intentar dar un paso adelante sobre el mero análisis para convocarnos en la irritación, en la incomodidad, en la necesidad de exigirnos pensar. Porque si la filosofía no incomoda, no es filosofía, dice Emmanuel Taub, doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires), filósofo, poeta y editor en una entrevista del domingo en un matutino nacional.
Como el Quijote, ya medio loco por tanta lectura de libros de caballería, quisiera ponerle mi firma a esta declaración como si yo la hubiera escrito. Trayéndola a nuestros círculos evangélicos diría que si la reflexión entre los cristianos no incomoda, no irrita, no obliga a pensar no es reflexión para nada. Hay demasiada complacencia y superficialidad en el tipo de cuestiones y preguntas que se plantean en los medios evangélicos.
Debo haberles hablado aquí de aquel profeta antiguo que nos cuenta cómo la gente le pedía que les dijera cosas livianas, halagüeñas, agradables. No querían que les hicieran pensar sobre el deterioro político, humano y religioso de Israel y mucho menos que les hicieran acuerdo de sus pecados – nacionales y personales.
En otro pasaje del reportaje mencionado se lee, …(I)nvitar a un cambio de perspectiva o a una forma distinta de ver el mismo problema. En palabras de Slavoj Zizek, ayudar a corregir las preguntas más que dar respuestas. Desafiar a la complacencia y reformular las preguntas son dos cosas que hemos planteado aquí – en una suerte de voz en el desierto, claro está. Nuestra audiencia considera que la reflexión y el serio cuestionamiento de los asuntos revela que uno no ha sido bautizado por el Espíritu Santo. Nunca he podido comprender por qué los evangélicos creen que el don del Espíritu Santo es sinónimo de no pensar; y que pensar es contristarlo!
Pensar la Biblia, pensar la iglesia, pensar la vida, pensar el país, pensar el mundo para que el resultado de ese pensamiento – potenciado por el Espíritu Santo – nos mueva a ser testigos vivientes y comprometidos de Cristo en la realidad pública; porque pensar por pensar es, para citar de nuevo al mismo profeta, embarazarse y llegado el tiempo tener dolores de parto y dar a luz viento! En otras palabras, un esfuerzo y un gasto inútil de recursos.

Eso, en este espacio, no lo tratamos.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Del acto de pensar 7

Del acto de pensar

… (D)edicó su vida, con sus aciertos, errores y polémicas, a la labor cotidiana de entender, alertar e invitar a los demás a ejercer el oficio del pensamiento. Porque el acto de pensar, cuando se lo toma en serio, no es un fin en sí mismo: es una herramienta vital para la supervivencia colectiva, escribe Tomás Borovinsky en un breve homenaje al intelectual búlgaro Tzvetan Todorov.
Es posible que haya gente que se interese en pensar sin otra consecuencia que el placer personal de hacerlo. Pero la mayoría de las personas que conozco y aquellas sobre las cuales he leído evidencian en su acto de pensar un compromiso a que las cosas mejoren en la vida y en la sociedad.
Por eso me resulta cada vez más foráneo el entorno de las iglesias porque dentro de ellas no veo manera de ejercer el pensamiento en forma libre e independiente. La institución reclama – a veces sutilmente, otras no – lealtad a la declaración de fe, a la doctrina, a la disciplina interna. El propósito de ese orden de cosas no es otro que disponer de un contingente de personas que asientan, obedezcan, apoyen y propaguen la misión. Y de paso, la financien.
Por eso dentro de las instituciones se estimula sólo la lectura de libros que haya escrito el líder o aquellos textos que siguen la línea del imaginario corporativo (si es que estimula alguna lectura). Conozco muy pocos cristianos que leen ensayos, novelas, cuento, poesía, filosofía. O que miren películas que planteen cuestiones de conciencia como la muerte, la opresión o el abuso contra la mujer. O que participen en espacios que se propongan ayudar a la gente necesitada sin esperar a cambio ninguna decisión de fe. O que hagan preguntas más profundas e incisivas a los contenidos de la enseñanza o a la interpretación de la Biblia.
Observo que la mayoría de las personas en las instituciones cristianas se sienten cómodas sin involucrarse en ninguna de las actividades descritas arriba. Están complacidas que alguien les haya ahorrado la tarea de pensar en lo que leen y en lo que creen; y al abrigo de esa anuencia disfrutan periódicamente de su cuota de comunión, liturgia devocional y paz personal.
Pensar, como era la convicción de Todorov, es una herramienta para la supervivencia. Pero no una supervivencia precaria, con la cabeza apenas fuera del agua. Más bien una existencia plena, responsable, solidaria, respetuosa y decidida.
Nada más. Nada menos.

Me pregunto 8

Me pregunto

Creo que sería valioso allegar algunas otras consideraciones en torno al artículo anterior “No me preguntes” y a la conversación sobre el tema que mantuvimos Angel y yo en Más Vale Tarde en CVCLAVOZ. Hubo un interesante aporte de ideas de la audiencia que resumiré:

No conviene generalizar: hay muchas iglesias que sí entregan un sólido apoyo educativo a sus miembros; por diversas razones hay algunas personas que no quieren aprender o no toman con seriedad lo que reciben.
En respuesta, alguien mencionó que al mismo tiempo no debería generalizarse y decir que todas las iglesias entregan un sólido fundamento educativo; hay muchos lugares donde eso no ocurre.
También se mencionó que algunas personas, teniendo un buen fundamento educativo en su iglesia, igual buscan ampliar su perspectiva y por ello envían preguntas a los medios cristianos. También se dijo que para otros era más cómodo hacer ciertas preguntas que no desearían sean conocidas directamente por sus líderes o maestros.

La naturaleza de la iglesia obliga a dispensar a sus miembros una adecuada y consistente educación cristiana. Apacentad la grey de Dios no es una blanda recomendación: es un mandato ineludible. Por ello, sería interesante que los maestros y educadores cristianos se preguntaran por qué tanta gente de sus comunidades pregunta cuestiones tan básicas en los medios cristianos.
Por otra parte, nos sigue preocupando que la temática de las preguntas y consultas siga siendo tan autoreferente: mi familia, mi vida cristiana, mi futuro, mi dinero, mis relaciones personales.
¿No hay interés en explorar cuestiones que vayan más allá de los rudimentos como reclama alguien en Hebreos 5:11 y siguientes versículos? ¿No tienen los cristianos inquietudes y preguntas respecto de la crisis económica, la corrupción, la violencia, el abuso y trata de personas, cultura, educación, crisis social, relaciones internacionales, cambio climático, nuevos perfiles de familia, la legislatura, la justicia, las relaciones entre empleados y patrones, el impacto de las nuevas tecnologías de información en la captura y gestión del conocimiento o sobre el arte? ¿No nos interesa nada el mundo que nos rodea? ¿No nos preocupa el comprender lo que pasa desde una perspectiva cristiana y aportar ideas nuevas y estimulantes a la sociedad en donde vivimos?
¿O es que seguimos creyendo – erróneamente por cierto – que nuestros asuntos son lo más importante y que las cosas que llamamos mundanas deben atenderlas otros porque nosotros no somos de este mundo?

Me pregunto.

No me preguntes 9

No me preguntes

Me sigue asombrando – especialmente en estos últimos años – cuánta gente llama o escribe a segmentos del tipo “Pregúntale a…” o “Un minuto con…” para consultar sobre las relaciones de noviazgo o matrimonio, el llamado, el buen uso del dinero, el perdón o la venida del Señor. Me río con Angel Galeano contándole acerca de aquella persona que consultó seriamente si era bueno o malo masticar chicle cuando uno estaba ayunando.
Pienso que las inquietudes que motivan esas preguntas deberían corresponder a quienes inician su vida cristiana y que naturalmente tendrían muchas dudas. Pero la evidencia indica que copan los mensajes de texto o audios personas que asisten regularmente a la iglesia, escuchan periódicamente predicaciones, se inscriben en cuanto taller pueden y han tomado toda la serie de cursos que las instituciones cristianas formulan para su gente. Es decir cristianos que ya deberían tener una idea clara acerca de la doctrina y la vida de la fe. Es asombroso: como si siempre estuvieran aprendiendo y nunca llegaran al conocimiento de la verdad. Para otro espacio queda la pregunta de a quién le puede interesar perpetuar este orden de cosas.
Otra consideración importante: ¿por qué creen que una persona puede dar respuestas todos los días a tan diferentes materias con una disposición que parece casi infalible? Más aún: ¿por qué tienen tal seguridad en el respondedor de preguntas y no la depositan en la fuente original de la doctrina y de la vida que es la Biblia?
Desde hace mucho la gente ha resignado el explorar por sí misma el texto y prefiere confiar en quienes le explican la vida en cápsulas bíblicas de cinco minutos. Lo que corresponde es examinar lo que nos enseñan y cotejarlo concretamente con el texto bíblico. No leer la Biblia excepto los versitos que se indican en la predica del domingo y algún salmito en la mañana antes de salir a la calle conduce indefectiblemente a la confianza ciega en los gurús que todo lo saben y lo que no…
Por eso cuando las personas me preguntan acerca de temas que tienen que ver con la vida o la doctrina me apresuro a decirles que no soy una factoría de respuestas. Los urjo a leer, a pensar ellos las implicaciones de la pregunta y, a lo más, me atrevo a abrirles alguna puerta.
No me preguntes a mí. Intenta leer, aprender y comprender tú.

Delirio 10

Delirio

“El fin de la vida es el propio desenvolvimiento, realizar la propia naturaleza perfectamente, esto es lo que debemos hacer. Lo malo es que las gentes están asustadas de sí mismas hoy día. Han olvidado el más elevado de todos los deberes: el deber para consigo mismo.” Estas palabras, de “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde, son puestas en boca de lord Henry Wotton, quien considera que influir sobre otra persona es inmoral, porque le quita sus pensamientos naturales, la convierte en eco de una música ajena. “El valor nos ha abandonado”, se lamenta lord Wotton. La gente no solamente es influenciada por personas y medios; antes busca diligentemente ser influenciada. Gobernadas por el terror social y por el terror religioso buscan en otros las certezas que necesitan para vivir.
Ha sido siempre una minoría la que no tiene miedo de pensar en forma independiente y que busca respuesta a las preguntas y enigmas de su tiempo. Los que han esquivado el oficio del pensamiento crítico son influenciados por aquella minoría que se convierte – por defecto o por diseño – en la conductora de la sociedad.
Es asombroso cómo en el entorno cristiano impera esta falta de valor, esta carencia de audacia para realizar la propia naturaleza. El éxito de audiencia que tienen los materiales y espacios dedicados a la orientación y ayuda para una vida mejor es la prueba más contundente de esta ausencia de valor propio. Es una triste paradoja el que la libertad que supone el ethos cristiano no se traduzca en un pensamiento libre. Es una ironía que “la mente de Cristo” – que debería orientar a la grey y alentarla a una visión consciente de su propio medio y el del mundo circundante – no alcance siquiera para una idea aproximada de lo que está aconteciendo en el mundo.
El observador perceptivo queda perplejo con las preguntas que la gente formula a los consejeros de los medios cristianos. Son inquietudes tan básicas sobre lo que debería ser la vida del creyente que uno está obligado a concluir que ni siquiera el “examinadlo todo” ha tenido lugar en la mente de la inmensa mayoría como para poder llegar a “retener lo bueno”.
Como si todo lo anterior fuera poco, uno termina finalmente abrumado por la “honda gratitud” con que la audiencia consultante abraza las respuestas otorgadas
(En la fotografía, un detalle del segundo piso de la casa de Ernest Hemingway en Key West, Florida)

La vida de los otros 11

La vida de los otros

Un grupo de rescatistas regresó al mar a una ballena que estuvo varada en la orilla de la playa por varios días. Anoche me enteré que la ballena finalmente murió. Uno de los involucrados en el intento de rescate afirmó que es posible que la ballena, aparentemente enferma, había varado en la arena a propósito para morir. Vi en la televisión los denodados esfuerzos de aquellas personas por llevar al pesado cetáceo de regreso a las profundidades. Si la ballena hubiera tenido voz – tal vez – les habría pedido que la dejaran morir en paz.

Una vez leí que si uno intenta acelerar el trabajoso proceso de la mariposa por salir del capullo no hace más que provocarle al fin la muerte. Hay algunas hechos de la vida en los cuales parece que es mejor no intervenir. La vida humana, por cierto, fluye por un carril diferente y en situaciones similares a las relacionadas con animales tal vez haya que actuar de un modo distinto.

Lo que me sugieren estos hechos es una pregunta: si una persona que padece una enfermedad mortal expresa su voluntad de morir, ¿no habría que respetar esa decisión? Estoy seguro que rápidamente se me dirá es que la vida está en las manos de Dios. Es notable que el fin de esta afirmación es advertirnos que Dios está en un lugar de absoluta supremacía. La ironía es que El no necesita que hagamos ese intento. El ya está en ese sitio: no se sostiene ahí por nuestras declaraciones.

Me provoca siempre preguntar a los cristianos, cuando declaran taxativamente que la vida está en manos de Dios y que sólo El puede tomarla, cómo es que esta aseveración funciona en el caso de las personas que fueron arrolladas por un demente en el Paseo de los Ingleses en Niza, o en los degollados por fanáticos fundamentalistas, o en las personas que murieron en el atentado a una institución israelí en Buenos Aires hace veintidós años, o en la mujer asesinada por su ex marido, descuartizada y distribuida en diferentes sitios en bolsas de basura

No me atrevo a afirmar tan categóricamente cómo funciona esto, por eso comparto con la audiencias algunas preguntas. Sí afirmo que considero pretencioso, por decir lo menos, atribuirse absoluto conocimiento sobre el comportamiento de Dios en temas que involucran la vida de los otros y no la nuestra.

Tanta gente 12

Tanta gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

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