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¿Alguna vez has sentido envidia?

Una persona siente envidia cuando se compara a otros, teniendo un sentimiento de inferioridad. Por esta razón, algunas características de las personas envidiosas son: autoestima dañada, compararse constantemente, desear el mal de los demás, burlarse de otros, hacer falsos halagos, etc.

La envidia es un sentimiento humano, por lo que es posible que tú lo hayas sentido en alguna oportunidad; sin embargo,  se convierte en un problema cuando te entristeces constantemente por el bien ajeno y sufres como si se tratara de una desgracia ¿Te ha pasado?

Porque antes también nosotros éramos insensatos y rebeldes; andábamos perdidos y éramos esclavos de toda clase de deseos y placeres. Vivíamos en maldad y envidia, odiados y odiándonos unos a otros. 

Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo.” (DHH) Tito 3:3-5

Si aún el sentimiento de envidia está gobernando tu vida, es posible que no hayas conocido la nueva vida que el Señor quiere darte. Por esta razón, te animo a pedirle que Dios sane tu corazón, de esta manera puedas disfrutar del propósito que tiene para ti, y dejar de sufrir por lo que otros tienen.

Por último quisiera darte algunos consejos para superar la envidia:

Si un ser querido o amigo tuyo recibiera un premio estarías feliz, así mismo debes mirar a las personas que te rodean: ¡como hermanos!; entonces podrás alegrarte por ellos e incluso felicitarlos por su éxito.

No mires a la persona por la que sientes envidia como un enemigo, de lo contrario querrás ser mejor y competir, produciendo solamente amargura en tu interior. Cambia de mentalidad y míralo como parte necesaria en tu equipo de trabajo; además, declara la admiración que tienes por él o ella.

Si quieres ser feliz deberás superar la envidia, abandonar la competencia y amarte tal como eres  ¡Acércate a Jesús y permite que sane tu interior y te muestre el plan valioso para tu vida!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿En quién está tu confianza?

Un hombre se fracturó una pierna mientras jugaba fútbol, como no podía caminar su familia decidió llevarlo a un curandero quien, como parte de su tratamiento, se paró sobre él y lo pisoteó. A pesar de los gritos de dolor nadie hizo nada para socorrerlo puesto que pensaron que era necesario.

Lo triste es que el hombre quedó peor que antes y terminaron poniéndole tornillos porque sus huesos estaban totalmente rotos. Lamentablemente ellos pusieron su confianza en alguien equivocado.

En la historia conocemos un caso similar, la palabra de Dios dice:

“… Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad.

Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.” 2 Reyes 1:2-4 (RVR 1960)

El Rey Ocozías se había caído de la ventana de su casa, como estaba mal envió a sus mensajeros para consultar sobre su recuperación a un ídolo llamado Baal–zebub. La consecuencia de olvidar a Dios fue terrible, puesto que el Señor le dijo por medio del profeta Elías que no se volvería a levantar, sino que su vida llegaría a su fin.

Cuando enfrentas problemas, ¿a quién acudes? Las preocupaciones pueden inclinarte a tomar decisiones equivocadas que van en contra de la voluntad del Señor, pero al final tú tendrás la última palabra.

Si estás enfrentando un tiempo desesperante te animo a no dejarte llevar por la angustia, ponte de rodillas y entrégale al Señor tu confianza, porque si quieres una respuesta o salida inmediata sin Dios solamente vas a empeorar la situación.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Uniforme de autoridad

Carlos se encontraba estacionado en una esquina a altas horas de la noche, de repente vio correr a un hombre con un arma en la mano hacia su auto; asustado presionó el acelerador e intentó huir, pero el individuo le disparó, haciendo que Carlos chocara su carro y resultara lesionado. El atacante era un policía civil que dijo haber confundido a Carlos, creyendo que era un ladrón.

Es lamentable que sucedan estos hechos, pero nos enseñan una gran lección. Un policía que no usa su uniforme pierde un cincuenta por ciento de la autoridad que tiene porque al verlo de civil con un arma, resulta fácil confundirlo con un delincuente, como sucedió con Carlos.

Algo similar podría suceder en nuestro diario vivir, puesto que debemos estar conscientes que cada día enfrentamos una guerra espiritual constante.

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” Lucas 4:18-19

El uniforme de un policía representa el Espíritu del Señor en nuestras vidas, no podemos salir a la calle y ejercer las funciones de un hijo de Dios sin estar llenos de la presencia divina, de lo contrario no tendremos autoridad para combatir los ataques del maligno.

Un cristiano debería presentar autoridad espiritual, es decir, tener poder sobre el mal, ¿Tienes autoridad? El Señor te ha dado la potestad para atacar al enemigo, si alguien está enfermo, afligido o esclavo de algún vicio, no necesitas llamar a un pastor o ministro simplemente debes armarte de valor y orar por ellos, puesto que Dios respalda a sus hijos.

En esta oportunidad te animo a reflexionar sobre tu estado espiritual, quizá estás perdiendo muchas bendiciones por descuidar la presencia del Señor en tu vida, busca a Dios y pídele que te ayude a tener autoridad, que los demonios te conozcan y tiemblen, así como cuando escuchan el nombre de Jesús.

Por Shirley Chambi

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Estás Enfermo?

A medida que se aproxima el invierno se incrementa el porcentaje de personas que enferman por causa del clima ¿A quién le agrada estar enfermo? Seguramente a nadie, porque el cuerpo no rinde a un cien por ciento. Es el tiempo donde no tenemos ganas de nada y, si estamos contentos, de repente el malestar nos vuelve a recordar nuestro estado actual de salud.

Por ejemplo, hace poco llegó de visita una tía, ella se caracteriza por ser alguien bastante alegre y activa; sin embargo, se encontraba totalmente diferente porque estaba enferma, tenía poca fuerza, ya no reía mucho y apenas podía movilizarse ¿no sucede lo mismo cuando nos enfermamos?

Considero que a ninguno le gusta sentirse mal, pero ¿Sabías que así como adolecemos físicamente, también sucede espiritualmente? Si un cristiano no se encuentra “ferviente en espíritu”, es decir, no tiene ganas de orar, leer la biblia o asistir a la iglesia, es una señal de alarma de que algo no anda bien.

Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.” Mateo 9:12  (RVR 1960)

Jesús vino por las personas enfermas, no por los sanos. Por tanto, si te encuentras delicado de salud o tu estado espiritual está cada vez peor busca al médico de médicos.

Más a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti.” Éxodo 23:25 (RVR 1960)

Si te acercas a Cristo y le sirves, entonces Él suplirá tus necesidades básicas y también quitará toda enfermedad. Aunque no tengas fuerzas, ni ánimo, busca al Señor y Él volverá a encenderte; además, no olvides que si necesitas apoyo puedes escribirnos, quisiéramos ayudarte a levantarte.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Perdona para ser perdonado

“Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti” Mateo 6:14 (NTV)

¡Qué difícil es perdonar! A muchos nos cuesta, especialmente cuando las heridas fueron causadas por personas que amamos. Por eso, todos necesitamos la ayuda de Dios de manera que seamos inundados de su amor para ser movidos a perdonar. Recuerda que es una decisión, no una opción, por la cual liberamos a quien nos lastimó, más allá de lo que sentimos hacerlo o no. Es importante traer a memoria las innumerables veces en que le hemos fallado a Dios y aun así, Él nos ha perdonado. ¿Entonces, porque no debiéramos hacer lo mismo con nuestro prójimo? No sigas viviendo herido por guardar en tu corazón rencor y amargura. Decide perdonar y recuerda, que para recibir el perdón de Dios, tú también debes hacerlo con tu prójimo.

Por Judith Quisberth

 

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¿Se rompió algo en tu vida?

Se cuenta que una vez iba un hombre en su auto por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto su carro comenzó a detenerse hasta quedar estático.

El hombre bajó, revisó el auto, trató de averiguar qué era lo que tenía. Pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto, pues hacía muchos años que lo conducía. Sin embargo, después de mucho tiempo se dio cuenta de que no hallaba la falla del motor.

En ese momento apareció otro automóvil, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda. El dueño del primer carro le dijo: “Mira, este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú, sin ser el dueño, puedas o sepas hacer algo”.

El otro hombre insistió con una sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo: “Está bien, haz el intento, pero no creo que puedas, pues este es mi auto”.

El segundo hombre se puso manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar.

El dueño del carro quedó atónito y preguntó: “¿Cómo pudiste arreglar el fallo si es MI auto?”

El segundo hombre contestó: “Verás, mi nombre es Felix Wankel. Yo inventé el motor rotativo que usa tu auto”.

Muchas veces, al igual que el primer hombre, queremos solucionarlo todo por nuestra cuenta, creemos que porque es nuestra familia, nuestra casa, nuestra deuda, nuestro trabajo, nuestros hijos, nuestros corazones, etc. nosotros podremos reparar y solucionar todos los problemas que se presenten y olvidamos que es Dios quien nos creó, que fue Él  quien nos dio las bendiciones que tenemos y creemos que nosotros podemos hacer un mejor trabajo que Él.

Pero lo cierto es que por más que luchemos y nos esforcemos en solucionar un problema, nadie lo hará mejor que Dios, porque Él nos conoce mejor de lo que nosotros mismos podremos conocernos un día, nos ama infinitamente y sabe qué es lo mejor para cada uno de nosotros.

Permite que Dios pueda sanar tu corazón, restaurar tu familia, hacerte soñar de nuevo, entrégale la vida de tus hijos, tu matrimonio y permítele que repare todo lo que está dañado.

Recuerda que la misericordia de Dios es para siempre y que Él cumplirá su propósito en nuestras vidas y ¿cómo no lo haría si somos creación especial suya, hechos a Su Imagen y Semejanza?

“Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos”. Salmos 138:8 (RVR1960)

¿Se rompió algo? Nadie mejor que Dios, tu creador,  para ordenar tus caminos, sanar tu corazón herido, restaurar tu familia, cumplir tus sueños y darte aún mejores. Nunca olvides que Él lo sabe todo de ti, conoce cada detalle y tiene grandes planes para tu vida.

 

 

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El dolor de la distancia

¿Cuántos padres expresan dolor por el abandono de sus hijos? ¿Cuántas mujeres u hombres enfrentan el sufrimiento por la separación de la persona que aman? Y es que cuando se ama, la distancia siempre trae sufrimiento.

¿Te has  alejado de alguien que te ama?

Es posible que te sientas tranquilo, pero no imaginas el sufrimiento que tus padres, tu esposa/o,   novia/o están sintiendo por tu ausencia; por lo cual, deberías considerar volver, recuerda que nunca se sabe lo que uno tiene hasta que lo pierde.

“!!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !!Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” Mateo 23:37 (RVR1960)

Si has enfrentado el dolor de la separación por una persona que amas, entonces comprendes el dolor que siente el Señor cuando te alejas de su presencia ¿Cuántas veces Él ha intentado cobijarte bajo sus brazos, pero tú no quisiste? Así como la gallina junta a sus polluelos para protegerlos y cuidarlos bajo sus alas, así te busca el Señor.

Entonces dijo así el Señor: Si vuelves, yo te restauraré, en mi presencia estarás.” Jeremías 15:19 (LBLA)

El Señor te ama y está esperando tu regreso. Recuerda que la separación trae dolor y lo propio sucede con Dios; Él siente tu ausencia y te busca. En este momento te animo a tomar la decisión de volver, Él sanará tus heridas y te ayudará a llevar tus cargas.

¡Sólo en su presencia recibirás plenitud de gozo!

 

 

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¿Qué tienes para dar?

¿Cuál es tu actitud cuando ves que alguien necesita de tu ayuda? La palabra de Dios nos menciona en  Hechos 20:35  que: “…Hay más bendición en dar que en recibir”. Es verdad que a veces nos cuesta brindarnos a ayudar al que lo necesita porque tal vez no tenemos los recursos suficientes para hacerlo; pero debemos entender que no todo se trata de dinero y aunque la mayoría de las cosas se enfoquen en ello, existen problemas que ni con todo el oro del mundo se pueden solucionar.

Si volvemos al pasado, cuando Pedro y Juan se dirigían hacia el templo vieron junto a la puerta a un hombre lisiado de nacimiento que pedía limosna. Cuando éste vio que Pedro y Juan estaban por entrar, extendió su mano esperando recibir algo de ellos.

“Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” Hechos 3:6 (RVR1960)

¿Cuántas veces nos hemos sentido impotentes ante la necesidad de otros, sabiendo que nuestros recursos no eran lo suficientemente útiles? ¡Tranquilo! El dinero no es lo único que necesitas para ayudar a tu prójimo. Pedro no necesitaba bienes materiales para suplir la necesidad de esta persona, fue suficiente una palabra poderosa que salió de sus labios para que él recibiera más de lo que un cojo podría soñar.

Dios quiere usar tu vida para bendecir a otros, si hoy no cuentas con recursos suficientes puedes hacerlo de muchas otras formas: empezando por una sencilla oración, dando palabras de aliento, una visita con amistades, etc.

Tomemos en cuenta que siempre pasaremos por los dos papeles, el de necesitados pero también el de ayudadores y como hijos de un gran Dios tenemos algo más importante que el dinero, se trata de su presencia, el poder y la autoridad que se nos ha dado para romper cadenas, sanar, liberar;  hay quienes necesitan ayuda no tanto material sino espiritual y esa debe ser nuestra especialidad.

No te limites en el momento de ayudar, porque para brindarle la mano al necesitado no hace falta tener dinero, basta con tener al Espíritu Santo.

Por Ruth Mamani.

 

 

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¡Realiza tu trabajo!

Hace poco se dio a conocer un caso de violencia que vivió una mujer por parte de su esposo, la víctima quedó con el rostro totalmente desfigurado. Lo decepcionante del hecho es que la autoridad encargada del caso decidió poner en libertad al agresor, sin que este asumiera las consecuencias de sus acciones ¡Qué indiferencia a la gravedad de este asunto!

Todos esperamos que las autoridades defiendan nuestros derechos y nos protejan, pero es una tragedia cuando se muestran indiferentes y pasivos.

Este caso es parecido al de un doctor que no se moviliza de inmediato para socorrer a una persona que está a un paso de la muerte, sino que espera primero recibir el beneficio que obtendrá por su trabajo. Esta irresponsabilidad es preocupante  porque en lugar de bienestar trae sufrimiento a diferentes personas.

Así de triste es observar un cristiano que no cumple su responsabilidad:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.”  Lucas 4:18-19 (RV60)

La Palabra de Dios dice que el Espíritu del Señor nos ha ungido para dar las buenas noticias a los pobres, para sanar las heridas del corazón o físicas,  para dar libertad a los que están esclavizados por el alcohol, drogas, pornografía, etc.  y para predicar el mensaje de salvación. La pregunta que quiero hacerte es: ¿Estás haciendo tu trabajo?

Todos los días tenemos una batalla que ganar contra el enemigo, ¿estás atacando o simplemente eres un hombre cobarde con ropa de soldado? Muchas personas que te rodean están sufriendo y necesitan escuchar una palabra de esperanza y amor, ser libres y levantarse porque sus familias están siendo destruidas ¿Qué esperas para salvar sus vidas?

En este momento tienes que tomar una decisión y volver a Cristo con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas para empezar a realizar tu trabajo. Recuerda que los tibios o cobardes no entrarán al reino de Dios. (Apocalipsis 21:8)

¡Que el Señor te encuentre haciendo su trabajo!

 

 

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El hombre de la mano seca

“Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?” Mateo 12:10

La Biblia nos relata la historia de este hombre, del cual no sabemos demasiado. Simplemente que tenía una mano enferma, la expresión utilizada es que esa mano estaba “seca”.

Una de las maneras de interpretar la palabra seca es relacionándola con la falta de fruto y hasta con la muerte, cuando por ejemplo decimos: esa planta se está secando.

Digamos que este hombre tenía un área de su vida en necesidad, hacía falta el toque sanador de Jesús para restaurar el normal desenvolvimiento de su mano.

¿Cuántas personas podrían estar en la misma situación? Tal vez, no necesariamente teniendo una mano con problemas, sino que tienen áreas de su vida, que se encuentran secas, áridas y sin fruto, que parecen muertas aunque no lo están. Hay personas muy exitosas en lo profesional y/o laboral, pero que experimentan un área seca en lo relacionado con los sentimientos.  Y aunque parecen fuertes y con toda la apariencia de un ganador, íntimamente sienten la insatisfacción de no poder desarrollar su parte afectiva.

Quizás en otro extremo, se ubica un grupo de personas que tienen una gran facilidad para socializar y las relaciones, pero ven que no prosperan económicamente, pese a los descomunales esfuerzos que realizan, mientras que hay quienes experimentan sequedad en el área espiritual. Algunos, que aun habiendo conocido a Jesús, ven que no pueden dar fruto y otros que han comenzado bien y con mucho entusiasmo pero se fueron secando y ya no sirven al Señor con el fervor y el entusiasmo que lo hacían en otro tiempo.

Finalmente, el hombre de la mano seca, tuvo un encuentro con Jesús y Él lo sanó; la enfermedad instantáneamente se fue.

¿Hay algún área en tu vida que consideres “seca” o que no da fruto? ¿Está tu vida espiritual secándose? Riégala hoy retomando la oración, entrégale a Jesús, esa parte de tu vida que parece estéril, deja que el obre y verás como la salud vuelve a tu cuerpo, deja que Él intervenga en tu vida sentimental y también sanará esa área. ¿Trabajas mucho y no ves el fruto de tanto esfuerzo? Permítele a Jesús intervenir para que seas prosperado.

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Estropeado

Se cuenta de un escultor que empezó a trabajar una hermosa pieza de mármol, pero sólo la estropeó por su impericia y desalentado abandonó su trabajo. Finalmente el mutilado bloque de mármol quedó abandonado en el patio del escultor y allí permaneció por mucho tiempo expuesto a la intemperie y medio oculto por las hierbas que crecieron a su alrededor.

Pero un día el famoso Miguel Ángel observó este bloque de mármol y vio lo que valía. Después de adquirirlo del fracasado escultor, empezó a trabajar en él, transformándolo en la admirable estatua del joven David con su onda en la mano, en el momento previo de arrojar la piedra que abatió al gigante Goliat. Tal maravilla de arte fue conseguida de un pedazo de mármol estropeado.

Quizás has tenido una vida dura, experiencias que han marcado tu vida, palabras hirientes que te tienen atado a una existencia de tristeza, decepción, baja autoestima y frustración. Sin importar qué hiciste antes o qué dicen de ti, Dios siempre puede cambiar las circunstancias.

“Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” 2 Corintios 5:17 (NTV)

Si Miguel Ángel pudo hacer esa obra maravillosa con un pedazo de mármol estropeado y abandonado, ¿cuánto más podrá hacer Dios con tu vida? Sólo  debes depositar tus preocupaciones, el dolor, la frustración y la impotencia que sientes en Sus manos. Si le permites hacer su obra en ti sin poner objeciones y confiando plenamente en su magnificencia y su amor, el gran Artista del universo hará de ti una obra maestra; sanará tu corazón herido, restaurará tu vida, quitará cualquier dolor, rabia o amargura y llegarás a ser todo aquello que soñaste y aún más.

Permite que Dios haga de ti una obra maestra, no importa qué tan estropeada está tu vida, Él conoce tu valor y desea trabajar en ti.

 

 

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Un herido no puede curarse solo

“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.” Juan 5:1-9

Es difícil que una persona herida pueda curarse sola, generalmente precisa de un doctor que le ayude en este proceso, ya que su lesión puede infectarse rápidamente. El hombre del estanque se encontraba paralitico y por mucho tiempo estuvo esperando que alguien lo ayudara a entrar al agua para ser sano ¡y tuvo la oportunidad de recibir la propia presencia de Jesús para su sanidad!

Así como precisamos de un doctor que ayude a desinfectar las heridas externas que podemos tener, de igual forma precisamos a alguien que nos apoye en las heridas emocionales. Es posible que en este momento existan a tu alrededor personas que se encuentren deprimidas, con resentimiento, o con alguna enfermedad y dolencia ¡Tú puedes ser esa persona que le ayude a empezar su sanidad! ¿Qué esperas para hablarle de Cristo?

¡Levántate y ayuda! Bríndale lo que necesita, pero recuerda lo más importante ¡Acércalo al único que puede sanarlo completamente! Preséntale a Jesús y su poder.Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Juan 5:1-9

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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