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Dios está en todo…

Dios está en todo… Muchos de ustedes dirán, ¿y ahora es que lo sabes?

Pero me gusta decirlo y repetirlo porque, de veras, a veces nos olvidamos.

Él nos ama tanto, que no importa por lo que estemos pasando está ahí con nosotros y nos da fuerzas cuando sentimos que ya no damos más.

¿A qué viene esto? A que estuve de mudanza. De hecho, aún me quedan cosas en la casa a las que le tengo que buscar lugar. Voy a vender la casa que tenía porque ya resulta demasiado grande para mi y me quiero mudar a un lugar más pequeño.

Ya conseguí el sitio al que me quiero mudar. Hay muchos apartamentos ahí listos, pero para mudarme allí tengo que vender mi casa.

Son muchos cambios, muchas decisiones, muchos cambios y nos podemos sentir sobrecargados. No contraté ninguna compañía para empacar mis cosas. Me dije: “tengo tiempo, me voy a dar tres meses” y lo estuve tomando con calma, pero mañana se cumplen los tres meses. Busqué cajas pequeñas para poderlas manejar sola y si contraté una compañía con un camión para que me llevaran las cosas a un depósito que ahora tengo que pagar…hasta mudarme definitivamente. Y bueno, pensar en que tengo que desempacar cuando me mude.

Pero Dios ha estado ahí. Cuando me he sentido desfallecer, cuando he sentido que no puedo cargar algo, solo clamo a Él y me renueva las fuerzas. Es maravilloso haber podido contar con un ayudante tan extraordinario. Doy gracias cada vez que puedo y este es un homenaje a Su gracia y a Su gentileza, a Su gran poder y Su fidelidad. Practíquenlo. Dios los bendiga.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo adoras?

Hoy me refiero a la adoración, al tiempo en la iglesia que le dedicamos a cantarle a Dios. También lo llamamos tiempo de alabanza. Hay personas que lo hacen muy bajito, pues sienten que no son buenos cantantes. Hay quienes son muy malos cantantes y desentonan, pero sacan su voz desde el alma… y aunque tal vez no sea el sonido más lindo, es su manera de adorar y es válida. En eso debemos ser gentiles y no robar la atención hacia nosotros si cantamos diferente, sea mejor o no.

También hay quienes no les gusta subir las manos, hay quienes las suben a la mitad y hay quienes las suben hasta donde ya no pueden más y las dejan ahí durante toda la canción. Ninguno es criticable, incluso si solo se cruzan de brazos. Es algo personal de cada cual. Así como nuestras huellas digitales, todos somos diferentes y hacemos las cosas de formas diferentes.

Hay muchos que no van al servicio sino hasta después de la música…y piensan que no tiene nada de malo… pero sí. Se están perdiendo una parte importantísima de la relación con Dios. ¡Es un tiempo de adoración desde nuestros corazones y nos prepara espiritualmente para recibir su Palabra! Para mí es la parte más hermosa del servicio. Yo amo adorar a Dios. Y les cuento que no solo lo hago en la iglesia. Lo hago en casa mientras escucho música, mientras limpio, mientras voy manejando en el auto. Le canto a mi Dios, porque es una conexión preciosa con Él y es tiempo de amor que le dedicamos, ya que Él nos ama tan impresionantemente.

No debemos dejar de hacerlo jamás, no debemos dejar de asistir al tiempo de adoración.

Incluso bailando le podemos adorar. Hay un pasaje de la Biblia que me encanta y dice:

“…mientras que David y todo el pueblo danzaban alegremente delante del Señor, al son de instrumentos musicales de madera de haya, y de arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos”. 2 Samuel 6:5

La historia de David bailando sucedió cuando Israel tenía una nación relativamente joven. El rey David fue el segundo rey de Israel.David era conocido como el “hombre conforme al corazón de Dios”

Pienso que todos quisiéramos ser recordados como personas conforme al corazón de Dios. Adorémosle con cada aliento que tomemos, con cada palabra que digamos, con cada canción que cantemos, cada danza que bailemos. Dios merece toda nuestra adoración.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡Nunca te dejaré!

Los grafitis son considerados como arte urbano, en muchos lugares encontramos paredes con este tipo de pinturas; en mi ciudad ocurre lo mismo y  una frase que llamó mi atención fue la siguiente “Nunca te dejaré” probablemente fue un mensaje de una persona enamorada.

Quizás el texto “Nunca te dejaré” en esa pared no haya sido para ti, pero Dios te dice las mismas palabras a través de este versículo “Yo seré su Dios durante toda su vida; hasta que tengan canas por la edad. Yo los hice y cuidaré de ustedes; yo los sostendré y los salvaré” Isaías 46:4 (NTV).

A veces cuando pasamos momentos difíciles como: enfermedades, la pérdida de un ser amado, problemas económicos, familiares, sentimentales, etc. pensamos que Dios nos ha abandonado y nos ha olvidado y es en ese momento cuando surgen muchas ideas equivocadas que nos llevan a la angustia, tristeza y hasta la rebeldía, llegando incluso a dudar de la existencia de Dios.

Pero debes recordar que en esos momentos de mayor dolor Dios está contigo para ayudarte, sostenerte y darte aliento, quizás dudes de su presencia en medio del tiempo difícil porque te encuentras solamente mirando lo grande que es tu problema pero eso no significa que Dios no está ahí.

El Señor responde al llamado de auxilio de sus hijos, “El Señor está cerca de todos los que lo invocan, sí, de todos los que lo invocan de verdad” Salmos 145:18 (NTV), búscalo y lo encontrarás.

Él estuvo contigo incluso antes de que estuvieses en el vientre de tu madre y promete estar contigo hasta el fin de tus días.

Recibe la promesa de Dios ¡El jamás te dejará!

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Toma de razón

Los sueños no eran más que sueños. Los diligentes dibujos de la mente se desgastaron en el escritorio, se deshicieron en un vendaval de lágrimas inútiles. La esperanza, pobre ingenua, resiste aún, cada vez más desnuda, cada día más desarmada.
Apropiarse del dolor, reconocerlo como inherente a la cruda experiencia de vivir. Aprender a negociar los términos de la existencia porque la verdadera vida no tiene ropajes ni caretas: impone sin derecho a réplica sus condiciones leoninas y sus juicios inapelables.
Caminar sin mapas por la dura superficie de la realidad sin la seguridad de mantras, documentos o posibles misericordias. Negar la hiel y el vinagre para abrazar con una suerte de ridículo honor el oficio de la muerte, única promesa segura a este lado de la frontera.
Reconocer la vieja, la escueta sabiduría que encierra el “nunca digas nunca, nunca digas siempre”. Los viejos pactos, los compromisos de entonces fueron aniquilados por el reproche, se incendiaron en el fuego de los celos, fueron ejecutados por los ajustes de cuentas. Se ahogaron en un mar de querellas y derechos adquiridos. Las promesas se derrumbaron en una tormenta de pasiones oscuras y ardores inconclusos. Los testamentos devinieron letra muerta, abandonada en una mesa de restaurante, en un escaño de la plaza a medianoche.
El cansancio de los trajines aprendidos para sobrevivir. Las patéticas componendas del acomodo cuando se tiene miedo o hambre o ambos. La fría navaja de los contratos que filetea los sentimientos con quirúrgica precisión. La rendición incondicional del cuerpo que se deteriora sin remedio, la inexorable mortaja del almanaque que lo envuelve poco a poquito. La supervivencia, la triste y simple supervivencia.
Los lazos antiguos, las fraternales uniones de la sangre, los llamados del clan traicionados por la hora de la verdad, por los viejos rencores, por los escraches enfermizos de las secretas historias para el ludibrio de transeúntes y navegantes. La desclasificación de las cuentas pendientes, los cheques en blanco firmados en horas de éxtasis y el libro de los haberes y sus agujeros.
El amor que no conocemos pero cuyo nombre manoseamos para justificar chantajes, traiciones, manipulaciones, controles, insidias, sospechas, envidias y celos. La pasión que se deslíe como los caracoles al sol. El deseo que se distancia cada día más de las posibilidades reales del cuerpo.
La noche con sus capítulos raros y esas urgencias de levantarse y buscar a tientas el baño
A la hora de dar razones, no más, no menos, es lo que hay…

10 frases que arruinan tu relación y cómo cambiarlas

1- Si estás discutiendo, no uses ninguna frase que comience con: “tu nunca” o “tu siempre”

  • Cámbiala por algo positivo como: aunque tu haces esto, “a veces no lo haces” o “muchas veces haces”

Discussion Between Guy And Girl Over Gray Background

2-“Haz lo que tu quieras” generalmente lo decimos con frustración.

“Vamos a decidir entre los dos” puede llevar a ambos a sentirse bien

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3- Dejar de hablar es algo que muchas veces es mejor que decir lo que sientes al momento pero no es productivo.

  • Propón retomar la conversación en una hora y así los ánimos estarán calmados y habrán pensado mejor lo que quieren decir.

Sad young couple sitting on the bench after a quarrel

4- “Contigo es imposible hablar” (aunque en el momento lo parezca realmente…)

  • Cámbialo por: “Debemos tomar turnos para escucharnos y hablar sin herirnos por favor”

4- imposible hablar

5- “Tú no sabes todo lo que hago en casa, por eso no lo aprecias” lo puedes cambiar por”

  • “Sería lindo que me ayudes con las tareas de casa. Así no me canso tanto y terminamos más rápido amor”

5- No sabes de Labores de casa

6- “Lo hiciste a propósito para lastimarme” es terrible y manipulador. Cambia esa frase por:

  • “Yo se que no lo haces adrede, pero me estás lastimando con eso”

Betrayal and forgiveness couple. Girl is crying with handkerchief on outdoor.

7- “Si no pones de tu parte, jamás bajarás de peso” es una frase negativa. No puede traer nada bueno.

  • “Bajar de peso no es fácil, pero con un poco de fuerza de voluntad, estoy segura que lo lograrás.”

Overweight couple eating fruit on sofa

8- “Te lo dije” creo que no hay peor frase que esa. Aunque lo hayamos advertido, cuando las cosas salen mal es lo que menos queremos escuchar. Más bien:

  • “La próxima vez hay que hacerlo diferente, ¿no crees?”

Paar mittleren Alters, Mann schimpft, Frau weint

9- “Todo lo pierdes” o “Todo lo dañas”

  • “Vamos a pensar cómo podemos evitar perder las cosas” o “vamos a buscar un mejor protector para tu teléfono o para tu Ipad”

Couple in love fondling herself on a bench with bikes on vacation

10- “Eres de lo último” lo puedes cambiar por:

  • “Tú eres mi número UNO”
    10- Eres mi número UNO

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Trabajando la fe

Cuando estamos pasando por momentos difíciles es muy fácil para nosotros acercarnos a Dios y es que sabemos que Él siempre está ahí para nosotros, para oírnos, para responder, para ayudarnos, consolarnos, etc. 

 

Siempre que necesitamos algo, cuando nos vemos debilitados y que no podemos dar un paso más, es ahí cuando buscamos a Dios y más allá del hecho de saber que en los desiertos que nos toca atravesar en esta carrera de la vida es difícil mantener la fe,  al parecer es mucho más difícil tenerla en los momentos alegres y tranquilos. 

 

Aunque parezca algo contradictorio, es una gran verdad, cuando hemos logrado salir de alguna prueba o problema, lo primero que hacemos es disfrutar de la victoria, compartir la alegría con los demás, etc. pero nos hemos olvidado buscar más de Dios, acercarnos a Él. 

 

Nuestra fe no va creciendo durante la prueba, ésta debe ir haciéndose más grande a través de la oración, de la lectura de su Palabra, de los momentos íntimos que pasemos con Dios y el momento de la prueba o la tormenta es donde haremos efectiva la misma, es en ese momento que la fe que fuimos fortaleciendo hará que salgamos airosos porque será más grande que el problema. 

 

Es hora de evaluarnos y de ocuparnos de hacer crecer nuestra fe. Si ya pasaste la prueba, ¿estás ocupándote en hacerla crecer para la siguiente batalla? 

 

Dios nos dice en su Palabra. “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:7-8 (RVR-1960) 

 

Hoy te invito a fortalecer tu fe, sea un momento malo o bueno, busca de Dios en todo tiempo, pues no se puede poner en práctica la fe que no  hemos cultivado y fortalecido antes. 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aniversario

La sutil arruga del almanaque, ese testigo implacable. “Usted se ve joven todavía”, con ese “todavía” que – nos hace notar Benedetti – suena como una sentencia. La hojarasca de los desencuentros que cruje bajo los pies cansados. La experiencia que apenas le sirve a uno porque la vida del otro es otra, así de simple. Las palabras que en el tiempo se han perdido. Ese nunca más que igual volvió a pasar. Ese siempre que duró nueve semanas y media.

Las lealtades, las viejas lealtades que no resistieron el peso de la mente turbada y de las distancias imprescindibles. Toda aquella parafernalia de discursos, proclamas emocionadas, compromisos solemnes que no alcanzó a la hora de las esperanzas. Las dudas tenaces sobre los viejos asuntos y las convicciones recientes que también van a morir en el altar del “así es la vida”. La persistencia del esqueleto como precaria evidencia del ser que éramos.

Esas ganas de irse y la comezón de regresar. Recoger todo y mudarse para volver a armar todo de vuelta. El aeropuerto, la terminal de ómnibus, la estación del tren, el camino, el viaje impenitente. Esa paradoja de costumbre y desapego con espacios y lugares. La esquiva adquisición de un lugar en el mundo. Las ilusiones perdidas.

La creciente adversidad entre el deseo y las realidades del cuerpo. Los sofisticados procedimientos para detectar sus inclementes y poco elegantes asuntos. La creciente intolerancia a las cosas que siempre fueron parte de la vida. El imprevisible humor de glándulas, conductos y mecanismos corporales. La cruda constatación de la suma de los días.

La persistencia de la memoria, la patente fidelidad de sus registros: lo querido, lo tenido, lo perdido, lo retenido, lo abandonado, lo deseado, lo detestado. A veces se cosecha lo que nunca se sembró; otras veces, en vez de frutos abundó maleza y polvo. Personas, motivos y sensaciones remotas aparecen de repente en el sueño intranquilo con su rémora de nostalgias y miedos.

La esperanza, que no aprende lecciones, reverdece alguna mañana y perfuma un poco los días. Una frase ingeniosa, un cumplido inesperado, un agradecimiento tardío endulza de tanto en tanto las cosas. A veces, los viejos lugares, los sitios de antes, algunas personas queridas alisan un poco la agreste superficie de los años.

Resumen

Apropiarse del dolor, reconocerlo como inherente a la cruda experiencia de vivir. Aprender a negociar los términos de la existencia porque la verdadera vida no tiene ropajes ni caretas: impone sin derecho a réplica sus condiciones leoninas y sus juicios inapelables. Caminar sin mapas por la dura superficie de la realidad sin la seguridad de mantras, documentos o posibles misericordias. Negar la hiel y el vinagre para abrazar con una suerte de ridículo honor el oficio de la muerte, única promesa segura a este lado de la frontera.

Los sueños no eran más que sueños. Los diligentes dibujos de la mente se desgastaron en el escritorio, se deshicieron en un vendaval de lágrimas inútiles. La esperanza, pobre ingenua, resiste aún, cada vez más desnuda, cada día más desarmada.

Reconocer la vieja, la escueta sabiduría que encierra el “nunca digas nunca, nunca digas siempre”. Los viejos pactos, los compromisos de entonces fueron aniquilados por el reproche, se incendiaron en el fuego de los celos, fueron ejecutados por los ajustes de cuentas. Se ahogaron en un mar de querellas y derechos adquiridos. Las promesas se derrumbaron en una tormenta de pasiones oscuras y ardores inconclusos. Los testamentos devinieron letra muerta, abandonada en una mesa de restaurante, en un escaño de la plaza a medianoche.

El cansancio de los trajines aprendidos para sobrevivir. Las patéticas componendas del acomodo cuando se tiene miedo o hambre o ambos. La fría navaja de los contratos que filetea los sentimientos con quirúrgica precisión. La rendición incondicional del cuerpo que se deteriora sin remedio, la inexorable mortaja del almanaque que lo envuelve poco a poquito. La supervivencia, la triste y simple supervivencia.

Los lazos antiguos, las fraternales uniones de la sangre, los llamados del clan traicionados por la hora de la verdad, por los viejos rencores, por los escraches enfermizos de las secretas historias para la befa de transeúntes y navegantes. La desclasificación de las cuentas pendientes, los cheques en blanco firmados en horas de éxtasis y el libro de los haberes y sus agujeros.

A la hora del resumen, ni más ni menos, es lo que hay…

¿Conoces al precioso Espíritu Santo?

¿Sabías que aun después de ser salvo, el ser humano no puede tener una vida de fe continuamente victoriosa, en permanente crecimiento, a menos que siga creciendo en la Palabra por medio del ministerio del Espíritu Santo?

Y yo rogaré al Padre,  y os dará otro Consolador,  para que esté con vosotros para siempre.  Juan 14:16.

Cuando Jesús se encontraba en la tierra con sus discípulos, no era solamente su Señor que no les podía fallar, era el Consolador que los cuidaba, los alimentaba, los sanaba y los mantenía libres de los ataques del enemigo. Por eso, cuando los iba a dejar, los discípulos se sentían como huérfanos desconsolados. Ese protector y amigo fiel los estaba dejando. Ellos no comprendían la promesa.

Así como Cristo, caminaba, consolaba, guiaba, sostenía, fortalecía  y era amigo de los discípulos, así también el Espíritu Santo quiere ser con nosotros. Jesús dijo: para que esté con vosotros para siempre.

Muchos creyentes no se dan cuenta de que, así como no teníamos poder para hacer lo que es justo cuando nos hallábamos en pecado, de la misma manera, después de haber nacido de nuevo carecemos de poder en nosotros mismos para alcanzar la justicia y la santidad a menos que contemos con la ayuda poderosa del Espíritu Santo.

Los discípulos eran amigos de Jesús y caminaban con Él, ¿eres amigo del Espíritu Santo? ¿Le hablas así como los discípulos le hablaban a Jesús? ¿Permites que él te cuide, así como Cristo cuidaba a los discípulos? ¿Es el Espíritu Santo tu amigo así, como Cristo era amigo de los discípulos?

Tal vez sientes que no tienes una vida victoriosa, ni una fe que va creciendo día a día,  sólo tienes constantes caídas, debilidades y  muchos problemas. El Espíritu Santo quiere ayudarte así como Cristo ayudaba a los discípulos.

Es tiempo de reflexionar sobre cómo esta nuestra relación personal con el Espíritu Santo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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