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Entrenamiento para la sumisión

“No pierdas el tiempo discutiendo sobre ideas mundanas y cuentos de viejas. En lugar de eso, entrénate para la sumisión a Dios. El entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor, porque promete beneficios en esta vida y en la vida que viene” 1 Timoteo 4:7-8 (NVI).

Los buenos deportistas entrenan en horarios específicos, tienen una dieta alimenticia saludable, se esfuerzan día a para alcanzar sus metas; es admirable lo que la persona puede lograr cuando se determina a lograr un objetivo. De igual modo, la Biblia nos anima a entrenarnos en la sumisión y esto implica obediencia a Su Palabra.
Tenemos una actitud de sumisión cuando somos capaces de darle prioridad a lo que Dios dice, por encima de nuestras propias ideas o pensamientos. Por todo esto, te animo a que en este día puedas rendir cada área de tu vida a la autoridad y soberanía de Dios.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Desafiar el poder

¡Si los pueblos supieran usar los pulmones como vos, los dictadores se las verían realmente en figurillas!

(Mafalda, una tira cómica de Quino)

En una ilustración que vi el otro día la pequeña Mafalda le habla a su nuevo hermanito que ha llorado a todo pulmón en la cuna. Cualquier exploración en internet sobre Mafalda va a dejarles ver la aguda ironía con la que Quino reflexiona sobre el mundo y la vida.

Cuando vi el dibujo no pude sino recordar unas palabras del protagonista de la película “V por Venganza” (V for Vendetta, en inglés): El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer a su pueblo.

¿Por qué los dictadores y los autócratas permanecen en el poder? La respuesta obvia es porque controlan las fuerzas armadas, la justicia, las leyes y han neutralizado a los medios de comunicación. Pero sobre todo porque controlan el poder militar. Cualquier conato de rebelión será aplastado por la fuerza de las armas.

Sin embargo, hay instantes en la historia en que los pueblos, a pesar de su indefensión, se levantaron y a precio de muerte conquistaron su libertad. De algún modo se organizaron y a pesar de toda desventaja disolvieron el poder.

En una escala menor, en instituciones compuestas por personas organizadas bajo alguna estructura suele replicarse un estado de cosas parecido. Un grupo conducido por un líder carismático controla todo y se fortalece con una serie de instrumentos ya clásicos en el estudio de las tiranías: culto a la personalidad del líder, un discurso hegemónico que se afirma como verdad única, la construcción de un enemigo común que desafía la existencia misma de la institución, el control financiero sumado a la recolección compulsiva de los aportes en dinero de los miembros. 

Resulta intrigante la sumisión de tanta gente a tan pequeño grupo de personas. A veces lo que parece es que las personas llegaron a convencerse a sí mismas que el poder que las controla es natural y que la discrepancia, además de inútil, es mala. Es decir, el mayor poder de control ya no es externo sino que, habiendo conquistado la mente, se hace interno. El discurso proveniente de arriba ha conquistado definitivamente el pensamiento y erradicado la disidencia y la duda.

Queda para la reflexión lo que podría suceder si las personas antes de desafiar al poder pudieran confrontar su propio pensamiento y abrirse paso hacia su liberación.

El rebelde

Es la sumisión. La idea asombrosa y simple jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta”. Así dice un crítico literario que Michel Houellebecq resume el fin de su libro “Sumisión”. El lector desprevenido tal vez piense que el autor cree efectivamente que la sumisión es la felicidad. Veremos que no es así.

Houellebecq es un escritor controvertido, crítico social, un ser políticamente muy incorrecto que a través de su obra ha expuesto las miserias de la cultura contemporánea. Es lo opuesto al sumiso: un rebelde.

Recibí por muchos años una educación que enseñaba la sumisión como un principio activo fundamental del carácter cristiano. Creo, con la perspectiva que otorga el tiempo, que sus proponentes creían eso sinceramente, que ella reflejaba fielmente el “carácter” de Cristo.

Una turbulenta confrontación con los contenidos pedagógicos del cristianismo dominante – el que fue transmitido desde los países occidentales más poderosos – me llevó a concluir que esa enseñanza reflejaba el carácter del conquistador. Pensar la Biblia en un país que se valora a sí mismo el “número uno” del mundo sesga inevitablemente la comprensión del texto. Aquí no hay espacio y no es lugar para profundizar en estas ideas. De un modo más sutil que en el siglo XVI, muchos de los contenidos de la enseñanza evangélica recibida reedita la gesta de la cruz y la espada: “Las cosas son así. Si no te gustan, atente a las consecuencias.” Los efectos prácticos de esta política no declarada son diversos y profundos. Consagra la permanencia de un pensamiento bíblico superior que se plantea como último y definitivo.

La rebeldía es infeliz, ingrata, incomprendida. Se la tilda de soberbia, orgullo, dureza de corazón, producto una mente muy herida, traidora a la comunidad y digna de condenación.

La ironía de Houellebecq es brillante: la mayoría de la gente prefiere la tranquilidad y la tibieza de acomodarse al discurso dominante porque así no se complica la vida, es feliz y garantiza un pasaje a las mansiones celestiales. Es un infalible seguro de viaje a la eternidad.

Hace ya muchos años que elegí la rebeldía. No como un berrinche infantil o un viscoso respiradero para la pus de las heridas. La elegí para asegurar que estoy comprendiendo, o peleando por comprender, el verdadero sentido de la violencia conceptual del reino de Dios.

Desobediente

Las normas forman parte del diario vivir y favorecen en el orden y equilibrio de nuestra vida. Negarse a obedecerlas muchas veces conlleva grandes consecuencias, como por ejemplo: llegar tarde al trabajo constantemente podría ser motivo de despido, o pasar el semáforo en rojo podría causar un accidente trágico.

Así mismo, el Señor nos muestra que desobedecer sus palabras causaría resultados devastadores:

“¿Por qué no obedeciste al Señor? ¿Por qué te apuraste a tomar del botín y a hacer lo que es malo a los ojos del Señor? — ¡Pero yo sí obedecí al Señor! —Insistió Saúl—. ¡Cumplí la misión que él me encargó! Traje al rey Agag, pero destruí a todos los demás. Entonces mis tropas llevaron lo mejor de las ovejas, de las cabras, del ganado y del botín para sacrificarlos al Señor tu Dios en Gilgal.

Pero Samuel respondió: ¿Qué es lo que más le agrada al Señor: tus ofrendas quemadas y sacrificios, o que obedezcas a su voz? ¡Escucha! La obediencia es mejor que el sacrificio, y la sumisión es mejor que ofrecer la grasa de carneros.

La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería, y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos. Así que, por cuanto has rechazado el mandato del Señor, él te ha rechazado como rey.” 1 Samuel 15:19-23 (NTV)

El rey Saúl recibió órdenes claras de parte del Señor, si bien cumplió con la misión al derrotar al enemigo, él debía destruir todo y no tomar absolutamente nada. Pero Saúl se llevó lo mejor del ganado y del botín. Cuando fue confrontado por Samuel utilizó a Dios como excusa: “para sacrificarlos al Señor”. Por  rechazar las palabras del Altísimo,  fue rechazado como rey.

Cuando nos negamos a cumplir una norma o lo hacemos de forma incompleta, simplemente estamos desobedeciendo. Este aspecto se puede observar en algunos cristianos que se enamoran de personas que no comparten su misma fe, no son temerosos de Dios, por tanto, tampoco tienen el interés de crecer espiritualmente. Sin embargo, a pesar que las escrituras manifiestan que esta no sería una relación aprobada para el Señor, varios oran e incluso ayunan por este pedido ¡qué tragedia!

Muchos realizan sacrificios pensando que de esta manera el Señor aprobará su petición, pero la realidad es que si este pedido va en contra de su voluntad, estas personas solamente están acumulando terribles consecuencias por su desobediencia.

En este momento quisiera hacerte una pregunta: ¿estás obedeciendo las normas de Dios? Recuerda que la bendición es para aquellos que obedecen y se encuentran en su voluntad.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Acerca de la humildad

Una de las características que más destacan en el ser humano es el orgullo. A todos nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hacemos. Nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado, de lo que hacen nuestros hijos, nuestra familia. Y no tiene nada de malo sentirnos orgullosos de esas cosas, pero si eso es lo más importante para nosotros y estamos constantemente hablando de esos logros y esos orgullos, podemos caer en ser jactanciosos y hasta vanidosos.

Pienso que por eso es tan complicado hablar de la humildad. Hoy día para muchos es una falla. A la gente humilde la catalogan como sumisa, gente que no se destaca y que no tienen pasión. Quienes piensan así, son personas que tienen la idea equivocada de lo que significa ser humilde. Por supuesto que no quiere decir que hay que dejar que nos humillen. Tampoco significa hacer algo y dejar que otro se lleve el reconocimiento.

En Romanos 12:3 de la Biblia, podemos leer: “Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado”.

Se puede tener pasión por lo que hacemos, podemos destacar en lo que hagamos; el asunto es que eso que hacemos o aquello por lo que tenemos pasión no se nos vaya a la cabeza.

Ser humildes es ser realistas con la percepción que tenemos de nosotros mismos. Podemos reconocer nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades y nuestras limitaciones.

Jesús hizo mucha referencia a esto con respecto a los fariseos, a quienes les gustaba destacar, tener un lugar de honor y oraban de manera que la gente se enterara de que estaban orando.

Lo cierto es que ser humilde es ser honesto sobre quién eres y por esto, es bueno analizarnos, conocernos y pedir a Dios a diario que nos muestre si estamos cayendo en la trampa de ser orgullosos o jactanciosos.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Someterme yo?

El sometimiento es aceptar la autoridad o la voluntad de otra persona, generalmente sin oponer resistencia; es por esto que nos cuesta aceptarlo,  ya que por naturaleza a los seres humanos no nos gusta someternos a nadie.

La palabra de Dios dice en Santiago 4:7 “Someteos, pues, a Dios;…” Él es nuestra autoridad principal y para estar sujetos a él, siendo sumisos a su dirección, nuestro orgullo debe ser dejado de lado. Debemos ser humildes y renunciar a nosotros mismos para dar paso a la buena voluntad de Dios.

Nuestro mejor modelo es Jesús, en Filipenses 2:8 dice que Él “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Se despojó a sí mismo para que la voluntad de Dios pudiera cumplirse a través de su vida, muerte y resurrección. ¿Cómo logró ser obediente? Tenía una relación estrecha con el Padre Celestial.

Hay ocasiones en las que estamos enojados con un ser querido, y nuestro orgullo puede hacer que no queramos reconciliarnos, pero ¿qué dice la Palabra?  “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13 Si ponemos en sumisión nuestro enojo el resultado será que perdonaremos y nos libraremos del peso de rencor. Así también si queremos pagar mal con mal a alguien la palabra dice: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.” Romanos 12:17 Es mejor dejar que Dios se encargue de quien nos ha hecho mal porque sabe cómo defendernos y así podríamos dar muchos más ejemplos.

¿Estás pasando algún problema y no sabes cómo actuar? Acude a Dios y pon a disposición de su Palabra tus decisiones, porque al final los beneficiados siempre somos nosotros, pues el Señor nos ama y quiere lo mejor para nuestra vida.

La sumisión nunca es atrayente pero vale la pena someternos a Dios, pues su amor es la garantía de que todo es para nuestro bien.

¡Seamos obedientes!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Deja que las bendiciones llenen tu casa

“Así eran algunas mujeres en el pasado: confiaban en Dios y obedecían a sus esposos”. 1 Pedro 3:5 (TLA)

Cuando Dios pide a la mujer que se sujete a su marido no significa que ella sea anulada, por el contrario, está obedeciendo a lo que Él dispuso y esto trae bendición y protección para su matrimonio, porque también el esposo debe amar a su esposa. Si se te hace difícil sujetarte, el Espíritu de Dios te ayudará cada día a hacerlo. ¿Qué esperas para poner tu esperanza en las promesas de Dios?

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Siervo fiel!

“Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.  Mateo 25:23 (RVR1960)

La fidelidad después de la obediencia es la virtud más importante de un hijo de Dios, lo engrandece ante sus ojos. Cada vez que hagamos algo en nuestra vida, debemos  tener muy en cuenta que estamos bajo la supervisión del Espíritu Santo; por lo tanto todo nuestro actuar debe ser con un integro corazón.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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