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Tiempo de lectura: 2 minutos

El señor Jesús se encontraba en la casa de Simón el fariseo y en su visita sucede un acontecimiento impresionante, dejándonos una de las enseñanzas “de amor” más importantes para nosotros como hijos de Dios.

La protagonista es una mujer que no dejaba de llorar y enjuagar los pies del maestro con sus lágrimas. Al rededor de ella se encontraban muchos hombres, quienes al igual que Simón el fariseo decían: “esa es pecadora ¿cómo Jesús no puede darse cuenta que clase de mujer le está tocando?”.

¿Quién ama más?

Ante estos murmullos el Señor tuvo que intervenir relatando la siguiente historia:

Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.

Lucas 7: 41-43 (RVR 1960)

Todos tenían su mirada en la mujer acusándola por sus pecados,  pero ¿cuál era la enseñanza de Jesús en este pasaje? La respuesta es “la convicción de pecado”. El Señor estaba reclamando a los presentes ese momento que ella era la única que se sentía pecadora y por tanto, mostraba su amor por Él.

Al que mucho se le perdona, mucho ama…

No podemos evitar quebrantarnos al conocer esta enseñanza: “Al que mucho se le perdona, mucho ama”. Es inevitable sentir un dolor profundo en el corazón por el amor recibido de Dios, por lo que es esencial preguntarte, ¿cuánto te ha perdonado el Señor?

En este momento podemos estar en uno de los dos lugares, somos como los demás que se sentían conformes o como la mujer que tenía un dolor profundo al sentir su condición de ser pecadora ¿cómo está tu corazón?

¿Cuánto me perdonó el Señor?

Te animo a reflexionar en lo mucho que te ha perdonado el Señor, que estas palabras cobren vida en nuestro interior y provoquen en nosotros una sensación de dolor y pesar, pero a la vez un profundo agradecimiento por todo el amor que nos muestra cada día ¡cómo no derramar lágrimas al palpar que Dios nos perdona y nos sigue amando después de cometer tantos errores!

El Señor me perdonó mucho, por tanto, entregaré mi vida para amarle y servirle, porque muchas fueron sus misericordias ¡Gloria a Dios!


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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