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Los libros y El Libro

“Leí un libro que explicaba este pasaje de Génesis de la siguiente manera…” me decía una estudiante la semana pasada. Un poco en broma y bastante en serio le respondí como en las películas, cuando a alguien le dicen que está viendo mucha televisión: “¿No estarás leyendo muchos libros cristianos?”
Debo adelantar que ésta no es una filípica contra los libros que leen casi todos los creyentes. Como en todos los asuntos de conocimiento, hay cosas buenas y otras bastante malas por lo que sería inoficioso ocuparse en determinar cuáles son unas y cuáles son otras. Me quiero referir brevemente al sintomático hecho de que la absoluta mayoría de los cristianos han leído más libros cristianos que tratan con la Biblia y con los asuntos de la vida… ¡que la Biblia misma!
Dicho en breve: han leído más libros acerca de la Biblia que la Biblia. Es más, no la han leído nunca como han hecho con todos los demás libros: desde el principio sin saltarse capítulos ni versos hasta el final.
Me hace acordar de los samaritanos que le dijeron a la mujer con la que se encontró Jesús en el pozo de Jacob: “…ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42). Es la misma cuestión: la mujer les había dicho lo que le había pasado con Jesús. Pero ellos salieron, lo vieron y lo escucharon en persona; fueron a la fuente.
¿Se imaginan lo interesante que sería que los creyentes fueran a la fuente y leyeran la Biblia del modo que se debe leer y que tendrían entonces un marco de referencia para juzgar lo que dicen los libros cristianos? Tal vez algunas editoriales y algunos autores verían esto con no tan buenos ojos porque con seguridad muchos lectores de la Biblia ya no comprarían tantos títulos como hacen ahora.
No es posible enfatizar lo suficiente la urgencia que tiene nuestro tiempo de que los cristianos conozcan, se familiaricen y juzguen la realidad a la luz del libro que, dicen ellos, es el fundamento de su fe. Porque hay demasiadas ideas dando vueltas acerca de cómo debemos vivir y cómo debemos entender el mundo que nos rodea.
Va siendo hora – urgentemente – que posterguemos un poco la lectura de tantos libros para concentrarnos en la lectura de El Libro.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Mentiras mezcladas

Hace unos días un diario inglés llamado “Independient” publicó una noticia inédita que dejó a sus lectores con muchas interrogantes respecto a lo que es arte contemporáneo.

Lo que pasó fue que dos estudiantes de la Universidad Robert Gordon en Escocia lograron ingresar una piña de 1 Euro al salón de exposiciones de la misma casa de estudios y de alguna manera la colocaron dentro de una caja de cristal como si fuera el trabajo de un artista plástico. Cuando el público ingresó al museo vieron todas las obras en exhibición entre las cuales también estaba esa fruta.

Al verla nadie se imaginó que se trataba de una broma, incluso algunos turistas se sacaban fotos al lado de ella. El mismo diario terminó la nota diciendo que ese caso se suma a otros muchos similares donde se ha puesto en discusión el concepto de los que es o no arte.

La confusión llegó porque la piña estaba en un lugar sobreprotegido y limpio al igual que otras obras de artistas reales. Ese conjunto de elementos evitó que haya preguntas para cuestionar si realmente debía estar en esa exposición.

Algo similar pasa con las palabras: muchas afirmaciones falsas vienen casi escondidas en oraciones elocuentes o artículos que destacan por el nivel de su lenguaje, pero en el fondo son huecas y no tienen sentido.

Incluso hay quienes toman ideas de grandes pensadores o fragmentos de obras literarias para usarlas a conveniencia. Por si esto fuera poco la Biblia no se ha quedado al margen. No es secreto cómo se toman versículos para proponer motivaciones emocionales, razonamientos humanos y filosofías terrenales.

Es como colocar una piña dentro de un cubo de cristal: quien no conoce la verdad va creer que es una obra de arte vanguardista. Pero ¿Cómo no ser engañado?

Existe una técnica de interpretación de textos llamada hermenéutica cuyos elementos principales son: comprender el contexto histórico de lo que se lee, considerar el uso del lenguaje de la época, entender lo que la totalidad del capítulo dice, comparar el versículo con otros pasajes o libros de la Biblia y cuidar que no existan contradicciones. La palabra de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis tiene una coherencia interna que prevalece y tiene la facultad de mostrar al hombre quién es su creador.

Dios ha puesto en nuestras manos todas las herramientas necesarias para que no seamos engañados. Además la Biblia tiene toda la revelación completa y el Espíritu Santo nos guía, de modo que es responsabilidad de cada uno buscar la verdad y permanecer en ella.

Colosenses 2:8 dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” Versión Reina-Valera 1960

No dejes que una mentira se mezcle entre las palabras de verdaderas que ya has recibido de Dios hasta ahora. Sigue estudiando para retener lo que es auténtico y rechazar lo falso.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Otra escritura

Escribí ese cuento cuando era todavía bastante joven. Hoy ya no intentaría ese tipo de cosas; después de todo, quiero cambiar. Ahora abrigo esa modesta ambición: quiero ser otro, quiero escribir de otra forma, de una forma inesperada.” Jorge Luis Borges tenía setenta y dos años cuando dijo estas palabras frente a un grupo de estudiantes de literatura de la Universidad de Columbia. Me viene cierto alivio cuando leo algo así. Cuando miro lo que he escrito hace tantos años, lo único que puedo pensar es que quiero ser otro. Se entiende que hago esta comparación con la sobria comprensión de la inmensurable distancia que me separa del viejo maestro argentino. Sólo quiero aludir a esa lucidez para no estacionarse en una forma determinada, sostenida por un repertorio de convicciones estabilizadoras.

He mencionado más de alguna vez en estas líneas la enervante uniformidad de los temas que los autores llamados “cristianos” abordan en sus libros. Interminables variaciones sobre los mismos temas. El asombro que experimenta uno por esa notable persistencia es explicado únicamente por la abrumadora cantidad de ejemplares que se venden en las librerías afines. Siempre hay público para más de lo mismo. No hay hambre de lo otro, aquello que nos alce por encima de la soberana medianía del entendimiento. Estamos desbordados por la comodidad y la tibieza de lo predecible.

Hay libros como “Sabactani” de Eliana Gilmartin o “Te busca y te nombra” de Alberto Roldán que lo sacuden a uno. Libros que desordenan la vida y la empujan hacia universos paradojalmente tan cercanos y sin embargo tan distantes de la conciencia de la inmensa mayoría. Libros que interpelan y provocan. Libros que levantan preguntas aterradoras, inconfortables.

No llego a estar conforme con lo que he escrito hasta ahora. Es otra cosa la que quiero decir y aún no puedo articular una manera potente de hacerlo. Por lo mismo, sigo escribiendo, aún con la conciencia de que siempre querré que sea otra cosa: más luz, más entendimiento, más valentía, más pertinencia. Siempre más.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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