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¿Esperando que Dios haga todo?

Los Israelitas estaban llenos de miedo al ver que los egipcios los alcanzaban para matarlos con todo su ejército y carros de guerra. Entonces, comenzaron a clamar al Señor por ayuda y muchos de ellos empezaron a reclamarle a Moisés diciendo: ¿Por qué nos trajiste aquí a morir en el desierto? ¿Por qué nos obligaste a salir de Egipto? ¿No te dijimos que esto pasaría?

Moisés les respondió: “No tengan miedo. El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos. Luego el Señor le dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? ¡Dile al pueblo que se ponga en marcha! Toma tu vara y extiende la mano sobre el mar. Divide las aguas para que los israelitas puedan pasar por en medio del mar, pisando tierra seca.”. Éxodo 14.15-16. (NTV)

Muchos pensamos que Dios peleará la batalla por nosotros sin que nos involucremos en la misma, pero estamos equivocados. Si bien uno debe confiar en el Señor, eso no quiere decir que debemos quedarnos sin hacer nada, por eso Dios le dijo a Moisés: “¿Por qué clamas a mí? ¡Dile al pueblo que se ponga en marcha!”.

Hay personas que piden a Dios por su matrimonio pero no hacen nada para mejorar. Hay otros que oran por un trabajo pero no salen a buscarlo. Muchos anhelan un ministerio pero no sirven en nada en la iglesia. Y así podemos seguir mencionando las cosas que uno desea tener, pero si no hacemos algo, seguiremos sin recibir.

¿Estás enfrentando problemas que parecen no tener solución? ¿Has clamado a Dios y esperado en sus promesas, pero la respuesta no llega?

Analiza si después de orar has intentado buscar la solución a tu problema, si no lo has hecho, empieza hoy. Ora y usa lo que Dios ya te dio, como en el caso de Moisés, que tenía la vara en su propia mano y sólo debía extenderla. A veces, la mayoría de las soluciones a nuestros problemas están en nuestras propias manos, porque Dios siempre nos da sabiduría y recursos para que, con su bendición, resolvamos nuestras situaciones.

Dios te respaldará y no te abandonará. Solamente necesitas confiar en Él y buscar cómo solucionar  la situación que tienes.

Oremos:

Señor, hoy me doy cuenta que me falta dar ese primer paso de fe, por favor ayúdame y dame sabiduría para solucionar mis problemas. Que mis oídos puedan estar atentos a tus instrucciones y mandamientos. Yo sé que Tú me has dado recursos para salir de mi situación y estoy seguro que con tu ayuda lo lograré. Me encomiendo en tus manos y creo que serán tiempos mejores para mi vida, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quieres ver agua en el desierto?

A veces, el problema que está delante de nosotros es tan grande que nos impide visualizar la solución con los ojos de la fe, así como a una persona sedienta le resulta difícil asimilar un oasis en medio de un desierto.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Hebreos 11:11 (RVR 1960).

Abraham recibió una promesa de parte del Señor, y esta era que su esposa iba concebir un hijo siendo una mujer mayor de edad o como la Biblia dice: “fuera del tiempo de la edad”. Seguramente, para los que lo rodeaban era complicado creer en el cumplimiento de esta promesa, y quizá hasta se burlaban de ellos, pero la fe que tenían les dio fuerza para recibir lo que esperaban.

Recuerda que: ¡Nada es imposible para Dios!

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960).

Otro milagro que ocurrió por la fe se relata en la historia Ana, quien deseaba con todo su corazón tener un hijo, y al final recibió lo que deseaba: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente…” Ana era una mujer que clamaba a Dios porque tenía fe, sabía quién era Él y lo que podía hacer.

¿Tienes un problema demasiado grande? Este tiempo no te apartes del Señor, ni te desanimes de orar y estudiar su palabra ¡Al contrarío! Te aliento a acercarte a Dios con fe, así como Sara o Ana, confiando en Dios y clamando por tu petición.

 ¿Necesitas un milagro? ¡Entonces ten fe en el Señor!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Clama a mí

Todos en algún momento de nuestras vidas pasamos por situaciones difíciles y dolorosas que a veces no sabemos cómo afrontar, nuestro corazón se llena de desesperación buscando de alguna manera poder solucionar ese problema.  La mente se nubla y  lo que hacemos es buscar ayuda en personas  para  refugiarnos y poder sentirnos seguros olvidando así lo que Dios nos manda:   “E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás”. Salmos 50:15

Al rey Ezequías le tocó vivir un tiempo muy duro en un momento de su vida, él había enfermado e iba a morir. Después de enterarse  que no viviría mucho  más, su corazón se llenó de angustia.  En ese momento crítico de su vida Ezequías buscó a Dios en oración diciendo: “Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro”. 2 Reyes 20:3   Su oración fue escuchada por el Señor, quien lo  libró de la muerte, lo sanó y le añadió quince años más a sus días.

Durante los momentos de prueba y angustia  debemos buscar a Dios en oración, la solución y la respuesta a nuestro problema está en Él.  No busques en tus fuerzas la salida a todo lo que te pasa, recuerda que Dios mismo dice: “E invócame en el día de la angustia…”.

Aprendamos a hacer lo mismo que hizo el Rey Ezequías en medio de su angustia, acudamos al dador de la vida aún cuando las situaciones sean difíciles de afrontar en su momento. En su palabra dice que la oración del justo puede mucho,  el Señor te librará,  hará un milagro y te bendecirá en gran manera.

 “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Jeremías  29:12-13
Por Miguel Ángel Veizaga

 

 
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¿No quieres cantar?

En la vida enfrentamos episodios que traen preocupación y tristeza por lo que no tenemos fuerzas para cantar, ni deseos de contentarnos. Así se encontraba el pueblo de Dios:

“Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” Salmos 137:1-4

El pueblo del Señor se encontraba en una situación preocupante, fue llevado cautivo a Babilonia, estaban tristes, recodaban sus hogares, el pasado, el tiempo de felicidad que tuvieron y lloraban. Los que los sometieron les pidieron que cantasen, pero ellos habían colgado sus arpas.

Es fácil criticar y decir: “¡Que canten si tienen a Dios!” Esas personas se parecen al ladrón que crucificado a lado de Jesús decía: “si eres hijo de Dios sálvate tú”. No tenemos un corazón de piedra y la realidad es que a veces podemos sentirnos tristes o preocupados hasta que Dios pone un cántico nuevo en nosotros.

Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. Salmos 40:1-3

El salmista nos enseña una gran lección, en el tiempo de desesperación se tiene que clamar a Dios y esperar pacientemente la respuesta.

Si te encuentras triste o preocupado te animo a clamar y esperar en Dios, orando y estudiando su palabra, porque sólo Él te sacará del pozo de la desesperación y te pondrá en el camino indicado. Las personas que te vean temerán y confiarán en Dios por lo que hace en tu vida y porque a pesar de la aflicción tienes una nueva esperanza, un cantico nuevo.

¡Búscalo, entrégale tus cargas y empieza a cantar!

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No tengo esperanza

La Palabra de Dios da a conocer la historia de un hombre que buscaba a Jesús desesperadamente porque su hija se encontraba en un estado crítico.

Mientras él regresaba con Jesús, vinieron de su casa para decirle que no moleste más al maestro porque su hija había muerto, en otras palabras, que deje de clamar y pedir porque no había esperanza.

“Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. 

Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.” Marcos 5:21-24

“Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.

Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente.” Marcos 5:35-42

¿Cuál es la dificultad que estas enfrentado? Es posible que las personas que te rodean crean que no existe esperanza para ti, incluso que tú mismo pienses que tu problema no tiene solución y que estás perdiendo el tiempo buscando a Jesús; pero en este momento Él te dice: “No temas, cree solamente”

 

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Dolor de un padre

Pedro era un padre trabajador, su esposa lo había abandonado con un hijo, al cual se dedicaba con mucho esmero y amor. Mientras su hijo crecía fue haciéndose cada vez más rebelde y lastimaba constantemente a su padre con palabras hirientes, las cuales Pedro siempre perdonaba.

Un día el joven llegó ebrio y golpeó a su padre hasta casi matarlo, los vecinos fueron a ayuda  a Pedro, por lo que el joven tuvo que escapar. A pesar de los golpes recibidos por su hijo y la presión de sus amigos para que lo denunciara, él solamente quería saber si su hijo se encontraba bien. Después de enfrentar escasez y hambre, el muchacho volvió arrepentido y sin pensarlo dos veces su padre lo perdonó nuevamente.

Las personas que lo rodean critican este accionar puesto que piensan que el joven volverá a hacer lo mismo, pero Pedro sólo cree que su hijo merece otra oportunidad para ser una mejor persona, a pesar que muchas veces le ha fallado.

“Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban otra vez a ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias muchas veces los libraste. Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos…” Nehemías 9:28-29

“Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.” Nehemías 9:31

Israel se olvidaba de Dios cuando tenía paz,  no atendía a sus mandamientos, no escuchaba las amonestaciones, no le servía, ni se convertía de sus malas obras, hasta que sufría. Cuando el pueblo de Dios enfrentaba el dolor, buscaba al Señor y Él los perdonaba, no estaba enojado con ellos, no los desamparó, Dios los amaba y era misericordioso aunque su pueblo le fallaba constantemente.

Podemos criticar al pueblo de Israel pero quizás somos semejantes a ellos ¿Cuántas veces has fallado a Dios? Aunque en este momento estés haciendo algo que no le agrada, quiero recordarte que Él te ama y está preocupado por ti, acércate una vez más, porque Él es bueno. Recuerda que por su misericordia aún  tienes la oportunidad de arrepentirte,  acercarte y clamar otra vez, porque lejos de Él nada podrás hacer.

Nunca llegarás lejos luchando contra Dios, nunca podrás huir de su presencia, arrepiéntete y dale gracias porque a pesar de todo lo que has hecho Él solamente quiere que te encuentres bien.

 

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Más es mejor

Cuando se habla de trabajo en equipo muchos toman el ejemplo de las hormigas o las abejas, insectos que dentro del reino animal son de los más laboriosos que hay.

En cuanto a las abejas, no hace falta decir que son bastante eficientes dentro de su colonia, pero quizás lo más destacado es que son conocidos por ser los polinizadores más grandes en todo el mundo y por ser esenciales para el mantenimiento del ecosistema.

El cuerpo de estos insectos es velludo, tienen un pelo plumoso sobre el que se pega el polen de las flores sobre las que se posa, también tiene en su pequeña cabeza dos antenitas que le sirven de olfato, para así poder localizar flores.

Como sistema de defensa, cuenta con un aguijón en la cola y un veneno que resulta ser eficiente con intrusos en su colmena. Pero para otros animales mayores, incluso para un hombre adulto, a nivel tóxico, una picadura es intrascendente (a menos que exista alergia), sin embargo el aumento de dosis, es decir, cuando un solo individuo recibe muchas picaduras, puede resultarle mortal.

Es interesante: una sola picadura puede no causar el mismo efecto que causan muchas picaduras. Un animal grande como un oso no podría ser ahuyentado por una sola abeja, pero cuando todas se unen, pueden vencerlo.

Algo similar pasa en los momentos de oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” Mateo 18:19 Versión Reina-Valera 1960

Existen circunstancias y retos en la vida que son más grandes que uno: enfermedades, deudas, adicciones, proyectos, ministerios, aflicciones, problemas familiares, etc. Seamos realistas: muchas veces uno no puede enfrentar ciertas adversidades peleando a solas. Orar a escondidas, sin que nadie se entere para evitar la vergüenza o mantener estatus intachable, no es la mejor elección.

Pero cuando se unen muchas personas, que están orando por una misma causa, las probabilidades de vencer o superar ese momento de calamidad son mayores. Imagínate superar una dificultad grande: tú eres una abeja y un oso se acerca. En ese caso, necesariamente debes buscar apoyo.

No subestimes el poder de la unión de las personas que oran, no te quedes lidiando a solas con tu problema. Escucha el consejo que Jesús hizo, despójate de toda vergüenza o ego, y únete a un grupo que interceda junto a ti para ayudarte.

“…Orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” Santiago 5:16 Versión Reina-Valera 1960

 

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¿Cómo aprenderán si nadie les enseña?

En unas capacitaciones con estudiantes, para la prevención de la violencia sexual infantil, se pudo conocer la historia de varios niños que estaban sufriendo en silencio. Las estadísticas van en aumento porque los niños no tienen conocimiento de sus derechos, permitiendo que el agresor los intimide y así pueda evitar una denuncia, lo que le permite pasear libremente por las calles.

En las capacitaciones los niños entendieron que callarse empeoraba la situación en la que se encontraban y al conocer sus derechos, tuvieron la valentía de denunciar, expresando con libertad sus sentimientos para poner fin a al sufrimiento ¿Cuánto bien les hizo conocer este tema?

Un pastor decía “si el conocimiento cuesta, la ignorancia cuesta más” La realidad es que muchas personas sufren en silencio como estos niños, se encuentran en depresión, con dependencias al alcohol, drogas, pornografía y más, por no conocer otra salida como es el amor de Dios; destruyen sus vidas sin saber que alguien puede librarlos y darles paz.

En esas acciones autodestructivas las personas simplemente muestran la necesidad de Dios, se encuentran como un niño perdido que necesita dirección, pero El Señor te hace esta pregunta ¿Cómo van a clamar si aún no les predicas? ¿Cómo van a creer si aún no han escuchado de Mí? ¿Cómo van a escuchar si no hay alguien que les enseñe?

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Romanos 10:14

El Señor nos ha dado la responsabilidad de hacer que las personas que nos rodean lo conozcan, y por medio de nosotros puedan invocar su nombre. ¿Estas cumpliendo el llamado de Dios? No es tarde para ser obediente y sorprenderte de lo que verás, porque no hay nada tan satisfactorio que ver a una persona libre gracias a ti.

 

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Dios es tu Padre

Un niño estaba de pie en la playa viendo a un barco de pesca bordear la costa, hacía muchas señales para llamar la atención de los pasajeros. Cerca de él había un hombre que lo estaba observando y le dijo:

-“¡No seas tonto, el barco no va a cambiar de rumbo aunque muevas los brazos!”.

Pero inesperadamente el barco viró y se acercó a la orilla. Echaron un bote al mar en el que fueron a recoger al niño.

Una vez a bordo, el gritó desde la cubierta: “¡Caballero, no soy tonto; el capitán del barco es mi padre!”.

Muchas veces los problemas y algunas personas intentarán desanimarte a que sigas confiando y esperando que Dios haga algo a tu favor; es precisamente en esos momentos en los que debes recordar que el Creador del cielo y la tierra es tu Padre, el único capaz de cambiar las circunstancias que estás viviendo tan sólo porque tú se lo pidas, porque no eres un desconocido sino su hijo y El está atento a tu clamor.

Ten fe y acércate a Dios creyendo que existe; que nada ni nadie te haga dudar de su amor y poder, porque como dice en Mateo 7:11 “Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón Dios, su Padre que está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan”.

A pesar de su silencio en algunas ocasiones o de creer que ya no hay una solución para tu situación, mantén tu vista y confianza sólo en Dios; sin importar lo que digan los demás ni lo que por el momento estés alcanzando a ver, sigue clamando y ten la seguridad de que Él está escuchando cada una de tus oraciones, que al igual que el padre del niño de la playa, te rescatará porque te ama y tiene cuidado de ti.

No hay clamor que nuestro Padre Celestial no oiga, ni dolor que ignore, su Omnipotencia, Misericordia y Amor están disponibles para ti todos los días.

 

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¿Alguien te ha decepcionado?

¿Acaso no es común que las personas te decepcionen? Posiblemente alguien que era importante para ti te ha dado la espalda o de repente se ha puesto en tu contra, podría ser tu padre, madre, hijo, tu mejor amigo o incluso tu pareja. Lo más lamentable  es recibir una decepción de alguien en quien hemos confiado, ya que su efecto es mucho más dañino.

Recuerdo una oportunidad en la que alguien se quejaba mucho de lo decepcionado que se encontraba por diferentes personas, a lo que un amigo le respondió: “Para decepcionarme de alguien tendría que decepcionarme primero de mí mismo”. Su respuesta se entendió como que antes de enojarse con el otro, se debía de analizar si uno está cumpliendo o no con los que confían en él.

“Y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.

Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó.” Números 15:22-25

En esta ocasión el pueblo de Israel enfrentaba una decepción terrible, puesto que se encontraban tres días por el desierto sin encontrar agua y cuando finalmente encontraron un pozo, ¡éste tenía agua amarga! Era normal que todos se encontraran decepcionados, su error fue en enfocar su enojo en Dios y en su siervo Moisés por lo que murmuraron contra él. Lo bueno es que Moisés fue diferente, en ningún momento mostró que estaba molesto con el Señor, sino que clamó a Jehová y recibió respuesta.

Muchos manifiestan estar decepcionados de Dios cuando algo inesperado se les presenta, entonces dejan de buscarlo, de orar, de ir a la iglesia, no son como Moisés y por tanto, tampoco recibirán respuesta. Lamentablemente enfocan su enojo contra Él,  porque  no les concedió lo que deseaban, pero tampoco claman a Él, ni le preguntan  cuál es su voluntad.

La verdad es aquellas personas que dicen estar  decepcionadas  de Dios, antes tendrían que auto evaluarse y preguntarse: ¿He sido un buen hijo? ¿He sido obediente a su palabra? ¿El Señor tendría que estar decepcionado de mí? Si estás enfrentando una situación difícil te animo a clamar a Dios y pedirle ayuda, a que dejes de quejarte y  te esfuerces para orar y leer su palabra, porque solo así conocerás su voluntad.

¡Antes de enojarte, decepciónate de ti primero y cambia!

 

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Sigue insistiendo e intercediendo

Interceder significa rogar, pedir por otro para obtener una cosa. También consiste en: abogar, intermediar, intervenir o mediar. Es la acción de hablar en favor de alguien para librarlo de un problema o para procurarle un bien.

La definición del diccionario bíblico es ponerse en el lugar de otro. En otras palabras, quien intercede, actúa como nexo entre una persona y Dios.

El capítulo 18 del libro de Génesis nos relata cómo Abraham intercedió ante Dios para que Sodoma no fuera destruida. Entonces Dios le dijo a Abraham: -Ya son muchas las quejas que hay en contra de Sodoma y Gomorra. Ya es mucho lo que han pecado. Iré allá y veré con mis propios ojos si es verdad todo lo que me han dicho.

Abraham le respondió: -No me digas que vas a matar a los buenos junto con los malos. Supongamos que en la ciudad se encuentran cincuenta personas buenas. ¿No perdonarías, por esas cincuenta personas, a todos los que allí viven? ¡Tú eres el juez de toda la tierra! ¡Tú no puedes matar a los que hacen lo bueno junto con los que hacen lo malo! ¡Tú eres un Dios justo!

Y Dios le contestó: -Si encuentro en Sodoma cincuenta personas buenas, por ellas perdonaré a toda la ciudad.

Pero Abraham volvió a decir: -Dios mío, perdona mi atrevimiento de hablar contigo, pues ante ti no soy nada. Pero, ¿qué pasará si en toda la ciudad sólo hay cuarenta y cinco personas buenas? ¿Destruirás de todos modos la ciudad?

Dios respondió: -Si encuentro esas cuarenta y cinco personas, no la destruiré.

Una vez más, Abraham dijo: -¿Y qué tal si sólo encuentras cuarenta?

Dios le aseguró: -Por esos cuarenta, no destruiré la ciudad.

Pero Abraham insistió: -Dios mío, no te enojes conmigo si sigo hablando; pero, ¿qué pasará si no hay más que treinta personas buenas?

Y Dios le dijo: -Si encuentro esas treinta personas, no destruiré la ciudad.

Abraham volvió a insistir: -Dios mío, realmente soy muy atrevido, pero ¿si sólo se encuentran veinte?

Dios respondió: -Hasta por esos veinte, no destruiré la ciudad.

De nuevo dijo Abraham: -Yo te ruego, Dios mío, que no te enojes conmigo, pero sólo insistiré una vez más. ¿Y qué tal si sólo se encuentran diez?

Y Dios le aseguró: -Por esos diez, no destruiré la ciudad.

A los pocos días Abraham se levantó temprano una mañana y salió de prisa al lugar donde había estado hablando con Dios. Miró al otro lado de la llanura, hacia Sodoma y Gomorra y vio que subían columnas de humo como si hubiera una gran hoguera.

Fue así como Dios destruyó las ciudades del valle, pero se acordó de Abraham y salvó a Lot y a toda su familia, de ésta terrible destrucción.

Sigamos el ejemplo de Abraham, que intercedió por su sobrino y Dios lo escuchó. De la misma manera, nosotros también supliquemos por nuestras familias y seres queridos, para que Dios tenga misericordia de ellos y los salve, que ninguno deje éste mundo sin haberlo recibido en su corazón como su único Salvador.

No nos cansemos de orar por ellos, porque Dios es bueno y no permitirá que se pierdan. A pesar de no ver significativos cambios en sus vidas, no nos cansemos de interceder por su salvación, porque Dios puede usar la vida de otras personas e incluso circunstancias para que ellos procedan a arrepentirse de la manera en la que están viviendo y entiendan que los placeres de ésta vida son pasajeros pero la recompensa de agradar a Dios y cumplir sus mandamientos es eterna.

Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta. Lucas 11:9-10

 

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¿Estás cerca de Dios?

¿Te has puesto a pensar sobre la oración en la iglesia? Si volvemos al libro de los Hechos podemos ver la vida de grandes hombres de Dios. Por ejemplo, los primeros discípulos eran hombres sin letras y del vulgo pero que maravillaban a muchos. Hombres que después de sufrir amenazas y afrentas doblaban rodillas para pedir fortaleza y valor (Hechos 4:29-30), para tomar una decisión (Hechos 1:24), para pedir sanidad (Salmos 30:2), por un milagro (1 Samuel 1:10-11).

Si recorremos todos los libros de la Biblia, vemos que cada hombre que caminaba con Dios: Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, los Jueces de Israel, el Rey David, los Profetas, Jesucristo y los Apóstoles tenían una vida de oración que les permitía estar cerca de Dios y alcanzar su favor.

Sin embargo, la iglesia de hoy se ha acostumbrado a no orar, ya no dobla rodillas,  no se quebranta en la presencia de Dios ni clama delante de Él.

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. Jeremías 2:13

¡Cómo es posible que la iglesia de hoy no ore! En éste versículo vemos el reclamo de Dios a su pueblo que dejó de estar cerca de Él para dedicarse a actividades que lo apartan de su comunión. La Biblia nos enseña que cavar cisternas rotas es trabajar para sí mismo, dejarse arrastrar por los afanes de la vida sin obtener ningún resultado de su trabajo.

Esta frase revela una gran verdad de la iglesia actual:

“La iglesia hoy está empobrecida en muchas áreas, pero lo está aún más en la oración. Tenemos muchos que organizan, pero pocos que agonizan; muchos que juegan, otros que pagan, pero pocos que oran; muchos que cantan, pocos que imploran; muchos pastores, pocos guerreros; muchos temores, poco clamor; mucha demostración, pero poca compasión ; muchos que interfieren, pocos que interceden; muchos escritores, pero pocos luchadores. Fallando en esto fallamos en todo.” Leonard Ravenhill.

La oración te acerca a Dios ¿Estás cerca de Él? ¿Eres quebrantado? ¿Tienes el toque del Espíritu Santo? Estar cerca de Dios produce amor por Él ¿Es Cristo el amor de tu alma? ¿Tu amor por Cristo va creciendo y te está consumiendo el corazón? Es tiempo de reflexionar sobre tu vida de oración. Si hasta hoy la oración no era tu prioridad ponte de rodillas, pídele a Dios que te perdone y te ayude. Recuerda que: “El llamado de la predicación está abierto a pocas personas, pero el llamado a la oración, la más alta de todas las ocupaciones humanas, está abierta para todos”

¡Busca a Dios hasta que digas con toda sinceridad: “Dulce hora de la oración”!

 

 

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