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No puedes ser cristiano si no lees tu Biblia

¿Alguna vez te preguntaste por qué de entre tantos medios de comunicación, Dios eligió la Biblia para revelar su mensaje a los seres humanos? ¿Por qué Dios no nos envió una imagen que lo represente?

El cristianismo se basa en el lenguaje escrito y no en imágenes:

Uno de los 10 mandamientos dice: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” (Éxodo 20:4, RVR1960) Este versículo no solo hace referencia a la idolatría, sino que también señala de manera contundente que la comunión con Dios no se da por medio de imágenes. Para comprender mejor porqué Dios prefirió el lenguaje escrito sobre las imágenes, primero debemos de saber el impacto que tiene la lectura en nuestra vida.

Neil Postman, académico en temas de medios de comunicación, explica que las personas centradas en las palabras piensan de manera diferente de aquellos que se centran en las imágenes. Para tener una mejor idea de lo que a esto se refiere, Postman hace una clara distinción entre la lectura y el mirar televisión:

Lectura  Televisión
  • Demanda concentración absoluta.
  • Genera razonamiento lógico.
  • Impulsa la acumulación de conocimiento.
  • Promueve la exploración de ideas.
  •  Demanda poca concentración.
  • Solo genera respuesta emocional.
  • Fomenta la fragmentación de conocimiento.
  • Provoca anti intelectualismo.

“La centralidad de la Biblia significa que el acto mismo de leer puede tener significado espiritual”, afirma Gene Edward Veith Jr en su libro Reading Between the Lines. Veith Jr explica que, a diferencia de otras religiones, donde le dan mayor importancia a otros medios para comunicarse con Dios, el cristianismo centra su rol en el lenguaje.

Para conocer a Dios debemos entablar comunicación con Él por medio de la oración y la lectura de la Biblia. Cualquier otra manera de recibir un mensaje de Dios debe estar acorde a lo que dice su Palabra, pues, la Biblia es el único libro inspirado por Dios, Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17, RVR1960) Por lo tanto, es seguro manifestar que no se puede ser seguidor de Cristo si no se lee la Biblia.

Entonces, si quiero seguir a Jesús ¿no puedo leer otros libros?

El hecho de que la Biblia sea el libro que todo cristiano debe leer, no significa que debe ser el único. Hay una amplia variedad de temas en los que deberíamos instruirnos, pero debemos ser precavidos en lo que escogemos. Filipenses 4:8 (NTV) dice: “Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.” Además, si hay algún área en especial en la cual necesitemos mayor comprensión, Dios puede darnos la sabiduría necesaria (Santiago 1:5).

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Quiero ser cristiano porque no quiero ir al infierno

Cada uno tiene un motivo por el cual decidió entregarle su vida a Jesús, y aunque cada caso es especial, hay una razón errónea por la cual muchos se involucran en el cristianismo: el miedo al infierno.

Por medio de la Biblia aprendemos que sólo somos pasajeros por este mundo y que nuestro destino final es el cielo. El deseo de Dios es que todos seamos salvos y pasemos la eternidad con Él; sin embargo, los que rechazan el sacrificio de amor que Él hizo por medio de Jesús, automáticamente ya han elegido pasar la eternidad sin Él.

¿Qué sucede cuando eres cristiano solo porque no quieres ir al infierno?

Amar a Dios solo porque tienes miedo al infierno es igual que estar en una relación sentimental solo porque tu pareja te da dinero. Dios nos ha dado la libertad de escoger y Él nunca obliga a nadie. Pretender amar a Dios para evitar el infierno es un acto egoísta y es una manera de burlarse de Él. No obstante, nadie puede engañar a Dios (Gálatas 6:7) pues Él lo sabe todo (Salmos 139).

¿Amarías a Dios aún si no existiera el cielo o el infierno?

El «Soneto a Cristo crucificado», también conocido como «No me mueve, mi Dios, para quererte», es un poema que data del siglo XVI. Aunque se desconoce la identidad del autor, por sus palabras se puede decir que era una persona que amaba profundamente a Dios y que no necesitaba saber del cielo o el infierno.

Después de leer este poema, ¿podrías decir lo mismo que este autor? ¿Qué es lo que te motiva?

Si eras cristiano por temor al infierno o porque quieres ir al cielo, aún estás a tiempo de cambiar. Acude a Dios en oración y cuéntale tus temores, dudas, y pecados. Él te conoce mejor que nadie y te ayudará a comenzar una nueva vida sincera y llena del verdadero amor que solo Él puede dar. Cuando comiences a amar a Dios por quien Él es, y no por lo que pueda ofrecerte, verás que tu vida cambiará en todos los aspectos.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

9 características que todo cristiano debe tener

Ser cristiano significa seguir el ejemplo de Jesús. Cuando lo aceptas en tu vida, Dios se convierte en el dueño y Señor de todo lo que tienes; y por lo tanto, tu vida cambia. Gálatas 5:22-23 (TLA) dice: “El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.” De este versículo se entiende que todo cristiano que verdaderamente tiene a Jesús en su corazón, debe reflejar las siguientes características:

Es imposible que alguien diga que es cristiano y no refleje amor. Esto en sí ya es una contradicción directa, pues, Dios es amor. La Biblia no nos dice que amemos cuando el amor es recíproco, o cuando la otra persona lo merece; sino que amemos a otros de la misma manera en que lo hacemos con nosotros mismos. Sin embargo, para amar a otros, primero debemos amar a Dios. Marcos 12:30 dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”, una vez que cumples esa parte, amar a los demás es un simple reflejo de lo que ya llevas dentro: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo” (v. 31 TLA).

Demostrar alegría no significa sonreír todo el día. Cuando eres cristiano, entiendes que tu lugar no está en la Tierra y que, por lo tanto, las cosas que aquí ocurren son pasajeras. Cada aflicción, problema, tristeza, o preocupación es nada comparado con la eternidad que nos espera. Colosenses 3:2 nos dice que fijemos nuestra atención en lo eternal; y cuando piensas en el cielo que Dios nos tiene preparado, la alegría que Él pone en nuestros corazones se muestra en cada área de nuestra vida.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” (Filipenses 4:4, NTV).

Ser cristiano no significa estar libre de problemas, sino tener la paz y seguridad de Dios cuando estas cosas ocurren. Juan 16:33 (NTV) dice: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Hay muchas técnicas y ejercicios que prometen traernos paz; sin embargo, la paz que Dios da no se iguala a ninguna otra, pues, su paz no es circunstancial, sino que es duradera.

La paciencia es algo que todo cristiano debe reflejar, independientemente de su personalidad. Ser paciente demuestra confianza, esperanza, amor, fe e inteligencia (Proverbios 14:29). Si alguien no es paciente, se puede perder las más grandes bendiciones que Dios tiene para su vida.

Ser amables implica demostrar un genuino interés por la otra persona. Filipenses  2:3-4 (DHH) dice: “..que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” Uno puede practicar la amabilidad desde pequeños gestos y esforzarse para hacer que otros vean el fruto del amor que Dios nos da.

Hay distintas maneras de demostrar buen trato y una de ellas es con las palabras. Efesios 4:29 nos advierte que debemos decir palabras que edifiquen a la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. Debemos de tratar bien a otros, incluso cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros. En Mateo 5:43-44 (TLA) también nos recomienda a orar por aquellos que no nos desean lo mejor: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo.”

Dios nos pide depositar toda nuestra confianza en Él, sin importar los momentos difíciles que pasemos, así como dice Hebreos 11:1 (TLA): “Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.” Dios sabe recompensar a quienes le tienen fe, pues, al hacerlo le estamos demostrando fidelidad. Al ser fiel a Dios, le estás poniendo por sobre todo lo demás en tu vida; y cuando lo haces, todas las cosas siempre trabajan para bien.

La humildad no puede faltar en los cristianos. Efesios 4:2 (TLA) dice: “Sean humildes, amables y pacientes, y bríndense apoyo, por amor, los unos a los otros.” Ser humilde es aceptar que sin Dios no podemos ser nada, y que, gracias a Él lo tenemos todo. Humildad no es sinónimo de baja autoestima ni pobreza, sino de dejar que Dios sea más importante que nuestro yo.

1 Corintios 10:23 (TLA) dice: “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.” Dios nos ha dado la libertad para elegir entre el bien y el mal. Cada elección que hagamos tiene una consecuencia. A diferencia de los animales, Dios nos entregó dominio propio para que aprendamos a controlar nuestros malos deseos. Quien necesite ayuda para gobernar sus impulsos, puede acudir a Dios para que Él le dé la fortaleza necesaria.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cristianismo en la cultura

Fui invitado para una entrevista en una radio argentina sobre “Cristianismo y cultura”. Propuse corregir el título de la misma a “Cristianismo en la cultura” porque la “y” sugiere que ambos conceptos van por diferentes carriles y tal noción me parece incorrecta. El cristianismo es un componente de la cultura, no algo diferente y ajeno a ella.
Tal vez valga la pena precisar que cristianismo no es lo mismo que Cristo, Hijo de Dios encarnado. El cristianismo es la expresión humana institucional de quienes se reconocen a sí mismo como seguidores del Cristo. Por eso es correcto afirmar que es parte integrante de la cultura y no algo distinto. Es importante señalar esto porque como en todos los “ismos”, los cristianos se ven tentados a absolutizarse ellos mismos en tanto cristianos. Pero ese es el lugar de Dios, no el de ellos.
En tanto componente cultural, el cristianismo forma parte del acervo religioso al igual que las otras religiones. La religión es uno de los componentes de la cultura, tales como la tradición y las costumbres, el lenguaje, la educación, la política, la economía, la ciencia y el arte.
Desde sus comienzos y hasta más o menos el siglo 16 el cristianismo era una fuerza cultural predominante en Europa y en todos los territorios conquistados por ella. Formaba parte integral de la vida individual y social. Concedamos que hubo épocas oscuras de su acción en la cultura, pero no podemos negar que así y todo fue determinante en la historia de los pueblos que llegó a tocar.
Desde el Renacimiento hasta hoy, el cristianismo fue cediendo su posición como protagonista y referente de la cultura hasta quedar reducido a una de las tantas opciones religiosas disponibles hoy. El despertar que tuvo con la Reforma protestante se fue apagando en la medida que resolvió confinarse al ámbito de la salvación personal, la vida cristiana institucional y una actividad evangelística y misionera que ha tocado a poco más del 10% de la población mundial.
Si el cristianismo va a volver a ser una fuerza cultural importante en la sociedad va a exigir a los cristianos a retomar la idea de la Biblia como una cosmovisión integral y a Dios como soberano sobre todas las cosas humanas y no sólo las referentes a la salvación y la evangelización. Si eso no sucede, el cristianismo seguirá siendo un actor secundario en la cultura contemporánea.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Remanente se busca

Una sociedad funciona si tiene un sólido fundamento de valores, y esos valores son normalmente de carácter religioso. Si esos valores se van debilitando, los seres humanos pierden sus raíces espirituales. El islam está en auge porque desde el punto de vista espiritual tiene un fundamento muy fuerte. En Europa en cambio el cristianismo está en retroceso.

Lo leí en un periódico y recorté el fragmento. Olvidé anotar el nombre del entrevistado; tal vez era un escritor o pensador francés. Fue magnánimo al mencionar el retroceso del cristianismo en Europa. Es políticamente incorrecto decir esto pero hay que hacerlo de tanto en tanto: El cristianismo en realidad está en retroceso en todo el mundo. No la religiosidad cristiana o algunos aspectos culturales de su presencia. Lo que está diluyéndose es el cristianismo que revolucionó a Jerusalén en el año primero, que dio forma al mundo occidental durante casi mil años y que inspiró la Reforma del siglo 16. Ese cristianismo experimenta su mayor debilidad histórica.
El debilitamiento se refiere a la progresiva licuefacción del compromiso radical que los cristianos tenían para confrontar la cultura y penetrar el tejido social y el ámbito público. Los modos y costumbres de la postmodernidad han entrado profundamente en la mentalidad y en la vida de los creyentes.
Se expresa asimismo en la decadencia de contenido tanto en el mensaje como en la música de los cristianos. Hay una apelación cada vez mayor a los únicos valores que dominan a la gente de hoy: prosperidad y paz personal. En sus mensajes y producciones artísticas hay una constante referencia al bienestar psicológico y emocional. Por otro lado se nota más que nunca la ausencia de participación pública.
Los valores a que alude el autor del fragmento que encabeza estas líneas van siendo más y más discurso, menos y menos acciones. Hay sociedades y comunidades que se llaman a sí mismas cristianas pero de eso no queda mucho más que un residuo al que la Biblia llama el remanente.
Seguramente cause escozor la referencia al auge del islam, más que nada porque se asocia con el terrorismo. Pero no es inexacta la observación: el islam tiene una cosmovisión integral, es decir la fe abarca todos los aspectos de la vida pública y privada.
Retornar a una visión más amplia de la gente y del mundo permitiría a los cristianos aportar los conceptos que faltan a la sociedad en que vivimos.
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Te aburre leer la Biblia?

Algunas personas dicen que no leen la Biblia porque les parece aburrida, pero como dice Wes McAdams: “El entretenimiento es como la comida chatarra para tu corazón, alma y mente. (…) Las Escrituras, por otra parte, es como un festín nutritivo. Es como la carne y las verduras. No sólo sabe bien, sino que es bueno para ti”. Estamos acostumbrados a consumir información rápida, que sea simple, y sobre todo, fácil de analizar. Tal vez éste sea el motivo por el cual la lectura de la Biblia se convierte en una tarea pesada de realizar, pues, la Palabra de Dios debe ser estudiada y examinada con detenimiento. Nadie puede decir que conoce a Dios si no lee el libro que Él inspiró.

Si la Biblia se ha vuelto aburrida de leer, o si crees que es demasiado complicada para entenderla, entonces haz lo siguiente:

1. Ora:

“Llámame y te responderé. Te haré conocer cosas maravillosas y misteriosas que nunca has conocido.” (Jeremías 33:3 TLA)

Dios le otorga sabiduría a quien le pide. Para entender Su palabra, lo primero que debes hacer es orar para que Dios te ayude a comprender lo que vas a leer. Cuéntale sin temor lo que te ocurre y pídele que te dé entendimiento para que recibas el mensaje de Dios para tu vida.

2. Lee una versión diferente:

“El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.” (Mateo 24:35 NTV)

Las versiones más conocidas de la Biblia tienen un lenguaje que se utilizaba el siglo pasado; así que, si no entiendes algunas palabras o frases es aconsejable que consigas una traducción más actual. Esto te ayudará a comprender mejor lo que quiere decir y a disfrutar la lectura.

3. Acompaña tu lectura con un devocional:

Todo lo que está escrito en la Biblia es el mensaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. De ese modo, los servidores de Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien.” (2 Timoteo 3:16-17 TLA)

Los devocionales explican un versículo bíblico o una historia en concreto. Esto hace que uno aprenda más de la Biblia y pueda aplicarlo en su vida diaria. Si deseas recibir devocionales gratuitos en tu correo electrónico, suscríbete en: http://cvclavoz.com/zonas/te-ayudamos/devocionales/

4. Participa de reuniones:

“Porque allí donde dos o tres de ustedes se reúnan en mi nombre, allí estaré yo.” (Mateo 18:20 TLA)

Reúnete con otras personas que comparten tu fe y estudien la Biblia juntos. Procura que entre ellos esté algún pastor o líder, de manera que te ayude a despejar las posibles dudas que tengas.

5. Lee un estudio bíblico:

“Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas.” (Josué 1:8 NTV)

Los estudios bíblicos son libros que tienen estudios profundos sobre la Biblia, desde el origen de las palabras en su idioma original, hasta el contexto en que fueron escritas. Esto te ayudará a ampliar tus conocimientos bíblicos y a tener un mejor entendimiento de lo que Dios quiere decirte.

6. Establece recordatorios o alarmas:

“Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos.” (Hebreos 4:12 NTV)

Haz que la lectura de la Biblia sea una práctica constante en tu vida. Para que se convierta en un hábito puedes utilizar diferentes herramientas que te permitan recordar la hora de lectura. Por ejemplo, puedes poner alarmas en tu celular, pedirle a alguien que te lo recuerde, etc.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

5 señales de que debes volver a tu primer amor

Sin embargo, hay algo que no me gusta de ti, y es que ya no me amas tanto como me amabas cuando te hiciste cristiano. Por eso, acuérdate de cómo eras antes, y vuelve a obedecer a Dios. Deja de hacer lo malo, y compórtate como al principio.” – Apocalipsis 2:4-5 (TLA)

La primera vez que aceptas a Jesús en tu corazón, es una experiencia inolvidable, y a ese momento se le llama el primer amor. Sin embargo, con el paso del tiempo puedes sentir que ya no tienes la misma emoción que antes. Es allí cuando uno puede llegar hasta el extremo de endurecer su corazón y alejarse por completo de Dios. Antes de que eso ocurra, hay que estar alertas de las señales y volver al camino a tiempo:

1. Te sientes menos gozoso al leer la Biblia:

Toda persona que desee conocer mejor a Dios debe leer la Biblia. Nadie puede decir que sigue los pasos de Jesús si no ha leído sobre sus enseñanzas ni su vida; es por ello que es importante tener un tiempo de lectura diaria de la Palabra de Dios. De manera que cuando alguien comienza a perder el gozo que produce el leer la Biblia, entonces es una señal de que su corazón no está siendo receptivo al mensaje que Dios quiere transmitirle.

2. Vas a la iglesia por costumbre u obligación:

Los cristianos no pueden ser solitarios. La Biblia dice que debemos reunirnos (Hebreos 10:25), compartir con otros de la misma fe, y escuchar lo que Dios tiene que decir (Romanos 10:17). Si bien Dios no se encuentra en un lugar físico en especial, a Él le importa que asistamos a un sitio donde se alabe su nombre (Mateo 18:20). Sin embargo, si comienzas a ir a la iglesia para hacer vida social, porque ya es costumbre, para que otros no hablen mal de ti, o para fijarte en lo que hacen los demás; entonces tu errada motivación te alejará de Dios.

3. Te preocupas más por otros asuntos que por tu comunión con Dios:

Pese a que es difícil desligarse de las obligaciones que tenemos en el trabajo, los estudios, la vida social, etc.; la comunión con Dios debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas. Cuando comienzas a darle mayor relevancia a otros asuntos; ellos se apoderan de tu corazón y comienzan a manejar tu vida. Una manera de saber si esto te está ocurriendo, es preguntarte:  “¿Cuántas veces he pensado más en otras cosas que en Dios durante este día?” Si en tu respuesta no está Jesús, entonces es momento de volver a tu primer amor.

4. Comienzas a notar errores en todo:

Si llegaste al punto en donde crees saberlo todo con respecto a la Biblia, Dios, y la fe, puede que entonces también creas que eres lo suficientemente capaz como para criticar a los demás. Algunos afirman que la crítica es buena; sin embargo, cuando ésta no promueve el crecimiento, entonces es vana (Romanos 12:16).

5. Oras sin fe:

La oración no puede faltar en la vida de alguien que quiere tener una relación personal con Dios. No obstante, si ésta se convierte en un práctica monótona, donde solo se repite las mismas palabras todos los días; entonces se está haciendo de manera incorrecta. La oración es una conversación con Dios que se hace con fe. Si no estás orando de esta manera, no obtendrás ninguna respuesta.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Características de los que son fuertes en la fe

La fe no se puede medir en cantidades; sin embargo, las personas pueden desarrollar mayor madurez, fe y obediencia como resultado de su compromiso con Dios. Es así como se puede decir que alguien es fuerte en la fe (Romanos 15:1-6). Éstas son algunas prácticas que podemos realizar para llegar a ser como ellos:

1. No ser egoístas:

El conocimiento de cualquier tema relacionado con Dios o que ayude a conocerlo mejor, debe ser compartido. De nada vale acumular estudios si éstos no son de utilidad para otros. Los fuertes en la fe saben que no todos tienen la oportunidad de adquirir conocimientos, por lo tanto, están más que gustosos en ayudar a los demás.

2. No menospreciar a otros:

El saber algo que otros desconocen, no nos otorga el poder de degradar a los demás. Es fácil criticar y señalar los errores de otros, pero las personas maduras nunca se creen más que los que lo rodean.

3. Apoyar a los demás:

No basta con solo dejar de criticar. También se debe prestar ayuda a los que fracasan. Los que son fuertes en la fe saben que nadie está seguro y que todos podemos equivocarnos. Así que prestar apoyo sin juzgar, es una práctica digna que debemos imitar.

4. Ser humildes:

Los que son fuertes en la fe no se jactan de ello, sino que son humildes y prefieren darle la honra a quien verdaderamente se lo merece: Dios.

5. Seguir el ejemplo de Jesús:

Ser cristiano no implica imitar a un líder o pastor. Ser cristiano es seguir el ejemplo de Jesús y tener completo entendimiento de que para ello necesitamos de Dios. Si quieres ser fuerte en la fe, deja que Jesús sea tu modelo de vida y no te dejes influenciar por aquellos que digan lo contrario.

6. Promover la unidad:

Debemos ser pacificadores y no destructores. Ser maduro es estar consciente de que un grupo de personas siempre tendrá diferencias por el simple hecho de que todos somos distintos. Los fuertes en la fe son sabios al momento de promover la unidad y mantener paz en tiempos difíciles.

7. Vivir en esperanza:

Es importante vivir con la certeza de que este mundo es pasajero y que nuestro verdadero hogar nos espera en el cielo. Al comprender esta verdad, podrás afrontar cualquier adversidad y vivir en esperanza, así como muchas otras personas fuertes lo hacen.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

3 lecciones que aprender de los ganadores olímpicos

Los deportistas que están participando en los Juegos Olímpicos Río 2016 saben mejor que nadie lo que se requiere para llegar allí. Su participación en las Olimpiadas no es producto de la casualidad o la improvisación; sino que es un reflejo de años de esfuerzo y trabajo.

En su carta a los Filipenses, Pablo compara a la vida del cristiano con la de un deportista: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Debido a que los cristianos y los deportistas tenemos esto en común, hay lecciones que podemos aprender de los ganadores Olímpicos anteriores:

1. Tomar riesgos:

“El que no es lo suficientemente valiente para tomar riesgos, no logrará nada en la vida” Muhammad Ali, medallista de oro en box.

Quedarnos en nuestra zona de confort es fácil, pues es seguro y nos hemos acostumbrado a ella. No obstante, esto puede privarnos de obtener nuevas experiencias en la vida. Lo mismo sucede con el evangelismo. Incluso las acciones que parecen insignificantes, pueden ayudarnos a conectar con las demás personas y compartir el mensaje de Jesús a otros.

2. Estar preparados:

“Si fallas en prepararte, estás preparado para fallar” – Mark Spitz, ganador de siete medallas de oro en natación.

Jesús no nos prometió un camino fácil. En Hechos 14:22 dice que “es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios”. Por lo tanto, debemos estar en constante comunicación y comunión con Dios; para que cuando esos momentos lleguen, estemos firmes y no estemos prontos a caer.

3. Nunca rendirse:

“‘Respira, cree, y batalla’ Mi ex entrenador, Troy Tanner, nos decía antes de cada partido. Respira- tienes que estar en el momento. Cree- ten fe en que puedes levantarte por encima de ella. Batalla- tienes que estar preparado para ir el tiempo que sea necesario” – Kerri Walsh, dos veces medallista de oro en voleibol de playa.

No se puede llegar a la meta si es que no se avanza. Si nos rendimos a medio camino, o abandonamos, nos convertiremos en simples espectadores de los triunfos de los demás. En la vida del cristiano, este trayecto no es solo por un premio pasajero, sin por uno que durará por la eternidad.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cultura pop

La verdad en ciento cuarenta caracteres. Los grandes principios de la vida en memes reproducidos hasta la náusea en las redes sociales. Los asuntos universales expresados en frases cliché de una línea y media. Artistas populares y conductores de televisión que pontifican sobre la guerra, el cambio climático y la sacralidad de la democracia representativa. Enunciados políticamente correctos sobre las minorías sexuales y el derecho a la privacidad.

Estas son algunas manifestaciones de la cultura popular que, según alguien caracterizó hace algunos días, “no profundiza en nada pero cubre todo”. No es que los temas abordados no sean objeto de legítimo saber. Lo que abruma es la pretensión de conocimiento suficiente y definitivo que tiene la gente sobre cualquier cosa porque lo escuchó en las noticias, vio un documental de Discovery Channel o porque lo leyó en un reportaje de una revista de divulgación científica o de expansión de la mente.

La cultura popular se impone como verdad irrefutable sobre cualquier asunto político, económico, artístico, ético o lo que se te dé la gana; es absolutamente mal visto que alguien cuestione las vacas sagradas que pintan artistas y opinólogos de la farándula. Sienta sus reales en la santidad intocable de internet. Si está ahí, si alguien lo posteó y si encima se viralizó hasta la saciedad, tiene que ser así. ¡Por favor, cómo vas a negar su legitimidad si alcanzó 2,982.630 likes en menos de dos horas! (Si es una imbecilidad, aunque tuviera cien millones de likes en el mismo tiempo, va a seguir siendo una imbecilidad hasta el fin de los tiempos).

Tristemente, ha ganado espacio y legitimidad en los círculos cristianos. No podía ser de otra manera. El cristianismo contemporáneo sigue sumisamente las tendencias culturales a pesar de su atildado discurso de que no es de este mundo. Para ser consistente con la verdad de los hechos habría que decir que en pocos momentos de la historia de la humanidad -si los hay- el cristianismo ha sido más funcional al espíritu del mundo como lo es ahora. Habiéndose refugiado hace siglos en la idea que ser cristiano es exclusivamente evangelizar, hacer misiones, no participar en política y mantenerse exento de vicios y costumbres promiscuas, es penetrado limpiamente por la cultura pop a la cual finalmente cristianiza, aunque sea inadvertidamente.

A veces dan ganas de decir como mi mamá: “Hijito, lo que pasa es que estamos en los últimos tiempos”.

La deuda

Cruzo en un bus la ciudad hacia el centro. Es la parte que no figura en las páginas del servicio de turismo ni en los folletos de las agencias de viajes. Es el lado oscuro, el de la violencia, el abuso, el tráfico disimulado de drogas, el robo, las calles por las que no se puede caminar de noche, los barrios donde ni la policía quiere entrar. Las poblaciones donde se amontonan las familias, los pasajes estrechos, los mil artilugios para sortear la pobreza.
Leo que el proyecto político no alcanza. Las promesas de la campaña que no se cumplieron. La gran fachada del servicio público se derrumba con la denuncia de los dineros que cobraron los señores de todo el espectro político. Los arreglos corporativos de la gran empresa para multiplicar sus beneficios a costa de los usuarios. El fin de las confianzas, la caída de los ídolos, la triste verdad de las familias, los mil peligros del dinero, las fronteras perforadas, la injusticia de los magistrados, los bonos ocultos de la colaboración clandestina.
En irónico contraste escucho hablar a gentes que conozco toda la vida acerca del poder y la potencia del mensaje. La vida gloriosa de quienes creen. La extraordinaria administración de las capacidades y talentos provistos a los seguidores. Los fabulosos planes de crecimiento de la obra: edificios, medios de comunicación, obras sociales. La inmensa felicidad de las asambleas. La irreductible separación de todo lo que represente el mundo circundante. La promesa del plus ultra merecido e inextinguible. Pero de algún modo eso tampoco alcanza…
Leí la historia de un grupo de cristianos que fue parte del parlamento de cierto país y cómo a través de un trabajo concertado y persistente contribuyeron a la abolición de la esclavitud y al mejoramiento de las condiciones de vida de los más vulnerables de la sociedad. Y me pregunto dónde se dejó de entender la fortaleza del cristianismo no sólo para transformar vidas individuales sino también para reducir, en buena parte al menos, el dolor que atraviesa el organismo social.
Se puede sindicar a muchos sectores de la sociedad como los responsables de la condición en que mucha gente vive en nuestros países. Pero a los creyentes cristianos en particular se les debe atribuir una deuda enorme, no por la presencia del mal sino por la ausencia del bien que debía salir de ellos hacia el mundo.

Lo imposible

Me quedo pensando en la pregunta del presentador en la última entrevista de los jueves en una radio evangélica internacional: ¿Qué hay que hacer para tomar conciencia de lo que dices? Hablábamos acerca de cómo el espíritu de la época ha penetrado en el tejido y la trama del cristianismo evangélico y lo difícil que es un cambio de rumbo en su historia.
Es una enorme pregunta. Porque sabe que no le voy a dar la típica respuesta que combina versículos bíblicos, tradiciones y doctrinas, aparte del recurrido repertorio de frases hechas y lugares comunes. Las cosas son bastante más serias – y urgentes – y no hay posibilidad alguna de comprenderlas en un charlita de entre semana.
Mencionemos algunas imposibilidades. El establishment que sostiene y conduce a las instituciones de la fe es inmenso e impenetrable. Tiene siglos de historia y ha dado pruebas de una supervivencia que sólo se puede atribuir a un milagro. Visto en su conjunto, implica flujos de dinero que proveen los salarios de la dirigencia y solventan los gastos de la infraestructura. Hay posiciones de poder, prestigio e influencia que son intensamente defendidas por los dirigentes y su entorno más cercano; éstas no son cosas que se van a dejar ir sólo porque algunos alborotadores con complejo de profetas – o filósofos – anden metiendo cosas raras en la cabeza de la grey.
Pero hay más razones para lo imposible: las instituciones religiosas no son lugares donde se revisen las doctrinas y las convicciones porque se basan en un texto sagrado considerado infalible. A pesar de que teología, la doctrina y la tradición que emana de ellas no son infalibles (sólo el texto sagrado lo es) han logrado instalar la idea de que lo que se enseña es sagrado. Así, debido a que no se puede deliberar sobre los contenidos de la enseñanza y la doctrina, el espíritu de la época no tiene obstáculos en ir penetrando la institución de una manera imperceptible y efectiva.
Para que en la iglesia haya una autocrítica profunda y un cambio que tenga el impacto de la Reforma protestante en su tiempo, se deben dar condiciones que son inexistentes en el actual orden de cosas institucional: una mirada renovada y relevante al texto bíblico, una comprensión inteligente e iluminadora de la cultura circundante y un contingente de conductores capaces de una tarea de tales proporciones.
Eso, por ahora, se ve imposible…
“Un pensamiento que no cambia la vida del lector es un pensamiento cosmético” (Michel Onfray, filósofo francés).

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