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Poemas de niño

Yo tenía unos poemas de un niño una vez…

Tímidos. Llenos de adjetivos grandilocuentes que causaban la palabra severa del Jimmy, mi crítico amigo: “Madura tu palabra”, me decía. Y yo buscaba pulir esa palabra que me venía.

Pero antes tenía más poemas. Cuando me fui de la casa, huyendo de un amor desgarrado, escapando de la palabra fundamental del profeta que me castigaba por mi persistente pasión.

Los escribí a orillas del río Calle Calle. Me tomaba un pisco sour temprano en la mañana y sumido en un tenue letargo me dejaba ir frente a la danza incandescente del sol matutino sobre las aguas del río.

Destilaban mi tremendo dolor temprano, que caía con una amarga dulzura en mis cuadernos. Eran unos discursos de hiel, llenos de enojo y rebeldía. Hablaban del amor tronchado con la mujer hija de aquel profeta tenaz que la había prohibido a este adolescente caprichoso e imberbe.

Hablaban de Dios. ¡Oh, cómo hablaban de Dios! Yo lo amaba. Lo amaba a pesar de su silencio, para mí inexplicable; yo no sabía que me hablaba. Pero me hablaba en cosas y de maneras que ningún profeta de mi tiempo sabía. Yo lo descubrí solo. Descubrí sólo sus palabras inmensas y personales.

Hablaban de mis infinitos miedos. De mis miedos interminables, nocturnos, apocalípticos. Habiendo desechado el universo seguro de la iglesia y su espiritualidad inalcanzable e inútil, había abandonado los atrios que, sin embargo me eran tan amados, tan dulces, tan familiares. ¡Curiosa contradicción! Detestaba la espiritualidad gris, chata y aburrida. Pero amaba esas bancas de madera antigua y pesada. Me fascinaban esos paños de terciopelo de azul profundo y dorados flecos. Las ventanas altas que me regalaban unos cuadritos de cielo grande y libre cuando me ahogaba el tedio de la Escuela Dominical de las tres de la tarde.

Hablaban mis poemas de amores fugaces, de besos anhelantes, irrepetidos, en una estación de tren, en la costanera, en las escaleras de un edificio antiguo.

Eran poemas bellos, no por su factura, aún tan inculta, no por su ametría incurable, sino por origen puro, verdadero, mío…

¡Y los quemé!

Aún me estremezco al recordar aquel abyecto momento cuando, convencido por los profetas de que las poesías antiguas eran impuras, reflejos del pecado, los ordené y los incendié.

Allí, en ese crepitar atroz, se fue una parte de mi vida…

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Errores en un plan perfecto

En más de una ocasión he podido observar cómo en medio de mis errores Dios sigue teniendo el control de todo. Estar en camino al cumplimiento de tu propósito no nos exime de errores, de hecho, aprendemos más de ellos que de los grandes aciertos.

Los creativos solemos tener en nuestra mente la escena armada de cómo saldría si todo fuera como queremos, allí no hay margen para el error, es a la hora de llevarlo a los hechos cuando la frustración llega. No salió como lo planeamos, siempre queremos estar hasta en el último detalle para que todo salga perfecto.

La Biblia dice que los pensamientos de Dios nos son nuestros pensamientos y que sus caminos son más altos que los nuestros, cuando nosotros decidimos poner en las manos de Dios nuestros planes es donde realmente viene lo bueno.

El creador no es predecible, a veces su plan perfecto se cumple de la manera que menos esperamos y quizá lleve un tiempo entenderlo, pero al fin, todo obra para bien. Cuando decidimos creer en que el propósito en nuestras vidas se va a cumplir, la fe se convierte en la garantía de que aún nuestros desaciertos se tornaran a nuestro favor.

Saber que Él es quien “está manejando los hilos” no es darle crédito a la famosa frase que usamos cuando algo ya se nos fue de las manos “Que sea lo que Dios quiera” sino más bien, darle espacio para que esté desde el comienzo de las cosas y no cuando ya no le encontramos solución al asunto.

No necesitamos saber lo que va a pasar en el futuro, si sabemos quién lo escribió.

Dejar que su plan sea perfecto, trae paz. Porque aun cuando las cosas no salgan como queremos, sabemos que vamos a llegar a buen término.

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¿Satifecho en tu matrimonio?

Muchos esposos y esposas viven en matrimonios donde no se sienten satisfechos, felices o realizados.  Culpan al cónyuge de su infelicidad y pasan el tiempo criticando, amenazando o quejándose de su pareja.  Creen que si tan sólo su pareja cambiara todo marcharía mejor…  Lamentablemente un lenguaje y una actitud negativa hacia al cónyuge no son las herramientas apropiadas para traer cambios positivos al matrimonio.

Las criticas y regaños ponen a la defensiva a la persona.  Al sentirse amenazado, humillado u ofendido, la típica reacción es el querer defenderse.  La persona ofendida por lo regular se defiende usando las mismas herramientas que su acusador.  El responder con críticas, amenazas, regaños y quejas es lo común.  Las múltiples acusaciones y ofensas en lugar de producir cambios positivos terminan por herir, enojar, frustrar y amargar a ambos cónyuges.

No se pueden producir cambios positivos cuando las herramientas usadas son negativas.  En lugar de renegar y pelear la persona que desee mejorar su matrimonio debería enfocarse en ser un ejemplo de cambio.  Dios llama al esposo a que sea cabeza del hogar, que den el ejemplo, que no sea áspero con su esposas y que las traten con cuidado, como un vaso frágil (Efesios 5:23-25, Colosense 3:19 y 1 Pedro 3:7).  El Señor también le pide a las esposas a que mantengan una conducta integra y respetuosa hacia sus maridos (Efesios 5:33 y 1 Pedro 3:1-5).  Los cambios positivos ocurren en el matrimonio cuando uno o ambos cónyuges deciden vivir de acuerdo a las reglas de conducta que Dios ha establecido para el matrimonio.

Otra forma muy efectiva de mejorar el matrimonio es el perdonar.  Las heridas y falta de perdón a menudo son las razones del porque existen sentimientos negativos en una relación.  La falta de perdón produce amargura que se manifiesta por medio de las críticas, amenazas, quejas o acusaciones.  La Biblia dice en Hebreos 12:15,  Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminado.  La amargura contamina el corazón, el matrimonio y a todo el hogar.  Si se molesta con su pareja trate siempre de arreglar sus diferencias y perdone, así no le dará cabida al diablo en su corazón y mente (Efesios 4:26-27).

El perdonar debe ser acompañado con el dominio propio.  Si su pareja te hiere no permitas que la venganza o retribución invadan tu corazón.  No Pagés mal por mal, tu  como una persona que tiene a Dios en su corazón has sido llamado para ser de bendición y no para maldecir (1 Pedro 3:9).  Aun cuando piense que su cónyuge está actuando injustamente, al hacer el bien el Señor te promete en 1 Pedro 3:12 que Sus ojos y oídos están atentos a las oraciones de los justos.  Dios oirá tu clamor, está a tu favor y estará pronto a ayudarle.  El dominio propio es un don de Dios que apaga fuegos, evita heridas, trae paz y acerca a una persona al Señor.

El incluir a Cristo en el matrimonio es esencial para tener un matrimonio exitoso que va mejorando día a día.   El enfocarse en hacer el bien y el acercarse a Dios traerán cambios perdurables que impactarán positivamente su vida espiritual y matrimonio.

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El amargado, su nieta, una sonrisa y cenizas

Don Fabián era un hombre de 50 años, avaro, codicioso, prepotente y soberbio. El vecindario donde vivía, había sido testigo de sus constantes desenfrenos, su carácter caprichoso y de la indiferencia con la que trataba a sus vecinos menos afortunados económicamente.

Pero toda esa conducta tenía un trasfondo: los constantes abusos que sufrió siendo un niño huérfano que vivió en la calle y quizás, un dolor que aún no superaba, el  perder a su esposa embarazada de su segundo hijo en un accidente automovilístico.

Una mañana recibió la visita de su única hija. Ella llegó junto a su esposo y a su pequeña niña llamada Raquel. Aunque al principio los recibió con recelo y  pesadez, con el paso de las horas llegó a enamorarse de la ternura que desprendía la sonrisa de dientes menudos y la gracia con la que actuaba su nieta.

Con el paso de las horas en casa, la pequeña nena había logrado sacar la ternura que su abuelo llevaba mucho tiempo escondiendo en el fondo de su corazón. Iban juntos  a cuanto lugar se les ocurría,  la verdad es que para aquel hombre cuyo corazón vivía amargado, se había hecho imposible decirle que no.

Esa noche y después de cenar, don Fabián salió a fumar su acostumbrado cigarro al balcón y mientras se asomaba al horizonte con la mirada perdida, su nieta lo sorprendió por detrás con un grito: ¡TE QUIERO ABUELITO! El sobre salto hizo que se le cayera el cigarro y por tratar de agarrarlo, se quemó un dedo con algo de ceniza.

Su nieta lo miró y le dijo: no está bien fumar porque a Dios no le gusta que hagamos eso. Al escuchar el suceso, su hija decidió intervenir dándole una orden a la pequeña: Ya es tarde mi amor, vete a dormir. Raquel salió corriendo y justo antes de perderse en el pasillo, volteó para mandarle un beso a su abuelito y despedirse.

Al día siguiente,  durante el desayuno y mientras conversaban de todas las actividades que harían durante el día, salió una invitación para acompañarlos a la iglesia, la pequeña Raquel era la más emocionada de todos en la mesa. Pero don Fabián la rechazó tajantemente porque tenía cosas más importantes que hacer.

Todos se fueron a la iglesia, pero don Fabián se había quedado con la sonrisa de su nieta grabada en su memoria, sonrisa cálida que le hacía recuerdo a su difunta esposa quien en el pasado, no le permitía dejar de asistir a algún servicio. Un pequeño pensamiento inundó su mente, de repente se levantó  y fue a dar alcance a su familia.

Al llegar, se metió entre las últimas bancas para intentar pasar desapercibido y el pastor empezó su prédica, el cual hablaba del cielo y del infierno. Arriba nos reencontraremos todos los que hayan muerto en Dios y muchos serán echados al infierno por rechazar el sacrificio de Jesús, pero lo que más sorprendió  el corazón de aquel anciano, fue cuando el predicador preguntó si alguna vez alguien se había quemado con la mano con ceniza encendida y que imaginen ese mismo dolor, pero en todo el cuerpo.

Don Fabián, que hace no muchas horas había experimentado ese mismo dolor, empezó a sentir temor de ese lugar, agachó la cabeza y dijo: -¿Qué debo hacer para evitar ese sufrimiento?  Una voz le respondió desde el fondo de su corazón: -Cree en mí y sígueme. A lo que el hombre respondió: -Tú me quitaste a mi esposa y a mi hijo. -Ellos están sanos y a salvos conmigo y te están esperando- le respondió la misma voz.

Don Fabián, reconoció la voz de Dios y una paz que no había sentido hace mucho tiempo empezó a inundar todo su ser.  Desde ese instante, todo cambiaría para su vida y nada volvería a ser igual.

En ocasiones solemos interpretar el actuar del poder de Dios a través de grandes prodigios, situaciones complejas y de grandes milagros, lo cual es posible, pero subestimamos las cosas pequeñas como la sonrisa de una nieta, unas cenizas que queman levemente la mano y una invitación a la iglesia.

Dios no tiene límites y puede usar lo más pequeño e insignificante, para sanar y restaurar la vida de todo hombre.

1 Corintios 1:25 dice: “Pues lo que en Dios puede parecer una tontería, es mucho más sabio que toda sabiduría humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad, es más fuerte que toda fuerza humana.” Versión Dios Habla Hoy.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Autosuficiencia, ¿buena o mala?

Muchos, tratamos de hacer todo por nosotros mismos: Tenemos problemas y buscamos ser nuestra propia solución, se presenta una situación compleja y buscamos resolverla por nuestros propios medios; vivimos una relación rota y pretendemos ser nosotros los que empujando arreglemos las cosas… Cuando nosotros mismo fuimos en primer lugar los que generamos ese mismo problema, situación o arruinamos esa relación.

Y tu sabes que estoy a favor de la acción. Estoy a favor de ser protagonista, no una víctima de las situaciones. Es importante que tomes el control de tu vida y puedas ser tú el que decida que hacer con las situaciones que se presentan. Mi padre, siempre dice en sus libros y conferencias -“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”  (Hector Teme).
No somos capaces muchas veces de manejar las heridas que tenemos, pero si somos capaces de decidir cuán profunda será esa herida y cuando la dejaremos sanar.

La biblia dice: Dios envió a un hombre llamado Juan el Bautista, para que contara acerca de la luz, a fin de que todos creyeran por su testimonio.  Juan no era la luz; era solo un testigo para hablar de la luz.  Aquel que es la luz verdadera, quién da luz a todos, venía al mundo.
Juan 1:6-9

¿Cómo se relaciona esto con este versículo? Se relaciona en que muchos no logramos recapacitar en esta verdad oculta de la vida. Nosotros no SOMOS LA LUZ PORQUE BRILLAMOS POR PROPIO MÉRITO, NUESTRA LUZ VIENE DE JESÚS.

Entonces muchas de las cosas que nos atribuimos, buenas y malas, son en vano, ya que por nuestros propios medios no podemos brillar.

Requiere mucha humildad y seguridad poder admitir y reconocer que tu magia, tus dones, tus talentos y ocurrencias; tu inteligencia desmedida, tu rapidez con los números, tu manera de caerle bien a la gente o de relacionarte, tu matrimonio feliz, y cada palabra de aliento que has dado, es porque Dios te la ha regalado. El te ha creado así, y ha puesto su luz en tu vida, y en esa manera especial de ser.

¿Eso te hace menos valioso? No, todo lo contrario.

Ahora que sabes esto tienes mas valor. Que mejor saber que gracias a esto, tu relación no tiene que ser arreglada por ti, ni tu problema, ni tu situación. Jesús es la luz que brilla en ti gracias a eso, puedes ser luz donde quieras que estés.

 

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Intimos

Conocemos a Dios como el Creador del Universo, el Hacedor de milagros, el Todopoderoso, el Proveedor, el Eterno, el Omnipresente y los demás nombres que están escritos en la Biblia y por las cuales se revela a nosotros.

Entre todos estos nombres destaco uno en particular porque refleja mucha cercanía, confianza e intimidad hacia él. Es Abba Padre, que traducido es Papito. En la costumbre judía mostraba una relación íntima y cariñosa que un hijo tenía con su padre. Jesús se dirigía a Dios de esta forma y también como hijos suyos nos invita a acercarnos de la misma manera.

En Romanos 8:16-17 nos dice: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Estos versículos reflejan una hermosa verdad para nosotros porque nos da una apertura a una relación estrecha con nuestro Creador, a una intimidad especial y única, donde podemos mostrarnos tal cual somos, sin necesidad de protocolos. Contarle todo lo que nos pasó y nos pasa sin temor a ser juzgados, y expresarle lo que sentimos por él con palabras de amor y ternura.

Es un privilegio que podemos disfrutarlo cada día, cuando en oración, nos acercamos a Él.

¿Cómo es la relación que tienes con Dios, tu Padre Celestial? ¿Es formal, distante o has entendido la maravillosa posibilidad que posees, con libertad, de decirle palabras cariñosas, de expresarle tus más profundos secretos?

En cada situación que nos encontremos recordemos siempre esta gran verdad “Él es nuestro Padre, nosotros somos sus hijos.”

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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¿Como salir de un Fracaso sentimental?

¿Es posible una recuperación absoluta después de experiencias negativas en el area del amor?
Si somos sinceros, deberemos reconocer que es algo sumamente difícil. Somos el resultado de las vivencias de nuestro ayer. Las malas experiencias nos condicionan desfavorablemente, eso es inevitable; pero no son nuestro fin…
Un desengaño en el área de la intimidad, por grande que sea, no nos convierte en acabados.
El dolor por el ayer no debe ser el ancla que nos impida lograr un mejor mañana. No permitas que el dolor te paralice. No admitas ese fracaso como la ruina. En otras palabras, no permita que tu pasado decida tu futuro. Comienza a forjar una actitud favorable frente a la vida e independiente de las frustraciones que hayas experimentado. Centrarse en los recuerdos dolorosos para sentir lástima de ti mismo, aunque es humanamente normal, no es saludable.
Cuando el profeta Elías quedó atrapado en el pasado, el Señor lo buscó para curar sus heridas y encomendarle una gran tarea. Secó sus lágrimas con su presencia. Así promete hacer Dios contigo. Apocalipsis 21: 3b-4 dice: “Dios mismo estará con su pueblo y enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”. A Elías lo puso de cara hacia el futuro y de espalda a su pasado.
Coopera con Dios y saldrás beneficiado. Lo que ha sucedido ya es irrevocable. Querer cambiar el pasado es como intentar atrapar una sombra: es imposible.
Lo mejor que puedes hacer es decidir positivamente sobre tu futuro. Eso sí es sensato. Se requiere valor y firmeza, pero se que tu podras porque cuentas con el Dios de toda fuerza y poder. Zacarías 4:6 dice: “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor”.

EMBRIAGADO

Pureza Sexual…

Por: Lic. Edwin Bello  (Esposo, Padre, Abogado, Autor, Conferencista)

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual…

Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierde el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos. Marcos 2:22 

Durante décadas, caminé por esta vida dando tumbos, embriagado con el vino viejo de la lujuria sexual. Y de tanto emborracharme con este vino viejo, me convertí en un odre viejo; odre coartado y reseco, llenos de remiendos.  Así, mi embriaguez me despojó día a día de la posibilidad de ser transformado.  ¿Por qué?  Porque me acostumbré a ser odre viejo.  Porque este conformismo con mi atadura de pecado me cegó; me quitó toda esperanza de ser un hombre capaz de cambiar.

Y en mi caminar lleno de tropezones y caídas, no acababa de entender la sencilla pero profunda parábola de los odres y los vinos.  El enemigo me engañó, haciéndome creer que por ser odre viejo, estaba condenado al vino viejo que me desgastó por dentro.  Pero si reflexionas en la parábola de Jesús, verás que su mensaje está tejido con hilos de esperanza.  Ciertamente, un odre viejo no podrá recibir un vino nuevo, porque el nuevo vino romperá el odre desgastado, causando que el vino nuevo se pierda y acabe derramado en el piso.

Pero Cristo nos dice más.  Él también nos dice que un odre nuevo podrá recibir el vino nuevo sin que éste se pierda.  Aún más, en esta simple enseñanza, podemos ver el Amor de Dios por sus viejos odres.  Porque El no quiere que estos odres llenos de sequedad y remiendos se pierdan.  El anhela que estos odres sobrevivan, pero mediante la milagrosa transformación que solo Dios puede hacer en ellos.

¿Puedes ver tu vida reflejada en esta parábola? Engañados y borrachos por el viejo vino del pecado que nos añejó, muchas veces pensamos que podíamos recibir un vino nuevo, con nuestra condición de odres viejos.  Así, vez tras vez, las consecuencias de nuestra embriaguez fueron desastrosas.  Nuestro odre viejo se desgarró.  El vino nuevo se perdió.  Y en lugar de desechar ese odre viejo que nos causó tanta perdición, optamos por remendar la piel rasgada; decidimos poner parchos que nunca curarían la ruptura. Nos resistimos a descartar lo que ya no servía; porque en nuestra negación, pensamos que un remiendo solucionaría el problema.

Pero hoy, las palabras de Jesús vienen a enseñarnos, a confrontarnos con amor, y a darnos esperanza.  Porque no es cualquier persona quien te habla.  Cristo es el Vino Nuevo, el fruto de la vid del nuevo pacto, hecho hombre por amor a la humanidad.  Porque todos éramos odres viejos antes que Él llegara con su nuevo Evangelio.  Porque Él se nos ofreció como el Nuevo Vino que rompió con todo lo pasado.  Pero para recibirlo, Él necesita de ti.  Él necesita que el viejo hombre que te esclavizó sea enterrado para siempre y que un nuevo hombre surja a la vida.

¿Puedes entender ahora la parábola de Jesús?  Porque más que una parábola, Cristo se presenta como el Vino Nuevo que anhela compartirse con la humanidad.  Porque Él anhela llenarte.  ¿Qué tendrás que hacer?  Descarta el odre viejo.  Descarta el vino viejo que embriagó tu vida con la borrachera del pecado.  Aleja de tu boca ese vino viejo que te esclavizó y que erosionó tu pureza hasta convertirte en un hombre débil y lleno de remiendos. Ahora, hoy, tú puedes ser un odre nuevo.  Hoy Cristo está dispuesto a transformarte.

Porque Él sabe que su nuevo vino necesita un nuevo odre.  Él sólo necesita la actitud de un corazón dispuesto y arrepentido; un corazón rendido ante su misericordia.  Entonces, y sólo entonces, serás un odre nuevo; un odre limpio y puro, capaz de resistir el poder restaurador del Espíritu Santo de Dios.  Porque habrás llegado a los pies de Jesús sin falsos pretextos, si disfraz de hombre nuevo tras el cual todavía se esconde el hombre viejo. Entonces, tu odre nuevo, intacto, sin hedor al pasado, sin mancha, estará listo.

¿Qué faltará?  Que abras tu odre.  Abrelo lo más posible y recibe el Vino Nuevo que Cristo te ofrenda; llénate de su perdón restaurador y llénate de su Amor, porque ya nunca más tendrás que ser un odre viejo.  Y dejando atrás la pasada embriaguez del pecado que te ató, embriágate ahora de su presencia transformadora; embriágate de su incomparable libertad.  Sí; anhela este Vino Nuevo con la pasión y el compromiso de un odre nuevo.  Anhela tanto recibirlo, como Él anhela recibirte a ti.

Pide ayuda en El Antivirus o directamente a nuestros email: [email protected] o [email protected]

Nota: El Ps y Lic. Edwin Bello estará presentando en la edición de Expolit 2015 el taller: “Pureza Sexual ¿Cómo mentorear en la congregación a personas adictas a la pornografía? – Jueves 30 abril 4:30pm  MACC 201

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Sueña en grande

Observa lo que dijo Jesús: “El que cree en mí también va a hacer las obras que yo hago. Y hará obras más grandes…”, Juan 14:12 (PDT). Al principio muchos de tus sueños te parecerán imposibles, luego te parecerán improbables, y después, cuando te alineas con Dios, se convertirán en inevitables.
Dios se deleita en cumplir sueños grandes. Pedro soñaba con caminar sobre las aguas y Jesús se lo concedió; Abraham y Sara con tener un hijo en su vejez y lo tuvieron; David con matar a un gigante sólo con una honda, y lo hizo. La Biblia está repleta de historias de personas que soñaron sueños del tamaño de Dios y que dependieron de su poder y sus promesas para alcanzarlos. ¿Lo ves? Siempre debe tratarse de sueños que nazcan en el corazón de Dios y que le lleven gloria. Si tú aspiras a lograr algo que puedes hacer sin la ayuda de Dios, entonces, no es un sueño que valga la pena. “Dios se deleita en hacer cosas imposibles, a través de gente improbable para impartir gracia abundante a receptores indignos”, Chip Ingram. No se trata de realizar sueños que te “engrandezcan” humanamente. No tiene nada que ver con hacerte famoso ni reconocido. No se trata de ti, se trata de Dios. Si Dios no se glorifica en tu sueño, entonces, ese sueño no es de Dios.
Luis Palau y Timothy Robnett, en su libro Contamos la historia, dicen que Cristo nos desafía a soñar grandes sueños, a hacer grandes planes, a orar grandes oraciones y a obedecer sus grandes mandamientos. Si tus sueños no van más allá de terminar tu educación, pagar las cuentas o criar a tus hijos, entonces tu visión no es divina. Tal vez sea tiempo de considerar cómo podría usarte Dios para producir un cambio en las vidas de los demás. ¿Tienes sueños y planes de lo que Dios podría hacer a través de tu vida o sencillamente estás atareado con la rutina de todos los días? ¿Te has convertido en una persona que abre caminos o en alguien que se sienta para mirar lo que otros hacen? recuerda que los grandes sueños requieren tiempo. Nadie alcanza sus sueños de un día para otro. José esperó más de una década. David esperó, después de ser ungido rey, más de trece años antes de serlo definitivamente y, Abraham esperó veinticinco años antes de ver concretado su sueño de tener un hijo. Los soñadores de Dios tienen la capacidad de esperar largos períodos de tiempo confiados en que Dios, tarde o temprano, cumplirá su promesa. No te desesperes. No te impacientes. Hasta Dios mismo tuvo paciencia para recibir su propio sueño. Dios prometió en Génesis 3:15 que un salvador vendría y le tomó cuatro mil años enviar a Cristo Jesús. No cometas el error de renunciar a tus sueños en el tiempo de la espera. Si Dios lo prometió se cumplirá; tus sueños se harán realidad. ¿Cómo lo sabemos? Porque Dios siempre cumple sus promesas y porque jamás alguien ha sido defraudado por Él.

 

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“Te lo prometo”

Conocemos que en la historia de las 10 plagas que cayeron sobre Egipto. Observamos, a lo largo de la lectura, cómo actuaba el Faraón respecto a cada una de las plagas, en medio de ellas le pedía a Moisés que orara para que cesaran, asegurándole que después liberaría al pueblo de Israel.” Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Orad a Jehová para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir a tu pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová.” Éxodo 8:8 (RVR-1960), pero una vez que Moisés lo hacía y cesaba la plaga. El faraón cambiaba de opinión “Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.” Éxodo 8:15 (RVR-1960), y así fue haciéndolo cada vez que aparecía una plaga.

Podemos ver que esa autoridad de Egipto, ese líder no tenía palabra, su opinión era cambiante porque prometía cosas que al final no cumplía y no le daba importancia a lo que decía.

Cuántos de nosotros hemos actuado de igual manera y durante las pruebas le hemos prometido a Dios muchas cosas, como cambiar de actitud respecto a otras personas, servirlo en algún Ministerio, dedicarle tiempo a Él, pero una vez que cesaba la prueba volvíamos a lo mismo.

He visto muchas veces a varias personas que prometieron a sus padres, antes de que ellos murieran, hacer o cumplir algunas cosas a lo largo de su vida y así lo hicieron, porque habían dado su palabra. Ahí vi que una persona cumple las promesas dependiendo que tan importante sea la persona a la que se le haya prometido.

Entonces si Dios es lo más importante ¿por qué no le cumplimos lo que le prometemos?

Esta es una pregunta que nos debe hacer reflexionar en la forma en que hemos estado procediendo. Dejemos de actuar como el Faraón que cambiaba de opinión de acuerdo a las circunstancias, hagamos que nuestra palabra pese, sobre todo cuando se la demos a Dios.

Ahí es donde podrás darte cuenta si Dios es importante o no para ti.

“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.” Eclesiastés 5:4-5 (RVR-1960)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Dios es todo amor

Aunque Dios se enoja por el pecado y la maldad, no es un Dios enojado. Dios es todo amor. “El Señor es tierno y compasivo; es paciente y todo amor. No nos reprende en todo tiempo ni su rencor es eterno”, Salmo 103:8-9 (DHH). El mejor remedio para el pecado es el arrepentimiento y la confesión. La Biblia asegura que la sangre de Jesucristo su hijo nos limpia de todo pecado, 1ª Juan 1:9.
El libro de jueces podría resumirse de la siguiente manera: desobediencia, esclavitud, clamor y liberación. Cada vez que el pueblo de Israel desobedecía haciendo lo malo, Dios los entregaba en esclavitud a un pueblo extranjero. Ni bien el pueblo clamaba, Dios los perdonaba y les daba libertad. Vivían en libertad hasta que volvían a hacer lo malo y el círculo vicioso de desobediencia, esclavitud, clamor y liberación empezaba nuevamente.
¡Qué Dios tan bueno tenemos! No importa lo malo que hayas hecho o el tiempo que permaneciste alejado. No estás terminado. Dios no se ha olvidado de ti. Su perdón sigue disponible. Él te espera con los brazos abiertos. Dios tiene sus maneras para atraerte con su amor. ¡Dios nunca tira la toalla!
“Cuando Dios se enoja, no se debe a que le estamos haciendo algo malo a Él. Se debe a lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos por no seguir sus caminos. Incluso se podría decir que su enojo está a favor de nosotros y no contra nosotros. El amor de Dios es eterno, e incluso su enojo y su desagrado tiene intención de alejarnos del pecado y hacernos regresar a Él. Todo lo que Dios nos manda que hagamos, o que no hagamos, es para nuestro bien. Nuestra obediencia a Él nos dará la vida que verdaderamente deseamos. La Biblia es un registro de lo bendecidas que son las personas cuando siguen a Dios, y de cuán miserables y desdichadas son cuando no lo hacen”, Joyce Meyer.
Quizás tú pienses que has dejado pasar mucho tiempo, que ya es demasiado tarde y que tu restauración es muy difícil. Entonces no conoces a Dios. El Dios de la Biblia lo puede todo. Él no ha terminado contigo. Él no ha dejado de amarte. Él no te abandonará aunque tú lo hayas dejado. Cambia tu enfoque. Confía en Dios. Él nunca llega tarde, nunca deja de ser fiel, nunca es cruel, nunca está ausente, nunca le falta amor, nunca está equivocado y, ¡nunca se dará por vencido contigo! Ya que Jesus te amo, ama y amara con amor eterno.

padre e hijo

¿Por qué no recibes nada?

Cuando Jesús bajó del monte, le seguía mucha gente.  De repente, un leproso se le acercó y se arrodilló delante de él y le dijo: Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús lo tocó con la mano, y dijo: Quiero. ¡Queda limpio! Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad. Mateo 8: 1-3 (DHH)

Ningún hijo recibe lo que anhela en su corazón si no va y se lo pide a su padre. Recuerdo que cuando era niño, había tantas cosas que quería tener, como  juguetes,  ropa de moda en ese tiempo, una bicicleta, una radio pequeña, etc.  Pero jamás los tuve.  El motivo: nunca se lo decía a mi papá, porque pensaba que él no me lo daría. Muchas veces estaba a punto de decirle que me compre lo que quería, pero el temor de recibir un “No” seguido por un regaño, me impedía decirle.

Pasaron muchos años, hasta que me atreví a pedirle que me compre un pantalón que me gustaba mucho y que estaba de moda. Pensé recibir una respuesta negativa, pero a cambio recibí una sonrisa y un gesto de amor con un: “¡Sí!”. Ese día no sólo me compró el pantalón y suplió lo que anhelaba tener, si no que también me llevó a un estudio fotográfico para tener un recuerdo. Ese día terminé realmente feliz.

Los versículos que les compartí al principio de este devocional me llevaron a contarles esas escenas de mi niñez porque veo que hay muchos hijos que no reciben lo que anhelan por no acercarse a su padre y decirle lo que necesitan.

Hoy en día hay mucha gente que sigue a Jesús, pero son pocos que toman la actitud del leproso y van delante de Él. Jesús sigue siendo el mismo de ayer y lo seguirá siendo por los siglos de los siglos. Él está dispuesto  a perdonar, restaurar, sanar, dar una nueva oportunidad y una vida abundante. Jesús sigue diciendo: “Quiero”.

No tengas miedo de acercarte a tu Padre, a pesar de las circunstancias y de los sentimientos, Dios es bueno, te ama, está contigo, sabe lo que te pasa, se interesa por ti, tiene un plan para tu vida y está dispuesto a suplir lo que necesitas. Quizás no en el momento, pero te puedo asegurar que Dios recompensa a los que se acercan y esperan en Él.

“Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá.  Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.” Mateo 7:7- 8 (NTV)

¡Dios bendice a los que se acercan y ponen sus necesidades en Él!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.