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Su ira es pasajera…

“Cuando Dios se enoja, el enojo pronto se le pasa; pero cuando ama, su amor dura toda la vida. Tal vez lloremos por la noche, pero en la mañana estaremos felices.” Salmo 30:5 (TLA)

Ningún padre puede premiar a su hijo por su mal comportamiento, así como cuando contristamos al Espíritu Santo no podemos esperar su sonrisa. Pero ante todo, sabemos que Dios es misericordioso y pronto desvanecerá toda culpa, nuestras lágrimas no durarán hasta el día de mañana. Si la vara de Dios está sobre tu vida, entiende que es por tu bien y pronto pasará, porque su ira es temporal, más su amor es para toda la vida.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Soy fuerte en mi debilidad

“…Señor me ha dicho: Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad…” 2 Corintios 12:9 (DHH)

Resulta hermoso saber que Dios está con nosotros en toda circunstancia, que tiene el control de todo y que además pelea por nosotros. Por eso es importante, que en cada situación, busquemos su presencia y refugio, entonces ya no habrá debilidad, seremos fuertes porque será Dios peleando a nuestro favor.

Por Danitza Luna

 

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No se preocupen por nada

¿Por qué vivimos preocupados si tenemos un Dios Todopoderoso? Sencillamente porque no lo conocemos en su totalidad  y nuestra relación de comunión con Él es inconstante. Vivir preocupado es dejar de creer en los planes de Dios y sus promesas.

En nuestra vida diaria nos preocupamos tanto por nuestros problemas y necesidades básicas, que terminamos perdiendo la salud de nuestro cuerpo y la vida misma porque, sin darnos cuenta, nuestras preocupaciones han ocupado el primer lugar que le pertenece a Dios y nos hemos olvidado de buscarlo.

En Lucas 12:22-31. Jesús dice: “no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento para comer o suficiente ropa para vestirse. Pues la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa. Miren los cuervos. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque Dios los alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? Miren cómo crecen los lirios. No trabajan ni cosen su ropa; sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como ellos. Y, si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores que hoy están y mañana se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes. ¿Por qué tienen tan poca fe? No se inquieten por lo que van a comer o lo que van a beber. No se preocupen por esas cosas. Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos en todo el mundo, pero su Padre ya conoce sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás, y él les dará todo lo que necesiten.

Si Dios alimenta y da refugio a las aves, ¿Cuánto más a nosotros? Si Él es quien nos dice, no te preocupes por nada, búscame, dime lo que necesitas; ¿Por qué no podemos confiar en ÉL?

“Benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.” Jeremías 17:7.

No olvidemos que Dios tiene control absoluto de todas las cosas y que siempre está dispuesto a ayudarnos. Si hemos dejado de confiar en ÉL y nos hemos preocupado más por nuestras necesidades, hoy es un buen día para entregarle a Dios todas nuestras angustias y preocupaciones.

La palabra de Dios dice: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7

Oremos:

“Señor, gracias por tu palabra y por orientarme. Me acerco a ti porque te necesito, he estado muy afanado en otras cosas y he dejado de buscarte. Por favor, ten misericordia de mí y ayúdame a partir de hoy a buscarte primero. Te entrego mis problemas, preocupaciones y angustias. Deposito toda mi confianza en ti porque sé que Tú tienes el poder para transformar toda situación para gloria y alabanza de tu nombre, gracias porque prometes cuidarme. Amén”

 

 

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Dime con quién andas

El hombre fue creado para vivir en sociedad. Estamos hablando de la necesidad natural de pertenecer a una comunidad con el fin de alcanzar satisfacción a través de las relaciones amistosas. Cualquier persona en la escuela, en la universidad, en el barrio, en la iglesia, etc. siente ganas de tener un grupo de amigos.

Elegir un entorno donde se puedan hacer amistades tiene mucho que ver con los gustos deportivos, afinidades artísticas, inclinaciones políticas, intereses mutuos e incluso se ha visto que el grado intelectual y el nivel económico juegan papeles importantes, pero no definitivos. Al final la humanidad ha crecido tanto que fácilmente se puede seleccionar uno o varios amigos de diferentes estratos sociales.

Por otro lado, el proceso de conocer gente nueva puede ser más fácil de lo que parece. Se ha comprobado que una persona que asiste frecuentemente a un lugar como un gimnasio, repetidamente se para en el mismo lugar, viste de forma similar todos los días y saluda a los que se hallan en su entorno, podría rápidamente promover su imagen convirtiéndose en alguien conocido. Esto sucede en la universidad o en el trabajo: uno cuando es nuevo empieza a tener una rutina y casualmente saluda a algún interlocutor desconocido, luego empieza una conversación con intercambio de ideas amigables y si se encuentra afinidad en uno o varios aspectos, con el tiempo podría formarse una relación duradera.

Aunque mucho se habla de la dificultad para hacer amigos, la verdad es que con un poco de personalidad cualquiera podría alcanzar cierto nivel de popularidad en cualquier entorno. Pequeños actos amistosos como saludar, dar la mano, ser amable, sonreír, etc. son suficientes.

Sin embargo, la Biblia repetidamente nos recomienda que sepamos seleccionar a las personas con las que decidimos rodearnos: Dios le dijo a Abraham que saliera de su país,  el pueblo hebreo dejó la tierra de Egipto, las tribus de Israel tenían prohibido tener contacto con los pueblos idolatras que los rodeaban, los apóstoles fueron advertidos de lo dañino de las relaciones con los religiosos  hipócritas de la época, etc.

Salmos 1:1-2 dice: “Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día.” Versión Dios Habla Hoy

En una sociedad con tanta diversidad de personas saber seleccionar amigos es importante ya que el entorno suele afectar la conducta, la personalidad y tiene el poder de influenciar de buena o mala manera a cualquiera. Definitivamente la elección de amigos no es algo que se pueda tomar a la ligera.

Jesús era conocido por muchos, pero tenía un grupo de seguidores de entre los cuales eligió a 12 para que sean sus apóstoles, y de esos tenían un grupo íntimo de 3 con los que siempre hablaba: Pedro, Juan y Jacobo (Marcos 5:37).

Él es nuestro mejor ejemplo: no está mal ser conocido, popular y apreciado, pero no a todos se les puede llamar amigos íntimos.

Proverbios 13:20 dice: “El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.” Versión Reina-Valera 1960

 

 

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La respuesta

“El Señor ha escuchado mi ruego; el Señor responderá a mi oración” Salmos 6:9 (NTV)

La oración no solamente está compuesta de palabras, sino también de fe. Hay veces, que pese a que invertimos muchas horas en la oración, no vemos cambios. Es posible que nos falte agregarle el imprescindible condimento de la fe a nuestras palabras. Hoy te animo a que actives tu fe y declares que Dios responderá en su tiempo y conforme a su voluntad.

Por Judith Quisbert

 

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¿Acero o chatarra?

A un herrero que había entregado su vida a Jesús le gustaba hablar de su fe y cierto día uno de sus amigos le dijo: “Explícame por qué tu Dios, quien dices es todo amor, ha permitido que pases por tantas pruebas”.

Tomando un trozo de hierro le respondió: “Para que este trozo de hierro sea útil es necesario que lo pase por fuego para luego martillarlo, si resiste vuelvo a hacer lo mismo muchas veces pero si no resiste entonces es chatarra”

Cada vez que vivimos tiempos difíciles o dolorosos en las distintas áreas de nuestra vida pensamos que estamos siendo castigados o que simplemente hemos sido olvidados por Dios.

Quizás alguna vez escuchaste o te hiciste estás preguntas:

Si mi relación con Dios es buena, ¿por qué tengo problemas?

Si cumplo con mi diezmo y ofrenda, ¿por qué me pasan estás cosas?

Si le sirvo a Dios, ¿por qué tengo que pasar por todo esto?

Y así podríamos seguir mencionando las preguntas que uno se hace cuando está pasando por la prueba.

El apóstol Pedro señala una gran verdad que pocos estamos dispuestos a aceptar y comprender, Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo” 1 Pedro 1:7 (NTV).

En el tiempo de prueba es cuando debes demostrar de qué está hecha tu fe, aleja toda de idea equivocada sobre el castigo o el olvido de Dios, esa es una mentira del enemigo para debilitarte y vencerte.

Cuán difícil es mantener el gozo cuando hay muchos motivos para llorar y que complicado es permanecer de pie cuando todo está cayendo a tu alrededor, pero es justamente en esos momentos en los que tu fe debe ser de acero, a prueba del fuego y de los golpes de la vida.

Dios no quiere destruirte con la prueba, pero desea hacerte fuerte y a diferencia del herrero que desecha el hierro que no soporta el fuego y los martillazos, Él no te desecha sino que sigue trabajando en tu vida porque quiere sacar lo mejor de ti.

Es una realidad inevitable que seguiremos pasando pruebas a lo largo de nuestra vida, pero debemos tener presente que Dios ha prometido caminar con nosotros para enseñarnos que todo es parte de un plan maravilloso.

“Cuando pases por aguas profundas,  yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad,  no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán” Isaías 43:2 (NTV)

Por Judith Quisbert.

 

 

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Quiero ser cristiano porque no quiero ir al infierno

Cada uno tiene un motivo por el cual decidió entregarle su vida a Jesús, y aunque cada caso es especial, hay una razón errónea por la cual muchos se involucran en el cristianismo: el miedo al infierno.

Por medio de la Biblia aprendemos que sólo somos pasajeros por este mundo y que nuestro destino final es el cielo. El deseo de Dios es que todos seamos salvos y pasemos la eternidad con Él; sin embargo, los que rechazan el sacrificio de amor que Él hizo por medio de Jesús, automáticamente ya han elegido pasar la eternidad sin Él.

¿Qué sucede cuando eres cristiano solo porque no quieres ir al infierno?

Amar a Dios solo porque tienes miedo al infierno es igual que estar en una relación sentimental solo porque tu pareja te da dinero. Dios nos ha dado la libertad de escoger y Él nunca obliga a nadie. Pretender amar a Dios para evitar el infierno es un acto egoísta y es una manera de burlarse de Él. No obstante, nadie puede engañar a Dios (Gálatas 6:7) pues Él lo sabe todo (Salmos 139).

¿Amarías a Dios aún si no existiera el cielo o el infierno?

El «Soneto a Cristo crucificado», también conocido como «No me mueve, mi Dios, para quererte», es un poema que data del siglo XVI. Aunque se desconoce la identidad del autor, por sus palabras se puede decir que era una persona que amaba profundamente a Dios y que no necesitaba saber del cielo o el infierno.

Después de leer este poema, ¿podrías decir lo mismo que este autor? ¿Qué es lo que te motiva?

Si eras cristiano por temor al infierno o porque quieres ir al cielo, aún estás a tiempo de cambiar. Acude a Dios en oración y cuéntale tus temores, dudas, y pecados. Él te conoce mejor que nadie y te ayudará a comenzar una nueva vida sincera y llena del verdadero amor que solo Él puede dar. Cuando comiences a amar a Dios por quien Él es, y no por lo que pueda ofrecerte, verás que tu vida cambiará en todos los aspectos.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Escogido para servir

Jesús escogió a sus discípulos cuidadosamente, pues buscaba características específicas para la tarea que realizarían; sin embargo, se relacionó con diferentes grupos de personas.

Por un lado tenemos a las multitudes, que representan las miles de personas que vienen a la casa de Dios por los panes  y los peces. Esto es válido y correcto porque todos llegamos a Cristo por una necesidad. Vinimos heridos, enfermos o con problemas. Jesús  siempre estaba presto para orar por la multitud, liberarla de ataduras, sanarlas y alimentarlas. “Y le seguía  gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.” Juan 6:2.  Pero el Maestro no contó con ellos cuando fue a la cruz.

Otro grupo son los setenta a los que Jesús llamó y los designó porque tenían cualidades que los diferenciaban del resto, por eso les dio autoridad sobre los demonios y las enfermedades. En sus corazones, ya ardía la pasión por las almas y el reino de Dios. “Después de estas cosas, designo el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de el a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.” Lucas 10:1

Después están los discípulos, los doce que fueron llamados a tener una relación cercana con Jesús.  Ellos tomaron su ADN espiritual, y se convirtieron en los fundadores de la iglesia. Fueron perseguidos y torturados, pero también fueron llamados amigos de Dios porque hacían su voluntad. La obediencia y la sumisión son características notables de un discípulo.

Jesús siempre ministraba  a las multitudes y dentro de ellas encontraba  discípulos, hombres y mujeres especiales que querían conocer al hacedor de los milagros más que a los milagros, el corazón del Padre y trabajar para cumplir la visión de Dios  para llegar al mundo entero  con el evangelio.

La multitud puede estar hoy y mañana seguir el rumbo de su vida porque ya recibió lo que buscaba. El discípulo está comprometido con Dios en obediencia,  pone su vida completamente a su servicio; también  es aquel que se niega a sí mismo todo el tiempo, toma su cruz  cada día  por amor a quien lo rescató de la muerte.

Elige ser un discípulo de Jesús y  recibirás una gran recompensa,   tu gozo  será incomparable. No hay mayor felicidad para el ser humano que el servir a Dios y estar en el centro de su perfecta voluntad.   Sólo con discípulos se puede edificar grandes obras y llegar a cumplir el mandado del Padre.

“Habiendo reunido a los doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.” Lucas 9:1.2

Por Miguel Ángel Veizaga.

 

 

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¿Llorar es de débiles?

El llanto es una reacción de un estado emocional, ya sea de dolor, angustia, alegría o impotencia. Aunque a veces se lo interpreta como un signo de debilidad, podemos afirmar que no lo es. De hecho la debilidad consiste en la falta de firmeza en el carácter y cuando uno llora, sólo está expresando un sentimiento, de ninguna manera está en juego la firmeza del carácter.  Si llorar fuera una debilidad, luego todos seriamos débiles pues ¿Quién no ha llorado alguna vez?

Se dice que solamente el ser humano es capaz de producir lágrimas como reacción a un estímulo que provocó dolor o tristeza, con el tiempo me di cuenta que no es bueno reprimir el llanto, sino que debemos verlo como una exteriorización normal de nuestros sentimientos.

En una ocasión el Rey David, al enterarse de la muerte de su hijo, lloró amargamente: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33. David, estaba desbastado ante esta pérdida, aunque como sabemos, Absalón estaba poniendo en riesgo la vida de su padre.

También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, sin embargo su carácter siempre fue firme, porque sabía quién era y demostrar compasión o dolor no lo hacía menos delante de los demás. Por el contrario instantes más tarde, dio una muestra inequívoca de autoridad al decirle a Lázaro saliera fuera y haciendo que resucitara.

Muchas veces escapamos de expresar esta emoción, por miedo a parecer débiles; sin embargo, debes estar seguro que llorar tiene ciertos beneficios: nos ayuda a reducir el estrés, da claridad de pensamientos y permite desahogar tus emociones, posibilitando pensar más claramente sobre la situación que te angustia, por lo cual estarás más cerca de la solución de tu problema.

Probablemente tendremos que seguir experimentando situaciones en las que debamos derramar lágrimas. Pero esto, lejos de ser una señal de debilidad, debe entenderse como un signo que muestra nuestra dependencia y necesidad de Dios. Llorar significa: yo no puedo con esto, pero conozco a uno que tiene todo poder para darme la salida de esta situación.

Cuando veas a alguien llorar, préstale tu apoyo y escúchalo. Ahora, cuando seas tú el que llora, recuerda que no estás solo, Dios está contigo en todo momento, también y con más razón en los tiempos de angustia.

Cuando lloramos y derramamos lo que hay en nuestro corazón delante de Dios, recibimos, esa paz y consuelo que sólo Él puede dar.

“Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. Apocalipsis 21:4

 

 
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Forma y contenido

Una discusión que no parece tener término es ésta: ¿Hay otras maneras de comunicar el mensaje de Dios a nuestra generación?

Sostengo que la manera en que la mayoría de los evangélicos predica el mensaje no tiene llegada al mundo externo a la iglesia. Y eso hace inefectivo su esfuerzo evangelizador. Los números en todo sentido dan la razón a esta afirmación.

El argumento de los comunicadores – y predicadores, claro está – es que el mensaje no se cambia. Que intentar otras formas de predicar el evangelio es traicionar el mensaje.

Este error estratégico se debe a una comprensión inexacta de forma y contenido. Mi propuesta es que la forma potencia o, caso contrario, debilita la comprensión del contenido. A su vez, el contenido puede dar fuerza o debilitar a la forma del mensaje.

Un extenso pasaje de Ezequiel (capítulos 4 y 5) puede ayudarnos. Dios le ordena a Ezequiel construir una maqueta en adobe de Jerusalén a la entrada de la ciudad y colocar entre él y esa maqueta una plancha de hierro. Debe acostarse durante 390 días sobre un costado y luego 40 días sobre el otro costado, siempre teniendo la plancha de hierro entre él y la maqueta. Debe alimentarse de pan de grano cocido al fuego de excremento de animales. ¡Ezequiel solicitó permiso para que no fuera de excremento humano como fue la orden inicial! Debe cortarse el cabello, dividirlo en tres porciones y esparcir una al viento, otra quemarla al fuego y otra conservarla.

En seguida, Dios explica a Ezequiel el significado de toda esa instalación, como se diría hoy en el mundo del arte. La primera parte es la forma. Lo que Dios dice a Ezequiel que eso significa es el contenido. Esa es sólo una muestra de la increíble diversidad que Dios usó para comunicar su mensaje al pueblo a través de los profetas.

Jesús nunca – repito, nunca – predicó su mensaje de la misma manera dos veces. Siempre utilizó una forma y un contenido que se adaptaran a la situación. Cuatro ejemplos, entre muchos otros: sus encuentros con Nicodemo, con la mujer samaritana, con el joven rico y con Zaqueo. ¿Leen ustedes que a los cuatro Jesús les dijo “Arrepentíos y convertías porque el reino de los cielos se ha acercado?” No. Y sin embargo, los cuatro fueron confrontados con la misma verdad.

¿Por qué entonces insistimos en que la predicación y la música “cristiana” son las únicas formas de impactar y quebrantar los corazones de esta generación?

Abro el diálogo.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

9 características que todo cristiano debe tener

Ser cristiano significa seguir el ejemplo de Jesús. Cuando lo aceptas en tu vida, Dios se convierte en el dueño y Señor de todo lo que tienes; y por lo tanto, tu vida cambia. Gálatas 5:22-23 (TLA) dice: “El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.” De este versículo se entiende que todo cristiano que verdaderamente tiene a Jesús en su corazón, debe reflejar las siguientes características:

Es imposible que alguien diga que es cristiano y no refleje amor. Esto en sí ya es una contradicción directa, pues, Dios es amor. La Biblia no nos dice que amemos cuando el amor es recíproco, o cuando la otra persona lo merece; sino que amemos a otros de la misma manera en que lo hacemos con nosotros mismos. Sin embargo, para amar a otros, primero debemos amar a Dios. Marcos 12:30 dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”, una vez que cumples esa parte, amar a los demás es un simple reflejo de lo que ya llevas dentro: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo” (v. 31 TLA).

Demostrar alegría no significa sonreír todo el día. Cuando eres cristiano, entiendes que tu lugar no está en la Tierra y que, por lo tanto, las cosas que aquí ocurren son pasajeras. Cada aflicción, problema, tristeza, o preocupación es nada comparado con la eternidad que nos espera. Colosenses 3:2 nos dice que fijemos nuestra atención en lo eternal; y cuando piensas en el cielo que Dios nos tiene preparado, la alegría que Él pone en nuestros corazones se muestra en cada área de nuestra vida.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” (Filipenses 4:4, NTV).

Ser cristiano no significa estar libre de problemas, sino tener la paz y seguridad de Dios cuando estas cosas ocurren. Juan 16:33 (NTV) dice: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Hay muchas técnicas y ejercicios que prometen traernos paz; sin embargo, la paz que Dios da no se iguala a ninguna otra, pues, su paz no es circunstancial, sino que es duradera.

La paciencia es algo que todo cristiano debe reflejar, independientemente de su personalidad. Ser paciente demuestra confianza, esperanza, amor, fe e inteligencia (Proverbios 14:29). Si alguien no es paciente, se puede perder las más grandes bendiciones que Dios tiene para su vida.

Ser amables implica demostrar un genuino interés por la otra persona. Filipenses  2:3-4 (DHH) dice: “..que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” Uno puede practicar la amabilidad desde pequeños gestos y esforzarse para hacer que otros vean el fruto del amor que Dios nos da.

Hay distintas maneras de demostrar buen trato y una de ellas es con las palabras. Efesios 4:29 nos advierte que debemos decir palabras que edifiquen a la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. Debemos de tratar bien a otros, incluso cuando ellos no hacen lo mismo con nosotros. En Mateo 5:43-44 (TLA) también nos recomienda a orar por aquellos que no nos desean lo mejor: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo.”

Dios nos pide depositar toda nuestra confianza en Él, sin importar los momentos difíciles que pasemos, así como dice Hebreos 11:1 (TLA): “Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.” Dios sabe recompensar a quienes le tienen fe, pues, al hacerlo le estamos demostrando fidelidad. Al ser fiel a Dios, le estás poniendo por sobre todo lo demás en tu vida; y cuando lo haces, todas las cosas siempre trabajan para bien.

La humildad no puede faltar en los cristianos. Efesios 4:2 (TLA) dice: “Sean humildes, amables y pacientes, y bríndense apoyo, por amor, los unos a los otros.” Ser humilde es aceptar que sin Dios no podemos ser nada, y que, gracias a Él lo tenemos todo. Humildad no es sinónimo de baja autoestima ni pobreza, sino de dejar que Dios sea más importante que nuestro yo.

1 Corintios 10:23 (TLA) dice: “Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.” Dios nos ha dado la libertad para elegir entre el bien y el mal. Cada elección que hagamos tiene una consecuencia. A diferencia de los animales, Dios nos entregó dominio propio para que aprendamos a controlar nuestros malos deseos. Quien necesite ayuda para gobernar sus impulsos, puede acudir a Dios para que Él le dé la fortaleza necesaria.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sorprende a Dios

Muchos se esfuerzan para sorprender a las personas que los rodean, en el campo laboral los empleados a los jefes, los músicos quieren impresionar a su audiencia, los hijos a sus padres y podríamos seguir dando ejemplos de cómo todos desean llamar la atención de los demás e impresionarlos.

Como cristianos, buscamos de muchas formas llamar la atención de Dios para sorprenderlo y en ese afán de querer agradarlo olvidamos presentarnos ante Él con un corazón contrito y humillado, pensamos que es suficiente hacer sacrificios y obras.

Josías hizo lo recto ante los ojos de Jehová como David lo había hecho, no se apartó a derecha ni a izquierda y cumplió con lo que Dios mandaba en su palabra cuando reinó en Jerusalén.

A su corta edad decidió buscar a Dios; a los doce años comenzó a limpiar Judá y Jerusalén de toda la idolatría que su padre y abuelo introdujeron al pueblo. Siendo ya de  dieciocho años después de limpiar la ciudad decidió reparar la casa de Jehová junto a los levitas, quienes fueron fieles trabajando en la restauración del templo. Pese a esto, Jehová había decidido derramar su ira sobre Jerusalén y sus moradores por causa de los antecesores de Josías, quienes no guardaron su palabra.

La noticia dejó al rey sin saber qué hacer porque él había hecho lo bueno, lo correcto y no se apartó de Dios en ningún momento; todo era bueno y Jehová veía con agrado sus acciones, pero Él esperaba algo más que obras y sacrificios.

En ese momento crítico de su vida el rey sorprendió a Dios y no fue con obras ni acciones con esfuerzo humano. Se presentó con un corazón arrepentido, se humilló y lloró en la presencia de Jehová. Esta actitud es la que Dios esperaba para perdonar la desobediencia del pueblo de Jerusalén.

Puede que hayas hecho muchos esfuerzos para llamar la atención de Dios y así poder sorprenderlo haciendo lo bueno y correcto, cumpliendo su palabra sin apartarte de ella en ningún momento; pero lo que necesitamos entender es que es la actitud de un corazón contrito y humillado lo que sorprende al Señor.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmos 51:17 (RVR1960)

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 

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