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¡Refugio seguro!

“Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás”. Salmos 32:7 (RVR1960).

Cuando atravesamos situaciones difíciles o dolorosas, solemos creer que estamos solos y sentimos un peso tan grande sobre nosotros que casi nos ahoga. Sin embargo, no es verdad que estemos solos, sino que es en esos momentos cuando más cerca está Jesús. Él está dispuesto a llevar tus cargas, por lo cual ya no tienes que soportar tanta presión sobre tu vida. Deja sobre el Señor tu carga y Él te sostendrá, no dejara para siempre al caído al justo. (Sal 55:22)

Por Cesia Serna.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Rendido

Es mejor sentarse a observar el partido, que ser un jugador, posiblemente el equipo pierda por culpa mía o no sea capaz de meter un gol y no quiero arriesgarme.”

¿Alguna vez has pensado de esta manera? Estos son los pensamientos de una persona derrotada  que  aún sin haber intentado jugar ya piensa que va a perder.

A veces actuamos como personas derrotadas, no deseamos implicarnos en el problema ni nos arriesgamos a actuar por miedo, preferimos no correr el riesgo, siendo espectadores de los logros de otras personas.

Si no quieres fracasar, simplemente no hagas nada

Las personas que nunca han fracasado, son aquellas que nunca han hecho nada, jamás han corrido riesgos en su vida y, por lo tanto, no conocen lo que es “meter la pata”,  sufrir por haber tropezado; no conocerán el dolor de perder pero tampoco disfrutarán el increíble sentimiento de la victoria.

La vida es corta y creo que uno recuerda más aquellas vivencias que nos han marcado, tanto los fracasos como las victorias, aquellos eventos que nos hicieron tocar el fondo de nuestras emociones ¿Lo has sentido?

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Marcos 12:30

En el camino del Señor, Él desea que le entregues tu vida con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Esto significa que quiere verte en la cancha, sudando la camiseta y no simplemente sentado en la banca de la iglesia; que salgas a predicar, ores por los enfermos, por tus familiares, que apoyes a los que tienen necesidad, que madrugues para buscarlo.

Si estás enfrentando el dolor de no hacer nada, no pierdas más el tiempo y cambia tu mente ¡Vuélvete una persona activa y luchadora! Recuerda que los premios no son para los espectadores, sino por aquellos que se esfuerzan por alcanzar la meta. Si deseas recibir una respuesta o bendición de Dios, tendrás que preguntarte si has entregado tu vida con pasión.

¡Asume el reto y esfuérzate por ganar!

 

 

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“Mi poder se perfecciona en tu debilidad”

Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil.  2 Corintios 12:8-10 (TLA)

Pablo escribió con toda sinceridad la lucha con su carne, tal vez se sentía tan desesperado como nos sentimos nosotros cuando nos encontramos en medio de una situación difícil de enfrentar y estamos tan cargados por las cosas que nos acontecen que por un momento olvidamos quién es el centro de nuestras vidas.

¿Cuál es ese problema que parece consumir tus fuerzas? ¿Qué es lo que te roba la paz y quiere hacer que pierdas la esperanza? ¿Qué es eso que en tu interior te molesta tanto que te hace pensar que Dios no escucha tus oraciones y que tampoco está junto a ti? ¿Hay algo que actualmente está desestabilizándote de tal manera que sientes que vas a perder la cordura?

Si es así, al igual que a Pablo, Dios te dice:

“…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad…”.

Sólo su amor y su gracia te llevarán a escalar nuevos peldaños de victoria.

Hoy te animo a rendirte delante Dios y no frente a tus problemas, tal vez el dolor que estás sintiendo es incomparable y nadie más lo entiende, pero créeme que Dios sí, Él quiere llevar esa carga por ti.

Pablo entendió que su fuerza no venía de él sino de Dios, por ello pudo gozarse en medio de cualquier situación que haya estado pasando, porque  sabía que la tribulación era momentánea.

Recuerda que cuando eres débil, entonces eres fuerte, porque mayor es el que está en ti que el que está en el mundo.

Por Ruth Mamani

 

 
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¿Llorar es de débiles?

El llanto es una reacción de un estado emocional, ya sea de dolor, angustia, alegría o impotencia. Aunque a veces se lo interpreta como un signo de debilidad, podemos afirmar que no lo es. De hecho la debilidad consiste en la falta de firmeza en el carácter y cuando uno llora, sólo está expresando un sentimiento, de ninguna manera está en juego la firmeza del carácter.  Si llorar fuera una debilidad, luego todos seriamos débiles pues ¿Quién no ha llorado alguna vez?

Se dice que solamente el ser humano es capaz de producir lágrimas como reacción a un estímulo que provocó dolor o tristeza, con el tiempo me di cuenta que no es bueno reprimir el llanto, sino que debemos verlo como una exteriorización normal de nuestros sentimientos.

En una ocasión el Rey David, al enterarse de la muerte de su hijo, lloró amargamente: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33. David, estaba desbastado ante esta pérdida, aunque como sabemos, Absalón estaba poniendo en riesgo la vida de su padre.

También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, sin embargo su carácter siempre fue firme, porque sabía quién era y demostrar compasión o dolor no lo hacía menos delante de los demás. Por el contrario instantes más tarde, dio una muestra inequívoca de autoridad al decirle a Lázaro saliera fuera y haciendo que resucitara.

Muchas veces escapamos de expresar esta emoción, por miedo a parecer débiles; sin embargo, debes estar seguro que llorar tiene ciertos beneficios: nos ayuda a reducir el estrés, da claridad de pensamientos y permite desahogar tus emociones, posibilitando pensar más claramente sobre la situación que te angustia, por lo cual estarás más cerca de la solución de tu problema.

Probablemente tendremos que seguir experimentando situaciones en las que debamos derramar lágrimas. Pero esto, lejos de ser una señal de debilidad, debe entenderse como un signo que muestra nuestra dependencia y necesidad de Dios. Llorar significa: yo no puedo con esto, pero conozco a uno que tiene todo poder para darme la salida de esta situación.

Cuando veas a alguien llorar, préstale tu apoyo y escúchalo. Ahora, cuando seas tú el que llora, recuerda que no estás solo, Dios está contigo en todo momento, también y con más razón en los tiempos de angustia.

Cuando lloramos y derramamos lo que hay en nuestro corazón delante de Dios, recibimos, esa paz y consuelo que sólo Él puede dar.

“Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. Apocalipsis 21:4

 

 
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¡Ni para tomar impulso!

Cuando una amiga decidió entregar su vida a Cristo, me preguntaba si le era permitido seguir  haciendo cosas que solía hacer antes de conocer a Jesús, o  si estaba bien continuar frecuentando  lugares  a los que acostumbraba ir. Sus amistades no eran de mucha ayuda ya que invitaciones a fiestas y otras cosas no le faltaban, por lo cual había momentos que extrañaba volver a su vida pasada.

Fue entonces que retrocedí el tiempo para recordar a la mujer de Lot, quien llegó a vivir en Sodoma, donde2 estableció su hogar y lugar en el que crecieron sus hijas. Pero la vida de Lot era triste ante la pervertida conducta de los habitantes de Sodoma y Gomorra. La decisión de establecerse en esa ciudad fue  equivocada y las consecuencias fueron dolorosas. Sin embargo, Dios en su gran misericordia, envió ángeles para salvar a Lot y a su familia.

“Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas… Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”, Gén. 19:17, 26.

Si vivimos recordando y lamentando las cosas que dejamos en el pasado evitaremos que los propósitos de Dios se cumplan en nuestras vidas.

La esposa de Lot es un triste ejemplo, después de recibir las instrucciones para salir de Sodoma y Gomorra desobedece, pues no debían mirar atrás, pero lo hizo. La pregunta es: ¿Por qué?

Ella aún no había abandonado a Sodoma, es más, la llevaba en el corazón, pero para Dios era símbolo de la inmoralidad, de la perversión y de una vida sin su presencia.

Cuando la mujer miró atrás expresando su pesar por las ciudades y añorando lo que Dios quería destruir, perdió su vida.

¿De verdad valió la pena perder la vida por causa de algo que sólo la llevaba a su destrucción?

¿Vale la pena que mires atrás, cuando Dios ya tiene un camino preparado para ti?

Mirar atrás solamente nos estanca, nos produce pérdidas, dolor, lo cual sólo enoja a Dios. Es como si no valoráramos el sacrificio de su hijo y quisiéramos continuar viviendo una vida sin Cristo.

Es fundamental avanzar sin temor y sin mirar atrás, pues al otro lado hay un milagro.

La decisión de Lot no fue buena, pero Dios ya tenía un plan para librarlos de la muerte, a él y a su familia, en realidad ése es el deseo de Dios: salvar las familias. Él dio las instrucciones para evitar el juicio, pero desobedecieron.

A veces nuestra obstinación produce dolorosos resultados pero la misericordia de Dios no nos faltará, por eso acerquémonos confiadamente ante el trono de su gracia, para hallar oportuno socorro. Sus brazos de misericordia siempre están abiertos para todo aquél que desea recibirlo.

No mires atrás, deja tu pasado donde pertenece, la vida con Cristo es mejor, te aseguro no tendrás nada de que arrepentirte.

Por Ruth Mamani.

 

 

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Sigue orando por tu familia

Recuerdo que cuando era niño, después de haberse perdido todo el día mi papá llegaba por la noche a casa en completo estado de ebriedad e iniciaba una noche de llanto y dolor.

Se mostraba descontento con la comida que mamá le daba, para luego pasar a las palabras groseras que destruían su interior y por último llegaba a los golpes que le dejaban marcas profundas en su cuerpo.

En ese momento era incapaz de poder ayudar a mamá, pero en mi interior crecía un odio hacia mi padre, tenía deseos de agarrarlo a golpes y matarlo. Quería hacer muchas cosas para vengarme, pero por mi corta edad no podía pues seguro saldría yo más lastimado que él.

Estas escenas se dieron por varios años en mi familia, y cuando alcance los 15 años las cosas cambiaron un poco, porque ya no era el mismo niño que solo miraba cómo golpeaban a su mamá, a esa edad enfrentaba y amenazaba a mi padre, pero lo que hacía no lograba cambiar la situación siempre era lo mismo, creí que con mostrar esa actitud mi papá tendría temor de mí y dejaría de golpear a mamá, pero no fue así.

Pasaron los años y lo único que había en mí era un gran odio, rencor, remordimiento, deseos de golpearlo y hacerle pagar todo el daño que mi papá había causado. Pero por la gracia de Dios y por lo que hizo en mí hoy estoy escribiendo este devocional y puedo decir que Dios es real.

Era un domingo cuando me invitaron a la iglesia, y al entrar en ella me sorprendí por la forma en la que todos se saludaban y el trato que daban, era un ambiente muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado, por supuesto, para mí eso era algo raro, nuevo y diferente.

Después de asistir varios cultos de Jóvenes y haber ya aceptado a Jesús en mi corazón. El Señor me dio esta promesa: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Hechos 16:31

Agarrado de esa promesa empecé a luchar por mi familia doblando rodillas. Al principio era complicado porque era el primer cristiano de una familia desintegrada. Fueron dos largos años y algunos meses aproximadamente desde que empecé a luchar por mi familia, y mi hermano mayor se acercó a Jesús, de un momento a otro mi mamá comenzó a ir a la iglesia, ahora va mi hermanita, sólo faltan mi papá y mi hermana mayor para que toda la familia esté rendida a Dios.

Claro que no fue fácil llegar hasta aquí, tuve desánimos, sentía el cansancio, quería renunciar y dejarlo todo, porque a veces las cosas empeoraban en casa.  Pero nunca dejé de creer en el poder de Dios.

Durante este tiempo que conozco a Dios no sólo vi Su poder para cambiar vidas, familias, situaciones, problemas, sino también su misericordia cuando le fallas.

Quizá esta historia o alguna parte de mi vida te identifican. Tal vez tienes una familia en la que reina el dolor o algún miembro de tu familia aún no conoce a Cristo. Hoy te invito a que tomes tu Biblia  y medites  en Hechos 16:30-31 y sobre esa promesa empieces a luchar por tu familia.

Si ya estás orando desde hace años por tu hogar y aún no hay respuesta, no te rindas. Dios es fiel a su palabra y siempre responde. Permanece en oración y esperas con fe, Dios hará que lo imposible se haga realidad. “Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple.”  Números 23:19 (DHH)

Si has perdido las esperanzas y has dejado de orar por tu familia, hoy es un buen día para empezar a confiar en Él. Su misericordia sigue intacta y su poder sigue cambiando vidas.

 

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Corazón como diamante

¿Tienes compasión por las personas que necesitan ayuda? ¿Te pones en el lugar de aquellos que están sufriendo? ¿Sientes dolor por haber fallado a Dios o hacer algo que no era correcto?

“Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.
Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos.” Zacarías 7: 12-13

El pueblo del Señor endureció su corazón a tal grado, que la Biblia lo describe como un “diamante”. Estos corazones son duros, fríos e insensibles, no se  conmueven fácilmente, ni sienten compasión por el otro, se encuentran llenos de orgullo, rencor, celos, envidias y contienda, por lo que no quieren perdonar, ni escuchar corrección alguna.

Lo peor de esta situación es que ellos estaban conscientes del mal que hacían, pero aun así prosiguieron, tapando sus oídos para no escuchar a Dios. Por supuesto que esto trajo consecuencias y sufrimiento, y cuando llegó ese tiempo e Señor no escuchó sus plegarias.

Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26

¿Cómo está tu corazón? El corazón duro enoja  al Señor y por tanto te aleja más de Él y su voluntad. Si no tienes compasión por aquel que te pide apoyo, si no quieres perdonar, si tienes rencor,  orgullo o no sientes dolor por los pecados que te apartan del Señor, entonces tu corazón está tan duro como un diamante.

En esta oportunidad recibe una buena noticia: ¡Dios puede darte un nuevo corazón! Solamente debes tomar la decisión de volver a Él con todo tu corazón, es posible que te hayan lastimado o herido, por lo que no deseas perdonar, pero Dios quiere sanarte y bendecirte, solamente debes escuchar su voz y obedecerle.

¡Cambia tu corazón y deja de sufrir!

 

 

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El piloto de mi vida

Cuentan que un hombre tocaba insistentemente la puerta de un avión que se preparaba para despegar, hacia una lluvia impresionante y una de las personas encargadas que estaba ya dentro del avión, le decía ya era tarde y que no podría tomar el vuelo, pero aun así él siguió llamando y pidiendo que lo dejaran entrar. Ante tanta insistencia abrieron la puerta para dejarlo pasar, entonces para sorpresa de todos descubrieron que la persona que llamaba a la puerta era el piloto.

¡Qué locura, tratar de viajar sin un piloto!

Cada día tomamos decisiones, emprendemos nuevos proyectos personales, familiares y ministeriales, que se parecen a un viaje y la pregunta es: ¿Quién es el piloto?

Apocalipsis 3:20 dice: “¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos” (NTV).

Como personas siempre estamos emprendiendo algo nuevo y determinante en nuestras vidas pero olvidamos y obviamos la necesidad de ser dirigidos por Dios, por ello es que muchas veces fracasamos y nuestro viaje se torna doloroso, peligroso y agotador.

Alguna vez te has preguntado o has oído estás palabras: ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué no funcionó mi matrimonio? ¿Por qué no resultó mi negocio? Y así podríamos seguir mencionando más cuestionantes que uno se hace cuando fracasa en algún área de la vida.

Dios está llamando a la puerta de tu vida porque desea ser el piloto de tu viaje, para que pueda llevarte a tu destino con tranquilidad, seguridad y con la confianza de que ese viaje será un éxito.

¡No comiences un viaje hasta estar seguro que Dios es tu piloto!

“(…) Si tú mismo no vienes con nosotros, no nos hagas salir de este lugar” Éxodo 33:15 (NTV)

Por Judith Quisbert

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¿Hacer bien al enemigo? ¡Qué injusto!

¿Alguna persona te ha lastimado? Es difícil amar a una persona que te ha hecho sufrir, se siente una injustica cuando nos piden que perdonemos, y primero deseamos hacer justicia con nuestra propia mano.

La pregunta es: ¿Cómo perdonar a una persona que ha traído dolor a mi vida?

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.” Romanos 5:8-11

Es preciso entender que al principio éramos enemigos de Dios, un factor importante es que vivíamos en pecado y por tanto, separados  de Dios, nosotros lo crucificamos porque no queríamos creer, lo rechazamos y por tanto estábamos lejos de su presencia.

Spurgeon dijo: “Cristo murió por nosotros, considera las circunstancias de su muerte: No fue una muerte común la que Él padeció, fue una muerte de afrenta pública, porque fue ejecutado por muerte legal, fue una muerte de dolor indescriptible porque fue crucificado, y ¿qué dolor hay más fuerte que ser clavado a una cruz?”

Una clara muestra de amar al enemigo es Jesús, quién no solo amó sino que se sacrificó para salvarlo y te animo a hacer lo mismo. Piensa en la persona que consideras tu enemigo y después en cómo hacer un sacrificio por él, de este modo estarías siguiendo los pasos de Cristo.

¡Recuerda que al cielo no se va buenos deseos, sino siguiendo los pasos de Jesús!

 
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El otro mundo

Cruzar los cercos fronterizos, perforar los límites y adentrarse en territorios distintos. Encarnarse en lo otro en vez de seguir alucinando con conquistas mundiales y desde cómodos recintos cerrados continuar analizando las estadísticas con avanzadas máquinas virtuales. Ensuciarse no sólo las manos sino el cuerpo todo con la contundencia de los hechos. Tanto discurso apocalíptico y tanta elucubración redentora sólo han producido preñeces llenas de viento y sonidos extraños.
Los hechos están a la vista. El perro mundo se extiende inagotable, lejos del amor, ajeno a la mirada de la autodenominada selecta mayoría que sale de sus convocaciones dominicales y se dirige a simpáticos restaurantes familiares a comentar los notables acontecimientos que han tenido lugar en sus solemnes recintos cerrados, a salvo de la feroz chimuchina del dolor y la desesperanza de la inmensa mayoría.
Invisible a sus ojos se extiende el mundo verdadero, la clase humana desplazada, el opresor oscuro, la zarabanda de anuncios y talk shows, el mercado de valores, los señores intendentes, prostitutas y proxenetas, ladrones de cuello y corbata, delincuentes patibularios, inmensas minorías, mercaderes del bienestar a plazos, enfermedades y pestilencias desconocidas, esclavas y esclavos simulados como mano de obra barata, gordos y perfumados potentados, escuálidos y tirillentos mendigos, planificadores gubernamentales, policías al mejor postor, estallidos sociales, homicidios, femicidios, parricidios, suicidios y deicidios diversos, informes secretos, pobreza innumerable, atascamientos de vehículos, contaminación desencadenada, desesperación multiplicada y esperanza inimaginable.
La galería, el palco y la platea rebosan paz, sin embargo. Estos exabruptos apenas reverberan unos segundos en las pantallas del sistema y luego se disuelven como molesta neblina en autopistas suburbanas. La congregación tiene otros asuntos que tratar: sus inmensas alegrías e interminables celebraciones, las asombrosas superproducciones de sus creadores y la filosofía utilitaria de sus notables ciudadanos. Sus tiendas temáticas están abiertas las 24 horas y sus tesorerías trabajan sin parar tabulando los réditos de la confianza mayoritaria.
Esto me acontece por épocas; son períodos en los cuales se agudiza la irritación de la vida. Más tarde, para aliviar un poco la cosa viene la poesía, el recuerdo, alguna sutileza, un comentario intrascendente, la perplejidad. Allá, al otro lado de la alambrada, enhiesta, invencible, orgullosa permanece la fortaleza. Inmutable. El mundo puede venirse abajo si quiere. Qué más da. Así está escrito…

(Este artículo ha sido escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Melodia (en tres tiempos)

En el primer tiempo fue el cataclismo, la ruptura, el dolor diseminado. La arrancada vertiginosa de los hechos de la vida que parecían inmutables, que durarían hasta el fin de todas las cosas. Fue la violencia de las palabras, la rotura del corazón, el grito feroz del desamparo, el fin de todas las promesas y de todas las lealtades. No hubo linimento alguno. Hizo falta el bálsamo que aliviara el escozor de la piel. Escaseó el sueño, se hizo implacable de la tortura de la conciencia. Entonces la soledad fue una compañera indeseable, un estertor de madrugada, un infierno entre las sábanas, el sol que se hacía esperar eternamente.

Con los días vino alguna esperanza, el anhelo que todavía buscaba realidad. Fluyeron la poesía, la creatividad y los proyectos. Tal vez la vida regalaría otra oportunidad de compartir la piel y el sentimiento. ¿Avistaría por fin la luz de los faros lejanos para acercar el alma perdida a las orillas del descanso? No. Los puertos eran sólo estaciones para desestibar el peso de los días. Tenía uno que lanzarse otra vez a mar abierto para proseguir el viaje, porque todavía esperaba que en algún remoto atardecer en llamas las playas de Ítaca anunciaran el fin de todos los viajes y habría valido la pena la promesa hecha un amanecer entre lágrimas y sueños.

Finalmente vino el tiempo de la paz. De a poco entró en el hielo de los huesos el abrigo calentito de la soledad. Rotos todos los lazos comunes, liberado el corazón de los requerimientos del amor y conjuradas las obligaciones inevitables de los pactos permanentes, quedaba uno a disposición de una libertad costosa, definitiva, violenta y atrozmente conquistada. Fue la hora de firmar con sangre la declaración de independencia, instruir a los embajadores para responder vigorosamente a las exigencias del protocolo, anunciar que en este territorio la soberanía estaría desde ahora escondida de la inteligencia de los dictadores y que jamás volvería a someterse a nación alguna ni a extranjero dominio.

Sí, de verdad era el tiempo de la paz. Dolorosa, imperfecta, pero por fin inaccesible a los artificios y pretensiones del sentido común. Alejada para siempre del trajín de las oficinas, las alcobas y los santuarios…

Regreso al dolor

La nostalgia compensa algunos estados incómodos, por ejemplo, para gente que cree que su vida ya no tiene sentido o siente discontinuidad entre el pasado y el presente”, dijo Tim Wildschut al diario The Guardian en 2014. “Lo que encontramos en estos casos es que la nostalgia, espontáneamente, ingresa y contrarresta estas cosas. Eleva el significado de sus vidas y conecta mejor con su pasado. Es como una vitamina y un antídoto contra estos estados. Sirve para promover un equilibrio emocional, una homeóstasis”. (Diario La Voz, Córdoba, Argentina, 31 de diciembre de 2016).
No sé si la nostalgia aporte sentido a la vida. Sí creo que contribuye a crear un nexo valioso entre el pasado y el presente. Actúa como una terapia porque otorga un cierto grado de equilibrio emocional.

Nostalgia, en todo caso, es algo más amplio que recordar lugares, canciones o amores pasados. Todo el mundo puede recordar el pasado pero no sé si todos experimenten dolor. Hay ciertos caracteres que consideran que recordar es un ejercicio inútil o bien sólo un examen conducente a mejorar el desempeño actual.

Para nosotros, recordar es efectivamente nostalgia, como su etimología lo indica, un regreso al dolor. Es posible por cierto que el hecho recordado sea doloroso: un afecto perdido, la muerte de alguien querido, un fracaso descomunal.

Pero se nos ocurre que el recuerdo de algunas cosas causa dolor porque fueron bellas, dulces, plenas. Son inolvidables porque fueron hermosas. Su distancia con el presente, su ausencia es lo que duele.

No rescatamos sentido en la nostalgia; lo fortalece, más bien. Lo bello – y tristemente lejano – de esas memorias es que nos recuerdan lo que es estar vivo, lo que es sentir, lo que es ser humano y lo que abarca. Alguien alguna vez escribió que la sabiduría tiene una relación bastante próxima con el dolor; es difícil encontrar ciencia en la jarana o profundidad en la fiesta. Es notable también que la nostalgia esté mas cerca de poetas y filósofos que de administradores y científicos.

Claro, hay otros conocimientos que producen conductores de naciones y empresarios poderosos, pero de ese saber no se trata en este blog…

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