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“Mi poder se perfecciona en tu debilidad”

Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil.  2 Corintios 12:8-10 (TLA)

Pablo escribió con toda sinceridad la lucha con su carne, tal vez se sentía tan desesperado como nos sentimos nosotros cuando nos encontramos en medio de una situación difícil de enfrentar y estamos tan cargados por las cosas que nos acontecen que por un momento olvidamos quién es el centro de nuestras vidas.

¿Cuál es ese problema que parece consumir tus fuerzas? ¿Qué es lo que te roba la paz y quiere hacer que pierdas la esperanza? ¿Qué es eso que en tu interior te molesta tanto que te hace pensar que Dios no escucha tus oraciones y que tampoco está junto a ti? ¿Hay algo que actualmente está desestabilizándote de tal manera que sientes que vas a perder la cordura?

Si es así, al igual que a Pablo, Dios te dice:

“…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad…”.

Sólo su amor y su gracia te llevarán a escalar nuevos peldaños de victoria.

Hoy te animo a rendirte delante Dios y no frente a tus problemas, tal vez el dolor que estás sintiendo es incomparable y nadie más lo entiende, pero créeme que Dios sí, Él quiere llevar esa carga por ti.

Pablo entendió que su fuerza no venía de él sino de Dios, por ello pudo gozarse en medio de cualquier situación que haya estado pasando, porque  sabía que la tribulación era momentánea.

Recuerda que cuando eres débil, entonces eres fuerte, porque mayor es el que está en ti que el que está en el mundo.

Por Ruth Mamani

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La tristeza se convertirá en gozo

Juan 16:20 “….pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo….”

Cuantas veces, nos toca vivir tiempos de angustia, tristeza y desolación. Son esos momentos donde no vemos salida en incluso a veces, caemos en el error de compararnos con otros.

Vemos que gente que conocemos prospera, progresa, viven una vida aparentemente feliz, y esto si continúa, nos lleva a pensamientos de desánimo y la consiguiente depresión.

Pero qué bueno es leer, esta promesa bíblica de que la tristeza, se convertirá en gozo.

La Biblia hace una comparación de estos momentos, con los de una mujer que está a punto de parir. Siente dolores cada vez más fuerte, el temor, la ansiedad, la preocupación de que todo salga bien, la angustia etc. Sin embargo cuando nace un nuevo ser, todo este sufrimiento es rápidamente olvidado por la alegría del hijo que nació.

De igual manera sucede en nuestras vidas, nos toca pasar por momentos de dolor y sufrimiento, pero son solo dolores de parto, son señales de que algo nuevo está a punto de nacer en tu vida.

Puede que estés pasando momentos, de angustia, tristeza, y depresión, pero no desmayes, pronto verás el nacimiento de lo que Dios quiere hacer.

Prepárate y vive por adelantado, la alegría de una gran victoria.

Por: Daniel Zangaro.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Realiza tu trabajo!

Hace poco se dio a conocer un caso de violencia que vivió una mujer por parte de su esposo, la víctima quedó con el rostro totalmente desfigurado. Lo decepcionante del hecho es que la autoridad encargada del caso decidió poner en libertad al agresor, sin que este asumiera las consecuencias de sus acciones ¡Qué indiferencia a la gravedad de este asunto!

Todos esperamos que las autoridades defiendan nuestros derechos y nos protejan, pero es una tragedia cuando se muestran indiferentes y pasivos.

Este caso es parecido al de un doctor que no se moviliza de inmediato para socorrer a una persona que está a un paso de la muerte, sino que espera primero recibir el beneficio que obtendrá por su trabajo. Esta irresponsabilidad es preocupante  porque en lugar de bienestar trae sufrimiento a diferentes personas.

Así de triste es observar un cristiano que no cumple su responsabilidad:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.”  Lucas 4:18-19 (RV60)

La Palabra de Dios dice que el Espíritu del Señor nos ha ungido para dar las buenas noticias a los pobres, para sanar las heridas del corazón o físicas,  para dar libertad a los que están esclavizados por el alcohol, drogas, pornografía, etc.  y para predicar el mensaje de salvación. La pregunta que quiero hacerte es: ¿Estás haciendo tu trabajo?

Todos los días tenemos una batalla que ganar contra el enemigo, ¿estás atacando o simplemente eres un hombre cobarde con ropa de soldado? Muchas personas que te rodean están sufriendo y necesitan escuchar una palabra de esperanza y amor, ser libres y levantarse porque sus familias están siendo destruidas ¿Qué esperas para salvar sus vidas?

En este momento tienes que tomar una decisión y volver a Cristo con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas para empezar a realizar tu trabajo. Recuerda que los tibios o cobardes no entrarán al reino de Dios. (Apocalipsis 21:8)

¡Que el Señor te encuentre haciendo su trabajo!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sigue orando por tu familia

Recuerdo que cuando era niño, después de haberse perdido todo el día mi papá llegaba por la noche a casa en completo estado de ebriedad e iniciaba una noche de llanto y dolor.

Se mostraba descontento con la comida que mamá le daba, para luego pasar a las palabras groseras que destruían su interior y por último llegaba a los golpes que le dejaban marcas profundas en su cuerpo.

En ese momento era incapaz de poder ayudar a mamá, pero en mi interior crecía un odio hacia mi padre, tenía deseos de agarrarlo a golpes y matarlo. Quería hacer muchas cosas para vengarme, pero por mi corta edad no podía pues seguro saldría yo más lastimado que él.

Estas escenas se dieron por varios años en mi familia, y cuando alcance los 15 años las cosas cambiaron un poco, porque ya no era el mismo niño que solo miraba cómo golpeaban a su mamá, a esa edad enfrentaba y amenazaba a mi padre, pero lo que hacía no lograba cambiar la situación siempre era lo mismo, creí que con mostrar esa actitud mi papá tendría temor de mí y dejaría de golpear a mamá, pero no fue así.

Pasaron los años y lo único que había en mí era un gran odio, rencor, remordimiento, deseos de golpearlo y hacerle pagar todo el daño que mi papá había causado. Pero por la gracia de Dios y por lo que hizo en mí hoy estoy escribiendo este devocional y puedo decir que Dios es real.

Era un domingo cuando me invitaron a la iglesia, y al entrar en ella me sorprendí por la forma en la que todos se saludaban y el trato que daban, era un ambiente muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado, por supuesto, para mí eso era algo raro, nuevo y diferente.

Después de asistir varios cultos de Jóvenes y haber ya aceptado a Jesús en mi corazón. El Señor me dio esta promesa: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Hechos 16:31

Agarrado de esa promesa empecé a luchar por mi familia doblando rodillas. Al principio era complicado porque era el primer cristiano de una familia desintegrada. Fueron dos largos años y algunos meses aproximadamente desde que empecé a luchar por mi familia, y mi hermano mayor se acercó a Jesús, de un momento a otro mi mamá comenzó a ir a la iglesia, ahora va mi hermanita, sólo faltan mi papá y mi hermana mayor para que toda la familia esté rendida a Dios.

Claro que no fue fácil llegar hasta aquí, tuve desánimos, sentía el cansancio, quería renunciar y dejarlo todo, porque a veces las cosas empeoraban en casa.  Pero nunca dejé de creer en el poder de Dios.

Durante este tiempo que conozco a Dios no sólo vi Su poder para cambiar vidas, familias, situaciones, problemas, sino también su misericordia cuando le fallas.

Quizá esta historia o alguna parte de mi vida te identifican. Tal vez tienes una familia en la que reina el dolor o algún miembro de tu familia aún no conoce a Cristo. Hoy te invito a que tomes tu Biblia  y medites  en Hechos 16:30-31 y sobre esa promesa empieces a luchar por tu familia.

Si ya estás orando desde hace años por tu hogar y aún no hay respuesta, no te rindas. Dios es fiel a su palabra y siempre responde. Permanece en oración y esperas con fe, Dios hará que lo imposible se haga realidad. “Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple.”  Números 23:19 (DHH)

Si has perdido las esperanzas y has dejado de orar por tu familia, hoy es un buen día para empezar a confiar en Él. Su misericordia sigue intacta y su poder sigue cambiando vidas.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Una tibia sensación

Hace muchos años el ya extinto Nobel de Literatura Alexander Solzhenitsyn escribió,

No tengo ninguna esperanza en Occidente… La excesiva comodidad y prosperidad han debilitado su voluntad y su razón.

Me viene la imagen cuando en mi país vivimos una dramática recesión. El dinero escaseaba producto de un feroz ajuste económico. La pobreza y la desocupación bordeaban, cada una, el 30%. Caminaba cuarenta cuadras de ida al trabajo y cuarenta cuadras de vuelta porque no alcanzaba para el colectivo. Al almuerzo era un poco de sémola con leche y la cena una taza de té y un pan. No pocas veces anduve con los zapatos agujereados. La mayor parte de los fines de semana de invierno la pasaba metido en la cama para escapar al frío porque no había para el gas de la calefacción. No era flaco por necesidad estética: había muy poco que comer.
Pero ardía de pasión. Tres veces por semana íbamos a predicar a diversos puntos de la ciudad. Teníamos una agrupación de estudiantes universitarios que se ocupaba de pensar el país y ofrecer ideas cristianas a los urgentes problemas. Algunos trabajaban clandestinamente para salvar gente de los servicios de seguridad de la dictadura y sacarlos del país. Ibamos a los campamentos de pobreza a hacer trabajo voluntario y enseñar la Palabra a los que querían saber más de Cristo.
Pasó el tiempo y los días trajeron progresiva prosperidad. Empezó a haber más comida que hambre. Acudía a la tienda cada tanto a comprar ropa y zapatos nuevos. Conseguí buenos trabajos. Me fui poniendo rellenito y más relajado. Me fui acomodando, porque “Tampoco la pavada, ¿me entendés?, hay que preocuparse de uno mismo y del futuro.”
La pasión fue reemplazada por la emoción. El compromiso fue desplazado por la membresía. El ardor de la existencia devino tibia sensación de paz. La redención de todas las cosas, no sólo las que están en cielo sino también las que están en la tierra no fue más una cuestión fundamental. Lo importante era prosperar y tener paz y seguridad, porque “tengo derecho a ser feliz”.
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Me despierto y me doy cuenta que era sueño. Me miro angustiado en el espejo del baño y tiemblo. Ojalá fuera frío o caliente, cualquier cosa, pero no tibio. Alguna vez leí en el Libro acerca de esa condición abominable.
Tiemblo de nuevo…

(Este artículo fue escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Si tocare el borde de su manto…

“…Si tocare tan solamente su manto, seré salva.” Marcos 5:28 (RVR)

Entre la multitud de la gente, iba una mujer que había estado enferma durante doce años, había gastado en médicos todo el dinero que tenía, pero ellos no habían podido detectar su problema para sanarla. Al contrario, le habían hecho sufrir mucho, y cada día se ponía peor.

En el momento que la mujer había oído hablar de Jesús, pensó: «Si tan sólo pudiera tocar su ropa, quedaría sana.» Por eso, cuando vio al Maestro, no perdió la oportunidad buscando pretextos para no ir a buscar a Jesús, no se concentró en sus limitaciones, ni en los impedimentos que había a su alrededor, tal vez esta mujer pudo decir: estoy enferma, me siento cansada, no tengo dinero, no hay remedio para mí. Su situación era realmente triste y desesperante. Por otro lado, era mucha la gente que estaba apretando a Jesús y tal vez parecía  imposible llegar a Él, porque todos necesitaban de un milagro, pero sólo una mujer supo cómo tocar a Jesús para que su problema fuera resuelto, ella creyó que cuando lo tocara, jamás se volvería a sentir enferma, cansada o sin salida. Cristo era su única esperanza, qué más podría perder sino le quedaba nada.

¿Qué vas a hacer tú? Serás como la multitud y dirás: hoy la iglesia estuvo llena y vi cómo Dios se manifestaba y muchos enfermos recibían sanidad o prefieres ser como esta mujer que no sólo experimentó la sanidad que su cuerpo tanto anhelaba, sino también algo aún mucho más importante, la salvación de su alma.

Hoy te invito a acercarte a Jesús en medio de tu necesidad, no importa la multitud de obstáculos que se puedan presentar en tu camino, solamente toca su manto y su poder fluirá en ti.

Quizás llevas orando mucho tiempo y aún no ves los resultados, por lo cual crees que no podrás soportar más el dolor y aun si piensas  que ya no hay esperanza para ti, porque tal vez los médicos te han desahuciado o simplemente no hallas salida a tus problemas, este es el mejor momento para tocar el manto de Jesús, sólo Él te dará las fuerzas necesarias para que puedas llegar hasta el lugar donde lograrás encontrar tu propósito y donde Él comenzará a tomarte de su mano para mostrarte sus bendiciones.

Que los obstáculos en el camino no te detengan, Jesús quiere hacer un milagro en tu vida, da un paso de fe y podrás experimentar de su amor, porque su poder fluirá para detener toda obra de maldad, entonces serás libre.

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Todo tiene su precio

Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Génesis 22:1-3

Cuando leemos este pasaje, seguramente nos suena muy fuerte, ¿cómo después de todo lo que esperó Abraham, Dios le pide su único hijo, el de la promesa y además teniendo en cuenta que Dios le había dicho que sería padre de multitudes? Pareciera no tener sentido, pero la fe de Abraham era tan grande, que creía que aún si sacrificaba a Isaac, Dios era poderoso para resucitarlo.

Dios tenía preparadas naciones para que salieran de la descendencia de Abraham, pero previamente hacía falta una prueba más, la de su fe, obediencia e integridad. ¿Sería capaz de entregar a su único hijo y ofrecerlo a Dios?

Muchas veces, estudiando la vida de determinadas personalidades, ya sean deportistas, o bien alguien dedicado al arte y que seguramente admiramos por su destreza, podemos ver el precio que han tenido que pagar, para alcanzar el lugar que hoy desempeñan. Conozco el caso de un futbolista, que tuvo varias lesiones de larga recuperación, una vez festejando un gol, se le cayó una pared encima por lo cual se fracturó su pierna, luego tuvo pérdidas de familiares muy queridos. Varias veces, el periodismo dio por terminada su carrera, pensando que la historia de su vida había concluido, pero siempre volvía a la actividad y seguía alcanzando logros cada vez mayores. ¿Cuantas veces habrá pensado en dejar todo? ¿Cuantos lo dieron por perdido? ¿Cuantos momentos de soledad y tristeza? sin embargo, cada vez que superaba una dificultad, eso significaba alcanzar un nuevo nivel y agregar una meta cumplida a su historia.

En el ámbito espiritual, también vemos siervos con ministerios exitosos, pero cuando nos adentramos en las profundidades de su historia personal, vemos cuantos momentos difíciles, de crítica, incomprensión, frustración, seguramente pensando en su interior en dejar todo, sin embargo, al lograr superar estos tiempos, pudieron alcanzar las promesas de Dios para su vida.

En el ámbito académico, vemos como algunos jóvenes, tienen que pasar “privaciones” en cuanto a salir o acostarse tarde, porque necesitan prepararse para sus exámenes. Luego se lo puede ver ejerciendo su profesión y hasta alguien irreverentemente puede decir “que suerte que tiene” pero obviamente no es cuestión de suerte, sino de precios que estuvo dispuesto a pagar. Precios de constancia, privaciones, determinación para lograr su meta.

Si hay cosas que te cuestan, o estás a punto de bajar los brazos, o quizás hasta te comparas con otros que a tus ojos son más exitosos que tú, recuerda que hay precios que pagar, al igual que Abraham, después de la prueba, viene un nuevo nivel de bendición que Dios te quiere dar. No temas en pagar el precio, porque grande es la recompensa.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La controversia de La Bella y la Bestia

Disney vuelve a ser noticia, esta vez con la película “La Bella y la Bestia”.  La controversia surge porque incorporan a un personaje “gay” al guión.  La cineasta Fabiola Romero nos responde en cuanto a los posibles efectos dañinos en los niños y la responsabilidad de los padres ante este nuevo tipo de arte provocador.

Escucha la entrevista completa aquí.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Luchando por la Pureza una Batalla Interna

Dios quiere llevarte a un nuevo nivel de identidad y autoridad pero las luchas internas con tus deseos impuros pueden robarte esta oportunidad.  Cuando deseas servir  a Dios tus deseos se convierten en secundarios y la prioridad se vuelve honrar a Dios, sin embargo muchos anhelando agradar a Dios caen en situaciones en las que no desean estar. El Apóstol Pablo dice: “Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago” (Rom.7:19). La transparente descripción de la lucha interna en los pensamientos del ser humano, no puede ser mas evidente en este versículo. Sin embargo, el hecho de que la palabra de Dios registre esta contradicción nos anima a pensar que cuando se menciona un problema se debe también mencionar una solución. Y la Biblia está cargada de soluciones.

Entonces ¿cómo ganarle la batalla a los pensamientos impuros? Primero entendiendo que Dios nos ha dado un ayudador, el Espíritu Santo y que la santidad no fue diseñada para ser lograda sino para ser manifestada, según el Pastor y consejero Daniel Arbolaez. Algunos puntos claves que te pueden ayudar a vencer la lucha contra la impureza.

-Honra tus relaciones motivado por amor y no por temor.

-La santidad no es odiosa es hermosa (Salmos 96:4).

-El pecado viene débil la primera vez, pero va tomando fuerza. El mejor momento para vencerlo es el inicio.

Escucha la entrevista completa para más recomendaciones.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El otro mundo

Cruzar los cercos fronterizos, perforar los límites y adentrarse en territorios distintos. Encarnarse en lo otro en vez de seguir alucinando con conquistas mundiales y desde cómodos recintos cerrados continuar analizando las estadísticas con avanzadas máquinas virtuales. Ensuciarse no sólo las manos sino el cuerpo todo con la contundencia de los hechos. Tanto discurso apocalíptico y tanta elucubración redentora sólo han producido preñeces llenas de viento y sonidos extraños.
Los hechos están a la vista. El perro mundo se extiende inagotable, lejos del amor, ajeno a la mirada de la autodenominada selecta mayoría que sale de sus convocaciones dominicales y se dirige a simpáticos restaurantes familiares a comentar los notables acontecimientos que han tenido lugar en sus solemnes recintos cerrados, a salvo de la feroz chimuchina del dolor y la desesperanza de la inmensa mayoría.
Invisible a sus ojos se extiende el mundo verdadero, la clase humana desplazada, el opresor oscuro, la zarabanda de anuncios y talk shows, el mercado de valores, los señores intendentes, prostitutas y proxenetas, ladrones de cuello y corbata, delincuentes patibularios, inmensas minorías, mercaderes del bienestar a plazos, enfermedades y pestilencias desconocidas, esclavas y esclavos simulados como mano de obra barata, gordos y perfumados potentados, escuálidos y tirillentos mendigos, planificadores gubernamentales, policías al mejor postor, estallidos sociales, homicidios, femicidios, parricidios, suicidios y deicidios diversos, informes secretos, pobreza innumerable, atascamientos de vehículos, contaminación desencadenada, desesperación multiplicada y esperanza inimaginable.
La galería, el palco y la platea rebosan paz, sin embargo. Estos exabruptos apenas reverberan unos segundos en las pantallas del sistema y luego se disuelven como molesta neblina en autopistas suburbanas. La congregación tiene otros asuntos que tratar: sus inmensas alegrías e interminables celebraciones, las asombrosas superproducciones de sus creadores y la filosofía utilitaria de sus notables ciudadanos. Sus tiendas temáticas están abiertas las 24 horas y sus tesorerías trabajan sin parar tabulando los réditos de la confianza mayoritaria.
Esto me acontece por épocas; son períodos en los cuales se agudiza la irritación de la vida. Más tarde, para aliviar un poco la cosa viene la poesía, el recuerdo, alguna sutileza, un comentario intrascendente, la perplejidad. Allá, al otro lado de la alambrada, enhiesta, invencible, orgullosa permanece la fortaleza. Inmutable. El mundo puede venirse abajo si quiere. Qué más da. Así está escrito…

(Este artículo ha sido escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Atrapado sin salida?

“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”. 2 de Reyes 6:17

El rey de Siria pensaba que uno de los suyos estaba delatando los planes que él compartía con su círculo más íntimo, sin embargo no era así, sino que el profeta Eliseo según lo que Dios le revelaba se lo comunicaba al Rey de Israel y esto ponía al descubierto todo lo que tramaba el Rey de Siria. Esto encendió su ira y mandó a capturar a Eliseo, con un ejército imponente, hombres con carros y caballos armados para esta misión.

Cuando el siervo de Eliseo ve\ió esto se llenó de temor, no veía en su mente ninguna salida, aun conociendo del poder de Dios y como Eliseo era usado por El, tampoco esto aparecía como una posible salida ante esa amenazante situación. Entonces Eliseo al ver el estado emocional de su criado, oró diciendo: Te ruego Jehová que abras sus ojos para que vea y Dios así lo hizo y pudo ver un monte lleno de gente de a caballo y carros de fuego alrededor de Eliseo que estaban a su favor.

¿Cuantas veces nos sentimos así como este siervo de Eliseo? Tal vez hemos visto, innumerables pruebas del poder de Dios, pero igualmente nos sentimos acorralados por las circunstancias, rodeados por el enemigo, sin ninguna salida posible. La fe de ayer, ya no nos sirve para hoy. Vemos al enemigo y nos parece gigante, poderoso y no vemos una manera lógica de vencerlo.

¿Has pasado alguna una situación parecida, donde una enfermedad, o las deudas, el fracaso, el matrimonio o tal vez varias de estas cosas te acorralan? ¿Te ha sucedido alguna vez de perder la fe, pensando que no hay salida posible? ¿Te has sentido solo y pequeño frente a un enemigo aparentemente tan fuerte que has pensado que ya no te quedan fuerzas para seguir luchando? ¿Te ha invadido un temor tan grande que tal vez quedaste paralizado, frente a lo grande que parece el problema?

Quizás, hoy sea una buena oportunidad para hacer la misma oración que Eliseo hizo por su siervo. Señor abre nuestros ojos espirituales, para que podamos ver. Y con toda seguridad veremos ejércitos peleando a nuestro favor. Entonces pasaremos de sentirnos rodeados y sin esperanza a tener una actitud valiente y de conquista, sabiendo que mas son lo que están de nuestro lado.

Te animo a que hoy puedas comenzar a ver con los ojos de la fe, deja de lado el temor, pasa de conquistado a conquistador, de vencido a vencedor, porque mayor es el que está en nosotros que aquel que está en el mundo.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Melodia (en tres tiempos)

En el primer tiempo fue el cataclismo, la ruptura, el dolor diseminado. La arrancada vertiginosa de los hechos de la vida que parecían inmutables, que durarían hasta el fin de todas las cosas. Fue la violencia de las palabras, la rotura del corazón, el grito feroz del desamparo, el fin de todas las promesas y de todas las lealtades. No hubo linimento alguno. Hizo falta el bálsamo que aliviara el escozor de la piel. Escaseó el sueño, se hizo implacable de la tortura de la conciencia. Entonces la soledad fue una compañera indeseable, un estertor de madrugada, un infierno entre las sábanas, el sol que se hacía esperar eternamente.

Con los días vino alguna esperanza, el anhelo que todavía buscaba realidad. Fluyeron la poesía, la creatividad y los proyectos. Tal vez la vida regalaría otra oportunidad de compartir la piel y el sentimiento. ¿Avistaría por fin la luz de los faros lejanos para acercar el alma perdida a las orillas del descanso? No. Los puertos eran sólo estaciones para desestibar el peso de los días. Tenía uno que lanzarse otra vez a mar abierto para proseguir el viaje, porque todavía esperaba que en algún remoto atardecer en llamas las playas de Ítaca anunciaran el fin de todos los viajes y habría valido la pena la promesa hecha un amanecer entre lágrimas y sueños.

Finalmente vino el tiempo de la paz. De a poco entró en el hielo de los huesos el abrigo calentito de la soledad. Rotos todos los lazos comunes, liberado el corazón de los requerimientos del amor y conjuradas las obligaciones inevitables de los pactos permanentes, quedaba uno a disposición de una libertad costosa, definitiva, violenta y atrozmente conquistada. Fue la hora de firmar con sangre la declaración de independencia, instruir a los embajadores para responder vigorosamente a las exigencias del protocolo, anunciar que en este territorio la soberanía estaría desde ahora escondida de la inteligencia de los dictadores y que jamás volvería a someterse a nación alguna ni a extranjero dominio.

Sí, de verdad era el tiempo de la paz. Dolorosa, imperfecta, pero por fin inaccesible a los artificios y pretensiones del sentido común. Alejada para siempre del trajín de las oficinas, las alcobas y los santuarios…

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