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Gloria Baena nos invita a acercarnos a los niños con la lectura

En El Arranke nos encanta brindarte recursos e información para tu crecimiento intelectual y el de tu familia, por eso nos complació entrevistar a la escritora, profesora y consejera colombiana, Gloria Baena.

Gloria lleva a cabo una gran misión con los niños: enseñarlos y motivarlos a leer. Por esta razón, ha creado y desarrollado “Vocalina”, un proyecto que potencia la parte lingüística e incentiva a los pequeños a establecer el hábito de la lectura.

Conoce cómo los padres pueden despertar en sus hijos el deseo de leer, mirando la entrevista:

 

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Meditaciones esdrújulas

Soñábamos que éramos inmortales. Que alcanzaríamos el mundo en nuestra generación. Construíamos espacios para pensar y dialogar. Nos educábamos en las ideas que cambiarían nuestra manera de pensar y de ver el mundo. Eramos, según el decir de Serrat, asquerosamente jóvenes.
Esperábamos que la gente comprendiera nuestro proyecto. La alentábamos a leer, a escribir, a pensar, a entender el mundo y sus razones. Veíamos venir en nuestra imaginación un río de novedad, una temporada de cambio, una reforma fundamental.
Creíamos que nuestra palabra tenía el poder de transformar. Confiábamos que los esfuerzos desplegados darían paso a una nueva generación de gente. Teníamos fe en los dirigentes y en las instituciones. Estábamos seguros que desde dentro se produciría la crisis saludable que abriría puertas y despejaría el camino del futuro.
Escribíamos. Tal vez, más allá de nosotros, harto después de nuestro tiempo, la crónica de nuestra gesta y de nuestro pensamiento volvería a encender corazones y mentes. Plasmábamos en el papel el mapa de los sueños. No veríamos nada ahora a lo mejor, pero alguna vez, en un más allá desconocido, seríamos informados que las semillas sembradas habían germinado en una cierta generación omega.
Reíamos, de eso hace ya muchos años. Estábamos empapados de optimismo. Sentíamos la juventud como herramienta central. Nos alegrábamos de estar vivos y de que esa generación fuera la nuestra. Estábamos contentos de existir.
Fracasamos sin excusas. Las cosas no eran como parecían. No sabíamos conducir. No articulamos estrategias adecuadas. Nos desilusionamos no sólo de los otros sino que, finalmente, de nosotros mismos. Eramos mortales, ilusos, egoístas. Nos fuimos agotando lentamente. Los años pasaron la factura y la maquinaria de los cuerpos acusó el desgaste.
Hablábamos al principio en estrados y asambleas. Más tarde lo hacíamos en cenáculos escondidos, en tertulias maratónicas. Finalmente nos quedamos con pequeñas audiencias de tanto en tanto, para ganarnos un poco la vida y quemar los últimos cartuchos.
Llorábamos. Lo aprendimos en la suma de los días, cuando el cielo se fue desplomando sobre nuestras cabezas y nunca más nos olvidamos de llorar. Conocimos en persona el lenguaje de la tristeza.
Desesperábamos a veces. Hartas veces. Lo que había sido claro y transparente se volvía confuso y errático. De vez en cuando nos abrigaba alguna esperanza. Todavía de repente nos arropa un poquito.
Confiábamos – a veces todavía confiamos – en algunos milagros. Es posible que todavía en alguna esquina, inesperadamente, los sueños nos vuelvan a encontrar.

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Libro ausente

Según diversas fuentes relevadas en internet se publicó en el año 2014 alrededor de un millón de libros en el mundo. No encontré referencias más actualizadas pero la cifra refleja una realidad esperanzadora: el libro no muere a pesar del abrumador dominio de las tecnologías de información y comunicación en todos los espacios de la vida. Por eso iniciaba el artículo “Todavía” agradeciendo que todavía se pueda leer en papel.
Otros estudios revelan que una creciente cantidad de gente joven se está acercando a librerías y bibliotecas, tendencia que confronta el mito de que ya nadie lee. A mayor abundamiento, el recurso de leer en pequeñas tabletas diseñadas para ese fin no ha logrado convertirse en un reemplazo definitivo del clásico ejemplar impreso.
Valgan estas breves ideas para atacar una vez más la desidia que la mayoría de la gente cristiana evidencia respecto de la lectura. La antigua admonición “Examinadlo todo y retened lo bueno” ha sido entendida por ellos así: “Examinad sólo las cosas que ustedes – o sus líderes – consideran buenas y traten de retener eso”. Esta suerte de autocensura mantiene ignorante a la mayoría de creyentes de lo que se piensa y se escribe en el mundo en el que viven. Seguramente no todo lo que está disponible para leer es digno de retener, pero eso no se puede descubrir hasta que uno lea algo por lo menos.
A ver, no es que no lean nada. Lo que pasa es que la mayoría de los cristianos sólo lee libros relativos a la vida cristiana. Ya he mencionado antes aquí que en esas publicaciones se tratan los mismos temas siempre pero con una variedad asombrosa de aproximaciones. En otras palabras, se escribe y publica más y más de lo mismo. Y también hemos afirmado que desde el punto de vista de la estética literaria la mayoría de los textos cristianos deja bastante que desear.
Hay un dato mucho más perturbador: los cristianos no leen adecuadamente el libro que da soporte a su fe, la Biblia. Inquietante porque en lugar de constatar en primera persona si los contenidos que les enseñan en la iglesia corresponden a lo que la Escritura afirma, la mayoría se entera de ello por predicadores y maestros que dicen lo que dice la Biblia y no ven ellos mismos lo que dice.
No está demás pensar nuevamente en el tema…

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10 beneficios de la lectura

¿Eres de las personas que lee solo en Facebook? ¿Consideras que leer un libro es una pérdida de tiempo?

Así como el cuerpo humano necesita de actividad física para mantenerse saludable, la mente se ejercita por medio de la lectura. Si sabes leer, y no lo practicas, entonces te estás perdiendo de muchos beneficios.

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Lectura

“Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente. En mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca”.

Alguna religión imagina el paraíso como un lugar donde se dispone de decenas de mujeres hermosas. Otros creen que hay palacios colmados de joyas preciosas y mares cristalinos. Aquéllos lo identifican con una suerte de éxtasis definitivo en absoluta unidad con una infinita mente universal.
En el Poema de los Dones, citado del libro “El Hacedor” publicado en 1960, Jorge Luis Borges se lo figuraba como una especie de biblioteca. Mientras que las imágenes de cielos primero descritas atraerían a la mayoría de las personas, estoy completamente seguro que interminables anaqueles con libros, mullidos sillones donde sentarse a leer bajo una luz tibia y personal debe ser deseable para apenas unos pocos.
No se hallan muchos placeres tan completos como la lectura; debe haberlos pero no creo conocerlos – a todos al menos. En la lectura ocurre el arte casi perdido de imaginar. Un rostro, un paisaje, una casa, un combate a campo abierto, una escena íntima emergen de las palabras y se transforman en una visión rica y profunda, enervante o feroz, deseable y tranquila. En casi todas las demás artes la imagen pone inexorables límites a la imaginación; puede estimularla a construir otras pero siempre a partir de un hecho ya dado. En la lectura no existen estos límites y eso la hace – para mí – perfecta.
Pero además la lectura es una compañía discreta, delicada; no se resiente si uno la deja por un rato o por unos días. No reclama atención ni exige tiempo. Está dispuesta todo el tiempo, sin estridencias, sin ruidos. Leve y poderosa a la vez. Ofrece distintas visiones del mundo y de las personas. Aporta conocimientos nuevos. Confronta, compromete, intranquiliza. Ataca, promete, seduce, despierta. Si no provoca estas cosas no es literatura digna de ser leída.

“Necesitamos libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros.” (Franz Kafka)

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Leer

“Los libros son cosa güena y hay que saber lo que dicen”, le dice el duro capataz de la hacienda al joven jornalero. Enviará a su hija a estudiar a la capital porque espera para ella un más alto destino que casarse con un campesino pobre y sin educación. A los ojos del viejo, esos son quizá los dos mayores pecados que un muchacho enamorado podría cometer. Con más intuición que conocimiento supone que la lectura franquea la entrada al mágico mundo del saber y otorga las armas para conquistar un lugar de privilegio en el mundo. El eterno sueño de madres y padres de ver a sus hijos alcanzar metas mucho más altas que ellos.

¿Son en realidad los libros cosa buena? ¿Hay que saber lo que dicen? ¿Es todavía el libro una esperanza para comprender el mundo en que vivimos?

Los libros han librado a través de la historia enormes batallas. Pensemos en algunas. Que llegaran a estar disponibles a todas las personas y no sólo a una élite poderosa e ilustrada. Que tuvieran un precio de compra accesible. Que estuvieran escritos en el idioma del pueblo. Que sobrevivieran a las prohibiciones y las hogueras que han sufrido en nombre de cierta única verdad que defienden la religión y los regímenes totalitarios. Que sigan viviendo en el corazón de millones de personas a pesar de la radio, la televisión y la red mundial de internet. Alegrémonos: el libro ha vencido. Goza de buena salud. Hasta hoy…

Pero todavía hay mucha gente que no conoce el inmenso país de la literatura. La pereza, la costumbre de leer sólo aquello que se relaciona con sus ocupaciones o creencias, una incapacidad confesada para concentrarse en el texto escrito, son algunas de las razones alegadas para esta ausencia, que a veces adquiere matices de imperdonable.

Es verdad que el oficio de leer invoca esfuerzo, constancia, búsqueda. Pero, ¿no es así con todas las cosas importantes de la vida? Aprender – en el más desafiante sentido de la palabra – ha de cautivar cautivar igual que lo lo hacen tantas otras cosas en las que invertimos tiempo y dinero

El libro nos convoca a librar nuestras propias batallas. A cuestionar y a comprobar la validez de nuestras convicciones. A descubrir otras formas de belleza en la novela, el cuento, la poesía y la dramaturgia. A abrazar la magia del saber. A vivir la vida examinadamente.

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El grito en la pared

Hoy me fijé que al lado del grafitti “Estar solo no es casualidad” (que motivó el artículo anterior a éste) hay dos más: “Chávez vive” y “La calle no calla.” La palabra es esencial en la vida humana. Es propia de nuestra especie y se manifiesta aún desde antes que sepamos leer o escribir. Sí, no me voy a referir esta vez al contenido de esos otros dos grafittis, por una razón que será evidente en seguida.

Como todas las cosas maravillosas de la vida, la palabra tiene una debilidad: cuando se la usa en exceso, cuando se la manosea para obtener respuestas emocionales por parte de la muchedumbre, cuando lo que dice jamás se realiza, la palabra se hace estéril. Se convierte en un grito del silencio. Se destruye su contenido.

Los medios de comunicación, las predicaciones, los discursos políticos, las frases empalagosas de Power Point y otros mensajes de Internet, el rayado en la pared y las pancartas (entre otros) suelen apelar a frases que en su nacimiento fueron poderosas palancas para el cambio, la revolución o la libertad, pero que de tanto ser repetidas mueren en el instante mismo en que son vistas u oídas.

La palabra pierde la vida en el discurso político. Las promesas, la frase elocuente acerca del pueblo, la justicia, el orden, el progreso o la educación son caballos de batalla que adquieren una fuerza inusitada, especialmente en la boca de hombres y mujeres que manejan con maestría el recurso de la oratoria; esas personas pueden estar diciendo la estupidez más grande del mundo, pero lo hacen de tal manera que a uno todavía se le erizan los pelos al oírlas. Es la magia de la palabra, sin embargo muerta ya en su sola pronunciación.

Lo mismo vale para la predicación. Tanto hablar del amor, de la lealtad, del servicio, de la solidaridad, de las bendiciones de la vida del creyente, de impactar al mundo con la verdad; luego, tanto ver el rotundo mentís que la conducta de los creyentes da a aquellas emocionantes afirmaciones…

Desde la modestia de este espacio, rendimos honor a la palabra perdida, al vocablo traicionado, al discurso estéril, porque seguimos creyendo que vivirán al menos en la memoria de los antiguos combatientes; seguimos creyendo – también – que los nuevos combatientes de la palabra la redimirán para las próximas generaciones.

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Saber o no saber

“Hay muchas dotorerías que yo no puedo alcanzar; dende que aprendí a inorar de ningún saber me asombro…” (Martín Fierro, José Hernández, verso 1089).

Qué extraño parece al buen entendimiento esto de “aprender a ignorar”. Si hay algo que se recomienda a quienes desean desempeñarse con alguna ventaja en la vida es aprender muchas cosas. Para trabajar, para las relaciones humanas, para el desarrollo del carácter, hay que saber. A este efecto, hay montañas de materiales para leer, para escuchar, para ver. Pero hay tanta información rodeándonos día y noche que es difícil saber qué tomar y qué dejar.

Dan ganas de huir de tanto conocimiento. Alejarse de tanto aparato que regurgita información incesantemente: celulares, internet, televisión. Perder el miedo a no estar conectado. Apagar el mundo alrededor nuestro y simplemente pensar en lo que ya se sabe. Es altamente probable que después de un día completo sin artefacto alguno encendido no se va a perder nada realmente valioso. Digamos casi nada por si justamente en ese “ayuno virtual” entra una noticia de la cual sea importante enterarse. La mayor parte del saber que está disponible en este instante no tiene valor relativo alguno. No tiene ninguna relevancia para la continuidad de la existencia por lo que es posible seguir viviendo bastante decentemente sin conocerlo.

Aprender a ignorar. Un intrigante – y seductor – reto para la época presente. Librarse de la horrible neurosis de la conectividad. Perder el miedo a no saber y tomarse la vida más tranquilamente, con más conciencia del ser, con más tiempo para pensar en lo que ya se sabe. La gracia de aprender consiste – en buena parte – en arreglar de un modo distinto las cosas que ya se saben, encontrando nuevas relaciones, nuevas luces y nuevas reflexiones en lo que ya es conocido.

“Más se sabe por viejo” es una posibilidad; a veces no, porque hay alguna gente que se pone más necia con los años a pesar de lo que sabe. Pero a otra, el conocimiento adquirido le basta para vivir mejor, sin tanta información, sin tanto aparato y sin tanta prisa…

(Publicado en febrero de 2014)

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¿Cómo responder las preguntas más difíciles?

Si lees mis artículos con frecuencia, te darás cuenta de que estoy constantemente escaneando los redes sociales para encontrar algo relevante para compartir.

En esta ocasión encontré un articulo bien interesantes en un medio impreso, gracias a mi padre que solo lee periódicos y publicaciones en papel di con este articulo; que es acerca de como responder de manera correcta las preguntas más difíciles durante una entrevista de trabajo.

El artículo empieza con la frase inicial de toda entrevista: “cuéntame de ti” y en los siguientes tres párrafos te comparto el texto que traduje del articulo original que es parte de una publicación llamada Job News.

“Mucha gente se equivoca dando respuestas como, toda la historia de su vida, dando una respuesta larga y egocéntrica o un respondiendo con un discurso de ventas.

Se recomienda preparar para este tipo de preguntas, una respuesta de 30 segundos que resuma tu carrera profesional; ya que esa es tu oportunidad para conectar tu experiencia laboral pasada con lo que puedes y sabes hacer.

Mide en tu reloj 30 segundos. Es más tiempo de lo que imaginas. Al final de los 30 segundos saca tu curriculum o indica en tu curriculum un par de beneficios que tu experiencia te da para el trabajo al que estas interesado en obtener.”

Me encantó la idea de contar el tiempo de la respuesta, nunca lo había pensado de esa manera. Tener noción del tiempo que usas para responder cada pregunta que el entrevistador te hace es una muestra de consideración; no solo para tus nervios sino también para el entrevistador que tiene muchas personas que conocer y escuchar.

¿Cómo han sido tus experiencias en entrevistas de trabajo, un monólogo sin fin, un diálogo aburrido o un discurso de vendedor?

 

 

 

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Nostalgias del silencio

Salía de la casa y allí, a unos pocos metros, el río. Más atrás, la montaña. El agua era una superficie oscura, silenciosa y pulida, apenas interrumpida por enormes piedras blancas que eran el punto de reunión de una infinidad de pájaros enormes y desconocidos para mis modos de exiliado citadino.

La casa estaba en la última esquina del pueblo; más allá el monte hirsuto, la adusta montaña, los árboles centenarios. Solía sentarme en las mañanas en la galería y dejaba que el día iniciara en mí su trayecto lento; o bien a la tarde, que finalizaba en mí su misterioso mensaje.

Yo venía del ruido eterno de la ciudad. Martillos neumáticos, bocinas, escapes libres, vendedores ambulantes, taladros, usinas, piquetes de protesta, ciudadanos airados, café con música  a todo volumen (chipún-chipún-chipún) y televisores en modo mute, griterío de chicos, urgencias de ambulancias, policías desaforados, noticiarios violentos, timbres de teléfonos.

Venía de la insolencia de los vendedores, de la apretujada manada de seres humanos cada mañana en el metro, de la amargura de los jubilados en la plaza, de las bombas lacrimógenas, de las sirenas de los patrulleros. Huía de los tiros de los delincuentes, los robos a mano armada, la violencia salvaje de los estadios, los discursos de los políticos, los anatemas de los predicadores solitarios en la peatonal, las bachatas de Romeo Santos y los vendedores de diarios.

Venía de las esperas interminables en el banco, en Pago Fácil (¡Fácil…!), en la terminal, en el aeropuerto, en la caja del supermercado, en la recepción de la dentista, en el paradero del colectivo.

Hoy, a medio camino entre el silencio y la ciudad, busco un amparo, un respiro, un rincón chiquito donde la vida se detenga – al menos un poco – y me permita pensar, me permita leer, me permita escribir, me permita ser.

Porque las generaciones condenadas al ruido podrían tener, si les queda algo de fortuna, una segunda oportunidad sobre la tierra…

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Me cuesta leer la Biblia

Es el Best Seller, de los Best Seller.
La fuente de sabiduría.
Nuestro manual de instrucciones.
La forma más directa que Dios tiene de hablarnos.

Lejos de tratar de definirla, no logramos detenernos a prestarle la atención que merece.

Cuando se trata del verbo lees hay un cierto rechazo hacia la biblia, con el mayor respeto que amerita, y se debe a que la mayoría cree que es un libro (aunque sea el conjunto de 66) aburrido, lleno de historias poco probables y en un contexto fuera del siglo que vivimos.
Entonces… quizá todavía no descubrimos quien está detrás de esas grandes  historias de amor.

Puede que a ti, como a mí, nos cueste  leerla  todos los santos días. No logramos hacerlo disciplinadamente.  Pero como un dicho afirma por allí, “todo depende del cristal con que se lo mire y entonces todo sea una cuestión de enfoque”.

Para poder ver a la biblia como lo que realmente es, necesitamos sacarle esa capa de religiosidad que la llena de polvo y buscar una manera distinta de recibirla. Por ejemplo:

  • No comenzar a leerla con la disposición incorrecta. Puede que haya muchas cosas que no entiendas, pero no por eso Dios dejará de hablarte.
  • Darnos la oportunidad de descubrir historias con las que nos sintamos identificados. En lo personal me gusta mucho la historia de Jael, una heroína del libro de jueces que mató a Sisara (enemigo de Israel) clavándole una estaca en la sien de lado a lado. Aunque no lo creas esa historia está escrita.
  • Tomarnos el tiempo para dedicarle atención. No debemos hacer otras cosas a la vez.
  • Buscar la manera de poder entender lo que Dios nos quiere decir a través de ella, hoy día tenemos como mínimo 20 versiones de la biblia. No hay excusas.
  • Como todo en la vida, no podemos empezar las cosas de golpe. Si nos cuesta leer, no querramos terminarla en una semana. Démonos un espacio para ir poco a poco, con un versículo por día se empieza bien, pero hay que hacerlo.
  • CVC LA VOZ tiene devocionales – Conexión Vertical – en la aplicación de la biblia para celular (YouVersion) donde cada día puedes leer una reflexión y en ella hay dos o tres versículos.
  • Si hay algo que nos llama la atención indagar en ello. Recursos hay de sobra.

Esto no es ser eruditos, ni de tratar de entender a Dios porque eso sería una pérdida de tiempo (sus pensamientos son más altos que los nuestros. Isaías 55:9) es querer conocer a Dios a través de su carta de amor hacia nosotros. Todo lo que está escrito en la Biblia fue para nosotros, Dios inspiró a hombres imperfectos a que escribieran parte de su historia y algunos relatos para que aprendamos lo que sí  y lo no que debemos  que hacer.

En la Biblia encontrarás más que palabras, anímate a descubrirla y mirarla con otros ojos, puede cambiarte la vida!!!

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Refugio

Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, fue un escritor nacido en Florida, Misuri, Estados Unidos. Escribió obras muy exitosas como “El príncipe y el mendigo”, “Las aventuras de Tom Sawyer” y “Las aventuras de Huckleberry Finn.”

Todo comenzó en 1847, al cumplir los 11 años Mark dejó la escuela para comenzó a trabajar en la imprenta de un periódico local. Poco a poco llegó a cargos más importantes, a los 19 años, por primera vez,  publicó en el mismo periódico algunas tiras cómicas y relatos de viajes. Pero no fue sino hasta 1876 cuando logró consolidarse como un escritor de renombre.

Los laureles lo perseguían por doquier y sus ingresos eran bastante altos.  Sin embargo, toda esa fama nunca evitó que se enfrentara a diversos problemas, por ejemplo: Nunca fue un administrador eficiente y sus inversiones nunca dieron resultado haciendo que sufra grandes pérdidas, tuvo que  enterrar a varios de sus seres queridos y al convertirse en un firme partidario de la abolición de la esclavitud, logró conseguir más enemigos y el abandono de muchos de sus amigos.

En esos momentos de pena y dolor, Mark se refugiaba en la lectura de libros de historia, filosofía y poesía. En algunos comentarios de su vida, él mismo reconoció que su pensamiento cambió y se desarrolló a lo largo de su vida con el apoyo de grandes escritores amigos.

Uno de estos comentarios escrito por él en un periódico local decía:

“Cuando terminé la lectura del libro “la Revolución Francesa” escrita por Carlyle en 1871, yo era semejante a la sociedad acomodad; cada vez que lo he vuelto a leer, veo todo de forma diferente. He sido influenciado y he cambiado, poco a poco, por la vida y el entorno, y ahora cojo el libro una vez más, ¡y reconozco que soy pobre! Pero no pobre debilucho o de poco carácter, sino uno fuerte.”

La revolución francesa fue el principio de muchas otras revoluciones que seguirán su ejemplo. Pero el relato de cada historia individual, de cada vida que participó en ella, fue lo que inspiraba Mark cuando ya no tenía fuerzas, cuando sentía que estaba al borde de la banca rota, cuando era invadido por la pena de cada familiar que enterraba, cuando los amigos lo abandonaban o cuando reciba amenazas por defender sus ideales. En esos momentos encontró refugio en las valientes historias que leía. Eran como un refugio.

Muchos libros a los largo de la historia motivaron a hombres de todas las clases sociales; desde los que leen en la comodidad de un escritorio, hasta los que hojean viejas paginas dentro de un calabozo. La fuerza que se encuentra en cada palabra puede cambiar el modo de pensar de quien hace suyas esas palabras.

Pero entre tantos libros escritos, la biblia se destaca por ser el único libro que continúa siendo actual con el paso del tiempo, sigue siendo moralmente correcta, literariamente exquisita y científicamente sin errores.

Por incontables generaciones, al hojear sus páginas y describir a Dios hablando entre cada escrito, el hombre no sólo han encontrado una motivo de inspiración, sino que han experimentado un cambio radical en sus vidas. En otras palabras: Sigue siendo el mejor refugio para quien necesita fuerza, dirección, libertad, ánimo y consuelo.

“Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna.” Juan 6:68 Versión DHH

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.