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Eterna fidelidad

En ocasiones los padres hacen promesas a sus niños pequeños y no las cumplen, puede ser que se comprometieron solamente para salir del apuro, se les presentó algún inconveniente o se olvidaron. Esto puede hacer que ya no sean fiables.

Una de las características de Dios es su fidelidad, Él sí cumple a cabalidad sus promesas a pesar de todo, pues es propio de su carácter, lo dice 2 Timoteo 2:13 (NVT) “Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es.”

Dios nunca olvida, no falla, no abandona, jamás es infiel a lo que ha dicho. Ten por seguro que cumplirá cada palabra que está registrada en las Escrituras.

Si el simple hecho de cumplir con una promesa te hace una persona fiable, alguien en quien se puede confiar, cuánto más debemos creer en el Señor, en su Palabra y en su amor que no ha cambiado ni ha defraudado a nadie. Él, a pesar de nuestros errores, no nos desecha, por el contrario, nos da una nueva oportunidad para levantarnos: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Filipenses 1:6 (RVR1960)

Tal vez te alejaste de Dios por algún motivo y quieres volver, pero crees que no te recibirá ¡Confía en Su Palabra!  “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”  Isaías 1:18 (RVR1960

Quizás estás pasando alguna situación complicada en tu vida y no ves ninguna salida, te animo a creerle y aferrarte a la esperanza que te da su Palabra: “Dios no es un hombre, por lo tanto, no miente. Él no es humano, por lo tanto, no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir?” Números 23:19 (NVT)

Dios es fiel en todo, se puede confiar plenamente en sus promesas pues hasta ahora nadie ha sido defraudado, así que busca la respuesta a tu situación en Él.

¡Su fidelidad es eterna!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La fuente del milagro

“«¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su dificultad, y él los salvó de su aflicción. Envió su palabra y los sanó; los arrebató de las puertas de la muerte” Salmos 107: 19-20 (NVI)

¿A quién acudes cuando tienes problemas o cuando estás enfermo? Muchos depositan toda su confianza en una persona o en la medicina, olvidan que Dios es insuperable y que puede hacer un milagro en medio de los tiempos difíciles y dolorosos. Recuerda que Dios es la fuente del milagro y cuando lo recibas, no olvides darle a Él toda la gloria.

Por Judith Quisbert

 

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Te estaba esperando

Una muchacha estaba asustada porque descubrió que se encontraba embarazada, pensó que su padre la mataría, por lo que decidió irse de su hogar y buscó refugió en la casa de una amiga.

Después de un tiempo se dio cuenta que necesitaba el apoyo de su familia para salir adelante, por lo que decidió regresar. A pesar del dolor y angustia que sufrieron sus padres por su desaparición, al verla, la recibieron con alegría, abrazos y besos porque su hija que creyeron muerta, ahora estaba con ellos.

Esta anécdota se parece a una historia que se encuentra en la Biblia: Un joven pide la parte de su herencia para irse de su hogar, su padre accede y el muchacho comienza a vivir perdidamente hasta que su fortuna se termina, sufre por sus errores y decide regresar a su padre, aunque sea recibido como un sirviente.

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:20-24 (RVR 1960)

Su padre lo estaba esperando y cuando lo vio, corrió para abrazarlo y besarlo, no le interesaba si su hijo había gastado todo el dinero de la herencia, si había vivido de la peor manera, lo que importaba era que había vuelto e hizo fiesta para celebrar.

A veces tenemos miedo de acercarnos a Cristo porque le hemos fallado, cediendo a nuestras debilidades o tomado decisiones que no eran correctas, y pensamos que Dios no quiere escucharnos o vernos; sin embargo, Él está esperando nuestro regreso, no le interesa cuánto nos hemos ensuciado o cuántas caídas tuvimos, sólo le interesa que regresemos a casa.

En esta oportunidad te animo a regresar a los brazos del Señor, entra a su presencia en oración, Dios está esperando que vuelvas a cruzar esas puertas y te aseguro que habrá una gran fiesta porque su hijo que parecía estar muerto, ha vuelto a vivir.

¡No importa el pasado, sólo la decisión que tomes ahora!

 

 

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Muy pesado

Un día, un hombre estaba trasladando su biblioteca a un cuarto del primer piso de su casa. Mientras subía la escalera con una carga de libros, su hijo entró y expresó su deseo de ayudar a papá, solicitud que le fue concedida, pero cuando el hombre se dio cuenta, vio que el niño había podido subir unos escalones y que llevaba en sus brazos el libro más voluminoso de la biblioteca, pero no podía subir más. El libro era demasiado grande para su pequeño niño y el chico se sentó a llorar.

El padre se inclinó, lo levantó en sus brazos, libro y todo, y lo llevó arriba.

Lo mismo sucede con nosotros cuando nos vemos abrumados por los problemas y las circunstancias adversas, cuando no podemos continuar ni subir un solo escalón más, Dios viene a levantarnos como estamos.

“Entrégale tus cargas al Señor, y él cuidará de ti; no permitirá que los justos tropiecen y caigan” Salmos 55:22 (NTV)

Cuando sientas que el peso que llevas es  grande para ti y ya no puedes más, busca a Dios, Él siempre está presto a ayudarnos y levantarnos para que podamos seguir. No hay problema ni circunstancia que nuestro Padre no pueda solucionar, no existe mejor lugar para descansar que sus brazos amorosos ni nadie más que pueda darnos la paz que necesitamos.

“Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”. Mateo 11:28 (NTV)

Suelta tus cargas, no te dejes agobiar por el peso que llevas y acude a Dios, porque Él te dará el descanso que necesitas.

 

 

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Él no te abandonará

En un paseo familiar cerca de un parque, nos encontramos con un niño que vendía helados, él llevaba en su hombro un recipiente térmico que se veía muy pesado para su edad. Nos acercamos para comprarle unos helados y al ver a otro hombre cerca que también ofrecía lo mismo le pregunté si era su papá y el niño me respondió: “No, el mío se fue con otra mujer”. Mi corazón se hizo añicos al escuchar esas palabras tan duras  en un niño que no pasaba de los 10 años, porque ya sabía que su progenitor había preferido una aventura que a su familia.

¿Será que ese niño en el futuro podrá ser un buen esposo o padre, viendo el desamor de su propio progenitor? Es triste ver cómo tantos niños se crían sin su padre, ya sea por el abandono o porque las madres, por una u otra razón, no les permiten verlos. Lo terrible es el sufrimiento silencioso de estos inocentes que a su edad van formando malos paradigmas de su identidad y de su valor.

No obstante quienes se queden al cuidado de estos pequeños pueden sacarlos adelante, formando en ellos una identidad firme según Dios y no lo que creen los demás. El Rey David sabía que aún si existiera la posibilidad de que lo abandonaran sus padres, el Señor lo recogería. “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos” Salmos 27:10 (NVI)

Con Dios se puede formar vidas con valores que superen el mal ejemplo que recibieron de sus padres. Incluso las personas que estamos alrededor de ellos podemos sembrar amor, perdón, esfuerzo, dedicación, sana autoestima y cualquier cosa buena que les ayude a ser mejores.

Todos tenemos la oportunidad de tener ese amor paternal de Dios, Él es nuestro creador y no nos abandonará, al contrario a cada instante busca atraer a todos hacia su amor incondicional.

Cualquiera podrá abandonarte menos tu Creador porque eres importante para Él.

“Y a pesar de todo, oh Señor, eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú, el alfarero. Todos somos formados por tu mano.” Isaías 64:8 (NTV)

 

 

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Un lugar de Gracia

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4:16 Versión Reina-Valera 1960

Jesús predicó muchas veces sobre la Gracia que Dios le da al hombre que se arrepiente verdaderamente de sus pecados y quizás la parábola que más representa esa realidad es la del hijo pródigo (Lucas 15:11-32).

La historia comienza con un jovencito reclamando la parte de la herencia que le correspondía para luego marcharse de su casa. Poco a poco los constantes excesos lo llevaron a quedarse sin dinero para subsistir hasta que tuvo que trabajar en el oficio que para la época era el más despreciable de todos: cuidador de cerdos.

En ese momento el muchacho recapacita al ver a esos animales revolcándose en su propia mugre y comiendo de lo que cae al suelo. Es casi un reflejo de lo grotesca que se ha convertido su vida.

“Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre. Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”, fueron las palabras que pronunció para luego levantarse y emprender el camino de vuelta a su hogar.

Todo ese tiempo de necesidad y pena le sirvieron para comprender todos los errores que había cometido. Cuando estaba llegando a su casa vio a su Padre acercarse y le dijo las palabras que había pensado: “… he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”

En toda esta historia lo verdaderamente sorprendente es la reacción del Padre. Como autoridad en su familia tenía todo el derecho de castigar a su hijo por lo que había hecho, pero al ver que estaba arrepentido decidió perdonarlo.

Ahora ese muchacho sabía que su hogar era un lugar al que siempre podía regresar sin importar lo que podía pasar y más que todo, sabía que siempre podría encontrar amor y bondad en los brazos de su Padre.

Recuerda: cuando llega la tristeza, la aflicción, los problemas o la culpa por algún error cometido, los brazos de Dios siempre son el mejor lugar al que se puede correr para encontrar Gracia.

 

 

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Estoy junto a ti

“Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?  Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.” Génesis 22:7-8  (RVR1960)

Me encanta este versículo, porque Isaac le dice a Abraham: “Padre mío”, y nosotros como hijos de Dios podemos usar esas palabras en medio de nuestra dificultad, estando plenamente seguros que Él nos responderá del mismo modo: “Heme aquí, mi hijo” dando tranquilidad a nuestro corazón, seguros de que Dios proveerá todo para nuestras necesidades, nos protegerá y sacará en victoria, como lo hizo con el hijo de Abraham. Te animo a confiar como Isaac y tendrás gozo, paz, fe y la seguridad que Dios está siempre contigo en medio de la prueba.

Por Danitza Luna

 

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Siendo pecadores Él nos ama

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8 (RVR1960)

Había una vez un puente que atravesaba un gran río. Durante la mayor parte del día el puente permanecía con ambos carriles en posición vertical para que los barcos pudiesen navegar libremente. Pero a determinada hora, los carriles bajaban colocándose en forma horizontal con el fin de que los trenes puedan cruzar el río.

Un hombre era el encargado de operar los controles del puente desde una pequeña choza que estaba ubicada al lado del río. Una noche, el operador estaba esperando el último tren para activar los controles y poner al puente en posición horizontal; vio a lo lejos las luces del tren y esperó hasta que estuviese a una distancia prudente para bajar los carriles del puente. Cuando advirtió la cercanía del tren, se dirigió a la cabina de control donde horrorizado descubrió que los controles no funcionaban correctamente y que el seguro que sujetaba la unión entre los carriles ya colocados en forma horizontal se malogró.

Existía el peligro de que con el peso del tren, el puente no podría mantenerse firme pues los carriles tambalearían y ocasionarían que el tren se estrellara directamente en el río.

El tren traía muchos pasajeros a bordo por lo que muchas personas morirían inmediatamente en el accidente. Había que hacer algo. El operador abandonó rápidamente la cabina de control, cruzó el puente para dirigirse al otro lado del río para accionar una palanca manualmente, la cual sostendría los dos carriles del puente. El  hombre tendría que bajar la palanca y sujetarla en dicha posición con mucha fuerza hasta que el tren pasara el puente. Muchas vidas dependían de la fuerza de este hombre.

Fue entonces cuando escuchó un sonido que provenía muy cerca de la cabina de controles y que hizo que se le helara la sangre. “Papi, ¿Dónde estás?”, escuchó repetidas veces. Su hijo de tan sólo cuatro años de edad estaba cruzando el puente para buscarlo. Su primer impulso fue gritar “corre, corre” pero se dio cuenta que las diminutas piernas de su pequeño jamás podrían cruzar el puente antes de que el tren llegase. El operador casi soltó la palanca para correr tras su hijo y ponerlo a salvo, pero comprendió que no tendría suficiente tiempo para regresar. Tenía que tomar una decisión: la vida de su hijo o la vida de todas aquellas personas que estaban a bordo del tren. La velocidad con que venía el tren evitó que los miles de pasajeros que venían en él se diesen cuentan del diminuto cuerpo de un niño que había sido golpeado y arrojado al río por el tren. Tampoco fueron conscientes de los sollozos y dolor de un hombre que había sostenido la palanca y mucho menos vieron a ese hombre destrozado que caminaba en dirección a su casa a decirle a su esposa, que su único hijo había muerto brutalmente.

Para que todas esas personas que viajaban en el tren se salvaran tuvo que morir un niño contemplado por un Padre destrozado por el dolor. De la misma manera, Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16 (NTV)

Aunque no todos lo vimos morir, Jesús vino a rescatarnos, murió y resucitó al tercer día para redimirnos con su sangre del pecado (Efesios 1:7) Si hasta hoy no valoraste este gran sacrificio, te animo a que puedas hacerlo este día, porque lo que hizo Jesús por ti y por mí es la mayor muestra de amor que podrás ver.

Oremos:

Dios amado, gracias por tu amor y por todo lo que has hecho por mí, perdóname si hasta hoy he corrido por la vida sin tener en cuenta tu sacrificio. Reconozco que muchas veces te he ignorado y no he valorado tu sacrificio. Por favor entra en mi vida y toma control de todo mi ser. Me rindo ante ti, mi Señor y Salvador.

 

 

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Mostremos y demos amor

“Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.  Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:31-32 (DHH)

Muchas veces uno puede cargar con ciertas actitudes por causa de que fuimos lastimados o defraudados por los demás. Podemos  pensar que no dejaremos que nos hieran nuevamente y que no volverá a ocurrir. Sin darnos cuenta estamos cobrando factura a las personas de nuestro alrededor y a nosotros mismos por esas acciones del pasado. La palabra de Dios nos dice: “no dejemos que esas cosas nos impidan correr la meta” Dios desea que perdonemos el pasado y que actuemos con misericordia hacia nosotros mismos y las demás personas, aprendiendo a perdonar y perdonándonos, y junto a Él empezar la mejor historia de nuestras vidas. Es un buen momento para dejar el odio, la ira, el temor, pánico, baja autoestima, amargura y entregarlos a nuestro Padre; permitiendo que Él sane, haga latir nuevamente nuestro corazón.

Por Danitza Luna

 

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¿Hijo obediente o desobediente?

Los niños pequeños tienen la peculiaridad de hacer justo lo que les pides que no hagan, a cierta edad esto es característico de ellos, pareciera que quieren comprobar qué pasa si hacen lo que no les es consentido.

Lo gracioso es que no sólo pasa con los niños sino también con las personas ya mayores, que ya tienen conciencia y carácter formado. Este es el caso del Rey Salomón 1 Reyes 11:1-2 dice: “Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;  gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.” Lo que Dios había dicho que no hiciera, el rey lo hizo como un niño.

Dios había advertido lo que pasaría si desobedecían esta instrucción, sin embargo Salomón no obedeció y la consecuencia fue que estas mujeres desviaron el corazón del rey hacia sus dioses. Obviamente Jehová se enojó contra Salomón y hubo consecuencias.

Cuando los padres advertimos a nuestros hijos acerca de algo, no es para evitar que sean felices o experimenten cosas buenas; al contrario, lo hacemos para resguardar su bienestar, porque los amamos y queremos cuidarlos las malas consecuencias. Dios, nuestro Padre, también tiene la misma actitud con nosotros, nos ama y si hay algo que dice que no lo hagamos es para nuestro bien: “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza.” Jeremías 29:11 (NTV)

Debemos ser perceptivos a sus advertencias, confiando que si obedecemos y hacemos caso no sólo evitaremos las malas consecuencias sino que también estaremos cumpliendo el propósito de Dios para nuestras vidas.

¿Hay algo en lo cual no has sido has escuchado la advertencia de Dios? Medita, dispón tu corazón para ser guiado a la voluntad de Dios y también pídele que te ayude a ser un hijo obediente.

 

 

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Cuál es el tema central

A la mayoría le puede resultar extraño, además de políticamente incorrecto, que se diga que es exagerado el énfasis de los entendidos cuando dicen que el mensaje central de la Biblia es la salvación del hombre. Este concepto está presente en la mayoría de los libros que se usan en las instituciones de enseñanza teológica.

He comentado en esta columna y en otros espacios que la marca del tiempo presente es la centralidad del problema humano. La política, la economía, la cultura, la ciencia, el arte, los medios de comunicación tienen como interés supremo el tema del bienestar y la felicidad humana. Todo como una gran selfie. Somos el centro de toda preocupación. Y quienes estudian la Biblia parecen haber sido atraídos por esta corriente fundamental.

La brevedad del espacio no permite mucha elaboración. Tal vez un ejemplo nos sirva de clave para entender el problema. Es un detalle pequeñito, ignorado por casi todas las personas, precisamente porque se considera natural que seamos el centro de las cosas.

Los editores de la Biblia han titulado como “Parábola del hijo pródigo” (Lucas 15:11-32) el pasaje del padre que entrega los bienes heredables al hijo menor y la historia que se desarrolla después. La sola lectura del título nos empuja a entender que el personaje central del relato el muchacho que después de malgastar su fortuna vuelve arrepentido al hogar.

Es curioso que la palabra “padre” aparece once veces en el pasaje y la palabra “hijo” solamente seis. Ese solo dato podría ayudarnos a pensar que hay alguien más importante ahí que el muchacho. Alguien que tiene paciencia, compasión, sensibilidad, humildad y sobre todo amor; es el que hace posible toda la belleza del cuadro. Tal vez convenga remarcarlo: la belleza del cuadro no está en el arrepentimiento del hijo. Está en el amor del padre.

Si pensamos que el tema central de la vida es alcanzar redención, descuidamos dos hechos muy significativos: uno, que nada de eso sería posible si no hay Uno que construye y que pone en marcha esa redención; dos, que la gran obra de ese Uno no es únicamente resolver el dilema humano del pecado personal y de la entrada en el cielo, sino “por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos…” (Colosenses 1:20)

Todas las cosas, no únicamente el problema de la redención personal.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Juan 15:7  (RVR1960)

Lo que complace el corazón de un padre es la obediencia de su hijo. Todo aquel que quiera recibir algo del Señor tiene que permanecer en El y en Su Palabra. También es necesario obedecer a todo lo que Dios manda en la Biblia. Si quieres que el Señor te conceda los anhelos de tu corazón, se obediente a Su Palabra y todo lo que pidieres, será hecho.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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