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Enumeraciones

Nuestra pequeñez en la profunda inmensidad del universo. La cruda evidencia del cuerpo que se deteriora. El agudo filo del adiós sin retorno. La fría estocada de la razón sin sentimientos. Todo lo que termina, termina mal. Queda clara la inevitabilidad de la muerte. El descubrimiento de la mentira. La ilusión que se hace trizas en el duro cemento de la realidad. Nuestro nombre que no aparece en la lista ganadora.
Leemos el informe que dice que lo nuestro no tiene cura. Un niño muerto es fotografiado en la playa. Resultó que nuestro personaje inolvidable era un redomado estafador. Lo que abrazamos tibio y sereno devino tempestad y cenizas. La sonrisa era una mueca inventada. El amor se congela a la intemperie. Lo soledad es la única puerta sin llave.
El necio gana millones y tiene buena prensa y el sabio recibe una pensión miserable y es denigrado en las redes sociales. La patética reverencia que hay que hacer para conservar el puesto. El inmenso y flagrante imperio del mal. Las inmensas riquezas con su macabra estadística de almas muertas.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido. La mascarada de los discursos y las predicaciones. La hora del lobo y las ocho horas de insomnio. La violencia y el hambre que nunca dicen: “¡Basta!” Nos reducimos a una mínima pantalla táctil. La “Matrix” que está en todas partes y permea todo. Los ceremoniales hipócritas y las condecoraciones desvergonzadas. Los diligentes emprendimiento de la superchería. A veces, ¡qué ganas de no tener más ganas!
Las vanas repeticiones de slogans, clichés y lugares comunes en las solemnes convocaciones (“Las tiene aborrecidas mi alma”, dijo una vez Dios). Sísifo que sube una y otra vez la piedra a la cima del monte para verla, una y otra vez, caer.
Tenemos dolores de parto y damos a luz viento. El estremecedor sonido de la hojarasca en los pasillos de los templos. La picazón por escuchar. La avalancha de pronunciadores de palabras halagüeñas. Las Sagradas Tecnologías de la Información, al alcance de todo entendimiento y a precios módicos. El tremendo invierno que se viene y nosotros en tenida de playa. La arenga cultural de Goliat domina el teatro de la guerra y David anda en un congreso internacional.

Demuéstralo

El reino animal presenta muchos ejemplos de protección dentro de una manada, entre especies del mismo tipo, pero sobre todo en el cuidado que tiene una madre con sus crías. Ese es el caso de los pulpos que suelen depositar hasta 50.000 huevos por vez, pero el reto verdadero está en cuidarlos durante los 40 días de incubación.

Esos pequeños huevecillos son un verdadero manjar para muchos depredadores marinos y sus madres lo saben. Por eso permanecen junto a ellos para protegerlos durante todo el tiempo que les lleva desarrollarse y entre otras cosas, para ayudarles a oxigenarse soplando suavemente sobre ellos cada cierto tiempo.

En estos 40 días la mamá pulpo no se alimenta. Su cuerpo se consume a sí mismo para poder subsistir y en la mayoría de las ocasiones, cuando los huevos eclosionan y sus hijos están listos para salir al mundo, ellas mueren. La madre pulpo entrega su vida a cambio de que sus crías puedan nacer y vivir.

Sin duda esta es una verdadera demostración de sacrificio y amor.

1 Juan 3:18 dice: “Hijitos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabra, sino que se demuestre con hechos.” Versión Dios Habla Hoy

El apóstol Juan recomienda que el amor que debe demostrar un creyente no sea solamente de palabra sino de acciones. Dios lo hizo de esa manera cuando entregó a su Hijo en rescate por la humanidad.

Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…” Versión Reina-Valera 1960

El texto escrito igualmente por Juan dice que Dios amó a la humanidad tanto que hizo algo (entregar a su Hijo) para demostrarlo. El principio de amor con acciones viene de Dios y es trasmitido a través de lo escrito en la Biblia para que sea practicado por los creyentes.

¿Cómo demuestras el amor que tienes con tus seres queridos y con las personas que te rodean? Si solamente es de palabra es posible que debas pensar en la manera de realizar acciones que lo manifiesten. Un abrazo, un regalo, algunas palabras de aliento o quizás sencillamente dedicar tiempo de calidad son una forma significativa de demostrar cuánto amas.

¿Sientes amor?, demuéstralo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tus acciones eclipsan tus palabras?

En ocasiones decimos frases que luego no cumplimos, o que contradicen totalmente nuestras acciones. Podemos ser buenos oradores y decir las palabras justas en el tiempo adecuado, pero si no hacemos lo que decimos, no tienen valor alguno.

Como seguidores de Cristo debemos amar a todos sin excepción. En ocasiones, esto resulta difícil de lograr, especialmente cuando se trata de amar a quienes nos hacen daño, rechazan, u odian; sin embargo, nuestro deber es demostrar aquel amor que recibimos de parte de Dios. Es por ello que, tal vez, en nuestro intento por cumplir este mandato, intentamos amar por medio de nuestras palabras mas no por nuestras acciones.

De nada vale tener los mejores deseos si nuestros hechos eclipsan nuestras palabras. 1 Juan 3:18 (PDT) dice “Hijitos, nuestro amor no debe ser sólo de palabras, pues el verdadero amor se demuestra con hechos.” Por lo tanto, procuremos llevar un mensaje coherente a los demás y no practiquemos lo que dice Juan 13:34-35 (TLA): Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros. Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo.  Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores.”

 

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La palabra en la mira

En literatura se suele decir que “el estilo es la persona.” Esto es, que lo escrito revela en cierto modo el ser de la persona que escribe. Extendamos esa afirmación a lo que una persona habla. Estoy pensando respecto de la percepción de la audiencia. ¿Puede el público, al reflexionar en lo que lee o escucha, tener una imagen más o menos cierta del hablante? Esperaríamos que sí.
Con el tiempo y la experiencia, sin embargo, se aprende que puede haber una gran distancia entre discurso y acción. Es posible que quien escribe o habla se comporte en la práctica de una manera que no se condice con sus palabras. Esto se ve frecuentemente en política, religión y otras actividades cuyo objetivo es influir sobre una audiencia dada. Un joven estudiante de periodismo me confrontó hace muchos años con esta cuestión: “Hay cosas, decía – no recuerdo las palabras exactas –, que son correctas o verdaderas más allá de la conducta personal de quien las pronuncia. Su comportamiento es una cuestión privada”. Por aquel tiempo yo postulaba fervientemente la consistencia entre decir y hacer. Lo sostengo aún, pero de una forma diferente.
Hay muchas cosas que son como se dice que son. Por ejemplo, los dirigentes deberían ejercer sus funciones con integridad, generosidad y justicia. Cuando alguien afirma esto, está diciendo algo que es verdadero; ahora, cómo esta persona se conduzca en su vida pública y privada no afecta la consistencia del hecho que afirma. Sí puede eventualmente afectar la fe que la gente ha depositado en ella.
Hubo una época en que defendí algunas cuestiones con encendida pasión. Llegó luego un tiempo en que no pude o no quise vivir de acuerdo con esas cuestiones. Y me pareció que lo más apropiado era no seguir hablando de ellas. Me movía en un ambiente donde alguna gente en mi misma situación resolvía continuar con su discurso. Y me hacía mal ver la frustración, la ira contenida de las personas de su entorno, especialmente quienes operaban bajo su autoridad.
Por ello, preferí ocuparme en adelante de otras cuestiones, como la comunicación, la percepción de la audiencia y la comprensión del tiempo presente. Respecto de las otras cosas, busco resolverlas, si es posible, o bien entenderlas mejor.
Hasta entonces, el silencio es más sólido que el vidrio de los tejados…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Pensamiento antipático

“Ningún gobierno debiera sostener intelectuales si son intelectuales, porque un intelectual no es orgánico. Plantea dificultades. Donde los políticos ofrecen creencias, él plantea pensamientos que disuelven sus creencias. Por lo tanto, no tiene que ser simpático, el pensamiento no es simpático. No hay pensamiento con felicidad; el pensamiento es inquietante.”
Tomás Abraham (filósofo argentino)

Algunas pocas – y afortunadas – veces encuentro palabras que reflejan con tanta fidelidad lo que pienso y siento. Esta cita de una entrevista telefónica del autor con un medio nacional resume mi creciente convicción de que alguien que piensa seriamente no puede estar al servicio de una causa o un sistema dirigente.
Por más noble que suene el “servicio a la causa” va a ser inevitable que tarde o temprano ella y sus dirigentes demanden una lealtad injusta o indigna del escritor, del comunicador o de quien quiera que piense algo más allá de la estructura.
Cuando las ideas y las creencias son pensadas como deben ser pensadas es más que frecuente que resulten incómodas, molestas o inconvenientes para el poder. El poder asegura su permanencia basado en la lealtad de la gente que abraza sus consignas y sus declaraciones de factura más o menos simple, fáciles de entender para la mayoría y que constituyen el discurso unificador de los dirigentes.
Es en este sentido que podríamos afirmar que una buena parte de los profetas antiguos cumplieron una función intelectual: comprendían el pensamiento de Dios, veían las inconsistencias entre Su ley y la práctica de los dirigentes políticos y religiosos y las confrontaban muchas veces al costo de sus propias vidas.
Un intelectual no siempre será una persona con altos estudios y calificaciones superiores. A veces no es más que alguien que comprende el tiempo que vive, que tiene una noción bastante clara de la justicia, de la verdad, de la integridad y por eso cuando habla, sin compromisos ni acomodos al oído del poder, es antipático.
“El pensamiento no es simpático. No hay pensamiento con felicidad; el pensamiento es inquietante.” Estas palabras están en severo contraste con el discurso de los políticos y del que muchas veces sale de púlpitos para complacer a la multitud.
Alguna vez leí que un intelectual no es una persona que sirve a una causa, sea política, religiosa o cultural. Es un outsider, alguien que está afuera – como estaba Juan el Bautista – pero que entiende perfectamente lo que pasa allá adentro.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Mi Dios es justo

“Porque el Señor ama la justicia y no abandona a quienes le son fieles. El Señor los protegerá para siempre, pero acabará con la descendencia de los malvados.” Salmo 37:28 (NVI)

Cuantas veces de nuestros labios han salido estas palabras: ¡No es justo! Tal vez te has esforzado tanto por conseguir un objetivo y la recompensa que a ti “te correspondía” se la dieron a otra persona. No es fácil lidiar con esto ¿verdad? Ante todo, debes entender que Dios no tiene favoritos, ni abandonará a quienes le son fieles, más al contrario, su protección siempre estará contigo y en su tiempo te hará justicia.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Palabras de amor

“El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias”. Proverbios 21:23 (RVR1960)

¡Cuántas veces nuestros impulsos son más fuertes que el amor que sentimos por los demás! Cuando nos ofenden, dejamos de ver con objetividad a la persona que nos lastimó y corremos el riesgo de responder causando una herida a nuestro agresor. En lugar de esto, podemos pedir que Dios nos ayude y de sabiduría para saber responder adecuadamente. Por eso antes de hablar y responder con más agresiones, pudiéramos preguntarnos ¿qué haría Jesús en mi lugar? Seguramente descubriremos que necesitamos más amor, misericordia y dominio propio de manera que nuestro carácter cada día sea más parecido al de Jesús.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Seguir para recibir

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Juan 15:7  (RVR1960)

Lo que complace el corazón de un padre es la obediencia de su hijo. Todo aquel que quiera recibir algo del Señor tiene que permanecer en El y en Su Palabra. También es necesario obedecer a todo lo que Dios manda en la Biblia. Si quieres que el Señor te conceda los anhelos de tu corazón, se obediente a Su Palabra y todo lo que pidieres, será hecho.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Día del padre

El hombre que camina vestido de traje por este camino rural es mi padre. Se dirige al pequeño local del anexo de su iglesia del cual es el encargado.
Hace más de diez años que ya no está entre nosotros. Iba en bicicleta a visitar a unos hermanos y sufrió un infarto masivo; un posterior accidente vascular lo tuvo postrado sin habla por seis años hasta su muerte.
Vivió siempre batallando por un cristianismo que tuvo diversos matices, luces y sombras que marcaron a la familia y la distribuyeron por distintos caminos. Combatió con artes indecibles la pobreza y se dispuso siempre al servicio cristiano. No siempre le fue bien pero tenía la rara virtud de encantar a quienes le conocían; quizá por eso siempre todos le concedimos el beneficio del cariño aún en los tiempos más difíciles.
Fue siempre severo en nuestra niñez y adolescencia. Pero con los años fue, como él decía, “doblando el asta” y dulcificando su trato. Debe ser porque los años tienen la gracia de irnos enseñando que las cosas no son como creíamos que eran. Y si somos sabios aprendemos la lección.
Es raro, pero a medida que pasa el tiempo mi cariño por él se va haciendo más actual, más sensible. Hubiera querido que se cuidara más y tener así la ocasión de hablar con él desde el terreno común de la experiencia, de la paz, del sosiego al que nos obliga el desgaste del cuerpo.
Me conmueve la imagen de esta fotografía que tomó mi hermano David y que me envió hace unas semanas. Hay una cierta solemnidad en su paso. Quisiera saber en qué va pensando. Desearía que fuera algo profundo, quizá en las palabras del mensaje que dentro de un rato iba a dar desde el modesto púlpito del local. Aunque es posible que solo estuviera un poco cansado de su continua lucha con los pocos pesos de la pensión mensual.
Cuando murió escribí un largo poema a su memoria que, al final, invocaba el deseo de volver a verlo alguna vez en el país de Nunca Jamás. De ahí, este fragmento:

Te veré allá.
Me acercaré casi sin que te des cuenta.
Te preguntaré cosas que hay en mí.
Porque por alguna razón creo que entonces nos entenderemos.
Entonces hablaremos cara a cara. Entonces nos explicaremos.
Sin palabras, en el misterioso y profundo lenguaje de los cielos.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Palabra infértil

¿No será que de tanto escuchar palabras portentosas el oído y la conciencia terminan siendo insensibles y se termina muriendo su magnífico sentido?

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis,  y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos… (Mateo 13:14-15). 

Una persona que participa en la iglesia y que asiste dos veces por semana a servicios donde oye predicaciones o enseñanzas por una hora y media, en 20 años habrá sido expuesta al menos a 2,700 horas de palabras; si además contamos lo que escucha en cursos y conferencias, en la radio, la televisión o internet, es muy probable que esa cifra se eleve a una 10,000 horas.
En los segmentos de preguntas a los “entendidos” de los medios cristianos de comunicación o en los contenidos de las consultas de consejería advertimos cómo se vive y se funciona en el sistema eclesiástico cristiano. Percibimos sus enormes falencias conceptuales, tomamos nota de sus complejos problemas de relaciones humanas en la familia y la comunidad, comprobamos la asombrosa ausencia de los creyentes en los asuntos públicos. Nos impacta la continua necesidad que sufren de que se les aconseje y guíe sobre los más básicos asuntos del cristianismo y los débiles argumentos que ofrecen para explicar su ineficacia en enfrentar el dolor y el conflicto propio de la existencia humana.
Hace unos años leí algo revelador respecto de la predicación de la iglesia. Estas experiencias otorgan la sensación de que la persona está realmente viviendo el contenido de las palabras dichas desde la plataforma; asume que ha vivido una experiencia efectiva y existencial con tema enseñado, sea sobre el poder del Espíritu Santo, el amor, el perdón o la fe. Pero ya fuera del culto, enfrentada a la cotidianidad de la vida, es evidente que no ha asimilado la enseñanza. Si no lo creen, pregúntense por qué hay tantos problemas con tantos creyentes de años y años en la iglesia.
De acuerdo a las citadas palabras de Jesús – que se refieren a una denuncia del profeta Isaías – de tanto escuchar las mismas palabras por tantos años, se ha perdido su efecto transformador.
Por eso los creyentes necesitan escucharlas una y otra vez cada semana…
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¡Nadie como tú, mamá!

“Tiempo después, dos prostitutas fueron a ver al rey para resolver un asunto.  Una de ellas comenzó a rogarle: «Ay, mi señor, esta mujer y yo vivimos en la misma casa. Ella estaba conmigo en la casa cuando yo di a luz a mi bebé.  Tres días después, ella también tuvo un bebé. Estábamos las dos solas y no había nadie más en la casa.

 »Ahora bien, su bebé murió durante la noche porque ella se acostó encima de él.  Luego ella se levantó a la medianoche y sacó a mi hijo de mi lado mientras yo dormía; puso a su hijo muerto en mis brazos y se llevó al mío a dormir con ella.  A la mañana siguiente, cuando quise amamantar a mi hijo, ¡el bebé estaba muerto! Pero cuando lo observé más de cerca, a la luz del día, me di cuenta de que no era mi hijo».

Entonces la otra mujer interrumpió:

—Claro que era tu hijo, y el niño que está vivo es el mío.

— ¡No! — dijo la mujer que habló primero—, el niño que está vivo es el mío y el que está muerto es el tuyo.

Así discutían sin parar delante del rey.

Entonces el rey dijo: «Aclaremos los hechos. Las dos afirman que el niño que está vivo es suyo, y cada una dice que el que está muerto pertenece a la otra.  Muy bien, tráiganme una espada». Así que le trajeron una espada.

Luego dijo: «¡Partan al niño que está vivo en dos, y denle la mitad del niño a una y la otra mitad a la otra!».

Entonces la verdadera madre del niño, la que lo amaba mucho, gritó: «¡Oh no, mi señor! ¡Denle el niño a ella, pero, por favor, no lo maten!».

En cambio, la otra mujer dijo: «Me parece bien, así no será ni tuyo ni mío; ¡divídanlo entre las dos!».

Entonces el rey dijo: «No maten al niño; dénselo a la mujer que desea que viva, ¡porque ella es la madre!»”. 1 Reyes 3:16-27 (NTV).

Es impresionante cómo una madre puede aceptar el incluso perder a su propio hijo para mantenerlo con vida; esa fue la situación de esta mujer que decidió hacer el sacrificio de no tener a su hijo al lado suyo para verlo crecer.

Al igual que el amor de Dios, una madre es símbolo de desprendimiento y entrega incondicional, que sin interés alguno vela por el bienestar de sus hijos y, a pesar de ser responsable de las tareas de la casa, muchas veces sale a trabajar para ayudar con el sustento de su hogar.

¿Cómo no honrarla, si más allá de ser madre es esposa, amiga, consejera, doctora, psicóloga, cocinera, orientadora y tantas cosas más? No podemos negar que en  cada rol que desempeña pone esmero y dedicación para sacar a sus hijos adelante y lucha por ellos sin rendirse.

Puede que haya momentos en los que tal vez no logremos comprender sus palabras o decisiones, es muy probable que en ocasiones tengamos algún desacuerdo que nos lleve a alguna discusión, pero como hijos debemos recordar la importancia de cuidar nuestras palabras y hechos para no lastimar el corazón de aquella mujer por quien tenemos vida, aprendamos a recibir sus consejos y ponerlos en práctica.

“Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar.” Proverbios 3:8-9 (NVI)

No menosprecies a tu mamá, tal vez no tiene un título que diga “Ingeniera” o “Licenciada”, pero debes tener en cuenta que su vida entera la ha dedicado a tu cuidado. ¿Te das cuenta lo privilegiado que eres al tenerla a tu lado?

Si aún la tienes presente en tu vida, abrázala y hazle sentir lo importante y valiosa que es para ti porque algún día ella no estará más.

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

10 frases que debes decirte cada mañana

¿Sabías que puedes arruinar tu día si dices algo negativo al despertarte? Proverbios 18:21 dice: “La lengua tiene poder para dar vida y para quitarla; los que no paran de hablar sufren las consecuencias.” Las primeras palabras que dices al despertarte tienen efecto durante el día; por lo cual, debes ser cuidadoso al decirlas. La psicóloga Dr. Nikki Martinez asegura: “Cómo comienzas tu día tiene un impacto directo en el tono que fijas para todo el día”. Éstas son algunas frases que puedes decirte al comenzar tu día.

  1. Gracias, Dios, por un nuevo día que me das.
  2. ¡Hoy será un gran día!
  3. ¡No me rendiré con facilidad!
  4. ¡Hoy no me enojaré por cualquier cosa!
  5. Dios me hizo especial.
  6. Hoy seré amable con los demás, incluso si no lo son conmigo.
  7. Con Dios soy capaz de hacer lo que sea que me proponga.
  8. No prometeré algo que no cumpliré.
  9. Pensaré bien antes de actuar y hablar.
  10. Hoy marcaré la diferencia.

No olvides orar cada mañana e implementar una rutina que te permita desarrollarte física, espiritual y mentalmente.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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