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¿Qué miras?

Maldito el hombre que confía en el hombre” sentenció en un mensaje de voz un auditor que seguía nuestra conversación en el programa de los jueves. Estábamos tratando algunos de los problemas que observamos en la vida y la práctica de la gestión institucional cristiana.

Esas palabras me hicieron acordar de mi papá, que se enojaba tanto cuando oía a algún predicador decir “No me mire a mí, mire al Señor. La idea de estos comentarios es que uno tiene que pasar por alto las inexactitudes, las malas prácticas y la desidia de los predicadores y líderes en nombre de una mirada supuestamente más alta. Suena noble y bonito pero eso no es otra cosa que elevar la tontería al grado de doctrina pura.

Lo que está mal, está mal y hay que corregirlo. No me preocupa tanto lo que tiene que ver con la conducta personal del individuo; eso puede solucionarse tratando el problema puntual en privado. Lo dañino es que si las cosas mal hechas a nivel corporativo no se corrigen, van a sufrir muchas personas que creen todo lo que se les dice. Y más grave aún, va a destruir la misión que se pretende que la iglesia desarrolle en el mundo.

Es como cuando a una mujer que reporta que su marido – líder en la iglesia – ejerce violencia o abuso en la familia se le dice que “espere en el Señor”. A eso me refiero con elevar la tontería al grado de doctrina. Honrar a Dios no es condonar la maldad; al contrario, hay que confrontarla.

De nuevo, las cuestiones de orden personal se deben tratan en forma personal y ya. Pero si las malas prácticas de un individuo afectan a la comunidad de los creyentes y a su tarea en el mundo, entonces hay que confrontarlas y resolverlas.

Tal vez valga la pena preguntarse por qué Jesús fue tan severo con los representantes de la religión institucional – particularmente los fariseos – y tan compasivo y paciente con pecadoras y pecadores. Pero muchas instituciones cristianas hacen al revés: son pacientes con los que dañan el sistema y radicalmente críticos con el mundo.

Ironias de mi reino…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Lo malo de haber nacido en una familia cristiana

Tuve el privilegio de nacer en una familia cristiana. Mis abuelos eran pastores y prácticamente crecí en la iglesia. Desde niña me enseñaron las historias bíblicas. A temprana edad aprendí que todos somos pecadores, pero que Jesús vino a morir por nuestros pecados y a darnos el regalo de la vida eterna. Durante mi infancia y adolescencia, mi vida giró alrededor de Dios, la Biblia y la iglesia; así que, en cierto punto, resultó lógico que los siguientes pasos fueran entregarle mi vida a Cristo y bautizarme. Por años, creí que todo estaba bien, pero un día me di cuenta de que nacer en una familia cristiana me había llevado a adoptar una actitud negativa.

Por años, vi a personas conocer a Jesús y a maravillarse por cada historia y palabra que leían en la Biblia. Observé que, para ellos, todo era un nuevo y maravilloso mundo por explorar y que lo hacían con gusto. Mientras que, yo leía la Biblia sin emocionarme ni encontrarle nada nuevo. Las historias de las proezas que Dios hizo, me parecían simples y no eran tan impresionantes como lo habían a mis ojos cuando tenía cuatro años. Para mí, la historia de Jonás se resumía en un hombre que fue tragado por un enorme pez y luego fue vomitado al tercer día. Tuve esta actitud por mucho tiempo, hasta que un día comprendí que había perdido la capacidad de asombro.

Al leer Mateo 18:3, entendí que debía imitar el ejemplo de los niños. Al venir al mundo, los pequeños se asombran de todo. Para ellos, el funcionamiento de cada cosa es una novedad y les parece que cada objeto es fascinante. Sin embargo, conforme van creciendo, se acostumbran a lo que los rodea y pierden su capacidad de maravillarse. En Mateo 18:3 se nos pide volver a ser como niños si queremos entrar al reino de los cielos, lo cual implica volver a delitarnos en las cosas de Dios, incluso si la conocemos desde años.

Cuando comencé a poner esto en práctica, noté que habían miles de cosas que no había notado antes, pero que ahora me parecían asombrosas. Empecé a darme cuenta que la rutina le había quitado emoción a la Biblia, pero que nunca es tarde para quitarse la venda del conformismo y comenzar a ver la Palabra de Dios con otros ojos. Después que identifiqué mi error, comencé a cambiar mi actitud y a revivir mi capacidad de asombro.

Probablemente muchas personas se sientan de la misma manera, ya sea que provengan de una familia cristiana o no, pero nunca es tarde para volver a ser como niños. Aún hay tiempo para deleitarnos nuevamente en las enseñanzas bíblicas y tener la inocencia de los niños.

 

Entonces dijo:
―Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.”
Mateo 18:3 (NVI)

Originalmente publicado en https://loutorres.wordpress.com/

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

No aclare que oscurece

Y bueno, nada…
Tengo que volver a la cuestión del contenido de este blog. Estoy releyendo Nativos de este mundo de Carla Cordua, filósofa y ensayista chilena. En el ensayo Borges y los servicios de la palabra escribe:
¿Qué nos dice Borges sobre el lenguaje del que dependen el escritor, el lector, el políglota, el traductor y el bibliotecario, es decir las esferas habituales de su propia vida? No ofrece una teoría formulada como tal, sino más bien intuiciones, observaciones y aplicaciones ocasionales de lo que le enseñan sobre el lenguaje sus propias actividades. Mejor escribir sin teoría, opina Borges a propósito de Gibbon, el historiador ingles.
Alguien me ha propuesto que escriba el libro de mi pensamiento y de los asuntos que enseño en los encuentros de comunicadores. Le he dicho que las cosas en las cuales me ocupo son de tal condición que si se publicaran en un volumen sistematizado carecería de algo fundamental, al menos para los ojos de quienes son el objeto de mi critica, mi reproche o mi denuncia: rigor académico.
No tengo una teoría “científica” sobre lo que expongo. Son, precisamente, intuiciones. Y las intuiciones entran el campo de lo especulativo, emprendimiento que no tiene lugar en las obras que sistematizan la Biblia. A mí no me interesa navegar esas aguas porque hay legión de expertos y expertas para decirle a los creyentes lo que deben entender y creer.
Sigo mi propia lectura de la Biblia y busco aclaraciones sólidas entre libros y personas más entendidas que yo si se hace necesario entender mejor algún asunto confuso. El resto no es más que mi versión del mundo, de la vida, de las cosas, de las personas, de los tiempos que vivimos.
Así que, ni teorías ni doctrinas. Mucho menos, ayuditas para vivir porque de esos menesteres se ocupa el texto bíblico de manera mucho más estable y ajena a los brujuleos del marketing cristiano.
Me despido este viernes con este decir de Nicanor Parra:
Mi situación no puede ser más triste, fui derrotado por mi propia sombra: Las palabras se vengaron de mí.

(Este artículo fue escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Cómo compartir tu fe?

Marcos 16:15 (NTV) dice “Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos.” Ese versículo señala específicamente que no debemos dejar de lado a nadie y compartir el mensaje de Jesús a todos sin excepción. No obstante, esto no quiere decir que debamos utilizar los mismos métodos para todos por igual. A medida que los tiempos han cambiado, las formas y medios de comunicación se han renovado y ahora ejercen una gran influencia en la sociedad.

El libro Conversar y Evangelizar, de David Geisler y Norman L. Geisler, señala que “no todo el mundo está en el mismo punto de apertura hacia el evangelio, así que necesitamos presentar el mensaje en diferentes formas” (p. 23). Los autores explican que en este mundo posmoderno, la gente se ha vuelto más reacia a oír sobre Jesús, pero que también han surgido nuevos métodos de evangelismo que nos permiten llegar a ellos. Asimismo, los autores afirman que hablar de nuestra fe debería ser una actividad que se disfruta y se hace con gusto. Esto implica que debemos invertir tiempo y práctica para ello.

Conversar y Evangelizar ofrece consejos útiles y ejemplos prácticos para que el evangelismo se convierta en parte de nuestro estilo de vida. El libro insta a “desarrollar una pasión cada vez más grande por Dios, así como un interés genuino por los perdidos” (p. 255).

Datos adicionales:

Dr. David Geisler es Doctor en Ministerios de Apologética, graduado del Seminario Teológico de Dallas y del Seminario Evangélico del Sur. También es fundador y presidente del Ministerio Verdad & Mansedumbre en Charlotte.

Norman L. Geisler es autor y coautor de más de 90 libros y cientos de artículos. Tiene un doctorado en Filosofía de la Universiad de Loyola y es co-fundador y decano del Seminario Evangélico del Sur en Charlotte.

 

Para mayor información, visita:

https://www.clccolombia.com/

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

100 prácticas para un noviazgo feliz

Los expertos en parejas concuerdan que se puede determinar si un matrimonio será feliz o no, por el estado actual de su noviazgo. Los errores y problemas tienen pocas probabilidades de desaparecer después de la boda; por lo que, si no son solucionadas con anticipación, pueden ocasionar incluso mayores conflictos. Para evitar que esto suceda, hay acciones que se puede tomar y poner en práctica durante el noviazgo. Éstas son algunas de ellas:

  1. Tener a Dios como el centro de su relación.
  2. Orar por su relación.
  3. Orar juntos por otras necesidades.
  4. Leer la Biblia juntos.
  5. Comunicación constante y sincera.
  6. Desarrollar su relación con Jesús de manera personal.
  7. Esperar hasta el matrimonio para tener cualquier tipo de relaciones sexuales.
  8. No ponerse en situaciones que sean de tentación.
  9. Ser fieles el uno al otro en todo aspecto.
  10. Buscar el consejo de alguna pareja con experiencia.
  11. Depender más de Dios que el uno del otro.
  12. No juzgar precipitadamente.
  13. Cuidar sus palabras y no ofender.
  14. Respetarse mutuamente.
  15. Aceptar, perdonar y olvidar.
  16. No ser egoístas y pensar en su propio beneficio.
  17. Plantearse metas.
  18. Respetar la privacidad y espacio del otro.
  19. Enfrentar retos nuevos juntos.
  20. Dar con generosidad y sin esperar nada a cambio.
  21. Ser pacientes.
  22. Respetar a la familia del otro.
  23. Cuidar que otros interfieran con su relación.
  24. Solucionar los conflictos con comunicación, amor y paciencia.
  25. Apoyo mutuo.
  26. Hacer pequeños gestos de gratitud.
  27. Dejar el pasado atrás y no recordarlo.
  28. Trabajar en la comunidad.
  29. No dejarse llevar por los chismes.
  30. Ser vulnerables.
  31. Estar atentos a las necesidades del otro.
  32. No estar enojados por mucho tiempo.
  33. Estar preparados para los cambios.
  34. Ser el mejor amigo del otro.
  35. Ejercitarse juntos o practicar algún deporte.
  36. Saber respetar los silencios.
  37. No caer en el juego de la comparación.
  38. Comprender que las personas cambian con el tiempo y la edad.
  39. Ayudarse mutuamente a desarrollar sus talentos y habilidades.
  40. Hablar sobre finanzas y crear un plan a futuro.
  41. Compartir momentos de risa.
  42. No dejarse cegar por los celos.
  43. Nunca agredirse física, verbal ni psicológicamente.
  44. Buscar la paz y no crear discusiones.
  45. Ser personas que cumplen sus promesas.
  46. Trabajar o buscar medios de sustento económico.
  47. Entender que ninguno es perfecto.
  48. Preocuparse por su condición física, mental y espiritual.
  49. Cuidar mutuamente de su salud.
  50. Decir “te amo” con frecuencia.
  51. Demostrar amor en diversas maneras.
  52. No hablar mal de la pareja cuando él o ella no esté presente.
  53. Tener amigos en común.
  54. Valorar el rol de cada uno.
  55. Cuidar de su higiene personal.
  56. Ser capaces de estar separados.
  57. Tener muestras de afecto.
  58. Hacer planes juntos y llevarlos a cabo.
  59. Alejarse de la tecnología.
  60. Saber apreciar lo que hace el otro.
  61. Disfrutar de la naturaleza.
  62. Cortar toda relación con una ex pareja.
  63. Aprender y estudiarse mutuamente.
  64. Planear salidas con sus familias.
  65. Enfrentar y solucionar sus problemas
  66. Crecer y madurar juntos.
  67. Aceptarse como son y ayudarse a mejorar.
  68. Ofrecerse para hacer un trabajo voluntario.
  69. Hacer trabajo social.
  70. Salir con sus familias de manera individual.
  71. Abrazarse con frecuencia.
  72. Arreglar los malos entendidos antes que pase más tiempo.
  73. Crear recuerdos para toda la vida.
  74. Hablar sobre su jubilación.
  75. Aprender una nueva actividad juntos.
  76. Tener citas fuera de lo común.
  77. Disfrutar de algo que a ambos les guste.
  78. Hablar de planificación familiar.
  79. Ponerse de acuerdo sobre la clase de educación que recibirán sus futuros hijos.
  80. Ser ejemplo para otras parejas.
  81. Haces cosas por otros.
  82. Organizar una cita doble con sus padres.
  83. Deshacerse de los malos hábitos y costumbres.
  84. Buscar ayuda profesional para tratar alguna adicción.
  85. No hacer promesas que no se cumplirán.
  86. Sembrar un árbol juntos.
  87. Construir sus sueños en equipo.
  88. Leer libros sobre noviazgo y matrimonio.
  89. Salir de campamento con el grupo de jóvenes o la iglesia.
  90. Buscar un mentor que pueda guiarlos en su noviazgo.
  91. Salir de su zona de confort.
  92. Hacer cosas espontáneamente.
  93. Establecer los roles y no intentar dominarse el uno al otro.
  94. Hacer que su relación crezca cada día.
  95. No ver ningún tipo de pornografía.
  96. Ayudarse a solucionar cualquier problema del pasado.
  97. Organizar un evento de caridad.
  98. Deshacerse de las cosas materiales que pueden arruinar su relación.
  99. Comprender que no hay relación perfecta y que habrán problemas.
  100. Decidir amar sin reservas, así como Cristo amó a su iglesia.

 

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Desencuentros

… [E]n un poema o en una novela lo que uno pretende es representar la vida con todas sus contradicciones. Poner en escena una serie de contradicciones, haciéndolas evidentes y conmovedoras. Los escritores creativos piden a sus lectores que traten de encontrar una solución; no ofrecen una fórmula precisa (excepto en el caso de los escritores cursis y sentimentales, que lo que pretenden ofrecer son consuelos vulgares).” Así ilustra Umberto Eco – en Confesiones de un joven novelista – la tarea de los escritores creativos, que contrasta con aquella en que se pretende demostrar una tesis determinada o dar respuesta a un problema.
Esta cita arroja una esclarecedora luz sobre el sentido de este espacio. Ha sido muy raro que la audiencia encuentre aquí datos para una respuesta o el bosquejo de una teoría, y si excepcionalmente se han vislumbrado, siempre estuvieron revestidas de misterio o de alguna desazón existencial.
Me sucede cada cierto tiempo que al considerar el contexto en que aparece este blog me agobia la cuestión: “Y yo, ¿qué hago aquí?” La gente se aproxima a estos medios en abrumadora mayoría a buscar respuestas comprensibles, fórmulas relativamente simples que les alivianen el peso de la vida, ensayos sobre tópicos recurrentes. Aquí, tres o cuatro veces por semana, tropiezan con una prosa hermética, una mirada sombría, un asunto doloroso, una pregunta imposible. Nostalgias, memorias remotas, notas al margen, anotaciones antiguas y frustraciones son habituales en esta columna.
Una vez anotó aquí un impaciente visitante: “No encontré nada edificante en este artículo de Benja (sic) Parra”. Pasada por alto la descortesía de escribir así el nombre del autor en un espacio público había que considerar la cuestión planteada. Primero, varias planas serían necesarias para desentrañar la monumental ambigüedad del término edificante. Luego está el tema de la abundancia de material pedagógico que hay a un clic de distancia de aquí. No hay necesidad de molestarse en leer esta columna.
Pero la cuestión central, esbozada al principio, es ésta: aquí no se trata de ensayos didácticos o tesis doctrinales. Es escritura creativa que se ocupa fundamentalmente de la vida con todas sus contradicciones. Las otras cuestiones búsquense en seminarios, textos de autoayuda y discursos inspirados.
Sigo sostenido en la feble esperanza de una pequeña audiencia para continuar con este cometido…

(Este artículo ha sido escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

25 señales de que eres un cristiano inmaduro

La madurez espiritual no se adquiere de un día para otro, sino algo que se trabaja con fe y constancia. Uno puede tener años de conocer a Cristo, pero nunca haber desarrollado su relación con Él; sin embargo, esto no debería ser así. Hebreos 5:11-14 (TLA) señalaCon el tiempo que llevan de haber creído en la buena noticia, ya deberían ser maestros. Sin embargo, todavía necesitan que se les expliquen las enseñanzas más sencillas acerca de Dios. Parecen niños pequeños, que no pueden comer alimentos sólidos, sino que sólo toman leche. Son como niños recién nacidos, que aún no pueden distinguir entre lo bueno y lo malo. En cambio, los que sí saben distinguir entre lo bueno y lo malo, y están acostumbrados a hacerlo, son como la gente adulta, que ya puede comer alimentos sólidos.”

Por otra parte, Efesios 4:14-15 señala que cuando uno es maduro espiritualmente, no se deja engañar con facilidad por las falsas doctrinas que puedan aparecer, Ya no seremos como niños, que ahora piensan una cosa y más tarde piensan otra, y que fácilmente son engañados por las falsas enseñanzas de gente astuta, que recurre a toda clase de trampas. Al contrario, el amor debe hacernos decir siempre la verdad, para que en todo lo que hagamos nos parezcamos cada vez más a Cristo, que es quien gobierna la iglesia.”

Es por ello que es importante examinar nuestra relación con Dios y corregir nuestros errores para continuar avanzando. Éstas son algunas señales que denotan inmadurez espiritual:

1. Quieres que Dios te hable, pero no oras, no lees tu Biblia y no vas a la iglesia.

2. Te desanimas fácilmente ante los problemas y esperas que tu vida esté libre de conflictos.

3. Tu fe depende de cuánto recibas de Dios; y si Dios no te da conforme a lo que quieres, reniegas de Él.

4. Abusas de la gracia de Dios. Pecas una y otra vez y confías en que recibirás perdón, pero no quieres dejar tu pecado.

5. Piensas que Dios está a tu disposición y debe darte todo lo que deseas.

6. Sigues a Dios por temor al infierno y no porque realmente lo amas.

7. Piensas que ir a la iglesia y ser “buena persona” es suficiente, pero no tienes una verdadera comunión con Dios.

8. No fomentas la unidad entre los creyentes. Eres el que causa división en la iglesia.

9. Haces las cosas cuando un líder u otra persona te mira. Tu trabajo se basa en cuánta alabanza recibas y no en cuánto ofreces a Dios.

10. Tus oraciones consisten en pedir, pedir y pedir, pero pocas veces agradeces y alabas a Dios.

11. No te interesa estudiar la Palabra de Dios a profundidad y te conformas con las enseñanzas básicas.

12. Te ofendes fácilmente. Sobre todo cuando eres reprendido por tu mal proceder, o cuando los demás no notan lo que haces.

13. Tu cristianismo está basado en la emoción del momento. Te gustan los eventos grandes, pero no desarrollas una relación personal con Dios en lo privado.

14. Dices confiar en Dios, pero cuando tienes alguna dificultad, tus acciones reflejan que tu fe está en las personas y no en Cristo.

15. No te gusta ayudar a los demás. Prefieres recibir, pero no dar.

16. Te pones una posición de juez de los demás y te justificas diciendo que “solo estás corrigiendo”.

17. Te cuesta amar a otros, pero te resulta fácil criticar.

18. Te resientes por cosas mínimas.

19. No compartes tu fe y pones excusas para no hacerlo.

20. Tienes talentos y habilidades, pero no los usas para exaltar a Dios.

21. Hablas por hablar y no cuidas tus palabras.

22. Eres cristiano solo en la iglesia, pero no cuando sales de ella. Tu comportamiento es diferente cuando estás en el trabajo, los estudios o en cualquier otro ámbito social.

23. Estás más preocupado por atesorar cosas en la Tierra, pero no en el cielo.

24. No te identificas como cristiano y/o te avergüenzas de tu fe por temor a ser ridiculizado o discriminado.

25. No reflejas el ejemplo ni carácter de Jesús.

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Sufres de ansiedad?

De acuerdo a estudios, problemas relacionados con la ansiedad son el problema mental numero uno entre las mujeres; y el segundo después del abuso de alcohol y drogas entre los hombres.

Lo más probable es que tu conozcas a alguien que tiene serios problemas de ansiedad no manejados. Lamentablemente todos los problemas que tienen que ver con el control propio o que son enfermedades originadas en la mente, son como estigmas de los que nadie quiere hablar o no quieren mencionar porque sienten que son debilidad. Incluso sucede en la iglesia. Muchos de estos problemas como ansiedad o depresión los atribuyen a poca fe. Esto se debe tratar igual que una adicción. Debiéramos tener en las iglesias ministerios para tratar casos de este tipo con gente especializada en ellos. O guiar a las personas que sufren estos problemas a buscar un especialista para que les de el tratamiento adecuado, pero mientras lo buscas y te dan la cita, te doy algunos tips de cosas naturales que ayudan.

1- Aprender a respirar atentamente. Contando hasta siete u ocho con la aspiración, reteniendo el aire por la misma cuenta de siete u ocho, botarlo en la misma cuenta, hacer una pausa sin respirar por las ocho contadas y comenzar de nuevo. Son solo cuatro pasos. Inhalar, retener, exhalar, esperar. Trata de hacer esto al menos por tres minutos.

2- Hay aromas que calman, como la lavanda, la menta.

3- Masajear tus pies ayuda mucho, con una crema con aromas también de lavanda o menta.

4- Los tés de manzanilla, malojillo o citronera, lavanda, y tés de hierbas naturales ayudan. Todos sin cafeína o teína.

5- Hay algunos tipos de música clásica especiales para relajar. La puedes buscar online y hay mucha variedad.

Y una palabra de la Biblia para aferrarte a ella: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias”. Filipenses 4:6

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Dieta para pacientes con cáncer de mama

Está comprobado científicamente que la alimentación influye en el cáncer de mama. Si una persona tiene un estilo de vida saludable, tiene menos probabilidades de contraer esta enfermedad, incluso si tiene antecedentes familiares. Las personas que ya tienen este mal, pueden mejorar su calidad de vida y progresar en su tratamiento si siguen una dieta balanceada y saludable. Éstos son algunos alimentos que ayudan a combatir el cáncer de mama:

1. Incrementar el consumo de frutas, vegetales y granos enteros:

El Instituto Johns Hopkins de Medicina recomienda consumir cinco o más porciones de frutas al día, además de verduras como tales como el brócoli, la coliflor, col, repollo y col de bruselas. También recomiendan incrementar la cantidad de consumo de granos enteros, como el trigo, centeno, avena, maíz, cebada y arroz, pues “la alta ingesta de fibra puede tener un beneficio positivo al alterar las acciones hormonales del cáncer de mama y otros cánceres hormonales dependientes. La ingesta diaria de fibra debe ser de 25 a 30 gramos de fibra insoluble y soluble.”

2. Disminuir el consumo de grasas:

Un estudio realizado por Women’s Intervention Nutrition Study (WINS), descubrió que una dieta baja en grasas reduce en 20% el riesgo de contraer cáncer de mama y también incrementa las posibilidades de sanidad. Por su parte, el Instituto Johns Hopkins de Medicina asegura que su investigación ha sugerido que estos ácidos grasos pueden inhibir el crecimiento de los tumores de mama.” Es por ello que los especialistas de este instituto aconsejan limitar el consumo de alimentos altos en grasa como la carne de res, cordero, queso, nata, mantequilla y helados. Asimismo, recomiendan no ingerir comidas procesadas, especialmente las que tienen harina.

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué odias los lunes?

Tal parece que en estos últimos años -más que en los anteriores- hay mayor cantidad de personas que afirma odiar los lunes; no obstante, este pensamiento es erróneo. Si no te gusta lo que haces los días de trabajo, entonces es lógico que te desagrade empezar dicha actividad. Por lo tanto, no es que odies los lunes, sino que lo que haces ese día.

Un reporte publicado en la Journal of Social and Clinical Psychology afirma que el bienestar de la mayoría de trabajadores americanos incrementa los viernes por la noche, pero disminuye drásticamente el domingo por la noche y el lunes por la mañana. Los investigadores a cargo de ese estudio aseguran que el “efecto del fin de semana” se debe a la falta de autonomía en el trabajo. La Ph.D. Marylène Gagné, sostiene que “si tienes problemas para levantarte el lunes por la mañana, piensa en las razones por las que haces el trabajo que haces. Si tienden a ser por dinero o ego, mira si puedes transformarlos en significativos y divertidos.”

Por otra parte, la constante reiteración de una frase tiene influencia en el comportamiento. Es decir, si uno repite “odio los lunes” con mucha frecuencia, es de seguro que llegará a hacerlo en la realidad. Los psicólogos denominan a esta práctica el “efecto ilusorio de la verdad”. Un experimento publicado en la Journal of Experimental Psychology demostró que cuando una persona repite una mentira varias veces, llega a creer que es cierta, incluso cuando antes sabía que era mentira. Aunque estos descubrimientos en el comportamiento humano son un tanto recientes, hace miles de años que en la Biblia ya se nos advertía de cuidar nuestras palabras (1 Pedro 3.10, Colosenses 4:6, Efesios 4:29, Proverbios 10:19, 15:4).

El efecto que tienen nuestras palabras en nuestra disposición al trabajo también se comprueba en el bienestar emocional y financiero. El empresario y experto en marketing, Till Boadella, declara que si eres un empresario y estás haciendo lo que te gusta hacer diariamente, (…) entonces no hay absolutamente ninguna razón por la que debes odiar los lunes. Los lunes son el comienzo de tu semana y se supone que debes estar en tu mejor momento, en términos de productividad y fuerza de voluntad.” Por lo tanto, si uno desea progresar en cualquier área de la vida, debe cambiar su actitud y hacer las cosas de buena gana “como si estuvieran sirviendo al Señor Jesucristo y no a la gente.” (Colosenses 3:23, TLA)

 

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

El dinero puede destruir tu matrimonio

La alarmante cifra de divorcios puso en evidencia los motivos más comunes por los cuales una pareja se separa. Dentro de los primeros lugares en la lista se encuentra el manejo de las finanzas. Este hecho no es tan sorprendente, pues los expertos aseguran que se este resultado se puede predecir antes del matrimonio.

Los terapeutas y consejeros de pareja están de acuerdo en que las personas que desean casarse deben hablar de finanzas antes del matrimonio. Esto ayuda a que ambos creen soluciones para posibles problemas en el futuro y sean honestos sobre sus costumbres en la administración del dinero. Sin embargo, si no pueden dialogar sobre este tema, es un indicador de posteriores altercados. Lamentablemente, solo el 43% de parejas conversan sobre el dinero antes de casarse, de acuerdo a un estudio hecho por American Express.

Sonya Britt, investigadora de la Universidad del Estado de Kansas, afirma que las discusiones sobre dinero durante el noviazgo son una señal de divorcio en el futuro. Ella asegura que sin importar el tiempo que pasó desde la primera vez que una pareja discutió por dinero “hay una buena probabilidad de que tengan una pobre satisfacción en la relación”. Asimismo, un estudio conducido por Jeffrey Dew, de la Universidad del Estado de Utah, encontró que los matrimonios que pelean debido al dinero una vez por semana, tienen el 30% de probabilidad de divorciarse.

Cabe resaltar que el dinero no es el problema en sí, sino otros factores que lo involucran; como por ejemplo:

  • Cuando no se ponen de acuerdo sobre cómo manejarán el dinero.
  • Cuando cada uno quiere administrar su dinero como si aún fueran solteros.
  • Cuando los esposos no son honestos con respecto a sus ingresos y/o gastos.
  • Cuando ambos se endeudan más allá de sus posibilidades de pago.
  • Cuando uno de los cónyuges tiene deudas antes de casarse y lo mantiene en secreto.
  • Cuando no ahorran para su futuro.
  • Cuando uno (o los dos) es comprador compulsivo.
  • Cuando no tienen un presupuesto o control de gastos.
  • Cuando ninguno de los dos tiene educación financiera adecuada.
  • Cuando solo uno de los esposo trabaja.

Por otra parte, Jeffrey Dew manifiesta que “puede ser que las peleas por el dinero sean realmente peleas por problemas más profundos en la relación: poder, confianza, etc. Si estas cuestiones profundas en la relación son problemáticas, entonces estas parejas pueden tener más probabilidades de divorciarse”. Para evitar esta situación, los expertos recomiendan darle prioridad a la comunicación abierta y sincera y, de esta manera, ambos puedan llegar a un acuerdo que los beneficie a ambos.

 

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Es correcto “dejar tu mente en blanco”?

En estos últimos años se ha visto un creciente movimiento de espiritualidad alrededor del mundo. Prácticas que antes se hacían solo en ciertas culturas, hoy han cruzado las fronteras y se han hecho populares en todos los países. Esto es una muestra de la necesidad del ser humano por buscar la paz y llenar sus vacíos existenciales, pero también es una señal que debe ponernos en alerta.

Una práctica que es ampliamente publicitada por distintos medios es la meditación. Muchos afirman que el vaciar nuestra mente de toda clase de pensamientos tiene múltiples beneficios, no solo personales sino también para los que nos rodean. Esto puede sonar prometedor y saludable en teoría; sin embargo, va en contra de lo que se enseña en la Biblia.

La Biblia no está en contra de la meditación; de hecho, la promueve. Pero el tipo de meditación al cual se refiere no requiere vaciar la mente, sino llenarla con la ley de Dios, su Palabra y sus hechos (Salmos 77:12, 143:5, 63:6, 119:97). Es incorrecto pensar que para escuchar a Dios es mejor una mente vacía. Para oír a Dios no necesitas librarte de todos tus pensamientos, sino ocuparla con su Palabra.

Otra consecuencia mala de la meditación es que es una manera de negar a Dios. Esta clase de prácticas conducen a que las personas crean que son dueños de su propio bienestar; y por lo tanto, de su propia salvación. Inducen a creer que no hay vida más allá de la muerte y que lo único que importa es su felicidad en la Tierra; no obstante, Dios nos diseñó para ser pasajeros en este mundo y podamos disfrutar la eternidad con Él.

En conclusión,

¿Los cristianos pueden “dejar su mente en blanco”? Sí.

¿Deben hacerlo? Definitivamente no.

¿Deben practicar la meditación según las costumbres actuales? No.

¿Deben practicar la clase de meditación que enseña la Biblia? Sí, obligatoriamente.

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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