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Elogio a la libertad

El tema de la libertad es recurrente en mi contacto con diferentes personas y grupos cristianos en conferencias, entrevistas y encuentros informales. Lo hemos abordado aquí ya varias veces y se me ocurre que una vez más se hace necesario.
Sigo observando con preocupación la dependencia que muchos cristianos tienen de la palabra de los líderes, orientadores y maestros. Desde consultas tan superficiales como si mi mascota se iría al cielo cuando muera hasta por quién debería votar en la próxima elección, las consultas y solicitudes de consejería tratan de asuntos sobre los cuales los cristianos deberían tener la luz de la palabra de Dios, bien leída y bien entendida.
¿Qué tiene esto que ver con la libertad? Mucho. Jesús resumió un tema ampliamente tratado en la Biblia de la siguiente forma: “Y conocerán la verdad y la verdad los hará verdaderamente libres.” El conocimiento de la verdad no solamente ofrece libertad respecto de los efectos del pecado o un pase seguro hacia el cielo; otorga un fundamento sólido para el discernimiento, el pensamiento crítico y para la toma de decisiones sin estar dependiendo continuamente de señales y consultas a los correspondientes gurús.
Así que por un lado tenemos que la mayoría de los creyentes no tiene acceso a esa libertad porque ignoran su fuente principal que es la Biblia. No me cansaré jamás de criticar a quienes declaran solemnemente que la Biblia es la palabra de Dios y jamás la han leído entera al menos varias veces. Impresentables excusas intentan justificar semejante negligencia pero resultan inútiles a la hora de la verdad.
Por otro lado resulta intrigante que quienes tienen la responsabilidad de dirigir al pueblo cristiano no instruyan a sus seguidores a obtener ese grado profundo de libertad en su pensamiento y en su quehacer diario. Es como si les conviniera que la gente siga dependiendo de ellos en todos los aspectos de la vida. Se me ocurre que es porque eso mantiene la vigencia y el financiamiento de la estructura institucional.
No hay nada que justifique que una persona cristiana que se supone tiene “la mente de Cristo” dependa continuamente de otras fuentes para sus decisiones, su equilibrio espiritual, su capacidad de establecer relaciones maduras con el dolor, con el mundo de los otros y con sus responsabilidades privadas y públicas.
Parafraseando a un antiguo jefe mío que elogiaba la realidad, diré: “No hay nada mejor que la libertad”.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Forma y contenido

Una discusión que no parece tener término es ésta: ¿Hay otras maneras de comunicar el mensaje de Dios a nuestra generación?

Sostengo que la manera en que la mayoría de los evangélicos predica el mensaje no tiene llegada al mundo externo a la iglesia. Y eso hace inefectivo su esfuerzo evangelizador. Los números en todo sentido dan la razón a esta afirmación.

El argumento de los comunicadores – y predicadores, claro está – es que el mensaje no se cambia. Que intentar otras formas de predicar el evangelio es traicionar el mensaje.

Este error estratégico se debe a una comprensión inexacta de forma y contenido. Mi propuesta es que la forma potencia o, caso contrario, debilita la comprensión del contenido. A su vez, el contenido puede dar fuerza o debilitar a la forma del mensaje.

Un extenso pasaje de Ezequiel (capítulos 4 y 5) puede ayudarnos. Dios le ordena a Ezequiel construir una maqueta en adobe de Jerusalén a la entrada de la ciudad y colocar entre él y esa maqueta una plancha de hierro. Debe acostarse durante 390 días sobre un costado y luego 40 días sobre el otro costado, siempre teniendo la plancha de hierro entre él y la maqueta. Debe alimentarse de pan de grano cocido al fuego de excremento de animales. ¡Ezequiel solicitó permiso para que no fuera de excremento humano como fue la orden inicial! Debe cortarse el cabello, dividirlo en tres porciones y esparcir una al viento, otra quemarla al fuego y otra conservarla.

En seguida, Dios explica a Ezequiel el significado de toda esa instalación, como se diría hoy en el mundo del arte. La primera parte es la forma. Lo que Dios dice a Ezequiel que eso significa es el contenido. Esa es sólo una muestra de la increíble diversidad que Dios usó para comunicar su mensaje al pueblo a través de los profetas.

Jesús nunca – repito, nunca – predicó su mensaje de la misma manera dos veces. Siempre utilizó una forma y un contenido que se adaptaran a la situación. Cuatro ejemplos, entre muchos otros: sus encuentros con Nicodemo, con la mujer samaritana, con el joven rico y con Zaqueo. ¿Leen ustedes que a los cuatro Jesús les dijo “Arrepentíos y convertías porque el reino de los cielos se ha acercado?” No. Y sin embargo, los cuatro fueron confrontados con la misma verdad.

¿Por qué entonces insistimos en que la predicación y la música “cristiana” son las únicas formas de impactar y quebrantar los corazones de esta generación?

Abro el diálogo.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Mentiras mezcladas

Hace unos días un diario inglés llamado “Independient” publicó una noticia inédita que dejó a sus lectores con muchas interrogantes respecto a lo que es arte contemporáneo.

Lo que pasó fue que dos estudiantes de la Universidad Robert Gordon en Escocia lograron ingresar una piña de 1 Euro al salón de exposiciones de la misma casa de estudios y de alguna manera la colocaron dentro de una caja de cristal como si fuera el trabajo de un artista plástico. Cuando el público ingresó al museo vieron todas las obras en exhibición entre las cuales también estaba esa fruta.

Al verla nadie se imaginó que se trataba de una broma, incluso algunos turistas se sacaban fotos al lado de ella. El mismo diario terminó la nota diciendo que ese caso se suma a otros muchos similares donde se ha puesto en discusión el concepto de los que es o no arte.

La confusión llegó porque la piña estaba en un lugar sobreprotegido y limpio al igual que otras obras de artistas reales. Ese conjunto de elementos evitó que haya preguntas para cuestionar si realmente debía estar en esa exposición.

Algo similar pasa con las palabras: muchas afirmaciones falsas vienen casi escondidas en oraciones elocuentes o artículos que destacan por el nivel de su lenguaje, pero en el fondo son huecas y no tienen sentido.

Incluso hay quienes toman ideas de grandes pensadores o fragmentos de obras literarias para usarlas a conveniencia. Por si esto fuera poco la Biblia no se ha quedado al margen. No es secreto cómo se toman versículos para proponer motivaciones emocionales, razonamientos humanos y filosofías terrenales.

Es como colocar una piña dentro de un cubo de cristal: quien no conoce la verdad va creer que es una obra de arte vanguardista. Pero ¿Cómo no ser engañado?

Existe una técnica de interpretación de textos llamada hermenéutica cuyos elementos principales son: comprender el contexto histórico de lo que se lee, considerar el uso del lenguaje de la época, entender lo que la totalidad del capítulo dice, comparar el versículo con otros pasajes o libros de la Biblia y cuidar que no existan contradicciones. La palabra de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis tiene una coherencia interna que prevalece y tiene la facultad de mostrar al hombre quién es su creador.

Dios ha puesto en nuestras manos todas las herramientas necesarias para que no seamos engañados. Además la Biblia tiene toda la revelación completa y el Espíritu Santo nos guía, de modo que es responsabilidad de cada uno buscar la verdad y permanecer en ella.

Colosenses 2:8 dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” Versión Reina-Valera 1960

No dejes que una mentira se mezcle entre las palabras de verdaderas que ya has recibido de Dios hasta ahora. Sigue estudiando para retener lo que es auténtico y rechazar lo falso.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Absolutamente

“La verdad empírica no se puede conocer con certidumbre absoluta”
Karl Popper

“Las ideologías que reclaman estar en posesión de la verdad absoluta realizan una afirmación falsa; por consiguiente, puede imponerse a la sociedad únicamente por la fuerza. Todas las ideologías de este tipo conducen a la represión.”
George Soros

Es posible que la persona cristiana que gusta referirse a las verdades absolutas de Dios se moleste por el tono de estos dos filósofos “mundanos”. Hemos de hacerle ver con serenidad – y firmeza – que estas palabras fueron anticipadas miles de años en la Biblia por una persona que tenía bastantes razones para decirlas:

“He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos.¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo conocerá?”
Job 26:14

Estas afirmaciones, dos de ellas de filósofos contemporáneos y la tercera de un hombre que mereció el elogio de Dios por su conducta intachable, son una convocatoria a la humildad y a la disposición al diálogo.
He escrito aquí antes que cuando alguien declara conocer la verdad absoluta, se equivoca absolutamente. Algo absoluto – esto es, completo, definitivo – sólo puede ser conocido y expresado por un ser y una mente absoluta – esto es, completa y definitiva. La única persona que conozco que puede hacer esto es Dios. Desde ahí para abajo todos compartimos la finitud, la limitación que emana de nuestra humanidad.
Cuando me preguntan por qué siempre ofrezco esta mirada crítica al establishment institucional cristiano, respondo siempre lo mismo y que está admirablemente descrito por Soros: el reclamo de la verdad absoluta siempre conduce a una forma de represión. Toda persona que cuestione aquella verdad, que haga preguntas, que señale las inconsistencias que se presentan sobre dicha verdad es reprimida. De ser posible, neutralizada.
Las instituciones cristianas han demostrado a través de la historia su intolerancia hacia quienes discrepan o hallan espacios de crítica a un sistema doctrinal que se define a sí mismo como absoluto.
Por eso afirmo que las citas presentadas son una invitación a la humildad y el diálogo. Hay cosas que no podemos saber con completa certeza. Hay cosas que Dios no nos ha dicho y que sin embargo son verdad. Hay episodios en la Biblia donde una verdad es alterada por la misma voluntad de Dios o de sus siervos.
¿No es esto un llamado a la humildad?
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Mitología

El diccionario define esta palabra como un conjunto de cuentos históricos y relatos que forman parte de una determinada religión o cultura. Muchas veces estas narraciones ayudan a comprender las razones de ciertas prácticas o ritos de algún grupo de etnias que existieron hace mucho y se caracterizan principalmente por ser exageradamente fantasiosas, bastante imaginarias y poco creíbles.

Por ejemplo, los griegos tenían un dios para cada aspecto de la vida: el amor, la riqueza, la guerra, la paz, etc. Todos estos dioses vivían en un lugar llamado Olimpo y su líder era Zeus de quien se cuenta que junto con sus dos hermanos, Hades y Poseidón, derrocaron del trono a su padre Cronos.

En Roma la historia era distinta. Se decía que el príncipe de Dardania escapó de la destrucción de Troya cargando a su padre y a su hijo Ascanio. 40 años más tarde ese niño convertido en hombre y fundaría un pequeño reino llamado Alba Longa del que se hizo gobernante. Cuatro siglos después vendría a ser rey de aquel lugar Numitor quien fue destituido por su hermano Amulio, un hombre perverso que mató a todos los hijos varones herederos al trono y convirtió a su sobrina en sacerdotisa para que no tuviera descendientes. Pero Marte, el dios de la guerra se enamoró de ella y le dio dos hijos gemelos llamados Rómulo y Remo.

Ambos niños fueron llevados al bosque para ser abandonados pero un loba llamado Luperca y un pájaro carpintero los cuidaron, luego fueron encontrados por un criador de puercos quien los adoptó como suyos. Con el tiempo ambos gemelos se enteraron de la verdad y cobraron venganza devolviéndole el reino a su abuelo.

Los egipcios creían que el espíritu de los difuntos era conducido por Anubis hacia el lugar del juicio donde se pesaban en una balanza, en un extremo se paraba la persona juzgada y en el otro había una pluma que representaba a Maat, el dios de verdad, armonía y orden universal. Si el resultado era favorable el difunto era llevado ante Osiris quien los cuidaría eternamente, pero si era desfavorable era llevado a Ammit, representado como un ser mezcla de cocodrilo, león e hipopótamo que destruía los corazones malvados, impidiendo su inmortalidad.

Ahora bien, la Biblia cuenta que seiscientos mil hombres sin contar mujeres y niños, se encontraban acorralados entre el mar rojo y un ejército de egipcios preparados para matarlos. Entonces Dios le ordenó a un hombre llamado Moisés que levantara su vara, extendiera su mano y abriera el mar partiéndolo en dos, cuando así lo hizo las aguas se dividieron y todos pasaron como por tierra seca al otro lado, pero cuando los egipcios intentaron hacerlo el mar se cerró y perecieron ahogados.

Cuatro historias que a primera vista parecen de fantasía pero con una gran diferencia: las tres primeras no tienen ninguna prueba histórica y arqueológica que compruebe su veracidad, pero el relato de la Biblia sí contiene estos elementos convirtiéndolo en un documento histórico de confianza.

No son un mito personajes como Jesús, Abraham, Moisés, David, Daniel, José, etc. La Biblia también habla de lugares reales como Jerusalén, Egipto, Asiria, Babilonia, el río Éufrates, Belén, el río Nilo, etc. La mención de faraones, reyes, gobernante, líderes y otros  fueron verificados por muchos historiadores, y cuando algo llega a ser comprobado deja de ser un mito para convertirse en un hecho real.

Además las historias fantasiosas o los mitos no tienen el poder de transformar la vida de un hombre. No estamos hablando de una simple idea que aparece en la mente de algún fanático, se trata de un poder que llega a conmover las entrañas y los fundamentos de aquel que comienza a conocer a Dios a través de su palabra.

Salmos 119:160 dice: “Todas tus palabras se basan en la verdad; todas ellas son justas y permanecen para siempre.” Versión Traducción en Lenguaje Actual

La Biblia no es un libro de mitología.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué te gusta criticar?

Hay situaciones en las que simplemente no podemos mantener la boca cerrada. Nos dejamos llevar por el momento y decimos lo primero que se nos viene a la cabeza. Aunque algunos podrían calificar esta acción como “dar una opinión”, pero en realidad es una crítica que no sirve para nada constructivo.

¿Por qué nos gusta criticar?

Muchos investigadores del comportamiento han concluido que la crítica dice más de la persona que lo dice, que el comentario en sí. Es parte de la naturaleza humana el querer destacar por encima de los demás, y esto hace que la crítica se convierta en parte de nuestra rutina. El fundador de la Asociación CompasssionPower, Ph.D. Steven Stosny, asegura que “la crítica es una forma fácil de defensa del ego. No criticamos porque no estamos de acuerdo con un comportamiento o una actitud. Criticamos porque de alguna manera nos sentimos devaluados por el comportamiento o la actitud.”

¿Cuál es la diferencia entre criticar y dar tu opinión?

Algunos justifican la crítica al asegurar que tan solo “están dando su opinión”, y si bien es cierto que la libertad de expresión es uno de los derechos de todo ser humano; hay una gran diferencia entre la crítica y la opinión. Según el Diccionario de la Real Academia Española, crítica es:

adj.  Inclinado a enjuiciar hechos y conductas generalmente de forma desfavorable.

Mientras que, opinión es:

f. Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.

Las definiciones hacen una distinción clara entre ambas palabras y, de lo cual se puede concluir que la crítica siempre estará inclinada a causar perjuicios en contra de alguien; además, ésta se hace con el propósito de devaluar a la otra persona.

¿Qué efectos tiene la crítica?

El experto en relaciones de pareja, John M. Gottman, identifica la crítica como una de las causales de divorcio, juntamente con la actitud defensiva, la evasividad, y el desprecio. Aunque su investigación se centró en parejas casadas, el efecto de la crítica se da también en las demás relaciones interpersonales y no necesariamente amorosas. La crítica destruye nuestro vínculo con las personas que nos rodean, y puede causar heridas profundas que son difíciles de sanar. Si bien es cierto que criticar está en nuestra naturaleza humana, esto no quiere decir que debamos ceder ante ella.

¿Qué puedo hacer en lugar de criticar?

Es erróneo decir que la crítica tiene como fin ayudar a la otra persona, pues, solo sirve para hacer sentir menos a los demás. Cuando existe una verdadera intención de querer lo mejor para alguien, lo que se hace no es criticar, sino aconsejar. Los consejos se hacen con amor, y cuando se hacen, se utiliza un lenguaje que refleja preocupación e interés genuino por la otra persona. Los consejos son efectivos, la crítica no.

La próxima vez que te sientas tentado a criticar a alguien o algo, haz una pausa y piensa en los efectos que tendrá. Siempre ten presente que “La gente buena siempre hace el bien, porque el bien habita en su corazón. La gente mala siempre hace el mal, porque en su corazón está el mal. Las palabras que salen de tu boca muestran lo que hay en tu corazón.” Lucas 6:45 (TLA)

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Oportunidad

Tantas cosas han pasado. Tanta vida. Tanto vuelo. Tanto viaje hacia lo desconocido. Descubrimientos y exploraciones. Constataciones inevitables y lecciones desagradables. La refriega por existir con cierta legitimidad. La búsqueda incansable de una verdad más humana. Los amores asumidos y su desaparición en el mundo de Nunca Jamás. La costra de los juicios previos y la pedagogía del terror. La huida y el silencio correspondiente.
A medida que sucede la vida se van cerrando las opciones y los recursos se van haciendo escasos. Van quedando menos oportunidades y se pone uno como esos gatos viejos que ahorran energía evitando movimientos innecesarios. En esa curiosa proporción inversa que es la existencia el entendimiento crece a medida que las fuerzas disminuyen. La evidencia de la precariedad del cuerpo es más fuerte que los deseos – la mayor parte del tiempo al menos.
A veces, a causa de un giro inesperado en el orden predecible de las cosas, se abre una puerta. Una oportunidad se presenta, la posibilidad de vivir una aventura extraordinaria que afortunadamente no requiere muchos créditos. No es frecuente pero sucede y cuando pasa se ilumina todo. Las viejas habilidades reviven. La mente se hace veloz y encuentra los recursos precisos en sus viejos almacenes; el esqueleto recuerda agilidades pasadas y se renueva en el movimiento exigido.
Regresan la risa perdida, las ocurrencias de pasillo y el gusto por el viaje. La pasión ha adquirido cierta sensibilidad, así que profundiza en lo importante y no se desgasta en la variedad. A diferencia de los años mozos se comprende el valor de la oportunidad por lo que en esos días irse a la cama temprano no es una lata sino una táctica inteligente.
Entonces, por algún tiempo, se relega al patio trasero esa vieja costumbre de la mirada plomiza y la conciencia de la levedad de la vida. Una brisa grata desplaza el encierro de las habitaciones y a veces incluso se sorprende uno tarareando una canción simpática en tono mayor.
Se ha presentado una oportunidad. ¿La aprovecharemos…?

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Bueno y bonito

Creo haber contado aquí de una niña que antes de dormirse decía sus plegarias y terminaba siempre de esta manera: “Dios, te pido que los malos se conviertan en buenos y los buenos se conviertan en simpáticos.” No sé por qué se me hace la idea que había leído acerca de aquellos señores del tiempo antiguo que decían a sus contemporáneos: “Quédate donde estás, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú…”
Es esta vieja cuestión de las palabras y los hechos. Este discurso tan querido por políticos y dirigentes de iglesia, que blasona de la integridad y la conducta intachable, se ve desmentido no pocas veces por acciones públicas y privadas que reflejan algo completamente distinto. La verdad es que no sería un drama mayor si tuvieran estos personajes la humildad de admitir sus falencias y aún alejarse temporal o definitivamente de sus funciones si la situación lo amerita. Eso aliviaría en buena medida la frustración de los afectados. Sin embargo no es así. Ellos insisten en mostrarse “buenos y bonitos” profundizando con ello el fastidio y el cansancio de la gente por esta clase dirigente.
La plegaria de la niña hace referencia a esa inclinación de algunos “buenos” a ser poco agradables en su trato con las personas que ellos consideran distintas o contrarias a sus creencias y costumbres. Son los que eligen ser buenos pero no bonitos. A ellos les agrada sobremanera lanzar anatema sobre los males del mundo, recordarle a todos los juicios terribles que vendrán sobre los que no tengan el privilegio de ser raptados antes del fin de todas las cosas.
Hace tiempo, cuando todavía tenía la inocencia de “la comunidad”, enseñaba a mis alumnos a practicar una suerte de santidad sonriente. Sonrío – no de santidad – al recordar aquellos días. Intentaba transmitirles la idea que estar entre la gente y contribuir a mejorar, a hacer más agradables sus días de algún modo, eso era algo santo. Sentarse a la mesa con los que pensaban distinto, hacer preguntas, ayudar sin la presión de la evangelización compulsiva, compartir los dolores y las alegrías de los otros, promover la justicia y la paz en medio de los problemas humanos y no desde retirados y serenos cuartos de oración, eso – pensaba yo – era algo bueno… y bonito.
La comunidad tenía otras ocupaciones. Convertirse en simpáticos no era una de ellas. Así que me fui.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Estúpida esperanza

Acabo de adquirir A sangre fría de Truman Capote. La reseña de la contratapa consigna el siguiente comentario de Frederick R. Karl, autor y crítico literario estadounidense: “Quizá por primera vez, Capote percibió cómo una sociedad se definía a sí misma en relación con sus crímenes, con su capacidad para asesinar”. Bautizada como una de las primeras novelas de “no ficción” es una crónica de la pérdida de la inocencia del Sur profundo de los Estados Unidos – pacífico, cristiano y conservador. Es un clásico de la literatura estadounidense de mediados del siglo XX y me lo debía como lectura.
Menciono esta adquisición solamente para ilustrar lo que he venido haciendo en varios de mis últimos artículos respecto de la pérdida progresiva de la palabra y la urgencia de retornar a los libros como recuperación del relato del mundo y la vida, secuestrado hoy por lo que yo llamaría la “máquina infernal” del internet y de las redes sociales.
No sé cómo va a ser el mundo del próximo futuro en cuanto al pensamiento y a la captura y procesamiento del saber, aunque tengo algunos barruntos alimentados por ciertas lecturas de Umberto Eco y Jesús Martín-Barbero. ¿Leer en los próximos años será una actividad humana obsoleta? ¿Surgirá alguna tecnología como la que se ve en Matrix donde se mete información directamente en el cerebro de las personas y éstas aprenden instantáneamente artes marciales o cómo volar un helicóptero de guerra? ¿O no será necesario saber nada porque para todo habrá aplicaciones y robots que resolverán todas las cuestiones que a uno se le presenten?
En la película Wall-E las personas ya no realizan ninguna actividad física. Viven en una gigantesca nave espacial y permanecen sentados en cómodos sillones controlados automáticamente; todo está dispuesto delante de ellos y su única función es comer, divertirse y dormir y levantarse a horas determinadas por un omnipotente control central. Al final, afortunadamente, por una serie de eventos disruptivos, la gente debe volver a la tierra y recomenzar todo sembrando la semilla salvada de la destrucción y construir un mundo nuevo.
Abrigo la ilusión de que el mundo descubra alguna vez que es imposible vivir sin leer de verdad. Cuando se vean los indeseables resultados de la inacción intelectual la raza volverá a los inicios, cuando la palabra valía tanto como vale la vida.
Aunque ésta no sea más que una esperanza estúpida…

¿A que no sabes lo que me enteré?

“En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.” Proverbios 10:19

En las escrituras, leemos que las palabras tienen poder, para bendición o maldición, sin embargo vemos a menudo como se usa algo tan valioso de manera tan imprudente. Por lo tanto vemos gente que habla, casi sin poder parar y por su incontinencia verbal terminan diciendo palabras, de las cuales tal vez en poco tiempo tengan que arrepentirse. De esta manera, se hiere, miente, promete, engaña, o bien se maltrata, todo a través de las palabras.

Cuantas veces pasa, que nos comienzan a contar algo de una persona y al poco tiempo nos vemos involucrados, también nosotros aportando nuestra propia opinión o experiencia y cuando nos queremos acordar estamos murmurando, en chisme, opinando de situaciones y personas que tal vez no conocemos en profundidad. Por lo tanto, debemos estar alerta a preguntas tales como: ¿te enteraste lo que pasó? o bien te voy a contar un secreto, pero no se lo digas a nadie… o bien la versión religiosa del chisme: “te cuento esto, pero te lo digo para que estés orando, no vayas a tomarme por chismoso.”

Si por un instante pudiéramos comprender lo dañino que resulta esto, posiblemente seríamos mas prudentes en el uso de nuestras palabras. Es frecuente ver personas, que hablan abundantemente, casi presumiendo saber de todo, sin embargo la prudencia, está en refrenar sus labios. Otra característica del que habla mucho, es que es mas propenso a equivocarse, no aprende de otros y de tanto hablar no puede escuchar a los demás, sólo a si mismo.

Es importante reflexionar, si realmente le estamos dando buen uso a nuestras palabras, piensa por un momento las veces que lastimaste a alguien sin querer, por una palabra demás que se te escapó. Piensa también en las palabras que a ti te han marcado, que otros te han dicho casi sin pensar pero que en ti produjeron un dolor que aún hoy recuerdas. Hay personas que se relacionan con los demás con palabras fuertes, a veces con gritos o insultos y esto casi que forma parte de su vida normal, pero hoy a la luz de la Palabra, el desafío es que cambiemos nuestra forma de hablar y la Biblia dice de que manera debemos hacerlo:

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” Colosenses 4:6.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Cállate, por tu bien!

¿Alguna vez escuchaste la frase? “El pez cae por su propia boca”, ahora, ¿cuántos hemos oído hablar a alguna persona más de lo que debía? o quizás hemos sido nosotros mismos los que hemos conversado sin percibir de nuestro exceso de palabras.

Es muy fácil hablar pero callar es realmente difícil, pues siempre tenemos algo que decir, pero debemos recordar que cada una de nuestras palabras serán puestas en una balanza y ellas mismas nos condenaran o nos darán libertad.

“Les digo lo siguiente: el día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho” Mateo 12:36 (NTV).

¿Alguna vez pensaste que tus palabras podrían acusarte? Muchas veces damos rienda suelta a nuestra lengua y dejamos que nos involucre en mentiras, chismes, murmuraciones, etc. sin percibir que está dirigiendo nuestra vida.

Las palabras necias que salen de nuestra boca no sólo dañan nuestro testimonio sino que lastiman a los demás e incluso pueden causarles la muerte. ¿Alguna vez han sentido dolor por las palabras que dijiste? o ¿Haz dañado a alguien?

Es tiempo de tomar el control de tu lengua y que empieces a llenar tu corazón de buenos sentimientos para que todo lo que salga de ti, edifique y bendiga al que te escuche “Una persona buena produce cosas buenas del tesoro de su buen corazón, y una persona mala produce cosas malas del tesoro de su mal corazón” Mateo 12:35 (NTV).

¿Qué hay en tu corazón? Hoy es buen día para sacar aquello que te daña y te perjudica, llena ese espacio con el amor de Dios y habla de ese amor que el mundo necesita.

Cuando quieras dar tu opinión sobre alguna cosa o situación recuerda esto: “Lo que voy a decir es bueno, es verdad y ayuda a alguien”  siempre ten presente a Dios en todo lo que hagas y digas, que tus palabras sean las que te defiendan y sean el reflejo de lo que hay en tu corazón.

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Toma de razón

Los sueños no eran más que sueños. Los diligentes dibujos de la mente se desgastaron en el escritorio, se deshicieron en un vendaval de lágrimas inútiles. La esperanza, pobre ingenua, resiste aún, cada vez más desnuda, cada día más desarmada.
Apropiarse del dolor, reconocerlo como inherente a la cruda experiencia de vivir. Aprender a negociar los términos de la existencia porque la verdadera vida no tiene ropajes ni caretas: impone sin derecho a réplica sus condiciones leoninas y sus juicios inapelables.
Caminar sin mapas por la dura superficie de la realidad sin la seguridad de mantras, documentos o posibles misericordias. Negar la hiel y el vinagre para abrazar con una suerte de ridículo honor el oficio de la muerte, única promesa segura a este lado de la frontera.
Reconocer la vieja, la escueta sabiduría que encierra el “nunca digas nunca, nunca digas siempre”. Los viejos pactos, los compromisos de entonces fueron aniquilados por el reproche, se incendiaron en el fuego de los celos, fueron ejecutados por los ajustes de cuentas. Se ahogaron en un mar de querellas y derechos adquiridos. Las promesas se derrumbaron en una tormenta de pasiones oscuras y ardores inconclusos. Los testamentos devinieron letra muerta, abandonada en una mesa de restaurante, en un escaño de la plaza a medianoche.
El cansancio de los trajines aprendidos para sobrevivir. Las patéticas componendas del acomodo cuando se tiene miedo o hambre o ambos. La fría navaja de los contratos que filetea los sentimientos con quirúrgica precisión. La rendición incondicional del cuerpo que se deteriora sin remedio, la inexorable mortaja del almanaque que lo envuelve poco a poquito. La supervivencia, la triste y simple supervivencia.
Los lazos antiguos, las fraternales uniones de la sangre, los llamados del clan traicionados por la hora de la verdad, por los viejos rencores, por los escraches enfermizos de las secretas historias para el ludibrio de transeúntes y navegantes. La desclasificación de las cuentas pendientes, los cheques en blanco firmados en horas de éxtasis y el libro de los haberes y sus agujeros.
El amor que no conocemos pero cuyo nombre manoseamos para justificar chantajes, traiciones, manipulaciones, controles, insidias, sospechas, envidias y celos. La pasión que se deslíe como los caracoles al sol. El deseo que se distancia cada día más de las posibilidades reales del cuerpo.
La noche con sus capítulos raros y esas urgencias de levantarse y buscar a tientas el baño
A la hora de dar razones, no más, no menos, es lo que hay…

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