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Sin límites

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8: 31-32 (RVR1960).

Muchos solemos creer que la libertad es no tener que rendir cuentas a nadie, hacer o decir lo que queramos; sin embargo, aquel que no conoce a Jesús, no conoce la verdad, porque Él es la verdad y sólo a través de ella podemos liberarnos de la condición pecaminosa en que vivimos. Acércate a Jesús y experimenta una libertad sin igual.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aprender

El aprendizaje es el proceso a través del cual se modifican y adquieren habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación. En nuestra vida es una tarea constante que realizaremos hasta el final de nuestros días.

Cuán importante es que no dejemos de adquirir conocimiento, en especial cuando hemos empezado la vida cristiana, pues el quedarse con sólo las cosas básicas de la Palabra de Dios, es permanecer como un bebé, dice Hebreos 5:11-14 “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” Versión Reina-Valera 1960

Pablo exhortaba claramente a no conformarse, más bien instaba a aprender más para tener la capacidad de discernir entre el bien y el mal.

Cuando eres ingenuo, eres presa fácil de engaños. Hay cierto tipo de estafa donde el delincuente aprovecha la ingenuidad de sus víctimas para robar, se lo llama el “cuento del tío” Básicamente consiste en engañar a una persona haciéndole creer que está realizando un buen negocio al intercambiar su dinero por un objeto que presumiblemente tiene mayor valor, pero que en realidad es falso o carece del valor indicado. Así también hay engañadores que, a nombre de Dios, aprovechan de la ingenuidad de las personas sacando provecho para sí mismas. Consideras que ¿Eres capaz de discernir lo malo y lo bueno?

No te conformes con un aprendizaje limitado, más bien explora más, comprende y experimenta lo que Dios tiene para ti por su Palabra. Recuerda que también tus batallas son ganadas cuando sabes quién eres en Dios.

¡Aprende y también enseña lo bueno!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Biblia y lágrimas

Hay una escena en la Biblia (Nehemías 8:1-20) que nunca deja de conmoverme. Al regreso del exilio los judíos encontraron una Jerusalén completamente devastada. Los escombros eran la triste huella de un pasado glorioso. Abocados al trabajo de reconstruir y restaurar la nación desde sus fundamentos se encuentran una madrugada todos reunidos en una plaza para algo que la mayoría de ellos nunca había experimentado: oír la lectura de la ley de Dios.
En una tarima de madera construida para la ocasión, el escriba Esdras lee durante al menos seis horas diversas porciones de la Torá. Algunos levitas se distribuyen entre la gente para ir explicándoles lo que no entiendan de la lectura.
A medida que avanza la mañana, la gente comienza a llorar, a gritar “¡Amén, amén!” y algunos se inclinan con su rostro a tierra. Tanto, que los dirigentes les dicen que por favor no lloren, que es un día de alegría, de celebración, de comer y beber. Al fin los convencen y se van a su casa, invitan a los más pobres del pueblo y comparten algo nuevo y reconfortante en sus vidas. No hay que olvidar que vienen de regreso de un exilio oprobioso que ha durado al menos setenta años.
No puedo dejar de pensar en el efecto que produjo en esa gente el oír por primera vez la palabra de Dios. Muchos de ellos habían nacido en cautiverio y allí no había libertad para practicar la fe. Ese encuentro con el pensamiento de Dios expresado en palabras les parte el corazón. Descubren su propia realidad, la triste distancia entre sus vidas y la ley de Dios. Son iluminados con la verdad y no pueden ocultar su emoción. Por eso lloran: la palabra ha comenzado a transformar sus vidas.
Hoy, que tenemos Biblias en innumerables versiones, desde ediciones de lujo hasta las más baratas, que se la predica semana a semana en los templos, la palabra de Dios no nos produce nada. Un video de YouTube que nos recomendaron, una película de Netflix, el mínimo episodio de un animal que muestra rasgos humanos nos conmueve y le damos miles de veces Me gusta, lo compartimos y comentamos cuánto nos emocionó. Pero la ley de Dios es una rutina en nuestros oídos, un trámite ritual, pequeñas cápsulas de palabras que al fin nos hacen inmunes al poderoso impacto de su significado.

Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto a un calefón. (Del tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo).

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

El gatito y la foto

Voy en el metro a la casa de mi hija. He conseguido un asiento y me acomodo porque debo llegar hasta el final del recorrido. Hay dos chicas sentadas frente a mí que llevan un gatito de días. Una de ellas le va haciendo pequeños videos que supongo va a poner en su red social favorita. En un momento le hace una foto fija, la mira y dice: “¡No, no me gustó!” La borra y saca otra.

Ese simple gesto me traslada a la época en que yo tendría la edad de esa chica, unos trece o catorce años. Entonces, sacar una foto requería una serie de pasos hoy impensables para ella: tener una cámara aunque fuera pequeña; había que ir a una casa fotográfica y comprar un rollo de película, quizá de 24 exposiciones, de 400 ASA. En una situación similar, buscaría un ángulo y un momento oportuno para sacar la fotografía deseada.

En este punto, las distancias con este cuadro frente a mí se hacen casi infinitas. Tendría que esperar a terminar el rollo de película, llevarlo a la misma casa fotográfica y pedir un revelado que en el mejor de los casos en aquellos días sería “rápido” en 48 horas. Recién entonces, tal vez una semana o dos después de tomar la fotografía del gatito, podría decidir si me gustaba la fotografía… o no.

Sé que parece una reflexión algo insustancial, pero quisiera explicarles por qué no lo es. Lo que ha sucedido frente a mí en el metro es un acontecimiento de gigantescas proporciones y que aunque los expertos lo discutan y lo divulguen no alcanza a tocar la conciencia de la gente en la forma que debería. El tiempo, definitivamente, es algo relativo. Una vez, tomar una foto suponía días de espera para saber el resultado; hoy, apenas unas décimas de segundo.

No es sólo que el tiempo se ha reducido. Han cambiado inmensamente las expectativas que la gente tiene respecto de cuándo deben ocurrir las cosas y cómo. La instantaneidad implica un cambio en la valoración de las relaciones humanas, la duración de los compromisos, el significado de la espera, el espacio que debería ocupar la vida en nuestras mentes y en nuestros sentimientos.

Cuando todo ocurre tan rápido, ¿es posible esperar que la verdad y los compromisos permanentes con ella sean cosas por las cuales valga la pena poner la vida?

Les dejo la palabra…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Si tan sólo conociéramos la verdad

“¡El mensaje de la cruz es una ridiculez para los que van rumbo a la destrucción! Pero nosotros, que vamos en camino a la salvación, sabemos que es el poder mismo de Dios.” 1 Corintios 1:18. (NTV)

Si tan sólo entendiéramos que la palabra de Dios es el único libro que cambia vidas, todo sería diferente. Muchos vivimos sin esperanza alguna, condenados por el pecado, atrapados en el vicio y otros afanados por la vida, porque nunca le hemos dado el interés o la importancia necesaria a meditar y escudriñar las Escrituras.

Dios quiere cambiar nuestra vida y nuestra situación, pero todo comienza por su Palabra, sin ella nunca podremos ser salvos, ni experimentaremos sus bendiciones ni su poder libertador. Y tampoco sabremos los propósitos que Él tiene para nuestras vidas.

Jesús dijo: “El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen. Juan 6:63-64 (DHH)

Posiblemente tengas luchas que por años no has logrado vencer, tal vez tienes problemas familiares, económicos o en el área de la salud y vives preocupado por la vida, quizás simplemente nunca te ha interesado la Biblia y no la has leído. Hoy quiero que sepas que la palabra de Dios es un libro que ha transformado innumerables vidas desde su existencia, si empezamos a leerla llegaremos a ser parte de los privilegiados que han visto y conocido el poder que hay en ella.

A través de la Palabra nosotros podemos encontrar esperanza y el propósito especial por el cual existimos en este mundo. (Juan 3:16)

Podemos limpiar nuestro camino y mantener el pecado fuera de nuestras vidas (Salmos 119: 9, 11). Podemos tener victoria sobre Satanás a través de ella, así como lo hizo Jesús (Mateo 4:1-11 y 1 Juan 2:14). Y si hemos caído, levantarnos confiando en su promesa: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9.

También podemos obtener sabiduría cuando no sabemos qué hacer. “Tu Palabra es lámpara para mis pies, y luz para mi camino”. Salmos 119:105. Definitivamente es una guía perfecta para tomar buenas decisiones.

Si necesitamos sanidad física debemos estar atentos, escuchar su palabra y confiar. “Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.” Proverbios 4: 22.

Sin duda alguna el éxito de la vida está en meditar la palabra de Dios en todo tiempo. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:1-3. (RVR1960)

Oremos:

“Dios amado, perdóname por no darle tanta importancia a tu palabra ni confiar lo que en ella dice, muchas veces he dudado de lo que está escrito y he preferido confiar en mis capacidades. Me arrepiento de haberlo hecho y, a partir de hoy, quiero conocerte mejor y vivir cada meditando en tu Palabra, por favor ayúdame y guíame siempre en tu verdad, en el nombre de tu hijo Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Elogio a la libertad

El tema de la libertad es recurrente en mi contacto con diferentes personas y grupos cristianos en conferencias, entrevistas y encuentros informales. Lo hemos abordado aquí ya varias veces y se me ocurre que una vez más se hace necesario.
Sigo observando con preocupación la dependencia que muchos cristianos tienen de la palabra de los líderes, orientadores y maestros. Desde consultas tan superficiales como si mi mascota se iría al cielo cuando muera hasta por quién debería votar en la próxima elección, las consultas y solicitudes de consejería tratan de asuntos sobre los cuales los cristianos deberían tener la luz de la palabra de Dios, bien leída y bien entendida.
¿Qué tiene esto que ver con la libertad? Mucho. Jesús resumió un tema ampliamente tratado en la Biblia de la siguiente forma: “Y conocerán la verdad y la verdad los hará verdaderamente libres.” El conocimiento de la verdad no solamente ofrece libertad respecto de los efectos del pecado o un pase seguro hacia el cielo; otorga un fundamento sólido para el discernimiento, el pensamiento crítico y para la toma de decisiones sin estar dependiendo continuamente de señales y consultas a los correspondientes gurús.
Así que por un lado tenemos que la mayoría de los creyentes no tiene acceso a esa libertad porque ignoran su fuente principal que es la Biblia. No me cansaré jamás de criticar a quienes declaran solemnemente que la Biblia es la palabra de Dios y jamás la han leído entera al menos varias veces. Impresentables excusas intentan justificar semejante negligencia pero resultan inútiles a la hora de la verdad.
Por otro lado resulta intrigante que quienes tienen la responsabilidad de dirigir al pueblo cristiano no instruyan a sus seguidores a obtener ese grado profundo de libertad en su pensamiento y en su quehacer diario. Es como si les conviniera que la gente siga dependiendo de ellos en todos los aspectos de la vida. Se me ocurre que es porque eso mantiene la vigencia y el financiamiento de la estructura institucional.
No hay nada que justifique que una persona cristiana que se supone tiene “la mente de Cristo” dependa continuamente de otras fuentes para sus decisiones, su equilibrio espiritual, su capacidad de establecer relaciones maduras con el dolor, con el mundo de los otros y con sus responsabilidades privadas y públicas.
Parafraseando a un antiguo jefe mío que elogiaba la realidad, diré: “No hay nada mejor que la libertad”.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Forma y contenido

Una discusión que no parece tener término es ésta: ¿Hay otras maneras de comunicar el mensaje de Dios a nuestra generación?

Sostengo que la manera en que la mayoría de los evangélicos predica el mensaje no tiene llegada al mundo externo a la iglesia. Y eso hace inefectivo su esfuerzo evangelizador. Los números en todo sentido dan la razón a esta afirmación.

El argumento de los comunicadores – y predicadores, claro está – es que el mensaje no se cambia. Que intentar otras formas de predicar el evangelio es traicionar el mensaje.

Este error estratégico se debe a una comprensión inexacta de forma y contenido. Mi propuesta es que la forma potencia o, caso contrario, debilita la comprensión del contenido. A su vez, el contenido puede dar fuerza o debilitar a la forma del mensaje.

Un extenso pasaje de Ezequiel (capítulos 4 y 5) puede ayudarnos. Dios le ordena a Ezequiel construir una maqueta en adobe de Jerusalén a la entrada de la ciudad y colocar entre él y esa maqueta una plancha de hierro. Debe acostarse durante 390 días sobre un costado y luego 40 días sobre el otro costado, siempre teniendo la plancha de hierro entre él y la maqueta. Debe alimentarse de pan de grano cocido al fuego de excremento de animales. ¡Ezequiel solicitó permiso para que no fuera de excremento humano como fue la orden inicial! Debe cortarse el cabello, dividirlo en tres porciones y esparcir una al viento, otra quemarla al fuego y otra conservarla.

En seguida, Dios explica a Ezequiel el significado de toda esa instalación, como se diría hoy en el mundo del arte. La primera parte es la forma. Lo que Dios dice a Ezequiel que eso significa es el contenido. Esa es sólo una muestra de la increíble diversidad que Dios usó para comunicar su mensaje al pueblo a través de los profetas.

Jesús nunca – repito, nunca – predicó su mensaje de la misma manera dos veces. Siempre utilizó una forma y un contenido que se adaptaran a la situación. Cuatro ejemplos, entre muchos otros: sus encuentros con Nicodemo, con la mujer samaritana, con el joven rico y con Zaqueo. ¿Leen ustedes que a los cuatro Jesús les dijo “Arrepentíos y convertías porque el reino de los cielos se ha acercado?” No. Y sin embargo, los cuatro fueron confrontados con la misma verdad.

¿Por qué entonces insistimos en que la predicación y la música “cristiana” son las únicas formas de impactar y quebrantar los corazones de esta generación?

Abro el diálogo.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Mentiras mezcladas

Hace unos días un diario inglés llamado “Independient” publicó una noticia inédita que dejó a sus lectores con muchas interrogantes respecto a lo que es arte contemporáneo.

Lo que pasó fue que dos estudiantes de la Universidad Robert Gordon en Escocia lograron ingresar una piña de 1 Euro al salón de exposiciones de la misma casa de estudios y de alguna manera la colocaron dentro de una caja de cristal como si fuera el trabajo de un artista plástico. Cuando el público ingresó al museo vieron todas las obras en exhibición entre las cuales también estaba esa fruta.

Al verla nadie se imaginó que se trataba de una broma, incluso algunos turistas se sacaban fotos al lado de ella. El mismo diario terminó la nota diciendo que ese caso se suma a otros muchos similares donde se ha puesto en discusión el concepto de los que es o no arte.

La confusión llegó porque la piña estaba en un lugar sobreprotegido y limpio al igual que otras obras de artistas reales. Ese conjunto de elementos evitó que haya preguntas para cuestionar si realmente debía estar en esa exposición.

Algo similar pasa con las palabras: muchas afirmaciones falsas vienen casi escondidas en oraciones elocuentes o artículos que destacan por el nivel de su lenguaje, pero en el fondo son huecas y no tienen sentido.

Incluso hay quienes toman ideas de grandes pensadores o fragmentos de obras literarias para usarlas a conveniencia. Por si esto fuera poco la Biblia no se ha quedado al margen. No es secreto cómo se toman versículos para proponer motivaciones emocionales, razonamientos humanos y filosofías terrenales.

Es como colocar una piña dentro de un cubo de cristal: quien no conoce la verdad va creer que es una obra de arte vanguardista. Pero ¿Cómo no ser engañado?

Existe una técnica de interpretación de textos llamada hermenéutica cuyos elementos principales son: comprender el contexto histórico de lo que se lee, considerar el uso del lenguaje de la época, entender lo que la totalidad del capítulo dice, comparar el versículo con otros pasajes o libros de la Biblia y cuidar que no existan contradicciones. La palabra de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis tiene una coherencia interna que prevalece y tiene la facultad de mostrar al hombre quién es su creador.

Dios ha puesto en nuestras manos todas las herramientas necesarias para que no seamos engañados. Además la Biblia tiene toda la revelación completa y el Espíritu Santo nos guía, de modo que es responsabilidad de cada uno buscar la verdad y permanecer en ella.

Colosenses 2:8 dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” Versión Reina-Valera 1960

No dejes que una mentira se mezcle entre las palabras de verdaderas que ya has recibido de Dios hasta ahora. Sigue estudiando para retener lo que es auténtico y rechazar lo falso.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Absolutamente

“La verdad empírica no se puede conocer con certidumbre absoluta”
Karl Popper

“Las ideologías que reclaman estar en posesión de la verdad absoluta realizan una afirmación falsa; por consiguiente, puede imponerse a la sociedad únicamente por la fuerza. Todas las ideologías de este tipo conducen a la represión.”
George Soros

Es posible que la persona cristiana que gusta referirse a las verdades absolutas de Dios se moleste por el tono de estos dos filósofos “mundanos”. Hemos de hacerle ver con serenidad – y firmeza – que estas palabras fueron anticipadas miles de años en la Biblia por una persona que tenía bastantes razones para decirlas:

“He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos.¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo conocerá?”
Job 26:14

Estas afirmaciones, dos de ellas de filósofos contemporáneos y la tercera de un hombre que mereció el elogio de Dios por su conducta intachable, son una convocatoria a la humildad y a la disposición al diálogo.
He escrito aquí antes que cuando alguien declara conocer la verdad absoluta, se equivoca absolutamente. Algo absoluto – esto es, completo, definitivo – sólo puede ser conocido y expresado por un ser y una mente absoluta – esto es, completa y definitiva. La única persona que conozco que puede hacer esto es Dios. Desde ahí para abajo todos compartimos la finitud, la limitación que emana de nuestra humanidad.
Cuando me preguntan por qué siempre ofrezco esta mirada crítica al establishment institucional cristiano, respondo siempre lo mismo y que está admirablemente descrito por Soros: el reclamo de la verdad absoluta siempre conduce a una forma de represión. Toda persona que cuestione aquella verdad, que haga preguntas, que señale las inconsistencias que se presentan sobre dicha verdad es reprimida. De ser posible, neutralizada.
Las instituciones cristianas han demostrado a través de la historia su intolerancia hacia quienes discrepan o hallan espacios de crítica a un sistema doctrinal que se define a sí mismo como absoluto.
Por eso afirmo que las citas presentadas son una invitación a la humildad y el diálogo. Hay cosas que no podemos saber con completa certeza. Hay cosas que Dios no nos ha dicho y que sin embargo son verdad. Hay episodios en la Biblia donde una verdad es alterada por la misma voluntad de Dios o de sus siervos.
¿No es esto un llamado a la humildad?
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Mitología

El diccionario define esta palabra como un conjunto de cuentos históricos y relatos que forman parte de una determinada religión o cultura. Muchas veces estas narraciones ayudan a comprender las razones de ciertas prácticas o ritos de algún grupo de etnias que existieron hace mucho y se caracterizan principalmente por ser exageradamente fantasiosas, bastante imaginarias y poco creíbles.

Por ejemplo, los griegos tenían un dios para cada aspecto de la vida: el amor, la riqueza, la guerra, la paz, etc. Todos estos dioses vivían en un lugar llamado Olimpo y su líder era Zeus de quien se cuenta que junto con sus dos hermanos, Hades y Poseidón, derrocaron del trono a su padre Cronos.

En Roma la historia era distinta. Se decía que el príncipe de Dardania escapó de la destrucción de Troya cargando a su padre y a su hijo Ascanio. 40 años más tarde ese niño convertido en hombre y fundaría un pequeño reino llamado Alba Longa del que se hizo gobernante. Cuatro siglos después vendría a ser rey de aquel lugar Numitor quien fue destituido por su hermano Amulio, un hombre perverso que mató a todos los hijos varones herederos al trono y convirtió a su sobrina en sacerdotisa para que no tuviera descendientes. Pero Marte, el dios de la guerra se enamoró de ella y le dio dos hijos gemelos llamados Rómulo y Remo.

Ambos niños fueron llevados al bosque para ser abandonados pero un loba llamado Luperca y un pájaro carpintero los cuidaron, luego fueron encontrados por un criador de puercos quien los adoptó como suyos. Con el tiempo ambos gemelos se enteraron de la verdad y cobraron venganza devolviéndole el reino a su abuelo.

Los egipcios creían que el espíritu de los difuntos era conducido por Anubis hacia el lugar del juicio donde se pesaban en una balanza, en un extremo se paraba la persona juzgada y en el otro había una pluma que representaba a Maat, el dios de verdad, armonía y orden universal. Si el resultado era favorable el difunto era llevado ante Osiris quien los cuidaría eternamente, pero si era desfavorable era llevado a Ammit, representado como un ser mezcla de cocodrilo, león e hipopótamo que destruía los corazones malvados, impidiendo su inmortalidad.

Ahora bien, la Biblia cuenta que seiscientos mil hombres sin contar mujeres y niños, se encontraban acorralados entre el mar rojo y un ejército de egipcios preparados para matarlos. Entonces Dios le ordenó a un hombre llamado Moisés que levantara su vara, extendiera su mano y abriera el mar partiéndolo en dos, cuando así lo hizo las aguas se dividieron y todos pasaron como por tierra seca al otro lado, pero cuando los egipcios intentaron hacerlo el mar se cerró y perecieron ahogados.

Cuatro historias que a primera vista parecen de fantasía pero con una gran diferencia: las tres primeras no tienen ninguna prueba histórica y arqueológica que compruebe su veracidad, pero el relato de la Biblia sí contiene estos elementos convirtiéndolo en un documento histórico de confianza.

No son un mito personajes como Jesús, Abraham, Moisés, David, Daniel, José, etc. La Biblia también habla de lugares reales como Jerusalén, Egipto, Asiria, Babilonia, el río Éufrates, Belén, el río Nilo, etc. La mención de faraones, reyes, gobernante, líderes y otros  fueron verificados por muchos historiadores, y cuando algo llega a ser comprobado deja de ser un mito para convertirse en un hecho real.

Además las historias fantasiosas o los mitos no tienen el poder de transformar la vida de un hombre. No estamos hablando de una simple idea que aparece en la mente de algún fanático, se trata de un poder que llega a conmover las entrañas y los fundamentos de aquel que comienza a conocer a Dios a través de su palabra.

Salmos 119:160 dice: “Todas tus palabras se basan en la verdad; todas ellas son justas y permanecen para siempre.” Versión Traducción en Lenguaje Actual

La Biblia no es un libro de mitología.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué te gusta criticar?

Hay situaciones en las que simplemente no podemos mantener la boca cerrada. Nos dejamos llevar por el momento y decimos lo primero que se nos viene a la cabeza. Aunque algunos podrían calificar esta acción como “dar una opinión”, pero en realidad es una crítica que no sirve para nada constructivo.

¿Por qué nos gusta criticar?

Muchos investigadores del comportamiento han concluido que la crítica dice más de la persona que lo dice, que el comentario en sí. Es parte de la naturaleza humana el querer destacar por encima de los demás, y esto hace que la crítica se convierta en parte de nuestra rutina. El fundador de la Asociación CompasssionPower, Ph.D. Steven Stosny, asegura que “la crítica es una forma fácil de defensa del ego. No criticamos porque no estamos de acuerdo con un comportamiento o una actitud. Criticamos porque de alguna manera nos sentimos devaluados por el comportamiento o la actitud.”

¿Cuál es la diferencia entre criticar y dar tu opinión?

Algunos justifican la crítica al asegurar que tan solo “están dando su opinión”, y si bien es cierto que la libertad de expresión es uno de los derechos de todo ser humano; hay una gran diferencia entre la crítica y la opinión. Según el Diccionario de la Real Academia Española, crítica es:

adj.  Inclinado a enjuiciar hechos y conductas generalmente de forma desfavorable.

Mientras que, opinión es:

f. Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.

Las definiciones hacen una distinción clara entre ambas palabras y, de lo cual se puede concluir que la crítica siempre estará inclinada a causar perjuicios en contra de alguien; además, ésta se hace con el propósito de devaluar a la otra persona.

¿Qué efectos tiene la crítica?

El experto en relaciones de pareja, John M. Gottman, identifica la crítica como una de las causales de divorcio, juntamente con la actitud defensiva, la evasividad, y el desprecio. Aunque su investigación se centró en parejas casadas, el efecto de la crítica se da también en las demás relaciones interpersonales y no necesariamente amorosas. La crítica destruye nuestro vínculo con las personas que nos rodean, y puede causar heridas profundas que son difíciles de sanar. Si bien es cierto que criticar está en nuestra naturaleza humana, esto no quiere decir que debamos ceder ante ella.

¿Qué puedo hacer en lugar de criticar?

Es erróneo decir que la crítica tiene como fin ayudar a la otra persona, pues, solo sirve para hacer sentir menos a los demás. Cuando existe una verdadera intención de querer lo mejor para alguien, lo que se hace no es criticar, sino aconsejar. Los consejos se hacen con amor, y cuando se hacen, se utiliza un lenguaje que refleja preocupación e interés genuino por la otra persona. Los consejos son efectivos, la crítica no.

La próxima vez que te sientas tentado a criticar a alguien o algo, haz una pausa y piensa en los efectos que tendrá. Siempre ten presente que “La gente buena siempre hace el bien, porque el bien habita en su corazón. La gente mala siempre hace el mal, porque en su corazón está el mal. Las palabras que salen de tu boca muestran lo que hay en tu corazón.” Lucas 6:45 (TLA)

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Oportunidad

Tantas cosas han pasado. Tanta vida. Tanto vuelo. Tanto viaje hacia lo desconocido. Descubrimientos y exploraciones. Constataciones inevitables y lecciones desagradables. La refriega por existir con cierta legitimidad. La búsqueda incansable de una verdad más humana. Los amores asumidos y su desaparición en el mundo de Nunca Jamás. La costra de los juicios previos y la pedagogía del terror. La huida y el silencio correspondiente.
A medida que sucede la vida se van cerrando las opciones y los recursos se van haciendo escasos. Van quedando menos oportunidades y se pone uno como esos gatos viejos que ahorran energía evitando movimientos innecesarios. En esa curiosa proporción inversa que es la existencia el entendimiento crece a medida que las fuerzas disminuyen. La evidencia de la precariedad del cuerpo es más fuerte que los deseos – la mayor parte del tiempo al menos.
A veces, a causa de un giro inesperado en el orden predecible de las cosas, se abre una puerta. Una oportunidad se presenta, la posibilidad de vivir una aventura extraordinaria que afortunadamente no requiere muchos créditos. No es frecuente pero sucede y cuando pasa se ilumina todo. Las viejas habilidades reviven. La mente se hace veloz y encuentra los recursos precisos en sus viejos almacenes; el esqueleto recuerda agilidades pasadas y se renueva en el movimiento exigido.
Regresan la risa perdida, las ocurrencias de pasillo y el gusto por el viaje. La pasión ha adquirido cierta sensibilidad, así que profundiza en lo importante y no se desgasta en la variedad. A diferencia de los años mozos se comprende el valor de la oportunidad por lo que en esos días irse a la cama temprano no es una lata sino una táctica inteligente.
Entonces, por algún tiempo, se relega al patio trasero esa vieja costumbre de la mirada plomiza y la conciencia de la levedad de la vida. Una brisa grata desplaza el encierro de las habitaciones y a veces incluso se sorprende uno tarareando una canción simpática en tono mayor.
Se ha presentado una oportunidad. ¿La aprovecharemos…?

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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