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Clama a mí

Todos en algún momento de nuestras vidas pasamos por situaciones difíciles y dolorosas que a veces no sabemos cómo afrontar, nuestro corazón se llena de desesperación buscando de alguna manera poder solucionar ese problema.  La mente se nubla y  lo que hacemos es buscar ayuda en personas  para  refugiarnos y poder sentirnos seguros olvidando así lo que Dios nos manda:   “E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás”. Salmos 50:15

Al rey Ezequías le tocó vivir un tiempo muy duro en un momento de su vida, él había enfermado e iba a morir. Después de enterarse  que no viviría mucho  más, su corazón se llenó de angustia.  En ese momento crítico de su vida Ezequías buscó a Dios en oración diciendo: “Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro”. 2 Reyes 20:3   Su oración fue escuchada por el Señor, quien lo  libró de la muerte, lo sanó y le añadió quince años más a sus días.

Durante los momentos de prueba y angustia  debemos buscar a Dios en oración, la solución y la respuesta a nuestro problema está en Él.  No busques en tus fuerzas la salida a todo lo que te pasa, recuerda que Dios mismo dice: “E invócame en el día de la angustia…”.

Aprendamos a hacer lo mismo que hizo el Rey Ezequías en medio de su angustia, acudamos al dador de la vida aún cuando las situaciones sean difíciles de afrontar en su momento. En su palabra dice que la oración del justo puede mucho,  el Señor te librará,  hará un milagro y te bendecirá en gran manera.

 “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Jeremías  29:12-13
Por Miguel Ángel Veizaga

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No se preocupen por nada

¿Por qué vivimos preocupados si tenemos un Dios Todopoderoso? Sencillamente porque no lo conocemos en su totalidad  y nuestra relación de comunión con Él es inconstante. Vivir preocupado es dejar de creer en los planes de Dios y sus promesas.

En nuestra vida diaria nos preocupamos tanto por nuestros problemas y necesidades básicas, que terminamos perdiendo la salud de nuestro cuerpo y la vida misma porque, sin darnos cuenta, nuestras preocupaciones han ocupado el primer lugar que le pertenece a Dios y nos hemos olvidado de buscarlo.

En Lucas 12:22-31. Jesús dice: “no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento para comer o suficiente ropa para vestirse. Pues la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa. Miren los cuervos. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque Dios los alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? Miren cómo crecen los lirios. No trabajan ni cosen su ropa; sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como ellos. Y, si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores que hoy están y mañana se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes. ¿Por qué tienen tan poca fe? No se inquieten por lo que van a comer o lo que van a beber. No se preocupen por esas cosas. Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos en todo el mundo, pero su Padre ya conoce sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás, y él les dará todo lo que necesiten.

Si Dios alimenta y da refugio a las aves, ¿Cuánto más a nosotros? Si Él es quien nos dice, no te preocupes por nada, búscame, dime lo que necesitas; ¿Por qué no podemos confiar en ÉL?

“Benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.” Jeremías 17:7.

No olvidemos que Dios tiene control absoluto de todas las cosas y que siempre está dispuesto a ayudarnos. Si hemos dejado de confiar en ÉL y nos hemos preocupado más por nuestras necesidades, hoy es un buen día para entregarle a Dios todas nuestras angustias y preocupaciones.

La palabra de Dios dice: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7

Oremos:

“Señor, gracias por tu palabra y por orientarme. Me acerco a ti porque te necesito, he estado muy afanado en otras cosas y he dejado de buscarte. Por favor, ten misericordia de mí y ayúdame a partir de hoy a buscarte primero. Te entrego mis problemas, preocupaciones y angustias. Deposito toda mi confianza en ti porque sé que Tú tienes el poder para transformar toda situación para gloria y alabanza de tu nombre, gracias porque prometes cuidarme. Amén”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Regresa a casa

Jesús cuenta la historia de un joven que guiado por sus emociones pidió a su padre la parte de la herencia que le correspondía, para así poder disfrutar de su juventud y de su vida lejos de casa; quizás había oído de las muchas novedades y diversión que había en otros pueblos y de las cuales se estaba perdiendo.

Después de haber disfrutado y gastado su herencia, quedó sin una moneda en el bolsillo, sin alimento y sin un lugar donde pasar la noche, terminó en la calle.

Cuando quedó solo y sin nada más que perder, tuvo que hacer una decisión: quedarse a vivir como un mendigo o volver a casa y reconocer su falta.

Lucas 15:18 muestra la decisión que tomó este joven “Volveré a la casa de mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (NTV).

Los afanes de la vida y los problemas cotidianos pueden haberte consumido tanto que te han desviado del camino correcto y hoy te encuentras solo y sin nada que perder; quizás hayas pasado momentos divertidos lejos de Dios pero hoy sigues sintiendo ese vacío  y dolor en tu corazón porque sabes que no estás en el lugar correcto, pero por vergüenza, cansancio o miedo no piensas en volver a casa.

¡Haz la decisión correcta! Y no te quedes viviendo como un huérfano cuando tienes un Padre que te está esperando con los brazos abiertos para darte aún más de lo que perdiste.

Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó” Lucas 15:22 (NTV) Este versículo nos muestra a un padre que esperaba el regreso de su hijo, se mantuvo atento a su llegada y sobre todo demostró perdón con acciones, no le reclamó solamente lo amó.

Tus decisiones pueden haberte llevado muy lejos de casa y hoy te encuentras perdido, sin un lugar donde descansar y sentirte seguro, recuerda que tienes un lugar en la casa y en el corazón de Dios.

“Este es el tiempo de retornar a casa junto a tu Padre”

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Este viernes

Gracias a Dios es viernes. Me desprendo del rigor de la palabra útil y del pensamiento responsable. Ensayo prosas que me alivian el alma.

Comencé a leer Por el camino de Swann, primer tomo de la saga En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Debo haber tenido unos nueve años cuando me fijé que el tío Carlos lo leyó por tercera o cuarta vez. Hojeé algunas páginas pero era un lenguaje incomprensible todavía para mis primeros andares por la literatura del mundo.
El último volumen lleva el sugestivo título de El tiempo recobrado. Loca ilusión, claro, eso de desear el regreso del tiempo. Ningún tiempo pasado fue mejor. Un chico de hoy, dentro de cincuenta años, recordará el verano de 2017 como los días más bellos de su existencia y pensará que nunca habrá otros días como ésos.
Lo que sucede, me parece, es que los años nos van abrumando con sus compromisos, responsabilidades, cuotas mensuales, obligaciones sociales, rutina laboral, querellas de las relaciones humanas, fracasos espirituales, sólo por citar algunos. Van arruinando paulatinamente el gusto por disfrutar de las cosas más simples y uno se vuelve vuelve más exigente, más intolerante; “hincha”, dirían mis colegas.
¿Qué responsabilidades y obligaciones tenía yo en el otoño de 1962? Pese a las sombras que arrojaba sobre mi mañana la nube triste de mi familia disfuncional, cada día traía una cuota invaluable de gozo auténtico.
Nos metíamos debajo de una montaña de pupitres destartalados al fondo del patio de las escuela, a jugar a los hombres de las cavernas. Un día el director nos llamó a su oficina y nos indagó misteriosamente. Ahora de doy cuenta que pensó que jugábamos a algo “raro” ahí dentro.
De pie sobre las mesas de la sala de clases, con nuestros inefables mamelucos de basta tela, cantábamos Andar en bicicleta es un gran placer a grito pelado porque la señorita Ruth estaba a cargo de la ceremonia del próximo día lunes y quería lucirse con nuestra presentación musical.
Mi única ocupación en la vida era encontrar, al menos una vez al día, ese instante de luz que me faltaba y que anhelaba eterno. A veces quisiera regresar, recuperar aquella embriaguez de vivir.
Por eso será que uno recuerda el pasado así. No era mejor ni peor que ahora. Es sólo que entonces éramos chicos y nada nos quedaba grande. No sabíamos que un día íbamos a morir.
Ahora lo sabemos.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

 

Nada que perder

Los griegos cuentan de un soldado enfermo que en tiempos de Antígono se destacó mucho en la guerra. Era siempre el primero en la batalla, valiente entre valientes. La razón de ello era que sufría tanto por motivo de una enfermedad, que luchaba en la guerra con el fin de olvidarla. Sabía que tenía poco tiempo de  vida, así que  no temía a la muerte.

Antígono, gran admirador de este valiente soldado, al enterarse de su enfermedad,  lo hizo curar por uno de los más eminentes médicos de Grecia pero, desde ese día, ya no apareció más el guerrero en el frente de batalla. El antes valiente y destacado soldado buscaba comodidades y descanso, pues, como  lo expresó a sus camaradas, habiendo recobrado la salud, deseaba vivir para gozarse de ella y no estaba dispuesto a arriesgar su vida.

Lo mismo sucede con muchos de nosotros que durante el tiempo de pruebas estamos comprometidos, valientes, trabajando y dando lo mejor de nuestras vidas para Dios, pero cuando nuestras oraciones son respondidas o llegan los momentos de calma, decidimos disfrutar de la vida y dejamos de lado todos nuestros compromisos.

Si bien a nadie gusta enfrentar problemas, hay que reconocer que pueden ser la mejor motivación para mantenernos cerca de Dios y buscarlo de todo corazón. Cuando tenemos todo en contra y ya no tenemos nada que perder es cuando nuestra búsqueda de Dios se hace más sincera e incesante.

Quizás muchas veces los problemas parecen eternos y la respuesta de Dios no es inmediata porque si quitara de nuestras vidas todas aquellas cosas que nos  preocupan, inquietan y duelen daríamos un paso al costado, alejándonos de Dios y perdiendo nuestra vida.

“Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12: 9,10 (NTV)

Vive cada día como si no tuvieras nada que perder, dando lo mejor de ti, gozándote tanto en las pruebas como en los tiempos de paz, sabiendo que todo nos ayuda a ser mejores y nos acerca a lo que Dios quiere que seamos. No temas ni te desanimes, recuerda que en Él está nuestra fortaleza.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El nombre de la rosa

A pesar de todo, brotó una mínima rosa en el jardín.

Sin pretensiones se abrió un poquito cuando yo no estaba. La vi, pequeñita bajo la lluvia cuando recién llegaba después de una breve ausencia. La había esperado por un par de semanas, desde que apareció la forma de un brote chiquito. Es casi blanca, con un poco de rosado en las puntas. Dicen que los locos hablan solos. Tal vez es así; igual le hablé algunas cosas que sólo conciernen a ella y a mí. No va a durar mucho seguramente. Una rosa es un asunto breve. Pero me alegró la tarde, cuando ya oscurecía.
No sabría decir con precisión por qué me hizo bien verla. Es posible que se trate del empeño de la vida a pesar de las pocas opciones que hay. Una idea, una tentativa de proyecto, una posibilidad arroja un poco de luz. Una puerta entornada, un curso de acción posible mueve algo dentro de uno. Se aguza el oído, se guarda silencio, se espera expectante un movimiento al otro lado. ¿Es posible que alguien haya descifrado el mensaje?
O tal vez sea porque aunque siempre hubo rosas, ésta era una posibilidad incierta y sin embargo deseable. Una señal. Era francamente una rosa improbable en un rosal descuidado. Se presentó cuando había desistido de esperarla. Y vino justo ahora la tormenta. Truenos, relámpagos, una lluvia enorme. Tal vez no sobreviva pero no voy a cortarla. Dejemos que todo pase como debe. Hay una cierta belleza trágica en este destello sublime de vida que nace y muere así tan de repente.
Mirado desde esta parte de los años, el tiempo parece algo tan mínimo. Tan desesperantemente fugaz. Eso que parecía un mundo interminable ahora no es más que un pañuelo. Tan leve, un suspiro a lo más. Y tanta vida que supuso sin embargo. Tantas cosas acumuladas en sus pliegues que se necesitaría otra vida entera para siquiera empezar a comprenderla, a descifrar su sentido, a encontrarle el significado.
Si pudiera uno hacerse tan pequeño para entrar en el mundo de la rosita ésta y pudiera explorarla de principio a fin, qué inmensa parecería. Se perdería uno en su universo de filamentos, de humedad, de color, de nervios, de aroma. Entonces no parecería tan leve. Valdría la pena haberla conocido así. Y tal vez uno ya no tendría conciencia de esa cosa tan breve y pesada que es el tiempo.

El poder de la palabra

Rusell Morse, misionero en China, fue encarcelado durante casi 2 años y en todo ese tiempo vivió abandonado sin poder ver la luz del día ni disfrutar libremente de la noche e incluso no tuvo contacto con el exterior.
Cuando Rusell fue liberado declaró lo siguiente: “Probablemente me hubiese vuelto loco si no hubiese podido recordar los versículos de la biblia”.
“La enseñanza de tu palabra da luz (…)” Salmos 119:130 (NTV).
Nosotros que aún tenemos la posibilidad de poseer una Biblia, disfrutamos del privilegio de tener en las manos un tesoro especial; conscientes de tan grande honor, la pregunta que debemos hacernos es ¿Cuánto tiempo invertimos para meditar en la palabra? ¿Cuántos versículos tenemos memorizados? ¿Qué pasaría si nos quitaran la biblia?
En varias oportunidades, y a lo largo de los años y épocas, han tratado de eliminar la palabra de Dios, pero a pesar de todos los atentados contra este libro maravilloso hoy tenemos la oportunidad de tenerlo, pero ¿Cuál es nuestra actitud frente a la palabra?
Muchos buscamos una respuesta a los problemas, una guía para tomar decisiones o buscamos esperanza en medio de la aflicción y es en esos momentos tan importantes y determinantes que olvidamos que la respuesta, la luz y esperanza está en la palabra de Dios “Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino” Salmos 119:105 (NTV)
Si gozas de la oportunidad de tener una Biblia a tu disposición y tienes la libertad de leerla y compartirla con aquellas personas que necesitan un mensaje de vida, no dudes en abrir ese tesoro que Dios inspiró para ti.
No escondas o dejes de lado esa fortuna que Dios te dio a través de su palabra y recuerda que aunque muchos hayan tratado de destruirlo está ahí para ti.
“El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás” Mateo 24:35 Nueva Traducción Viviente (NTV)

Por Judith Quisbert

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Todo cambia. O nada…

Nada nuevo bajo el sol.

Esta antigua noción desafía frontalmente la idea que tiene la gente respecto del cambio tecnológico y cultural que caracteriza a nuestra era. Domina en el imaginario colectivo la percepción de que vivimos una época sin igual en la historia humana. Crece la ansiedad por estar al día. Nos afanamos por comprender el manejo de aparatos y dispositivos. Nos sumergimos en el universo virtual para recapturar el encanto perdido de la comunicación real. Participamos en cursos y seminarios orientados a transformar la conducta y desarrollar altos estándares de productividad y liderazgo. Nos informamos de las tendencias culturales y las seguimos fervientemente para sentirnos incluidos.

No es de sorprenderse por qué estamos tan estresados. Por qué nos sentimos tan desajustados. Tan perdidos respecto de qué es lo que realmente queremos hacer con nuestras vidas y con nuestro futuro. Nunca jamás hubo tanta información que afectara nuestros sentidos. Jamás nos sentimos tan interpelados para hacer esto o aquello a fin de estar dentro, porque estar fuera es de perdedores.

Por supuesto, para profesionales del comportamiento humano, gurús, maestros de todas las categorías imaginables, artistas populares, ídolos y celebridades, estos son buenos tiempos. Que alguien ponga un poco de orden, que ofrezca alguna certeza, que garantice algo por lo menos; para ellos, mucha tribuna y excelentes honorarios.

Urge una mirada retrospectiva, sin duda. Que busquemos algo de perspectiva en medio de este atosigante presente de imágenes, alaridos publicitarios, últimos gritos de la moda y siempre cambiantes tendencias sociales.

Habría, me parece, que regresar a las cuestiones fundamentales de la existencia, que se encuentran en el imaginario humano desde los albores de la vida. Todas las civilizaciones han tenido códigos que buscan interpretar las relaciones humanas y a pesar del tiempo y la distancia entre ellas, se encuentran asombrosas similitudes. Estas semejanzas aluden a lo que intentamos decir en esta nota: el hombre es idéntico a sí mismo desde que apareció en la faz de la tierra. No importa cuánto hayan cambiado las condiciones externas, la economía, la cultura y la tecnología. Frente a las presiones de la vida, será siempre el mismo y responderá siempre la misma manera: con grandeza o con maldad.

Alzar un poco la mirada del asfixiante momento, reposarla en la pradera del tiempo y refrescarse con la memoria de que no hay nada nuevo bajo el sol: una buena recomendación para no desesperar.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Sabes por qué existes?

Mientras estemos con vida, siempre nos preguntaremos el motivo por el cual existimos: ¿Para qué fuimos creados? ¿Qué función debemos cumplir en este mundo?

Thomas Alva Edison fue el creador de la primera bombilla eléctrica. Si esta bombilla tuviera vida, seguramente en este momento estaría feliz, porque no sólo cumplió el propósito de su existencia al dar luz a diferentes hogares, sino rebasó las expectativas del creador, siendo necesaria y de gran utilidad en todo el mundo.

En este momento me gustaría preguntarte: ¿Eres feliz? ¿Estás cumpliendo el propósito por el cual Dios te creó?

“… todo fue creado por medio de Él y para Él.” Colosenses 1:16

Si quieres saber el motivo por el cual existes, es necesario que busques la respuesta en tu creador. La palabra del Señor menciona que fuimos creador por Él y para Él, así que primero es necesario pensar en: ¿Qué es lo que el Señor quiere de mí?

Mientras más cerca del Señor te encuentres, estarás más cerca de su voluntad y de lo que quiere para tu vida, por lo que es importante que lo recibas en tu corazón. Acércate a Él con una oración, pidiendo perdón por tus pecados. Después, búscalo todos los días orando y estudiando la Palabra de Dios y, posteriormente, busca la santidad, corrige tu vida apartándote del pecado, la mentira y el engaño,

Si tú dispusieres tu corazón, Y extendieres a él tus manos; Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, Y no consintieres que more en tu casa la injusticia, Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, Y serás fuerte, y nada temerás;

Y olvidarás tu miseria, O te acordarás de ella como de aguas que pasaron. La vida te será más clara que el mediodía; Aunque oscureciere, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza; Mirarás alrededor, y dormirás seguro.” Job 11:13-18

Si estás triste, preocupado o angustiado, es posible que no te encuentres en el camino que debes estar, y por lo tanto te estés perdiendo una gran bendición. Ten presente que tu vida vale muchísimo, tanto que Dios hizo un gran sacrificio para salvarla ¿Cuándo cumpliremos nuestro llamado y rebasaremos las expectativas de nuestro creador?

Te animo a acercarte a Dios en este momento y a que te comprometas que cada día te acercarás más, y Él te ayudará a conocer el propósito de tu existencia. ¡La vida es buena porque hay un propósito por el cual vivir!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Angel moreno

María Moreno apareció en mi vida cuando tenía cinco años. Entraba a la casa y un perfume de heliotropos se esparcía por el comedor. Se sentaba con mi mamá a tomar unos mates y hablaban de cosas que aún eran ininteligibles para mí. Lo único que yo entendía era que en un momento, María Moreno me llamaba y me hacía sentar en sus rodillas y me acariciaba el cabello mientras seguía su charla con la mami.
Para mi mundo bien poco poblado de caricias esos encuentros eran una fiesta íntima, una celebración silenciosa que yo esperaba sin darme mucho cuenta excepto cuando regresaba y volvía a entrar a la casa.
Con el tiempo y por lo que fui acumulando en mis recuerdos llegué a entender que se habían conocido con mi mamá trabajando como domésticas en las casas de los ricos; ambas provenían del campo y componían las filas interminables de inmigrantes rurales a mediados del siglo pasado.
Mi madre, cuando por ahí tomaba atención de este pequeño ritual que yo adoraba, solía decir, “¡Pero mira este niño, lo meloso que se pone cuando tú vienes…!”
Poco entendía ella que este gesto me otorgó una memoria, un sentimiento que nunca más me abandonó. Era semejante al instante en que cada noche, bajo las cobijas y la almohada, abordaba mi nave intergaláctica imaginaria para atravesar universos, invulnerable, poderoso, infinito.
María Moreno era como pan casero recién salido del horno, tibio, dorado, fragante. El pan eterno del amor, de la bondad, del seno cordial que uno como que siempre va buscando y que raras, muy raras veces, halla en este incesante intento por vivir. El refugio donde todo los peligros, todos los miedos, todos los rechazos han sido conjurados por el abrazo, la mirada, el beso, el silencio.
Me he preguntado dónde se fue ese ángel que pasó por mi vida. Alguna vez le pregunté a mi mamá y es posible que me haya dicho que murió en un trágico accidente o que simplemente desapareció sin dejar rastro alguno.
Ningún rastro, claro, excepto en mi alma de niño y ahora de viejo: la imagen de su estampa formal, de riguroso traje sastre gris a rayas, su blusa impecablemente blanca y sus zapatos negros. El recuerdo de su seno cálido y gentil y aquel aroma de esencia de heliotropo que nunca más he podido volver a sentir por dondequiera que he andado.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¡No cargues lo que no sirve!

Jesús se encontraba enseñando en una sinagoga y en ese mismo lugar estaba una mujer que vivía encorvada desde hace 18 años (es decir no podía enderezarse completamente), quizás la vida de esta mujer no haya sido nada fácil pues ¿Qué tan lejos podía llegar si solamente podía ver sus pies y el piso?

Lucas 13:11 dice: “vio a una mujer que estaba lisiada a causa de un espíritu maligno…” en versículos anteriores y posteriores no encontramos la razón por la que esta mujer estaba siendo atormentada por el enemigo, pero sí sabemos que su condición era consecuencia de un pecado.

El encuentro con Jesús le cambio la vida, “Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad” Lucas 11:12 (NVT), halló libertad y perdón de pecados.

Al igual que esta mujer muchos de nosotros podemos estar viviendo imposibilitados por causa del pecado; quizás son muchas las faltas, necedades, culpa y errores que cargamos en la espalda y está llegando al punto de que por el tamaño y el peso de lo que llevamos estamos comenzando a encorvarnos.

¿Qué podrías hacer o a dónde podrías ir si solamente puedes mirar abajo? Cuán difícil debió ser la vida de esta mujer pues su condición la limitaba y con ello se acomodó a su situación, tal vez ya te acostumbraste a vivir así, sin poder mirar adelante y vives teniendo compasión de ti mismo.

Jesús quiere enderezarte y quiere hacerte libre de lo que estás llevando, Mateo 11:28 dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, Él está dispuesto a quitarte la carga (frustraciones, miedo, duda, falta de perdón, orgullo, etc.) y así podrás ver hacia adelante y podrás lograr aquello que te parecía imposible.

Decide hoy soltar aquello que te detiene, limita y te causa heridas y pon todo en las manos de Dios y sé verdaderamente libre.

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La vida en borrador

(Transcribo, casi sin retoque alguno, esta nota que escribí apresuradamente en el café “Coronados”. A veces es bueno pulir y otras veces no tanto. A ver qué salió…)

…La incongruencia que existe en nuestros países de querer necesitar a un tipo de ser humano afectivo, que pueda disfrutar de la vida, que desarrolle sus sueños y que sea sensible en cuestiones sociales y ambientales, pero que no lo estamos educando en ninguna parte, ni en la casa ni en la escuela. (Pilar Sordo, psicóloga y conferencista chilena en una entrevista a un periódico local)

Al menos en mi generación ha habido una estructura social harto débil para que, como un todo, nos otorgara una base para que la familia o la escuela nos hubiera formado con las capacidades que la sociedad dice necesitar. A no ser por la influencia providencial del tío Carlos en mi primera infancia y la señorita Ruth Murgam en la escuela primaria, ni siquiera lo poco que advierto en mí de esos atributos hubiera sido posible adquirir.
La falta de educación de nuestros padres – cuando éramos niños en la generación del 50 y del 60 -, quienes migraron de las zonas rurales a la brutalidad y a la locura de las ciudades en desarrollo, la irrupción y penetración de los medios electrónicos de comunicación, la presión fenomenal para obtener y consumir cosas y el creciente individualismo no son los mejores ingredientes para formar a una persona afectiva, solidaria, soñadora y social y ambientalmente responsable. Creo que nosotros, hijos del rigor, tuvimos que elegir con pocos estímulos a nuestro alrededor entre una inserción más o menos adecuada a la sociedad o alejarnos de ese perfil y optar por caminos menos saludables.
Podría ser que el ilimitado acceso a la comunicación, las posibilidades de reclamar recursos del sistema social (educación, salud, vivienda) y modelos de vida positivos mejoraran las posibilidades. Pero hay que competir con todos los efectos negativos y antisociales que también provienen del actual estado de cosas.
En definitiva, siempre vamos a ser nosotros los que hemos de elegir quiénes y cómo seremos. Chicos que tienen todo para vivir pueden resultar peligrosos antisociales y chicos que carecen de lo elemental puede convertirse en seres libres, sanos y productivos.
¿Cuánto depende del ambiente que nos rodea?
¿Cuanto depende de nosotros?
(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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