vivir | CVCLAVOZ

All posts in “vivir”

Siente con el corazón

“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”. Romanos 12:15 (RVR1960)

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro para saber lo que siente; hoy vivimos en una sociedad menos empática e indiferente, que a veces parece no tener corazón. Dios quiere que seas  más sensible con lo que pasa al tu alrededor, alégrate con aquel que está feliz, llora con el que esta triste; siente con el corazón y se genuino cuando te gozas o consuelas a alguien.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué frase te representaría mejor?

Una ilustración cuenta que en una charla a jóvenes de un seminario se les planteó lo siguiente:

“Supongan que Dios pusiera en sus manos un diamante y les pidiera escribir en él una frase que tendría que ser leída en el último día, la cual revelará sus pensamientos y sentimientos en tan solmene ocasión, ¡Con qué cuidado escogerían esa frase!. Es lo  que Dios ha hecho: ha puesto ante ustedes, mentes inmortales, más imperecederas que el diamante, en las cuales tienen que escribir día tras día y hora tras hora, sus impresiones, y ejemplos, y ello será testimonio en favor o en contra de ustedes el día del juicio”

Todos los días tenemos la oportunidad de escribir en una nueva página en blanco de nuestras vidas, constantemente estamos tomando decisiones y todas ellas influyen en cómo será nuestra vida, en qué legado dejaremos y a quiénes impactaremos positiva o negativamente.

“Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos. No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan.” Efesios 5:15-17 (NTV)

Busquemos aprovechar cada día de nuestras vidas, que no haya un sólo día que consideremos perdido, sino que cada noche al ir a descansar podamos estar tranquilos, confiando en que dimos lo mejor de nosotros  y que Dios recompensará nuestro esfuerzo.

Recuerda que Dios nos ha confiado algo mucho más valioso que un diamante: nuestras vidas, y depende de cada uno de nosotros cuidarlas y darles el valor que realmente tienen. Nuestro cuerpo físico es temporal y pasajero pero la vida  no termina con la muerte.

¿Qué dirán de ti en tu funeral? ¿Cómo te recordará la gente? ¿Cambiaste alguna vida con tu ejemplo? ¿Qué dirá la frase que te representará mejor?

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Estúpida esperanza

Acabo de adquirir A sangre fría de Truman Capote. La reseña de la contratapa consigna el siguiente comentario de Frederick R. Karl, autor y crítico literario estadounidense: “Quizá por primera vez, Capote percibió cómo una sociedad se definía a sí misma en relación con sus crímenes, con su capacidad para asesinar”. Bautizada como una de las primeras novelas de “no ficción” es una crónica de la pérdida de la inocencia del Sur profundo de los Estados Unidos – pacífico, cristiano y conservador. Es un clásico de la literatura estadounidense de mediados del siglo XX y me lo debía como lectura.
Menciono esta adquisición solamente para ilustrar lo que he venido haciendo en varios de mis últimos artículos respecto de la pérdida progresiva de la palabra y la urgencia de retornar a los libros como recuperación del relato del mundo y la vida, secuestrado hoy por lo que yo llamaría la “máquina infernal” del internet y de las redes sociales.
No sé cómo va a ser el mundo del próximo futuro en cuanto al pensamiento y a la captura y procesamiento del saber, aunque tengo algunos barruntos alimentados por ciertas lecturas de Umberto Eco y Jesús Martín-Barbero. ¿Leer en los próximos años será una actividad humana obsoleta? ¿Surgirá alguna tecnología como la que se ve en Matrix donde se mete información directamente en el cerebro de las personas y éstas aprenden instantáneamente artes marciales o cómo volar un helicóptero de guerra? ¿O no será necesario saber nada porque para todo habrá aplicaciones y robots que resolverán todas las cuestiones que a uno se le presenten?
En la película Wall-E las personas ya no realizan ninguna actividad física. Viven en una gigantesca nave espacial y permanecen sentados en cómodos sillones controlados automáticamente; todo está dispuesto delante de ellos y su única función es comer, divertirse y dormir y levantarse a horas determinadas por un omnipotente control central. Al final, afortunadamente, por una serie de eventos disruptivos, la gente debe volver a la tierra y recomenzar todo sembrando la semilla salvada de la destrucción y construir un mundo nuevo.
Abrigo la ilusión de que el mundo descubra alguna vez que es imposible vivir sin leer de verdad. Cuando se vean los indeseables resultados de la inacción intelectual la raza volverá a los inicios, cuando la palabra valía tanto como vale la vida.
Aunque ésta no sea más que una esperanza estúpida…

¡Se busca!

Un día un pastor perdió a una de sus 100 ovejas y no dudó en dejar a las 99 y salir a buscar a aquella que se había perdido. Es impresionante ver esa muestra de amor por una oveja, pues hasta una fiesta hizo porque la encontró, y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido” Lucas 15:6 (NTV).

Así es el amor de un padre por su hijo, sin importar la distancia que debe caminar o lo que deba sufrir o dejar, su padre lo haría solamente para encontrar y estar junto a su hijo.

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” Lucas 19:11 (NTV).

Quizás los problemas, afanes y necesidades te hayan alejado del camino correcto y tu mirada y tus pensamientos ya no están encaminados a Dios, dejaste el redil para seguir tus planes, tus metas y te perdiste.

Puedes tener muchas equivocaciones y estar tan perdido en el pecado que ya no tienes el ánimo y la esperanza de encontrar una salida, pero recuerda “Jesús te está buscando” no te escondas por vergüenza y tampoco te quedes en silencio, es tiempo de llamar a tu Padre para que te rescate de donde estás.

Jesús vino a buscar aquello que se ha perdido, quizás hoy estás vagando por la vida y no sabes a dónde ir o qué hacer y has pensado en quedarte sentado y en silencio esperando morir. ¡Qué equivocados estamos! Si pensamos que Dios se olvidó de sus hijos por caer en el pecado y peor aún negar que nos esté buscando para ayudarnos.

¡Vuelve a casa, junto a tu Padre!

De la misma manera, ¡hay más alegría en el cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!” Lucas 15:7 (NVT).

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Refran

(A fin de evitar suspicacias respecto de cuestiones de género aclaro a la audiencia sensible que se trata aquí de una referencia a un estado de ánimo e ilustrada por un viejo refrán chileno y no de una reflexión sobre las características biológicas o emocionales de una señora anciana)

“Pasó la vieja” se dice en Chile cuando se quiere significar que ya pasó la oportunidad para que algo le ocurriera a alguien: un amor, un trabajo decente, un viaje gratis, una respuesta que fue dada cuando justo uno no estaba. Hay cosas para las cuales ya no tenemos chance (ahí le dicen a uno el refrán); hay otras a las cuales uno mismo ya no quiere darles oportunidad (ahí uno es el que lo dice). Se me ocurren unas palabras para esta segunda opción, algo así como un coloquio íntimo con la audiencia que se detiene habitualmente en este blog.
De tanto andar, de tanto ver, de tanto vivir, va uno adquiriendo un cierto escepticismo respecto de los asuntos que la gente considera importantes en la vida. Se pone uno medio cínico respecto de las esperanzas que las personas abrigan sobre el éxito de sus emprendimientos. Piensen, por poner unos pocos ejemplos clásicos, en el discurso de los políticos, en los parabienes que algunos invitados un poco embriagados le endilgan a los novios en una boda, en las tarjetas de Navidad, en ciertas encendidas predicaciones, en los libros y las filosofías de autoayuda, en los consejos que dan los amigos en tiempos de crisis – me refiero a esos que uno nunca les pidió – y en una amplia gama de otras invenciones con que las criaturas humanas atormentan intencional o inadvertidamente a sus semejantes creyendo que les hacen un favor. Hay quienes consideran un oficio redentor esa inclinación consuetudinaria a enmendarles la plana al mundo que les rodea. Con serena firmeza, tiene uno que decirles: “¿Sabes?, por aquí ya pasó la vieja”. Entonces te miran con un insoportable dejo de conmiseración, extrañados de que no entiendas lo simple y lo hermosa que es la vida.
Hubo una época en que creía en algunas cosas. Suponía que si decía, hacía o pensaba lo correcto y seguía las instrucciones al pie de la letra, la vida estallaría en un arco iris de setenta colores, me sonreiría el futuro, brillaría la esperanza, me pondría rozagante y gordito, viviría una feliz vidita compartida.
Pero la realidad superó al discurso. Pasó la vieja. “Así que vuelve a tus labores; pero antes, tráele al viejo otra frazada”.

Toma de razón

Los sueños no eran más que sueños. Los diligentes dibujos de la mente se desgastaron en el escritorio, se deshicieron en un vendaval de lágrimas inútiles. La esperanza, pobre ingenua, resiste aún, cada vez más desnuda, cada día más desarmada.
Apropiarse del dolor, reconocerlo como inherente a la cruda experiencia de vivir. Aprender a negociar los términos de la existencia porque la verdadera vida no tiene ropajes ni caretas: impone sin derecho a réplica sus condiciones leoninas y sus juicios inapelables.
Caminar sin mapas por la dura superficie de la realidad sin la seguridad de mantras, documentos o posibles misericordias. Negar la hiel y el vinagre para abrazar con una suerte de ridículo honor el oficio de la muerte, única promesa segura a este lado de la frontera.
Reconocer la vieja, la escueta sabiduría que encierra el “nunca digas nunca, nunca digas siempre”. Los viejos pactos, los compromisos de entonces fueron aniquilados por el reproche, se incendiaron en el fuego de los celos, fueron ejecutados por los ajustes de cuentas. Se ahogaron en un mar de querellas y derechos adquiridos. Las promesas se derrumbaron en una tormenta de pasiones oscuras y ardores inconclusos. Los testamentos devinieron letra muerta, abandonada en una mesa de restaurante, en un escaño de la plaza a medianoche.
El cansancio de los trajines aprendidos para sobrevivir. Las patéticas componendas del acomodo cuando se tiene miedo o hambre o ambos. La fría navaja de los contratos que filetea los sentimientos con quirúrgica precisión. La rendición incondicional del cuerpo que se deteriora sin remedio, la inexorable mortaja del almanaque que lo envuelve poco a poquito. La supervivencia, la triste y simple supervivencia.
Los lazos antiguos, las fraternales uniones de la sangre, los llamados del clan traicionados por la hora de la verdad, por los viejos rencores, por los escraches enfermizos de las secretas historias para el ludibrio de transeúntes y navegantes. La desclasificación de las cuentas pendientes, los cheques en blanco firmados en horas de éxtasis y el libro de los haberes y sus agujeros.
El amor que no conocemos pero cuyo nombre manoseamos para justificar chantajes, traiciones, manipulaciones, controles, insidias, sospechas, envidias y celos. La pasión que se deslíe como los caracoles al sol. El deseo que se distancia cada día más de las posibilidades reales del cuerpo.
La noche con sus capítulos raros y esas urgencias de levantarse y buscar a tientas el baño
A la hora de dar razones, no más, no menos, es lo que hay…

¡Cuídalo! Vale más de lo que piensas

Carlitos era un niño travieso y juguetón, por lo cual, cada zapatilla que se ponía no duraba mucho tiempo. Pero, tenía un par de zapatillas azules que cuidaba con recelo, las utilizaba sólo en salidas importantes para no ensuciarlas, ni envejecerlas y así poder lucirlas delante de todos sus amiguitos, la pregunta era: ¿Por qué tanto cuidado a esta zapatilla?

La madre de Carlitos manifestó que su padre  le había regalado esas zapatillas y cada vez que se las ponía esperaba que su progenitor se sintiera contento.

“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.” Romanos 12:1 (NVI)

Carlitos amaba a su padre y seguramente muchas veces tuvo ganas de ensuciarse con las zapatillas puestas, pero cada vez que pensaba en su padre cambiaba de parecer.

Algo parecido debería pasar con nosotros, el Señor espera que cuidemos nuestra santidad así como Carlitos cuidaba sus zapatillas, temiendo que se pueda ensuciar, buscando que nuestra vida sea del agrado para Dios. La palabra “santo” viene de la palabra griega “hagios” que significa “consagrado o apartado para Dios” Es decir, al agrado de nuestro padre.

“Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” Isaías 6:3

Decir que amamos a Dios y vivir practicando el pecado es una gran mentira, la palabra de Dios dice que Él es tres veces Santo, por tanto, una persona que ama a Dios tendría que esforzarse por vivir una vida santa, sin mancha.

Ser santo no debería ser una carga; cuando hay amor se convierte en una hermosa lucha de ser diferente al resto y esforzase por hacer lo correcto, es el amor puro que impulsa a cambiar. No se trata de ser perfecto, seguir una lista de reglas y lineamientos, sino, de luchar por parecerse al Padre, esforzarse para agradarle con nuestra vida.

No esperes crecer en  santidad si ocupas poco tiempo a solas con Dios y no tomas en serio su palabra. Este tiempo te animo a pedirle perdón si has ignorado este tema y tomar la decisión de agradar a Dios viviendo en santidad.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Todo con equilibrio

El equilibrio, según el diccionario, es el estado de inmovilidad de un cuerpo sometido a dos o más fuerzas de la misma intensidad que actúan en sentido opuesto, por lo que se contrarrestan o anulan.

Este concepto se aplica en todo ámbito de la vida. Nuestras relaciones, gustos, creencias y hasta los pasatiempos deben tener un límite y un control en nuestra vida, no debemos aferrarnos a una sola cosa porque puede ser contraproducente. Un ejemplo podría ser el ejercicio, puede que éste sea una fuente de trabajo, un hobbie o tal vez una forma de mantenernos saludables y no tiene nada de malo, pero que nos obsesionemos por hacer eso todo el tiempo o que nuestra mente, energías, tiempo y corazón estén enfocadas sólo en eso, harán que perdamos de vista otras cosas que nos dan equilibrio.

Muchos hablan de que el fanatismo por Cristo es un exceso y que es malo porque todo extremo es dañino; es muy cierto el concepto de que todo exceso es contraproducente, sin embargo, debemos entender que el amar a Cristo sobre todas las cosas no es una posición que hace contrapeso, sino  es la balanza que nos ayuda a pesar todo lo que da equilibrio a nuestra vida.

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Eclesiastés 3:1 (RVR-1960)

Entendamos que Dios nos dio tiempo para todo en esta tierra, y por eso mismo quiere que tengamos el momento para hacer y disfrutar todo lo que Él nos regala. Si de algo debemos ocuparnos todo el tiempo es de amar a Dios con nuestra vida.

Hoy te invito a vivir con equilibrio, sin inclinarte totalmente por algo, intenta vivir cada cosa en su momento. Nada merece tu entrega total en esta tierra, vive todo en su tiempo y enfócate en lo eterno.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Desvarío vespertino

Declina el día. Un manto de nubes va cambiando de tonos hasta volverse un epílogo gris levemente anaranjado. La luz se debilita y muere. Refresca aquí en el campo. No importa cuánto calor hizo en el día, siempre refresca.

La mañana trae promesas y trajines. El día es una batalla – a veces gano, a veces pierdo, empato casi siempre. La tarde va silenciando palabras y esperanzas. Otorga una perspectiva temperada a mis jornadas de exilio. Aunque cada tanto me duele, me acostumbro a esta soledad crepuscular. Suelo fotografiar estas horas finales del día. Voy construyendo una suerte de memoria gráfica de este viaje vespertino.

Es que es así. A esta hora, el tiempo abre su libro mayor y me remite a mi propia tarde. A esta época donde suele la gente ensayar evaluaciones y balances. No sólo respecto de la limitada extensión de unos días o unos meses. También de jornadas distantes y distintas. Pero yo no hago tal. Me quedan viajes pendientes. Hay todavía tiempo para acertar y fracasar, para soñar y desesperar. La ocupación de la memoria es acrecentar el sentido del porvenir. Los recuerdos se me antojan especias que vienen a realzar el gusto de la existencia que me queda.

No busco “aprender de mis errores”. Voy a volver a cometerlos, es seguro. No leo el libro del tiempo para recriminarme. Ya tuve bastante con la culpa, ese verdugo feroz azuzado por los doctores del viejo canon. Cuando tuve que elegir, seguí mi corazón. Por los dolores que causé, pedí perdón. Pero no me voy a disculpar por haber vivido.

Habiendo andado ya por un buen rato, busco más bien en el ayer tesoros singulares. Lo que me hizo bien. Lo que me hizo mejor. Lo que no, ya tuvo su momento de vinagre. Me quedo con las rosas…

Así que al considerar el tiempo que se me otorga para vivir, espero encontrar las cosas que quiero ver, las emociones que anhelo sentir y por qué no, lo que aún deseo amar. Dice un poema de Neruda: “No crean que voy a morirme,/me pasa todo lo contrario,/sucede que voy a vivirme,/sucede que soy y sigo.” En lugar de ceder a la melancolía de la edad madura, elijo la dicha de ser y seguir. Aunque no pocas veces elijo la melancolía

Después de la tarde, la oscuridad desliza su manto de terciopelo sobre el estrecho territorio de mis huesos. En ese preciso momento, sonrío al recordar que la noche es joven.

Más importante que yo

Una vieja historia Romana cuenta que Telémaco, un monje proveniente de Asia menor (región actualmente conocida como Turquía), llegó a Roma para conocer la que en esa época era considerada la capital del mundo.

Aquel hombre había sido atraído por las portentosas edificaciones de piedra que fueron erguidas: El teatro de Marcelo, el templo de Palmira, el glamoroso mármol del senado y sobre todo, el extraordinario anfiteatro o circo romano.

Después de un largo recorrido por fin llegó a una posada, dejó sus cosas y de inmediato visitó cada una de esas edificaciones tomándose su tiempo para admirar cada una, pero cuando llegó al circo romano se quedó totalmente petrificado. No por su capacidad de albergar a 50 mil personas, ni por sus 48 metros de alto o por las enormes piedras talladas y sujetadas con abrazaderas de hierro, sino por las masacres que constantemente ocurrían en su interior.

En ocasiones simplemente metían algún ladrón que había sido sentenciado a ser descuartizado por una fiera, en otras algunos luchadores representaban batallas romanas donde alguien tenía que morir, pero la atracción más esperada era la lucha de gladiadores.

Aunque el monje había oído hablar de ese tipo de espectáculos, nunca se imaginó la magnitud de lo que verdaderamente ocurría. Tales actos eran inconcebibles. Simplemente la degradación humana había llegado a un punto tan insoportable que no podía quedarse con las manos cruzadas, entonces llenándose de valor, decidió saltar a la arena y detener una lucha entre dos gladiadores. Cuando comenzó a hablar exponiendo sus razones, la multitud lo apedreó hasta matarlo.

Unos meses después del incidente, se dice que el emperador Honorio puso fin a las matanzas en los circos romanos. Aunque el incidente no es mencionado por ningún historiador Romano, no deja de ser un relato que inspira valentía y coraje.

¿Qué es lo que motiva a un hombre a arriesgar su vida de esa manera?

En esa época  cualquiera era azotado y echado al circo romano por cualquier causa: robar, por no tener dinero para pagar los impuestos, ofender a un oficial romano y quizás la razón favorita, ser cristiano. Pero ninguno que esté en su juicio cabal se lanzaba por voluntad propia.

Tal historia me recuerda al apóstol Pablo, quien continuaba predicando el evangelio y levantando iglesia aunque sabía que existían peligros reales, de hecho en más de una ocasión cuenta en sus cartas las penurias que tuvo que sufrir en todos sus viajes.

¿Por qué? Ambos personajes vivían por algo que consideraban mucho más grande, mucho más importante y mucho más valioso que sus vidas.

Pablo expone sus razones de la siguiente manera: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:17-18 Versión Reina-Valera 1960

Vivir con un verdadero amor por Dios y guardando su palabra como convicciones, siempre nos impulsará a hacer cosas descabelladas y que estén fuera de la lógica, siempre nos llevará a actuar con fe antes que con vista, siempre nos motivará a permanecer firmes aunque la tormenta caiga, siempre nos da las fuerzas para continuar adelante superando la oposición, etc.

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmos 27:1 Versión Reina-Valera 1960

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lo inevitable

Para el niño, el futuro es un inmenso mundo de posibilidades; para el viejo se reduce a dos o tres certezas y la muerte. Se atribuye este aforismo a Benjamin Franklin: “En este mundo, nada puede ser considerado cierto excepto los impuestos y la muerte.”

Morir es un tópico que recurre a mi mente, no como obsesión o flagelo gratuitamente autoinfligido, sino como diálogo que se profundiza a medida que pasa el tiempo, una conversación que va limando asperezas y promueve una cierta afinidad con ese encuentro inevitable.

La cultura que predomina en los sectores medios de la sociedad esquiva por todos los medios incluso pronunciar a la muerte; ha inventado eufemismos tales como “dejó de existir”, “ya no está con nosotros”, “partió”, “está en la presencia del Señor.” Hay un terror visceral a decir “murió.” Esto no ocurre en las regiones del mundo donde la guerra, las catástrofes, la violencia son lo cotidiano, lugares en donde la vida es la pertenencia más precaria. Ahí no se enmascara a la muerte; se la esquiva a diario hasta el instante en que la ultima finta no alcanza y termina con la vida de una mujer, un niño, un anciano. No hay que olvidar que es la mayoría de la gente del mundo la que vive en ese predicamento.

Así que hay alguna sabiduría en reflexionar sobre el fin de la vida en una sociedad opulenta o al menos acomodada, porque lo ubica a uno en un espacio al que no llega el discurso exitista y que libera de la dependencia excesiva de las personas, las cosas, las tecnologías y los discursos. Lo ayuda a uno a no creerse los cuentos políticos, religiosos o culturales. El que tiene conciencia de la levedad y finitud de las cosas no puede ser funcional a ningún sistema porque éstos necesitan que la gente se sienta cómoda y relajada porque en ese estado compra y cree casi cualquier cosa.

Por supuesto que esta conciencia intencionada sobre la realidad de la muerte no proporciona una paz químicamente pura. Es fea la muerte, no importa con cuántos rituales y frases hechas se la quiera adornar; algo así como “aunque la muerte se vista de seda, muerte queda.”

Pero está bueno que algunas personas estén conscientes de ella y se la recuerden de vez en cuando a los felices embriagados de vivir.

¡Debo morir!

Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20  (NTV)

Gálatas 2:20 marca la unión con Cristo a través de la cruz, es nuestra identificación, un comentario bíblico dice: “cuando Cristo murió al pecado (Romanos 6:10), yo morí al pecado (Romanos 6:2).  Morí con respecto a su poder dominante y su control.  Éste es el mismo verbo que aparece en Romanos 6:6: “Conociendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado (aoristo/pasado, voz pasiva) juntamente con él, para que el cuerpo del pecado, sea destruido (rendido nulo, cancelado), a fin de que no sirvamos más el pecado.”

La nueva identidad en Cristo nos hace dependientes de Él, y no hay cristiano que no deba hacerlo, y si hay alguien que no dependa del Señor, no es un cristiano nacido de nuevo o es solo un simpatizante o debe mirar a la cruz nuevamente. Otro comentarista bíblico dice: “Para creer en Cristo crucificado, no sólo debo creer que él fue crucificado, sino también debo creer que estoy crucificado con él.” Cuando desviamos la vista de la cruz nuestro enfoque se torna egoísta, superficial, en muchos casos abrumador, porque la fe es cegada por el orgullo.

La crucifixión de Jesús va más allá de su muerte, implica nuestra muerte carnal, a pesar de que vivimos en la carne, no debemos vivir según ella sino según la fe verdadera, la que nos aferra a Cristo. “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).

Hay deseos que nos conducen a tomar malas decisiones, existen tentaciones grandes que se presentan a diario, nuestros propios placeres, orgullo y demás, pero ya no debemos dejarnos dirigir por ellos, pues somos criaturas nuevas en Cristo Jesús, muramos a nuestro yo y permitamos que el Espíritu Santo gobierne nuestro ser.

Derrotemos a nuestro viejo hombre con Palabra, intimidad diaria con Dios y fe, así viviremos confiados en Dios y no en las malas circunstancias que todo el mundo pasa.

Dios es nuestro Padre y tiene cuidado de nosotros pero es necesario morir para vivir.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Send this to a friend