En literatura se suele decir que “el estilo es la persona.” Esto es, que lo escrito revela en cierto modo el ser de la persona que escribe. Extendamos esa afirmación a lo que una persona habla. Estoy pensando respecto de la percepción de la audiencia. ¿Puede el público, al reflexionar en lo que lee o escucha, tener una imagen más o menos cierta del hablante? Esperaríamos que sí.
Con el tiempo y la experiencia, sin embargo, se aprende que puede haber una gran distancia entre discurso y acción. Es posible que quien escribe o habla se comporte en la práctica de una manera que no se condice con sus palabras. Esto se ve frecuentemente en política, religión y otras actividades cuyo objetivo es influir sobre una audiencia dada. Un joven estudiante de periodismo me confrontó hace muchos años con esta cuestión: “Hay cosas, decía – no recuerdo las palabras exactas –, que son correctas o verdaderas más allá de la conducta personal de quien las pronuncia. Su comportamiento es una cuestión privada”. Por aquel tiempo yo postulaba fervientemente la consistencia entre decir y hacer. Lo sostengo aún, pero de una forma diferente.
Hay muchas cosas que son como se dice que son. Por ejemplo, los dirigentes deberían ejercer sus funciones con integridad, generosidad y justicia. Cuando alguien afirma esto, está diciendo algo que es verdadero; ahora, cómo esta persona se conduzca en su vida pública y privada no afecta la consistencia del hecho que afirma. Sí puede eventualmente afectar la fe que la gente ha depositado en ella.
Hubo una época en que defendí algunas cuestiones con encendida pasión. Llegó luego un tiempo en que no pude o no quise vivir de acuerdo con esas cuestiones. Y me pareció que lo más apropiado era no seguir hablando de ellas. Me movía en un ambiente donde alguna gente en mi misma situación resolvía continuar con su discurso. Y me hacía mal ver la frustración, la ira contenida de las personas de su entorno, especialmente quienes operaban bajo su autoridad.
Por ello, preferí ocuparme en adelante de otras cuestiones, como la comunicación, la percepción de la audiencia y la comprensión del tiempo presente. Respecto de las otras cosas, busco resolverlas, si es posible, o bien entenderlas mejor.
Hasta entonces, el silencio es más sólido que el vidrio de los tejados…

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(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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