Martín Lutero y la Reforma Protestante

Por Saraí Llanes y Ahmed Otero Prado

 

En el mes de octubre recordamos la Reforma protestante llevada a cabo en 1517, cuando el monje Martín Lutero se opuso a las indulgencias, es decir, el perdón de los pecados concedido por representantes de la iglesia católica bajo ciertas condiciones. En tiempos de Lutero, se vendían indulgencias para usar el dinero en la construcción de la Basílica de San Pedro, en Roma. Martín Lutero se opuso a esta práctica. Y su propuesta fue popularmente conocida como “Las 95 tesis” porque sus tesis o postulados fueron clavados en las puertas de la Iglesia del Castillo, templo que se encontraba en la calle principal de Wittenberg, y cuyas puertas funcionaban como un tablón público. Así que era el lugar ideal para colocar noticias importantes. Como era de esperar, las protestas de Lutero generaron debaten con los aliados del Papa. El reformador y sus seguidores fueron excolmulgados en 1520, y fue así como nació la tradición luterana.

Martín Lutero escribió la letra y la música del famoso himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, que se convirtió en el himno lema de la Reforma Protestante. Lutero era músico desde la cuna. Como niño tuvo una voz esplendorosa para cantar. Su entretenimiento favorito era tomar un laúd todos los días después de haber comido y apartarse durante media hora para tocar y cantar. Mientras estaba estudiando en una escuela, siendo muy joven, usó su magnífica voz para cantar frente a las ventanas de los ricos con el fin de obtener limosnas y poder dárselas a los pobres.

Su deseo era componer himnos para que el mensaje de Dios fuera propagado por medio del canto. Deseaba que todos sus compatriotas tuvieran himnos y leyeran la Biblia en su propia lengua. Al leer la Biblia, oirían la voz de Dios. Y, al cantar himnos, hablarían con Dios.

Antes de Martín Lutero, la música era usada solamente por los sacerdotes de las iglesias o por coros selectos en latín. Pero el gran Reformador introdujo al mundo la himnología congregacional. El primer himnario protestante fue publicado en Wittenberg, Alemania, en 1524. Tenía tan solo 8 himnos; 4 de ellos, escritos por Martín Lutero. En poco tiempo, la demanda del libro fue muy grande. La gente aprendió los himnos, los cantó con mucho entusiasmo y Alemania llegó a ser un “mar de cantos”.

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Ante la amenaza de sus enemigos, los compañeros de Lutero lo escondieron en la fortaleza de Wartburgo. Durante su cautiverio, el reformador se inspiró y escribió un nuevo y hermoso himno. Había encontrado en el castillo de Wartburgo un lugar de seguridad y ayuda. Y se inspiró en el Salmo 46 para comparar a Dios, precisamente, con un castillo en tiempos de prueba, una fortaleza contra el enemigo de nuestras almas y un gran aliento en los trances difíciles de la vida.

Este capítulo de “Una Historia que contar” tuvo características peculiares, porque estuvo dedicado a rendir homenaje de recordación y respeto al teólogo Martín Lutero y la Reforma Protestante que liderara en la Alemania del siglo XVI, una excelente oportunidad para adentrarnos en la historia de este movimiento religioso, que fue la base para el posterior desarrollo de las iglesias evangélicas a nivel mundial. En él recordamos también aquellos himnos y coros congregacionales con los que crecimos y que tanto aportaron a nuestro crecimiento espiritual.

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Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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