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Tips para ahorrar batería en tu celular

Sin importar cuán modernos sean nuestros celulares, todos parecemos tener el mismo problema con el tiempo de duración de las baterías. Cuanto más tiempo los utilizamos, la batería se consume con mayor rapidez. De hecho, esto causa que más de uno tenga que llevar el cargador a todos lados por temor a que su teléfono se apague por falta de energía. Si bien los fabricantes de celulares aún no solucionan este inconveniente, hay ciertas medidas fáciles y prácticas que podemos tomar para alargar la duración de las baterías.

Aunque probablemente el consejo más práctico sea reducir las horas de uso, algunos tienen sus teléfonos como herramienta de trabajo; por lo cual, es casi imposible poner en ejercicio esa recomendación. No obstante, estas son algunas maneras en las que podemos ahorrar batería:

  1. Desinstala aplicaciones y juegos que no utilices.
  2. Activa el modo “ahorro de batería” en tu celular.
  3. Reduce el brillo de la pantalla.
  4. Apaga tu celular cuando no lo utilices.
  5. Cierra las aplicaciones cuando termines de utilizarlas.
  6. Activa el GPS sólo cuando lo uses.
  7. Desactiva el wifi cuando no lo necesites.
  8. Nunca permitas que tu batería llegue al 0% porque esto reduce la duración a largo plazo.
  9. Cuida que tu celular siempre tenga una temperatura adecuada y que no se sobrecaliente.
  10. Desactiva las notificaciones de aplicaciones que no utilices.
  11. Reduce el tiempo de bloqueo automático de la pantalla.
  12. Activa el bluetooth solo cuando se requiera.
  13. No uses el modo vibrador porque consume más batería que el ringtone.
  14. Reduce la lista de aplicaciones que pueden actualizarse solas mientras no las usas.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cómo evitar que un robot te quite el trabajo

Hasta hace algunos años atrás, la convivencia entre humanos y robots era algo que solo parecía viable en las películas y libros de ficción. Sin embargo, la tecnología ha avanzado tanto que la idea de que los robots reemplacen a los humanos parece ser posible. Algunos científicos buscan que los robots tengan la capacidad de realizar tareas por iniciativa propia, que resuelvan problemas, tengan un pensamiento crítico-analítico, y sean capaces de conectarse a nivel sentimental. Aunque otorgarle estas habilidades a los robots tiene como propósito mejorar de la calidad de vida humana, hay otro sector que se opone a este avance. Ellos afirman que, si bien los robots pueden ser de ayuda, también pueden causar algunos problemas en la sociedad.

En la actualidad, los robots son utilizados en algunas empresas para trabajos que requieren fuerza bruta, precisión y rapidez. Por una parte, esto representa una mejora en las industrias, pero por otra, está provocando que miles de personas se queden sin empleos. Es de ahí que viene la preocupación de que en el futuro los robots reemplacen a todos los trabajadores en sus oficios. No obstante, una investigación reciente asegura que esto no es posible, pues los humanos poseen tres características que son irreemplazables: personalidad, inteligencia y vocación.

Rodica Damian, profesora asistente de psicología social y de la personalidad en la Universidad de Houston, afirma que “los seres humanos (también) superan a las máquinas cuando se trata de tareas que requieren creatividad y un alto grado de complejidad que no es rutinaria.” Asimismo, un estudio realizado por el Instituto Americano de Investigación asegura que las personas que tienen mayor niveles de inteligencia, madurez, extraversión, e interés en las artes y ciencias, tienden a ser seleccionados en puestos de trabajo que no son computarizados. Esto significa que estarían menos propensos a perder sus trabajos en caso de que sus empleadores decidan utilizar robots en lugar de humanos.

Los investigadores explicaron que los robots relevan a los humanos en tareas que no requieren habilidades extras como la creatividad y el pensamiento crítico y, es por ello que las personas que tienen trabajos mecanizados están en riesgo de quedar desempleadas. En cambio, ellos sugieren que para evitar esta situación, las personas comiencen a desarrollarse en las artes, ciencias, y actividades que les ayuden a incrementar su inteligencia y madurez.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Los juegos mentales no te hacen más inteligente!

Con el creciente auge de las aplicaciones para los teléfonos móviles, cada vez más personas se aventuran a descargar apps que ofrecen satisfacer las distintas necesidades de sus clientes; sin embargo, no todas ellas son lo que prometen ser. Con el afán de incrementar su productividad, algunos optan por descargar juegos mentales que aseguran aumentar la inteligencia de los participantes. Esta tendencia ha hecho que esa clase de juegos se convierta en un negocio de aproximadamente un billón de dólares. Las compañías encargadas publicitan sus aplicaciones como una forma rápida y sencilla de entrenar al cerebro; no obstante, a veces su propaganda es exagerada. De hecho, la Comisión Federal de Comercio multó a una empresa por 2 millones de dólares por falsa publicidad.

Los juegos para entrenar el cerebro ofrecen resultados que no han sido comprobados científicamente, así lo afirma un estudio de un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Florida publicado por la revista científica Frontiers in Aging Neuroscience. Wally Boot, profesor asociado de psicología y experto en deterioro cognitivo relacionado con la edad afirma que: “Nuestros hallazgos y estudios anteriores confirman que hay muy poca evidencia de que estos tipos de juegos pueden mejorar su vida de una manera significativa.” Además aseveró que la publicidad de estos juegos “no son consistentes con las conclusiones de nuestro último estudio”.

¿Por qué los juegos mentales no funcionan?

Éstos juegos sostienen que si uno mejora el total de su memoria de trabajo, se puede realzar el funcionamiento en muchas áreas de la vida cotidiana, ya que, la memoria es vital para realizar nuestras actividades diarias. Sin embargo, Neil Charness, profesor de psicología y una autoridad líder en el envejecimiento y la cognición, manifiesta que “las personas tienen una preocupación real por la pérdida de conocimiento y la pérdida de memoria a medida que envejecen, por lo que hacen todo tipo de cosas para tratar de evitar el deterioro cognitivo”, pero que de nada sirve practicar con juegos que les ayuden a memorizar números o patrones pues ellos no tienen mayor repercusión en el desempeño cerebral.

¿Cuál es la mejor manera de entrenar el cerebro y de ser inteligente?

El ejercicio físico cambia la estructura en el cerebro y aumenta su función; es por tal motivo que Charness recomienda hacer ejercicios aeróbicos en lugar de practicar los juegos mentales: “Si su objetivo real es mejorar la función cognitiva y los juegos cerebrales no están ayudando, entonces tal vez es mejor para ti hacer ejercicio aeróbico en lugar de sentarse frente a la computadora jugando estos juegos”. Por otra parte, otros investigadores sugieren que actividades como la lectura, la práctica de un instrumento musical, y la ingesta de comida saludable; son factores que contribuyen al mejor desempeño del cerebro y a incrementar la inteligencia.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Medio de comunicación

Con el pasar de los años, los medios de comunicación se han ido perfeccionando, permitiendo que la comunicación entre las personas se realice de una forma más simple.

La distancia ha sido un problema en la comunicación de las personas,  para poder hacerle frente en la antigüedad se utilizaban diferentes medios como mensajeros, humo, palomas mensajeras y piedras en las que escribían. Con el transcurrir del tiempo han surgido inventos como la imprenta, el telégrafo, teléfono, la radio, el fax, televisor y el Internet que han hecho mucho más fácil el poder estar en contacto con los que se encuentran en lugares alejados en  tiempo real.

En nuestros días podemos ver que la tecnología ha hecho mucho más accesible el poder estar comunicados  con los demás de forma más directa e inmediata.

Es muy necesario estar en contacto con nuestros seres queridos y, de igual forma, necesitamos estarlo con Dios. El medio por el cual podemos comunicarnos con nuestro Padre es la oración, y podemos decir que es mucho mejor que el telégrafo, una paloma mensajera o un teléfono inteligente en nuestros días.

La oración nos lleva a una relación más íntima con Dios, la distancia no es un impedimento porque podemos sentirlo muy cerca de nosotros. Jesús nos enseñó que debemos pasar tiempo con el Padre para poder contarle cómo nos fue en el día o si tenemos algún problema, Dios siempre estará dispuesto a escucharnos cuando decidamos buscarlo en oración.

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias…” Colosenses 4:2

¡Nuestra comunicación con Dios debe ir perfeccionándose cada día!

Por Miguel Ángel Veizaga

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Entiendes a tus hijos? Cinco barreras por las cuales no entendemos a los adolescentes

¿Entiendes a tus hijos?

 Cinco barreras por las cuales no entendemos a los adolescentes

 

Por Saraí Llanes

Dime si te identificas conmigo. Soy la madre de dos adolescentes y desde hace algún tiempo me percato de que muchas veces no nos entendemos. Y es que a veces me parece que hablamos diferentes idiomas. Te nombro 5 barreras por las cuales no entendemos a los adolescentes cuando intentamos comunicarnos con ellos.

  1. Barreras idiomáticas

Efectivamente no hablamos el mismo idioma. Como muchas familias en el mundo, la nuestra tuvo que emigrar. Desde hace algunos años vivo en un país angloparlante y mis hijos han aprendido el inglés en tal medida que son prácticamente bilingües. A veces prefieren hablar en ese idioma y a pesar de que no me es ajeno, naturalmente ellos lo dominan mucho mejor. Gracias a Dios, cuando llegamos a este país ya ellos tenían dominada la compleja gramática española y su vocabulario era extenso. Sin embargo, de infinito, tengo que cuidar permanentemente que su léxico se enriquezca y a la vez que sea comprensible para que nos comuniquemos realmente.

Naturalmente, la situación es más difícil cuando intentamos establecer esta comunicación en inglés.

Esta barrera idiomática es trascendental y un verdadero problema en muchas familias de la actualidad. Dos opciones tenemos en nuestras manos paternas y en ambas tenemos que trabajar ardua y propositivamente. La primera y más fácil es mantener la lengua materna viva y obligatoria en nuestros hijos, convocarlos continuamente a leer y conversar en nuestro caso en español. La segunda opción es aprender el nuevo idioma del país donde nos encontramos, si no es por otro objetivo, al menos por comunicarnos con nuestros hijos. Recuerda: es importante entender lo que dicen.

  1. Barreras generacionales

Más allá de los términos comunes, los adolescentes muchas veces tienen su propio lenguaje generacional. Tienen sus propios códigos, muchos de ellos provenientes de los juegos de videos, las series y películas, y del uso continuado y creciente de las tecnologías. Independientemente del idioma que usen, ellos usan vocablos propios, jergas contemporáneas. Tal vez sea hora de buscar en diccionarios urbanos y preguntarles directamente.

  1. Barreras cognitivas

Debido a las diferencias en experiencia y educación entre padres y adolescentes se establecen barreras cognitivas. Ellos pueden parecer grandes, altos, y ser sumamente inteligentes, pero no son hombres ni mujeres todavía. Ignoran el mundo. Se encuentran aún comenzando su camino académico y no han vivido suficientes experiencias para aprender de ellas. No han compartido tampoco contextos que les aporten el background para poder hacer deducciones. Estas diferencias cognitivas determinan entonces que se produzcan mal entendidos y muchos problemas de comunicación. No podemos dejarlos sin las explicaciones necesarias. No debemos suponer nunca que ellos entendieron. Tampoco que somos nosotros quienes tenemos todo el conocimiento. Nosotros sabemos de unos temas, ellos saben de otros. La ciencia ha avanzado, la tecnología se ha incorporado a la vida cotidiana y ellos son conocedores de ella. Mejor estrategia es compartir cogniciones que dar conferencias.

  1. Barreras físicas y tecnológicas

Cada vez más los adolescentes hablan menos en persona y más a través de las redes sociales. Es como si la presencia física los intimidara y la presencia virtual los liberara. Han encontrado otro espacio físico de expresión. Si bien la participación en situaciones reales sigue siendo importante para su desarrollo psicosocial, la inclusión en las redes les ofrece una oportunidad de creatividad, relación e información que otras generaciones no disfrutaban. Por otra parte les extiende la visión en áreas antes solo del mundo adulto. La política, la ciencia y la cultura en su amplio espectro están ahora al alcance de su mano. Vencer la barrera de la impersonalidad e incorporarnos a sus sistemas es una tarea que nos corresponde como padres si queremos conocer quiénes son y con quién se relacionan.

  1. Barreras emocionales

Una última barrera que tenemos la misión de saltar es la de las emociones. Alegría, depresión, enamoramientos, sinusoides sentimentales producidos por hormonas en erupción son estampas de la adolescencia con las que tenemos que lidiar diariamente. Nuestras mejores herramientas son la paciencia y la tolerancia pero sobre todo la empatía, colocarse en su lugar.

En resumen, barreras idiomáticas, generacionales, cognitivas, físicas, tecnológicas y emocionales nos separan muchas veces de nuestros hijos, y si bien la comunicación es una carretera de dos vías, nosotros llevamos el timón. No dejes que las cercas se hagan profundas trincheras insalvables, porque si una misión tenemos como padres es la de construir puentes.

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Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Desconéctate de la tecnología sin sufrir en el intento

La tecnología nos ayuda en muchos aspectos de nuestra vida. Sin embargo, poco a poco nos estamos volviendo adictos a ella. Actualmente, no podemos ni imaginarnos cómo sería si no tuviésemos todos los aparatos electrónicos que utilizamos. Pese a ello, parece que nuestros ancestros vivieron cómodamente sin la tecnología que tenemos ahora.

No obstante, tampoco podemos rechazar los beneficios que nos ha aportado. La cuestión es vivir en equilibrio y disfrutar cada momento al máximo. Para ello, podemos aplicar estos simples consejos para desconectarnos de la tecnología sin sufrir:

1. Hora libre:

Establece una hora donde no utilices ningún aparato electrónico. En vez de ello, puedes salir a caminar, leer, hacer ejercicio, salir con amigos, o alguna otra actividad que te mantenga ocupado y lejos de la tecnología.

2. Lee tu Biblia… En físico:

Es común tener la Biblia en nuestros celulares, pero una buena práctica es leerla en físico. Esto también implica llevarla a la iglesia y leerla en nuestro devocional. Como ventaja adicional, el estudio bíblico te ayudará a conocer mejor a Jesús.

3. Llama en vez de escribir:

Al enviar mensajes de texto, podemos invertir horas y horas de nuestro tiempo. En cambio, si llamamos, evitaremos estar al pendiente de nuestros celulares, y tendremos más momentos libres.

4. Viaja:

Si vas de viaje, resiste la tentación de tomar fotografías y publicarlas en las redes sociales. En vez de eso, concéntrate en disfrutar el momento y vivir nuevas aventuras ¡Notarás una gran diferencia!

5. Hora de redes sociales:

Establece una hora en la que puedas revisar tus redes sociales, en vez de estar actualizando tu perfil a cada minuto. Esto también se aplica para cuando quieras hacer publicaciones.

6. Disfruta las comidas:

Si estás comiendo, no revises tu celular. Tal vez por estar tan concentrado mirando la pantalla, pierdas la oportunidad de conocer y hablar con alguien que esté cerca a ti. Además, tu cuerpo necesita nutrirse y para ello debes tomarte el tiempo para disfrutar tus alimentos.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Hoja en blanco

Después de cada artículo publicado se asoma entre un día y otro, en el café del desayuno o en las horas muertas de la tarde, una hoja en blanco donde debo escribir la siguiente columna. Se dice hoja en blanco, pero no es blanca; es amarilla con unas líneas finas. Son de un cuaderno de tapas negras que me regalaron en el Perú y que ha sido mi instrumento de escritura por estos meses. Ya conté que casi nunca escribo un artículo directamente en la computadora. Esta vez sí lo estoy haciendo por razones que pasaré luego a detallar.
Dentro de poco se va a acabar el cuaderno y estoy buscando un nuevo códice, ojalá con hojas amarillas o beige. El blanco es muy agresivo; refleja demasiado el vacío inicial antes de encontrar la idea. Hoy, de nuevo, no la encuentro. A veces salgo a caminar o me quedo largo rato sentado frente al cuaderno y la lapicera reposando diagonalmente encima. Nada. Me debato entre la escritura técnica (por qué encuentro que el power point es un recurso inutilizante del pensamiento o por qué la palabra se achica cada vez más en las escuelas) y el simple flujo de la prosa impráctica (el aroma de la lavanda y su continua remisión a la nostalgia o mi sorprendente inclinación a olvidar lo aprendido una y otra vez).
Detallo ahora por qué estoy escribiendo en la computadora. Este instrumento, tan valioso para la redacción, sigue siendo un adversario. Representa la rendición inevitable a la exigencia del tiempo presente. Es la capitulación ante el avasallamiento de la tecnología. Es la crónica de mi desencuentro, de mi enfado profundo más bien, con toda forma de estandarización, masificación y aceleración de la vida. Abomino de las modas, las tendencias, el último grito de esto y aquello, eso de que todo el mundo habla, la locura por los nuevos descubrimientos, la invasión despiadada de mensajes y llamadas, juegos, aplicaciones, estilos y modelos.
Pero como no se me ocurre nada, porque las musas han pasado de mí, andan de vacaciones o se han ido con el Nano, tecleo estas palabras mecánicamente porque lo único que estoy haciendo hoy es explicarles que la hoja en blanco, que no es blanca, hoy no me sirve y por eso estoy escribiendo aquí para que mañana temprano ustedes encuentren un nuevo artículo que esta vez no es ni técnico ni poético sino absolutamente angustiado e infértil.
Perdón por el desperdicio…

Máquinas

Las máquinas tienen un origen bastante primitivo. A veces intencionadamente y a veces por casualidad, los primeros habitantes humanos habilitaron herramientas que fueron en cierto modo extensiones de las manos o los pies, instrumentos que aumentarían su fuerza y alcance. Después de miles de años de historia desarrollaron dispositivos más complejos que las herramientas, los cuales recibieron posteriormente el nombre de máquinas.
Hoy, la máquina ha copado todas las esferas de la actividad de la gente: máquinas para la vida hogareña, máquinas para desplazarse de un lugar a otro, máquinas para volar y penetrar el espacio sideral, máquinas para comunicarse, máquinas para realizar tareas pesadas y otras casi microscópicas. Con el desarrollo de la computadora, hoy son un complemento y a veces un reemplazo de las capacidades más complejas del hombre, incluso las del pensamiento.
Suelen leerse o verse en el cine y la televisión diversos tópicos acerca de la inteligencia artificial, esa capacidad que tendrían las máquinas de convertirse en aparatos autónomos, con la capacidad de pensar, decidir e incluso sentir. No son pocos lo que sueñan con androides idénticos a los humanos, no sólo en cuanto a su estructura física sino también psicológica y emocional. La película “Matrix” plantea la aventurada idea de que las máquinas podrían incluso rebelarse contra la gente y eventualmente reducirla a un imaginario estado de esclavitud o de recurso energético.
Algo que pocas veces se piensa es que la máquina es eso y nada más: máquina, un agregado de circuitos, resistencias, cables, placas, aluminio, cobre hierro, plástico, plomo, estaño, etcétera. Los más complejos programas computacionales son, finalmente, una inimaginable cantidad de unos y ceros trabajando a velocidades imposibles de describir y más en la base unos diminutos campos que son modificados magnéticamente según ciertos impulsos eléctricos para la realización de un sinnúmero de tareas.
La máquina, por más que lo discutan los filósofos de la tecnología, son instrumentos sin alma, tanto como el rudimentario garrote cavernario. A lo más, responden mecánica o electrónicamente a los designios de la voluntad humana. Si vamos a ser capaces de recuperar o mantener nuestra identidad, nuestro sentido de singularidad como criaturas diferentes, no deberíamos jamás perder de vista el lugar de la máquina y ser consistentes en alejarnos de esa fascinación que nos produce su complejidad, creyendo que en ella podemos hallar lo que busca el vacío del alma moderna.

Obsesión celular

“El hombre moderno es mucho más débil que el hombre de las cavernas, que perfectamente podía sobrevivir a las adversidades. El hombre moderno necesita sistemas de inmunización continuos, de tipo farmacológico, pasatiempos, estar emitiendo y “megusteando” casi en forma ansiosa para dar cuenta de que existe y no es simplemente un asiento contable de una empresa, un código burocrático en alguna dependencia estatal”. (Christian Ferrer, entrevista en “La Nación”, domingo 26 de junio de 2016).
Cuando me abruma el peso de la lateralidad – esa impresión de sentirse como “pollo en corral ajeno” o “sapo de otro pozo” – aparece algo en la prensa o me llega un correo confirmando que mis percepciones, aunque imprecisas o incompletas, son correctas; no son populares o mayoritarias pero son correctas.
Escribí hace tiempo sobre la “obsesión celular” que tiene la gente respecto de la vida. Porque ya el teléfono dejó hace largo tiempo su modesta pero noble tarea de hacer y recibir llamadas ; hoy parece abarcar la vida, el aire, la paz, la felicidad. Basta observar a alguien que olvida o pierde su celular para darse cuenta de la intensidad de la dependencia de que adolecen.
Si concordáramos con la manera actual de contar los tiempos, los seres humanos aparecieron en la tierra hace unos cuarenta mil años. Si fuera exactamente esa cantidad, podríamos decir que formaron grupos y familias, se multiplicaron, se amaron, se odiaron, se pelearon, construyeron cultura, soñaron, enfermaron, envejecieron y murieron durante unos treinta y nueve mil novecientos setenta años… sin smartphones, internet ni redes sociales.
El artículo cuyo fragmento he puesto al comienzo de esta nota menciona que los seres humanos lucharon por milenios contra enormes dificultades sin contar con recursos tecnológicos como los actuales. Por eso sorprende el grado superlativo de dependencia que las personas tienen del aparato. Dependencia que entre otros efectos interfiere notablemente en la calidad de las relaciones humanas. Un interesante ejemplo de este problema está ilustrado en la película chilena “Sin filtro”.
No estoy en contra de los beneficios de la tecnología y las bendiciones que puede traer a la vida diaria, ni mucho menos; la existencia es más ancha y ajena que mis elucubraciones sociológicas sobre celulares y redes sociales. Sólo me gustaría saber si sería posible recuperar un poco más de humanidad. Algo así como “menos celular y más encuentros”.

Cómo puedo usar la tecnología y las redes a mi favor

Este Jueves en El Arranke lanzamos un nuevo segmento, llamado “Ponte al día” con Sebastian Fernandez Vigil donde hablamos de la tecnología y del mundo digital. Aprenderemos del Marketing digital y como podemos seguirle el ritmo a este mundo, aprovechándolo al máximo, sacando el mayor provecho y logrando que podamos hacer funcionar nuestro negocio, emprendimiento o producto.

El marketing es la disciplina que se encarga de comercializar un producto de la manera más efectiva posible, es decir, la que genere más ganancias.

Hoy la gran mayoría de personas con conexión a internet hace su investigación online antes de comprar, compre online u offline.

Según Nielsen, en EEUU, el 89% de los consumidores con acceso a internet busca online para decidir una compra.

Según Google, en 3 de 4 usuarios que encuentran información útil de un negocio en internet, hay más probabilidad de que visiten la tienda o negocio.

Y el 30% usan su celular en los negocios o tiendas para comparar al momento con un competidor.

Y cuando está satisfecho o no lo está con su compra, lo expresa en las redes sociales. Hoy en día, el mayor peso de la influencia del word of mouth está online, en redes sociales.

La interacción entre las marcas y sus consumidores se da mucho más tiempo online que offline. Y es una tendencia que sólo va a profundizarse, no va a parar nunca.

Entonces no sólo es indispensable tener toda la presencia posible en internet, si no que también actuar como empresa digital, aunque el core business sea offline.

¿Qué significa esto? La digitalización de los negocios nos permite acceder a un montón de información y a utilizarla a nuestro favor. Desde los minutos que pasan los consumidores mirando la página cada producto hasta la inmensa cantidad de expresiones personales que hay en la redes sociales.

Por ejemplo algo que hacemos en Think Y es analizar los miles o millones de comentarios y conversaciones sobre marcas o productos, que se dan en redes sociales abiertas, como Twitter.

Estamos en un mundo digital que sólo va a seguir avanzando más y más por ese camino, porque la tecnología nos empodera. Siendo así, cualquier plan negocios o de marketing, no puede ser concebido sin un pie en lo digital. Y esto de hecho, puede jugar enormemente a favor de un negocio.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Una sartén inteligente que nos mensajea cuando la comida está lista

La tecnología no tiene límites. Y no deja de sorprendernos, aún con cosas que quizás no vengan a revolucionar el mundo ni salven vidas, pero pueden sacarnos de muchos apuros… (especialmente si necesitas cocinar o sorprender a alguien y no eres justamente un experto culinario)

Cocinar se va haciendo cada vez más fácil gracias a objetos inteligentes como esta sartén que se conecta por Bluetooth, le indicamos qué vamos a cocinar, y nos va indicando todo lo que tenemos que hacer.

Lo mejor es que podemos alejarnos de la cocina y seguir jugando con nuestro smartphone o whatsappeando y la sartén nos enviará alertas cuando sea necesario voltear la comida, cuando esté demasiado fuerte el fuego, o cuando la comida esté a punto, por ejemplo.

Su nombre es Pantelligent, y cuesta unos 180 USD en los Estados Unidos.

Esta sartén es apenas un elemento más de las próximas casas 2.0, ya existen también refrigeradores inteligentes, microondas y hornos, lavadoras, robots limpia piscinas, aspiradoras, lamparitas, sistemas de sonido, ¡y hasta asistentes personales!

Video demostrativo de la sartén (en inglés)


 

Si quieres conocer más de estas noticias y estar al tanto de todos los avances sobre tecnología y redes sociales no te pierdas mi columna tech en Más Vale Tarde cada miércoles con Angel Galeano, por cvclavoz.com

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