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Tiempo de lectura: 2 minutos

Todo poder humano es un complejo de paciencia y de tiempo. Los hombres poderosos desean y vigilan

(Honoré de Balzac, Eugenia Grandet)

(Meditaciones a propósito de una lectura)

Releo, tal vez por tercera o cuarta vez, esta breve novela de Balzac. Con inigualable maestría y conocimiento certero de la psique humana contrasta el egoísmo y el cálculo del avaro con la inocencia y la ternura del amor romántico. ¡Cuánta distancia del poder y el dinero con la bondad y la esperanza!

El poder verdadero tiene paciencia. No da pasos en falso. Nunca actúa atolondradamente – cada vez que lo hizo fracasó. Es profunda y esencialmente político. Es una técnica depurada. No me atrevo a llamarle arte porque evocaría sensibilidad y no hay lugar para eso en el poder.

Precisa de la agudeza del jugador de ajedrez que tiene la habilidad de ver en su imaginación dos o tres jugadas posteriores de su oponente de manera que puede estar preparado para contraatacar. El poder se agazapa. No se despliega innecesariamente. No gasta energía inútilmente. No da puntada sin hilo.

No es afectado por sus sentimientos y las emociones – ni las de su adversario. Nadie que tenga sensibilidad y delicadeza de espíritu puede conducir naciones, grandes negocios o inmensas corporaciones. Quizá el poderoso tenga cierta percepción del arte o la música, pero siempre será una cuestión accesoria o socialmente necesaria, pero nunca su vida.

Para ganar hay que ser, como dice Balzac, vigilante. La sorpresa no es admisible en el verdadero poder. No tiene problema en esperar porque sabe que habrá un minuto, tal vez sólo unos segundos en que el adversario será vulnerable y entonces dará el golpe. Solía decirme un amigo que era ejecutivo de un banco: “Hay que negociar con el adversario cuando está morado”, es decir, cuando está ahogándose, desesperado. Sólo una mente fría puede decir y hacer eso.

Los artistas no saben cobrar por sus trabajos aunque sean sublimes. Se hacen preguntas acerca de cómo se sentirá la otra persona si se hace esto o lo otro. Le son casi siempre importantes no sólo la ética sino la estética. Que sea vea bonito y sea bueno. El poderoso no tiene cuidado de esas cosas: se orienta a los resultados. Si resulta, se hace; si hay ganancia efectiva, se hace. Si no, no se hace, no importa si ello implica que a otros le va a faltar lo que ellos tienen…

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