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Tiempo de lectura: 2 minutos

El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra sobre ella

(Jesús en Juan 8:7)

Agregaré un par de ideas más al artículo “La tentación de no pecar” y ya. Todo esto del pecado es un asunto espinoso y no conviene adentrarse mucho. Pronto saltan las insuperables diferencias entre quienes sostienen diversos puntos de vista.

El Maestro sugirió no tirar piedras en este tema. Y tengo que decir antes de nada justamente eso: no tengo autoridad para tirar piedra alguna. En Argentina dicen que todos tenemos algún muerto en el placard. Me explico, creo.

Decía en el artículo anterior que tal vez fuera didáctico decir algo sobre caer en pecado. Es sintomático que cuando la gente escucha esta frase inmediatamente la relaciona con lo sexual. Nadie dice que alguien que miente, que roba, que envidia, que chismea, que se enriquece con la plata de la grey cayó en pecado. Parece que sólo se cae en el terreno sexual…

Aparte de que el verbo “caer” es harto impreciso, por no decir equívoco. Aún en las situaciones más extremas, cuando parece que no hay otro recurso, uno igual decide un curso de acción u otro; no es que tropieza y de pronto se encuentra en la situación.

Yo exceptuaría de esto a situaciones de profundo desorden mental, bajo la acción de alguna sustancia o de tortura, donde es posible decir que no hay una decisión moral. En situaciones normales uno siempre resuelve en algún momento lo que va a hacer, sea bueno o malo. Lo escribo en cursivas porque sobre eso también hay discrepancias.

Y para cerrar el tema, por mi parte al menos, digamos que siempre hay un componente social, un elemento estructural en la maldad. Especialmente cuando es institucionalizada. Gobernantes, políticos, jueces, policías, empresas, operadores sociales, propagandistas conforman un contundente cuerpo de influencia y acción que puede enfermar a una sociedad y contaminarla con conductas destructivas.

A mis antiguos maestros bíblicos les molestaba mucho eso del pecado social. Como buenos hijos de su cultura individualista y personalista no aceptaban que buena parte de la maldad individual es producto necesario del sistema político, económico y cultural de un país. Ellos no entendían que nuestras democracias distan mucho de ser verdaderamente representativas y justas. Que por acá abajo las cosas son anchas y ajenas.

Eso sería todo sobre tentaciones y asuntos relacionados. Gracias por leer.

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