Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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Tiempo de lectura: 2 minutos

(Incluye glosario argentino)

Esta tarde se ha ido la luz en la oficina. Las máquinas se han apagado y estamos perdidos sin internet. No se pueden responder mensajes y Beli no puede transferirnos los salarios en línea. Se oye el ruido del silencio a ratitos pero las motos con escape libre se encargan de recordarnos que no hay escape de los tentáculos urbanos. El problema de la luz es serio parece. Como dicen por acá, estamos hasta las manos.
La llave (canilla) del lavaplatos pierde un poco de agua por debajo del mueble desde tiempos inmemoriales. Como solamente estoy en casa por las noches no me doy cuenta que hay que repararla. La señora de la inmobiliaria me dice que es mi problema porque es una situación de uso.
Se me salió una de las puertas correderas del ropero (placard). Me pasé tres noches tratando de descubrir cómo volver a colocar la puerta de vuelta en el riel. Anoche lo logré. No me pregunten qué hice pero entró. Bien por mí que soy un desastre con las labores manuales – excepto en la cocina.
El calentador de agua (calefón o termotanque) está afuera en un patiecito interior. Hace unas noches hubo unas ventoleras de promociones terroríficas. Cuando eso ocurre, la llamita del piloto se apaga y no hay manera de encenderla hasta que el viento se digna amainar. No me puedo bañar hasta mañana… o pasado. Hasta entonces no es un gran problema.
Paso todos los días frente a una bellísima casa que está cerca de donde vivo. Tiene un inmenso antejardín y casi todos los días hay una señora, que parece ser la dueña, que está barriendo la vereda o regando el pasto. Hoy, por hacerle un cumplido le digo al pasar: “Es una casa admirable”. La pobre señora me mira entre asustada y enojada, murmura algo y se aleja rápidamente. En ese momento su marido sale en el auto y me mira con cara no de pocos sino de ningún amigo. Así que aprieto el paso y me alejo lo más rápida y discretamente posible. No vayan a pensar que soy un ladrón (chorro) que está merodeando y llamen a la policía para ser detenido (demorado).
Pero no todo es drama. Anteayer encontré en el almacén de la esquina un jamón de una textura y un aroma que me hace recordar mi infancia en Chile. Con ese lujo poco frecuente tomé una once (merienda) memorable…

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