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Habría que explicar de nuevo a la amable y pequeña audiencia que visita este blog algunas cosas acerca de los contenidos aquí expuestos. Cada cierto tiempo me parece que es bueno que haga estas precisiones que iluminan por qué este espacio fue llamado en un tiempo “Paralelo” y que a veces también califico como lateral.

Ya se han dado cuenta que no me explayo sobre temas de autoayuda, no me refiero al éxito y la felicidad de la vida de fe, no me interesan – para nada – los artistas y las celebridades del establishment y encima de todo, no soy feliz.

Esto último es lo que más perturba a la inmensa mayoría, que necesita leer y decirse a sí misma cada mañana frases estimulantes para recordar las bendiciones de creer. No soy feliz por razones personales que no son objeto de conocimiento público y además porque no encuentro en la escritura sagrada ni una sola línea en la que se lea algo como “cree y serás feliz”. Sí se puede leer que hay frutos deseables en la fe, pero ninguno es la felicidad en la manera que se entiende hoy. Cité hace algún tiempo unas palabras de Phil Cooke recordándonos que todas las personas que se implicaron seriamente – déjenme repetirlo: seriamente – en la acción del evangelio, padecieron dolor y violencia. La pura verdad es que la prédica de felicidad y prosperidad no es otra cosa que mercadotecnia promovida por quienes buscan y reciben la ofrenda de los prósperos y felices.

También intento escribir sobre asuntos de interés público. Hace ya muchos años que la iglesia empezó a hablar de sí misma en lugar de hablar del Dios que no sólo redime a las personas sino que además se involucra activamente en la sociedad civil. Esa obsesión por mirarse a sí misma la ha convertido en una expresión más del individualismo de la postmodernidad.

Escribo además sobre estados de animo que me habitan de tanto en tanto porque no tengo interés en mostrarme como un cristiano triunfante. Hay días oscuros, hay esperanzas perdidas, hay fracasos y pecados abrumadores, hay decepción y bronca acumulada. Eso forma parte también de la vida real.

De estas y otras cosas impopulares se escribe aquí y eso continuará mientras tenga ganas de hacerlo o hasta que mi estimado Director General me invite a salir discretamente por la puerta trasera, abrumado por esta persistente e inoportuna incorrección política.

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