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Tiempo de lectura: 2 minutos

Imprecaciones de mi prosa cargada de verso escritas hace más años de los que se me da la gana admitir. Rescate un poco alterado de viejas querellas porque el corazón no se rinde, por más que se incline la mente a los imperativos de la razón, al esqueleto deteriorado y a la poca reputación disponible…

Palabras

Palabras queridas, amigas de siempre. Los catedráticos de la lengua quieren ponerle rejas, cerrojos, vallas. Me las quieren empaquetar, etiquetar, vender en porciones, si es que me porto bien.

Pero no. No.

Yo me las robo de los libros, me las apropio con una libertad brutal y las escribo después. Entonces las escondo. Porque no hay camino para ellas. Los epónimos, diligentes vigilantes de la pronunciación y del bien decir están atentos para analizarlas, para entubarlas en cilindros racionales y examinarlas.

Un día de estos se las voy a endilgar, con no sé qué intensidad. Con una violencia desconocida, que les sacuda su tradición varias veces centenaria.

Me voy a reír. Apuesto que me voy a reír cuando mis palabras levanten una polvareda descomunal…

Canción

Tengo la voz callada porque la apagó voraz la academia establecida y el grito general del tiempo. Mi voz con sentimiento, con verdad estremecida, se la llevó el viento con tanta saña homicida. Me quedó la pura vida, negándose a morir, todavía quiere parir una pasión escondida. Quiero hablar con denuedo, con violencia y sin miedo mis palabras combatientes con pureza de vertiente. Porque fue idea confidente la que halló amparo en mi mente. Hoy la traigo aquí al frente para que la conozca el continente. Se amplía en mi garganta aguda el vocablo de la paciencia muda, que por fin abandona el silencio y su asunto aquí les confidencio.

Soy veterano de las negaciones y de tantas prohibiciones, de tanta doctrina muerta y de frías tradiciones. Se ponían en la puerta los guardianes de la letra que todo asunto penetran y ningún disidente toleran. Apagaron mis gritos naturales, se posaron sobre mi nido libertario, ahogaron mis sonidos guturales con su inmenso garrote cavernario.

Mi fuego sin embargo no se apaga y vengo de nuevo a insistir que ya mi mente no divaga y mi grito para siempre va a existir…

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