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Varias veces he sido interpelado por amigos y amigas acerca de mi renuencia a hablar el lenguaje que predomina en espacios como éste. Extrañan la referencia a las citas del canon, los entusiasmos de la fe, las experiencias espirituales que deben, según esta óptica, ser el asunto preferente, el tema único sobre el cual elaborar párrafos y sentencias.

Me apresuro a decir que recibo aquellas intimaciones con respeto y aprecio porque provienen del cariño y no de una crítica gratuita. Temen que se haya diluido alguna pureza, que haya perdido alguna señal distintiva en mi vida. Sobre este punto en particular sólo es posible entrar en un diálogo profundo persona a persona; sería inapropiado elaborar aquí argumentos sobre mi condición “interior”.

De sobra conocen las amables personas que leen este blog mi recomendación al público general que busca aquellos escritos: hay cientos, miles de sitios donde pueden encontrar lo que necesitan para vivir, de muy buena calidad. Harán un uso mucho más efectivo y provechoso de su tiempo acudiendo a aquellas fuentes.

Hay sangre en las esquinas y en ocultas fosas en las montañas; hay hambre veterana en las villas y campamentos de miseria; hay materia corrompida en las asambleas de dirigentes, magistrados y legisladores; hay trabajo esclavo, hay trata de personas, hay negocios transnacionales que destripan y destrozan el planeta dejando tras de sí muerte, silencio institucional y miseria. En la intimidad hay tedio, desasosiego, cansancio, miedo, violencia reprimida y a veces no. Hay una tan profunda destrucción en el tejido y la trama de la vida social que es imposible resolverla con palabras y canciones. Tengo la extraña sospecha que a Alguien muy importante estas cosas le preocupan sobremanera y estaría bastante bien servido si sus seguidores atendieran personalmente estos asuntos.

El oficio – a veces arte – que pongo en práctica, sin obsesiones mesiánicas ni llamado alguno, es convocar aquellas materias de diversas maneras: a través de un relato ficticio, una prosa poética, una experiencia personal, una crónica breve, un ensayo minúsculo. Me siento, simplemente, compelido a describir, a traer a esta tribuna cuestiones que son la realidad de toda la gente y dejarlas allí. Si muerden, si alteran, si molestan, si acarician, si inspiran, si no producen ningún efecto, ya está servido el propósito para el que generosamente fui invitado a este espacio.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

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