Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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La loción Occitaine de lavanda evoca algo de la Atkinson’s que desapareció sin que yo, hasta hoy, sepa por qué. Era un adolescente cuando en Cien años de soledad me enteré que Pietro Crespi, el eterno amante de Amaranta Buendía, usaba perfume de lavanda. Ese aroma resume el reencuentro con los contados espacios agradables que hay en la mayoría de mis recuerdos de aquella etapa – la adolescencia, ese pasajero pero inolvidable dolor que hay entre la infancia y las inexorables demandas de la mentada y – hartas veces – esquiva madurez.
El silencio de los viejos cafés que había en algunos rincones de Santiago (de Chile) hoy son nada más una memoria virtual. Un horda de tipos y tipas con grandes “ocupaciones” los han invadido interrumpiendo todo con sus conversaciones telefónicas a los gritos, sus negocios y chismes más que audibles en la mesa de al lado, la música tecno y televisores encendidos. Han liquidado, para siempre por lo que se presume, la paz que uno buscaba a esa hora indispensable al comenzar el día o al caer la tarde. Mataron sin transición alguna la silenciosa pronunciación del café cortado, la lectura o los modestos ensayos literarios en algún cuaderno o servilleta.
Y entonces la rutina, rosario de horas y trámites que repta entre la primera luz y el inmenso boquerón de la noche. La absoluta y proverbial necesidad de “ganarse” la vida – porque la vida ya no es más don divino ni regalo cósmico sino apenas un departamento alquilado en el centro de la ciudad, algo de ropa, tres comidas diarias y alguno que otro vicio de la existencia.
“Agradece que tenís un trabajo”, me repica en la cabeza el agudo martinete de la conciencia. Así que no queda más que inclinarse ante el peso de la evidencia, aunque no más sea circunstancial. Le informo diligentemente a mis modos habituales que no hay lugar para melancolías aburridas y agarro las de Villadiego… Al menos hasta el próximo lunes.
La foto del perro es pura coincidencia. La tomé una tarde de domingo en la ciudad.
(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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