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Tiempo de lectura: 2 minutos

El espejo no entiende razones. El cuerpo, esa absoluta ilusión. Las tristes versiones de la esperanza. Los argumentos inútiles del amor. Del futuro no quedan más que recuerdos. Casi todo lo que termina, termina mal y por eso las antiguas lealtades se extinguieron en la oficina del abogado.

Porque no teníamos nada queríamos hacerlo todo. Cuando el griterío arrasó con los últimos vestigios de la paz, nos refugiamos en la discreta cortesía de los libros. La soledad no tiene preguntas y no espera explicaciones. No sé jugar ajedrez. No tengo una agenda escondida. Nunca aprendí a adivinar. No se vive exactamente como se escribe. Las cosas no parecen lo que son y perdiste no más. No pocas veces la renuncia es la cosa más valiente posible. Las más de las veces, decir amén es no entender nada. La única novedad fue la frase cliché.

No busqué ahí donde había y me di cuenta tarde; después simplemente olvidé qué era lo que buscaba. La fiesta de los abrazos terminó en una batalla campal. La importancia de las cosas que no le interesan a nadie. Esos consuelos que no hacen otra cosa que ahondar el dolor.

El cántaro tenía sed de justicia, pero de tanto ir al agua se quebró. El pueblo increpa a los videntes: “No veáis… decidnos cosas halagüeñas.” La orquesta está tocando en la cubierta del Titanic. El flautista de Hamelin tiene asegurado el trabajo. A estas alturas de la vida ya parece que muchas cosas no eran mentiras del maestro Goyo, como decía mi atribulada madre.

A pesar de las recomendaciones, a veces perder la vida en un minuto es preferible a perder un minuto en la vida; hay cosas que pasan demasiado rápido como para no morirse con ellas. El cinismo no es otra cosa que el natural curso de los acontecimientos. Se los dije hace tiempo, pero todavía no me creen: la calavera definitivamente es ñata.

Aquí no hay nada interesante para los que creen que la lectura tiene que aliviarlo a uno o darle recetas para ser feliz. Las palabras, a final de cuentas, tienen que ser un estímulo para darse cuenta porque las cosas no están tan bien como creen.

Pero si no se dan cuenta, no se preocupen. La realidad se encarga siempre de darnos en la cara – y a veces de la manera menos esperada…

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