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Los controladores del Banco X, el gerente general del Banco X, los empresarios, los parlamentarios, los funcionarios de la oficina fiscal de impuestos: así identifica la prensa de mi país a un grupo de delincuentes financieros que está siendo imputado por un enorme fraude al fisco, lavado de activos y tráfico de influencias. Su acción delictual ha causado inmensas pérdidas al Estado.

Los delincuentes, los antisociales, los ladrones: así identifica la prensa de mi país a un grupo pequeño de personas que asaltaron un camión de valores y robaron una cifra muchísimo menor a la que robaron aquellos señores. Su acción delictual ha causado pérdidas igualmente a la institución afectada.

La misma acción: robo. Distinto trato por parte de la prensa. Aquellos señores, vinculados al empresariado, a la política, a entidades fiscales, todos ellos actores de cuello y corbata – así dicen en Chile -. Estos otros, gente común que urde un plan para obtener un botín inmensamente menor.

Los primeros aparecen con sus trajes importados, sonrientes y con las manos en los bolsillos; los guardias los conducen amablemente hacia sus sillas de acusados. Los segundos aparecen en ropa común, maniatados con esposas y fuertemente agarrados del brazo por los guardias. Cuando los primeros son formalizados y se resuelve para ellos prisión preventiva inmediata, los guardias, de nuevo, los conducen amablemente, casi sin tocarlos, a la salida. Los segundos, ya se pueden imaginar.

Uno de los afectados del empresariado, al ser interpelado por su acción delictual, respondió que su empresa había creado trabajo y progreso para el país, como si eso le diera carta blanca para robar.

Al final del día, como ocurre desde antiguo, los poderosos serán defendidos por los mejores bufetes de abogados, negociarán penas reducidas y seguirán sus vidas con bastante normalidad. Los otros a lo más quizá tengan un abogado defensor provisto por el Estado y recibirán las más duras sanciones.

Tiene uno que preguntarse si alguna vez alguien, en algún tiempo y forma, hará la justicia que corresponde. Porque si no, nunca, definitivamente nunca habrá paz. Leí por ahí alguna vez que el fruto de la justicia es la paz.

¿Será posible?

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