Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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Pensamientos a la hora en que se apaga el día. Exploraciones sin intención en el retiro monástico de la soledad. Consideraciones sin máscaras porque ya no hay más…caras. Ideas sin corrección de pruebas. Reflexiones al aire sin domicilio conocido. La búsqueda incesante de la distancia y el dejarse ir.

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La noche, siempre sin novedad, siempre con su pertrecho de humedad, silencio y recuerdos innecesarios. La hora de las preguntas inútiles, de las sanciones auto infligidas por la conciencia. La crónica de los equívocos, el repaso de los deseos incumplidos, la cruda realidad del ser desnudo.

Cómo quería hacerse inmaterial, transparente, invisible al latigazo de las horas y los pensamientos inoportunos. Cómo ahogarse en los sueños imposibles, habitar las naves siderales de la imaginación y huir a las más lejanas galaxias, sólo para poder respirar un poco, destrabar la dura garra de la memoria y descansar.

No todo evocaba dolor y miseria. Había ciertos remansos en los rápidos de la vida y una luz dorada patinaba la dulce superficie del agua. Un silbo apacible, una nota lenta y prolongada venía a conectarlo por un rato con el regocijo de la juventud, con la música de los años maravillosos, con un beso leve, una caricia intensa, un estertor final y delicioso, eterno.

Acércate a mi territorio nocturno, a mi espacio de estrellas. No tengas miedo. Ven al lado dulce de la soledad. Ven a reconocer su rostro temperado, su abrazo delicado, sus maneras educadas. La noche tiene razones que el día no sabe. A esta hora todo es igual. Nada sobresale en la fina línea de la vida. La noche y la soledad nos visten con su uniforme universal y nos igualan.

Uno esta noche se aleja del ruido molesto de la vida porque a veces te cansa, te agota su demanda continua, su repiqueteo de campanillas, de letras exigentes, de palabras persistentes. Uno quiere recogerse, hacerse minúsculo, arroparse bajo las cobijas y hacer que los latidos desciendan a su mínima expresión. Uno quiere descansar.

Estallan en fronteras invisibles nuevos mundos, se dispara la imaginación más allá de las paredes, creando universos paralelos, territorios para la vida que no reconoce límites, lugares remotos donde todos los sueños son posibles, donde la realidad se somete a la libertad, sin tiempo, sin razones, sin pausas.

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