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Tiempo de lectura: 2 minutos

Tanto cambió todo. Los sueños y proyectos geniales de ayer devinieron una sonrisa escéptica, una caballeresca salida por la puerta de atrás, una diplomática renuncia por razones de fuerza mayor. El entusiasmo, la esperanza, la diligencia fueron paulatinamente dejando lugar a la decepción, a la tristeza, a la sobria comprobación de la fuerza de las cosas.

Hojeo un libro que publiqué hace unos quince años y tiemblo. ¿Cómo puede alguien pronunciar tanta palabra arrogante? Diserté en él sobre la educación, la violencia, la corrupción, la televisión, la ecología, la familia y otros asuntos públicos. Pretendía tener una mirada inteligente y definitiva sobre tanta cuestión de la vida. De no haber caído sobre mí con fuerza ejemplar la evidencia feroz de lo inmensamente limitada y torpe que era mi comprensión de las cosas, hoy sería uno más de tanto megalómano que pulula por estrados y plataformas.

Día a día, en virtud de pequeños y grandes hallazgos, va uno comprobando cuán fuerte es la realidad y cuán débil – y hasta inútil – el sueño de algo distinto, de una realidad otra, de un universo en que lo humano expresara su mejor naturaleza. La continua comprobación de cuán infructuoso es el esfuerzo por mejorar los días de la gente y cuán mínimas las posibilidades de otro entendimiento, de otra luz, resulta abrumadora.

Después de tantas andaduras y episodios; después de tanta pasión y locura; después de tanto discurso; después de tanto ensayo frustrado, no queda más anhelo que la paz, el silencio y el discreto encanto de las cosas más simples de la existencia. Frente a mi ventana, esta vez, se mira el trigal y los manzanos. El sol cae implacable sobre el campo, apenas matizada por esa brisa que – se me ocurre pensar – inventó Dios para que la vida no parezca tan brutal a la hora de la siesta. Hay un silencio que apaga los afanes, que invita a descansar. Aquí me estaciono. Sin ansias. Sin apuro. Los días circulan iguales. La noche ya no es un martirio. La soledad me sigue enseñando de a poco lo mejor de sí.

Anoche, la luna se vio imponente detrás de los manzanos…

(Publicado en febrero de 2013)

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