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Según diversas fuentes relevadas en internet se publicó en el año 2014 alrededor de un millón de libros en el mundo. No encontré referencias más actualizadas pero la cifra refleja una realidad esperanzadora: el libro no muere a pesar del abrumador dominio de las tecnologías de información y comunicación en todos los espacios de la vida. Por eso iniciaba el artículo “Todavía” agradeciendo que todavía se pueda leer en papel.
Otros estudios revelan que una creciente cantidad de gente joven se está acercando a librerías y bibliotecas, tendencia que confronta el mito de que ya nadie lee. A mayor abundamiento, el recurso de leer en pequeñas tabletas diseñadas para ese fin no ha logrado convertirse en un reemplazo definitivo del clásico ejemplar impreso.
Valgan estas breves ideas para atacar una vez más la desidia que la mayoría de la gente cristiana evidencia respecto de la lectura. La antigua admonición “Examinadlo todo y retened lo bueno” ha sido entendida por ellos así: “Examinad sólo las cosas que ustedes – o sus líderes – consideran buenas y traten de retener eso”. Esta suerte de autocensura mantiene ignorante a la mayoría de creyentes de lo que se piensa y se escribe en el mundo en el que viven. Seguramente no todo lo que está disponible para leer es digno de retener, pero eso no se puede descubrir hasta que uno lea algo por lo menos.
A ver, no es que no lean nada. Lo que pasa es que la mayoría de los cristianos sólo lee libros relativos a la vida cristiana. Ya he mencionado antes aquí que en esas publicaciones se tratan los mismos temas siempre pero con una variedad asombrosa de aproximaciones. En otras palabras, se escribe y publica más y más de lo mismo. Y también hemos afirmado que desde el punto de vista de la estética literaria la mayoría de los textos cristianos deja bastante que desear.
Hay un dato mucho más perturbador: los cristianos no leen adecuadamente el libro que da soporte a su fe, la Biblia. Inquietante porque en lugar de constatar en primera persona si los contenidos que les enseñan en la iglesia corresponden a lo que la Escritura afirma, la mayoría se entera de ello por predicadores y maestros que dicen lo que dice la Biblia y no ven ellos mismos lo que dice.
No está demás pensar nuevamente en el tema…

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