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Dice el antiguo libro de los cristianos que cuando Dios creó la luz vio que era “buena”. De ajustarse uno estrictamente al relato, antes de cualquier cosa creada había absoluta oscuridad. Eso encuentra eco en otro pasaje del gran libro donde se señala que Dios habría afirmado que habitaría en la oscuridad pero que consideraría su casa el templo que el rey Salomón le estaba construyendo.
Hace unos años comentaba con alguien la afirmación “Y vio Dios que la luz era buena”. ¿Por qué era buena? ¿Porque otorgaba una luminosidad desconocida y grata? ¿Porque hay en la luz una referencia a lo moralmente bueno? ¿Es una apreciación estética o ética? No resolveremos aquí, estimada audiencia, tan intrincada cuestión. Nos abocaremos en la mínima extensión de este blog a reflexionar sobre su opuesto: la luz mala.
Los aborígenes del occidente de Venezuela llamaban “luz mala” a un fenómeno atmosférico que despierta truenos y relámpagos en gran profusión, algo que aparentemente era presagio de malas cosas. Se me ocurre que hay otra luz mala y es la que proyectan ciertos individuos que se ponderan a sí mismos como creyentes y como fieles seguidores del rito cristiano cuyas vidas, sin embargo, dejan ver injusticia, opresión, indiferencia, envidia, codicia y otras manifestaciones que se suelen identificar con las tinieblas. Hay un pasaje en los evangelios donde Jesús mismo afirma algo como “si la luz que hay en ti es tinieblas, ¿cuánto más lo serán las mismas tinieblas?”
Es una luz mala porque pese a que pronuncian las verdades del texto sagrado y se autodenominan hijos e hijas del gran autor de la vida proyectan algo que a la larga se torna perverso porque subvierte la letra y el espíritu de la palabra que dicen profesar.
Hace muchos años asumí que nadie tiene el derecho de juzgar a otros. Es un oficio reservado al único Ser calificado para ello y, por lo que se lee, él mismo se reserva sus decisiones para el final de los tiempos. El problema no es, entonces y por ahora, que tales personas tengan conductas “oscuras”. Lo que atenta contra la paz del espíritu colectivo es que aun así se proclamen como santos detentores de la luz.
En ese estricto sentido, es una luz mala.

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