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“No habrá”.

Estas palabras aparecieron los días pasados en un muro de ladrillos en la avenida que corre a media cuadra de mi casa. Semejante provocación para la mente inquisitiva no habría de quedar sin réplica. ¡Cuántos enunciados podrían comenzar con estas dos palabras mágicas!

¿Por qué este grafitti inconcluso? ¿Fue la policía o el dueño del muro quien interrumpió esta pronunciación urbana indispensable? ¿O ha sido una “Acción Poética”que nos permitiría a nosotros, transeúntes enfermos de palabras, continuar tan suculenta introducción?

Elijo esta última opción y aventuro aquí mis propias continuaciones porque pocas veces dos palabras ofrecieron tamaña posibilidad a la imaginación.

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No habrá otro momento semejante. Sólo unas pocas veces – como nos lo advierte Serrat – la vida toma con nosotros café o se nos presenta en cueros. No habrá otro instante divino: “Solamente una vez se entrega el alma con la dulce y total renunciación”.

Lo que nos conmovió como nunca, cuando perdimos el sentido y la razón y capitulamos ante la locura del ser embelesado, otro momento como ése, no, no habrá.

O, en palabras de García Márquez, “…porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la Tierra”. No habrá sosiego para la pregunta, no habrá compañero fiel para la indagación interminable, no habrá destino conocido para el viaje de la mente.

No habrá retorno a las alamedas de Retiro, a las vertientes de Pucura, al vértigo de Los Añiques, a las alturas de Trafún. No habrá más la nevada pronunciación de los digüeñes ni el latigazo ácido de las nalcas ni el sabor pastoso de los piñones. No habrá, nunca más habrá el asombro ante el misterio líquido y oscuro de la Poza de la Gruta ni los temblores adolescentes en la costanera del río Calle Calle ni las lágrimas desconsoladas en la esquina de Iquique con Fuenzalida Urrejola, exiliado para siempre de la iglesia nutricia.

No habrá luces para mi camino tardío, no habrá abrazo primigenio, no habrá consolación espontánea o caricia sin lástima. No habrá recompensa para la palabra lateral, para la proposición entre líneas, para el discurso paralelo, para las crónicas febriles de este atalaya fuera de tiempo.

Tal vez sí. Pero lo más probable es que no…

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