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Algunos estudiosos dicen que el grupo de los doce apóstoles y sus seguidores hicieron temblar a un imperio cuya metrópoli, Roma, contaba en esa época con alrededor de 700.000 habitantes. Si uno quiere jugar un poquito a las matemáticas, podría inferir que cada apóstol influyó significativamente sobre unas 15.000 personas, sólo en ésa parte del mundo.

Hoy la población del mundo supera los 6.000 millones de habitantes; se supone una cantidad de cristianos equivalente a unos 1.200 millones. Es decir, cada cristiano tendría la hipotética responsabilidad de influir significativamente al menos en cinco personas, disponiendo además (a diferencia de nuestros pobres antepasados cristianos) de transporte supersónico, Internet, medios mundiales de comunicación, dinero y formidables recursos institucionales.

Sin embargo, nunca antes en toda la historia de los últimos dos mil años, los cristianos han tenido tan poca influencia en el orden de cosas en el mundo como hoy. Suele preguntar el Dr. Jeffrey de León en sus conferencias: “¿Me estoy explicando o no me estoy explicando?”  En otras palabras: ¿Qué parte de tan poca influencia en el mundo de hoy no entienden?

Acabo de ver en Netflix el documental The True Cost que muestra descarnadamente el verdadero costo que pagan los esclavos laborales en el mundo subdesarrollado para que el primer mundo disponga de ropa a bajo costo. Hace un tiempo vi en HBO otro documental – The plastic planet – sobre el efecto que el plástico está teniendo en la vida del planeta. Hace unas semanas vi el documental El 16° jugador que da un ejemplo cómo un hombre al mando de una nación – Nelson Mandela – modeló un ejemplo conmovedor de lucha para reconciliar a blancos y negros en Sudáfrica. Podría mencionar decenas de documentales que ejemplifican la lucha que hay que dar para entender el mundo en que vivimos, para influir en él para bien, para mostrar el verdadero amor a la gente en necesidad.

¿Qué tienen en común todos esos documentales? Ninguno de ellos ha sido realizado por ministerios cristianos interesados en cambiar el mundo. Ellos están ocupados en sus cosas, importante sólo para ellos. Y los pocos ejemplos que se pueden mostrar de gente que desea alcanzar el mundo para cambiarlo realizan producciones que sólo son entendidas o interesantes para gente que ya cree.

¿Me estoy explicando o no me estoy explicando?

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