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(Hace catorce años escribí este documento. Nótese la actualidad…)

Párrafos – “Lecturas” – 25 de Octubre de 2005

Estuve fuera del país en dos ocasiones en las últimas dos semanas. Una vez en Australia y otra en Brasil. Por ello, varios hechos ocurridos en nuestro país no han sido comentados en este espacio y por el tiempo transcurrido sería un poco extemporáneo hacerlo.

La distancia, sin embargo, actúa de algún modo como un saludable proveedor de perspectiva. Por una parte, pareciera que las cosas no son tan terribles como se mira y se escucha en los medios. Por otra, parece que el cuadro no da para muchas esperanzas.

Ambigua como puede sonar esta lectura, arriesgamos de todos modos una reflexión en torno a ello, en la búsqueda de alguna orientación que nos ilustre. ¿Cómo son las cosas en realidad? Hemos comentado más de una vez aquí que el exceso de palabras y de opiniones refleja la falta de profundidad en el análisis.

A veces se percibe cómo, para usar la expresión de Isaías, a lo malo se le llama bueno y a lo bueno se le llama malo. “La interpretación de la insanidad moral como moralidad y de la verdad y la prudencia como inmoralidad, es una confusión difícil de desentrañar”, escribe Eric Voegelin casi al final de su libro “La nueva ciencia de la política”. No podemos sino concederle la razón.

Seguimos a la búsqueda de interpretaciones más certeras de lo que ocurre en nuestro mundo de hoy. Hay quienes brindan por la modernidad – y su excrecencia natural conocida como post modernidad – y hay quienes abominan de ella. Hay quienes alaban las bondades del progresismo y hay quienes reclaman conservar algunos “valores” perdidos. En este vocerío mayormente ininteligible uno desearía oír que desde la intelligentsia cristiana surgiera alguna luz orientadora, alguna influencia razonable.

En vista de tal ausencia me refugio de algunas lecturas saludables entre las que se encuentra, como siempre, la Biblia. Hace unas semanas alguien increpó a un amigo mío que fuera a enseñar a Platón a los mapuches. Por ello, me atreví a explorar de nuevo “La República” de Platón porque cuando lo hice por primera vez hace unos treinta cinco años, no recuerdo haber obtenido mucho. Estoy lidiando con otros autores, porque algunos de ellos no son fáciles de entender, pero que aportan bastante más luz que los editoriales de prensa y las noticias de las nueve.

“Tus profetas vieron para ti visiones de falsedad e insipidez. No revelaron tu culpa, para cambiar tu suerte. Oráculos tuvieron para ti de falacia e ilusión” (Lamentaciones 2,14, Biblia de Jerusalén)

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