Crisis de Coronavirus

Por tratarse de un tema de salud pública y de alto interés informativo, como servicio a los usuarios, CVCLAVOZ ha decidido habilitar este espacio con toda la información más relevante en cuanto a la pandemia del coronavirus.

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No sé si se trata del nivel experto de convencimiento que poseen muchas personas para obtener de uno lo que desean o el hecho de que uno siempre quiere ayudar o ser útil como pueda para los demás, o un problema de complacer a todos, quedar bien con todos y hacerlos felices por inseguridades propias, pero un problema que encuentro y veo siempre, es no saber decir no.

Me llama mucho la atención ese tipo de situaciones porque me pongo a verla desde varios puntos, el primero es desde el lado de la persona que necesita el favor,  la ayuda o simplemente algo de ti, muchos saben palabrear el pedido de manera que tu no entiendes que es un favor y terminas aceptando sin chistar y sin cuestionar nada. ¿Cómo lo hacen digo yo?, ¿Es un don con el que nacen?, ¿Lo aprendieron de alguien? Si es así, yo también quiero aprender!

El otro lado que veo es el de la persona de la cual se necesita el favor, una acción, préstamo, diligencia, etc, como lo quieras llamar. Hay un miedo, un rechazo, una indisposición por responder NO que es increíble y me causa hasta gracia.  Aún cuando estemos reacios a ayudar por razones personales, por razones de trabajo, salud o familia, o que simplemente no quieres, siempre encontramos una manera de NO decir NO y aceptamos hacer la petición de la otra persona.

Es bien incómodo darse cuenta, al rato, de que lo que fulanita o fulanito te pidió es fuera de tu alcance, pero ¿qué vas a hacer ahora? Ya aceptaste, ya te metiste en el barco, no puedes abandonar a mitad de camino, la responsabilidad fue asumida y empiezas a pensar varias cosas, ¿cómo hacer posible el favor, cómo zafarte de esta y cómo te metiste en esta? Te estresas tanto que te enojas y pasas el resto del día amargado por haber aceptado esa solicitud.

Un día acepté hacerle un favor a alguien, desde el principio no me cuadraba la cosa y me resistí un poco y consciente de que no podía, ni quería hacerlo, (si ya se, sueno súper mala gente) acepté, pocos minutos después, sola en mi carro, me grite a mí misma, ¿POR QUÉ HAGO ESTO?, ¿POR QUÉ ACEPTO HACER ESTO SI NO ES LO QUE QUIERO? Estaba tan frustrada, molesta y confundida. ¿Por qué dije sí? O peor aún, ¿cómo me convenció esa persona de decir que sí?

Me tomé un minuto para calmarme, respirar profundo y traté de cuadrar mis deberes y obligaciones alrededor de la petición de la persona y me di cuenta que no podía por más que tratara, de mover mi horario un poco, con mucha pena y brevedad tuve que llamar a la persona y decirle que me disculpara pero que no me era posible llevar a cabo su petición, la persona me respondió un relajado “no hay problema, fulana de tal me acaba de decir que puede hacerlo, gracias!”

Y asi de fácil salí de mi embrollo, la persona quedó complacida porque alguien más la ayudó, yo me sentí bien porque fui sincera conmigo misma y con la persona; y la vida continuó como si nada! Con un simple y temprano NO me hubiese evitado tanto.  Dios ¿por qué me enrollo tanto?, ¿por qué nos enrollamos tanto?

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