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Tiempo de lectura: 2 minutos

Paso por la pileta de la casa y están varias chicas tomando el sol. Hablan y escuchan música. Las miro por unos segundos y sigo a hacer lo que tengo que hacer. Pero me siento golpeado por la evidencia, bastante común, de que dentro de algunos años serán mujeres posiblemente con hijos, profesionales, amas de casa, casadas o en pareja, divorciadas. Se volverán a juntar, ya más grandes y hablarán de hombres, de cocina, de los conflictos de criar hijos, del tiempo cómo ha pasado. Y a la vuelta de unas pocas décadas serán abuelas, mujeres solas o tranquilamente casadas y las charlas girarán en torno a los achaques de la edad, de kilos de más o de menos, de los viejos tiempos y de su supervivencia en un mundo que glorifica nada más que la juventud y la belleza.

Ráfagas de tiempo que pasan en un segundo o dos. El inevitable ejercicio de la mente que presiente la volatilidad de la vida, la insoportable levedad. Esa es la parte no tan común de esta evidencia: cuando ya estamos al otro lado de los años es una sentencia, el dictamen de la edad que sigue su rumbo y no le importa para nada el recuerdo o la nostalgia. Al fin y al cabo aquella lacrimosa mención al tiempo ido no tiene efecto alguno en la matemática del cuerpo. La vida fue, ni más ni menos, aquello que nos aconteció mientras estábamos ocupados en otras cosas (John Lennon).

Provengo de una cultura que me conminó a pensar que la vida no es más que un soplo, un pasaje veloz hacia otro estado superior – o inferior según el estado que arrojen las cuentas del libro. Tarde me hice cargo de la impropiedad de ese reduccionismo. Cualquiera sea la forma del más allá posible, el más acá tiene que tener sentido no sólo en referencia al después sino al ahora con todas sus posibilidades, con todas sus construcciones, con todo su arte, con toda su ciencia, con todo su dramatismo existencial. Hay pasiones que valen. Hay deseos que corresponden genuinamente a nuestra naturaleza. También hay vida más acá de la vida.

Por no saber sentir esto, es posible que se tenga esa perturbadora sensación de que todo pasó demasiado rápido y que el final podía haber llegado un poco más tarde…

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