“Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a Él tus manos; si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, y no consintieres que more en tu casa la injusticia, entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, y serás fuerte, y nada temerás; y olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de aguas que pasaron.” Job 11:13-16 (RVR 1960)

¿Dejarías entrar a un ladrón a tu casa? Por lo menos, sé que harías todo lo posible  para defender a tu familia, llamarías a la policía o a tus vecinos para que te socorran. Pero a veces no actuamos de la misma manera cuando se trata de la falta de perdón, amargura, resentimiento, u otros sentimientos negativos que invaden nuestro ser. Estos pecados quieren destruirnos, nos quitan el gozo, no dejan que veamos la bondad en las personas, derriban relaciones y mucho más. Por ello, Dios quiere sanar toda herida del pasado, pero solo lo hará cuando aceptes su perdón y así podrás ofrecer el mismo perdón a otras personas.

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Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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