“Te devolveré la salud y sanaré tus heridas  dice el Señor, aunque te llamen desechada, es decir, “Jerusalén, de quien nadie se interesa” Jeremías 30:17 (NTV)

Las heridas pueden ser provocadas por personas o situaciones que nos tocaron vivir. Algunas hasta siguen doliendo aún muchos años después cuando nos ponemos a recordar. Quizás has tenido que soportar el sabor amargo del desprecio o del rechazo o bien el dolor de una traición. La buena noticia es puedes encontrarte con aquel que es capaz de sanarte toda herida. Acude a la presencia de Dios en busca de sanidad y cree que Dios te cambia el nombre de desechada a deseada. Por Judith Quisbert

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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