Los cristianos, observo, no leen el Antiguo Testamento. Arguyen que con Cristo comenzó una alianza nueva por lo tanto lo viejo quedó atrás.

Esta desatención al texto íntegro, me parece a mí, es subrayada por una educación cristiana que le confiere tanto peso a las cartas de San Pablo en la interpretación de la vida cristiana que parecieran ser más importantes que el todo el resto de la Biblia.

Es un error generalizado en el mundo de los creyentes ignorar la historia. Su mirada obsesiva hacia los “últimos tiempos” les previene de comprender el presente a la luz de los hechos pasados. Esto no sólo respecto de la Biblia sino de su propia historia regional y nacional.

Por éstas y otras razones imposibles de nombrar aquí la mayoría de los creyentes ignora a los profetas bíblicos, desconoce su mensaje y por lo mismo no tienen acceso a la tremenda vigencia de sus palabras.

Los profetas hablaron aproximadamente entre los años 870 y 400 antes de Cristo y prácticamente desaparecieron con la caída de Jerusalén ante las huestes de Nabucodonosor.

Algo notable, objeto de esta reflexión, es que la mayor parte del mensaje de los profetas está escrito en forma de poemas o prosa poética.

Si ya es difícil que los creyentes lean los libros antiguos imaginen si se enteran que además eran poetas. No conozco mucha gente cristiana a la que le agrade la poesía. Así que pensar en ponerlos a estudiar poemas proféticos es una tarea harto difícil me parece.

Me disculparé anticipadamente por la generalización que haré aquí: el llamado mundo occidental cristiano tiene sus raíces en la cultura grecorromana, hija natural del pensamiento de los filósofos griegos. Sus mayores exponentes, especialmente Platón, pensaban que los poetas eran una influencia perniciosa para la sociedad.

Tengo la sospecha que de ahí proviene el poco interés de los cristianos respecto de poetas y poemas. Pero eso es una idea mía, susceptible de corrección por parte de los entendidos.

Lo que hace más complicada la lectura de los poetas/profetas bíblicos es la traducción de sus textos. Si hay algo difícil en el trabajo de los traductores es volcar la poesía al propio idioma.

La poesía es un lenguaje que permite ampliar inmensamente el sentido de las cosas ya que no se limita a la descripción material del mundo.

Además es un arma formidable de lucha y de denuncia. Una diligente lectura de los profetas ilustrará a quienes se acerquen a su mensaje.

(Continuaré estas ideas en un siguiente artículo)

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